Arte y Cultura
La desconocida (y lúgubre) venganza de los aztecas contra el pueblo de Culhuacan
Alan Roque
Una venganza tan inesperada como el propio origen real de los mexicas y un poco sobre su dios Xipe Tótec, el “desollado” dios de la renovación.
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Xipe Tótec: el “desollado” Dios de la renovación

La cultura azteca, en sus inicios, no fue bien recibida por las demás civilizaciones que habitaban cada uno de los territorios de lo que geográficamente hoy es México. Se consideraban practicantes de sacrificios salvajes y también roba mujeres; nómadas provenientes de la isla de Aztlán (o Aztatlán) que en náhuatl significa “lugar de garzas”. Aztlán, según se piensa, estaba ubicada en la laguna de Mexcaltitán, en las costas de Nayarit. 

Entre los años 890 y el 1111, los aztecas adquirieron su carácter de nómadas en busca de establecerse en un territorio alterno. De ahí que partieron al centro del territorio donde habrían de enfrentarse a culturas como la de los tepanecas, los xochimilcas y los de Culhuacan. Del enfrentamiento con estos últimos, germina una venganza peculiar y bastante lúgubre donde los aztecas son parte de una grandiosa metáfora en torno a Xipe Tótec, el dios azteca de la renovación, llamado también el “despellejado”. 

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Luego de haber sucumbido a su derrota frente a los de Culhuacan, los aztecas vivieron como prisioneros de la comunidad y fueron enviados a combatir –como soldados mercenarios– a los xochimilcas, el grupo enemigo. Tras una orgullosa victoria, los aztecas regresan con el señor de Culhuacan, quien previamente les había pedido traer el cadáver de al menos 8 mil xochimilcas para su confirmación. Pero como los aztecas eran menor numero de hombres se vieron obligados a llevar únicamente las orejas –dicen por ahí que aquél mismo código genético ha persistido por generaciones y hasta nuestros días, y que algunas veces se devela con las estratagemas de tortura de, por ejemplo, el narcotráfico. Confirmando el triunfo, aquellos de Culhuacan les conceden su libertad y les permiten establecerse en Mexicatzingo, hoy el Estado de  México.

Sin embargo,  los aztecas no tomaron su libertad para dar media vuelta. De espíritu salvaje –quienes se dicen, comieron serpientes para su supervivencia–, buscaron tomar una especie de venganza –dígase de los sinónimos “desafío” o “ajuste”. Por ello es que llega el día en que piden al líder culhua, Coxcoxtli, les permita la mano de una de sus hijas para establecer oficialmente un lazo amistoso y hacerla su reina. Coxcoxtli acepta y los mexicas toman a la mujer para luego obsequiarle un destino fatídico que su padre habría de presenciar a ojos propios.

xipe totecLos aztecas se llevaron a la mujer y la desollaron viva. Invitaron a Coxcoxtli a la ceremonia de  reverencia donde se percató de que un hombre lucía como un disfraz la piel de su hija, interpretando por supuesto a su dios Xipe Tótec. La leyenda azteca narra que este dios se quitó los ojos para darle de comer a su pueblo. Xipe se asociaba con la piel humana porque era símbolo de la renovación de la piel y, en términos generales, de la renovación de un ciclo, de ahí que también se le relacionara con la enfermedad, la agricultura, la primavera, la fertilidad y los sacrificios. Era una especie de Dionisios. 

El señor de Culhuacan mandó a sus súbditos a que persiguiesen a los mexicas y los arrojaran a los carrizales de las orillas del lago. Ahí, los mexicas encontraron un islote abandonado donde observaron la señal de Huitzillopochtli: el águila sobre un nopal devorando una serpiente. La fundación de Tenochtitlán, quien más tarde sería la más poderosa de Mesoamérica,  se dio en esta región a la que fueron exiliados y dejados a su suerte. Si bien es cierto, los aztecas fueron una raza salvaje y fuerte –algunos afirmarían que sanguinaria, en su sentido primitivo y natural–, pero sobre todo fieles a sus creencias de origen, sin importar que la vida o la muerte estuviera de por medio. Y fue gracias a ello que llegaron a formar un imperio tan incorruptible que habrían de pasar cientos de años para destruirse. 

aztecas salida de aztlan

Saliendo de Aztlán

 

También en MXCity: La verdad detrás de la leyenda del águila que devora a la serpiente

De cuando había una Librería de Cristal en la Alameda Central
Mariana Gaxiola
En lo que fuera una pérgola del arquitecto Adamo Boari, frente al Palacio de Bellas Artes, se erigió la olvidada Librería de Cristal.
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En 1946, The New York Times calificó a esta librería como la más extraordinaria del mundo.

 

Como parte del plan maestro de Porfirio Díaz para embellecer y “afrancesar” las obras arquitectónicas que adornaban la ciudad, se pensó en renovar el afamado Teatro Nacional, actualmente conocido como el Palacio de Bellas Artes. Fue a principios del siglo pasado cuando dio inicio el levantamiento de esta apabullante construcción, diseño que corrió a cargo del arquitecto oriundo de Italia, Adamo Boari.

Si algo destaca de este magnífico palacio, son los detalles que se desdoblan no solo en su hermosa fachada, sino también en su interior y exterior. Y es que el italiano optó por sumarle a su edificación otros elementos que le brindaran más elegancia e identidad. Esculturas, murales, vitrales y butacas formaron parte de este cometido.

Pero hay un elemento más que muchos han ya olvidado, y se trata de la pérgola que pretendía unir la esencia de la Alameda Central y el nuevo Teatro Nacional. Una pérgola es una estructura que consiste en dos filas de columnas, con un techo encima que da cabida a un pasillo. Ésta se erigió detrás de la estatua de Beethoven, y pretendía fungir como un foro al aire libre que expusiera obras artísticas. Nadie hubiera adivinado que esta ondulada construcción se convertiría en la librería más fascinante del mundo en aquella época.

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Para la década de los años 30, el espacio funcionaba como uno de descanso. Asimismo, se empleaba comercio informal bajo su techo. Los capitalinos solían frecuentar su sombra para leer, descansar o encontrarse con amistades.

Durante los años de la Guerra Civil Española, nuestro país se convirtió en refugio para varios exiliados. Uno de ellos, de nombre Rafael Giménez Siles, llegó a México con el objetivo de crear una librería que vendiera exclusivamente libros de autores iberoamericanos. Le presentó la ideal al entonces presidente Lázaro Cárdenas, quien lo apoyó para crear la Editora Iberoamericana de Publicaciones S.A. en 1940.

Fue así como se pensó en utilizar la pérgola existente y transformarla en una librería. El proyecto concebía la creación de un piso más y la cobertura de la estructura con piezas de cristal. La Librería de Cristal, que corrió a cargo del arquitecto español Arturo Sáenz, abrió sus puertas en 1941.

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Naturalmente, su belleza la volvió un ícono citadino de la cultura. Contaba con bocinas, que hacían llegar la música hasta los rincones de la Alameda. Estaba dividida en cuatro secciones: librería general, libros técnicos, libros infantiles y libros económicos. Cabe mencionar, que en el segundo piso se organizaban conferencias, y la primera fue del escritor Alfonso Reyes. También había un pequeño café, en que siempre se hacían tertulias literarias, a las que eran asiduos personajes como José Vasconcelos, Juan José Arreola y Salvador Novo.

Lamentablemente, la librería sufrió deterioro y eliminación de secciones ante los trabajos de transporte público y drenaje. Acabó por ser demolida en 1973, pese a la pelea y defensa que empleó Martín Luis Guzmán. Ciertamente, varios intelectuales y empedernidos de la literatura, denunciaron este acto como “un atentado contra la cultura”.

Por fortuna quedan fotografías y testimonios que hablan de la belleza que se desenvolvía por cada rincón de la Librería de Cristal: un sitio plausible, un ícono de la ciudad y el proyecto cultural más olvidado del siglo XX. Conviene enterarse de esta clase de obras para apreciar que es posible hacer converger la arquitectura, las letras, el turismo y la cotidianeidad en un solo lugar, y en este caso, en una sola pérgola literata.

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Fuente e imágenes: El Universal.

Un fantástico recorrido virtual por el Museo Tamayo
Mare Loustaunau
Descubre la historia y los secretos que albergan los rincones del Museo Tamayo Arte Contemporáneo.
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Un paseo virtual por uno de los emblemas arquitectónicos más importantes en Chapultepec.

 

Desde la década de los 70, el artista Rufino Tamayo empezó a adquirir plausibles obras para reunir una colección de arte contemporáneo internacional. Y con el objetivo de acercar al pueblo mexicano al arte del siglo XX de todo el mundo, el artista donó su increíble acervo, uno que impulsaría la creación del Museo Tamayo.

La idea del recinto es montar muestras que exhiban lo más representativo del arte moderno y contemporáneo internacional, así como la obra de su fundador, el gran Rufino Tamayo. Una de las metas del museo, es estimular la experiencia estética y el sentido crítico entre los diversos públicos que frecuentan las salas del lugar, mediante la investigación e interpretación de su abanico artístico.

Cabe mencionar, que Tamayo siempre estuvo interesado en que el museo se encontrara en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec. Fue así como el gobierno accedió a ceder una zona del parque para albergar esta edificación, en lo que alguna vez fuera el Campo Azteca de Golf. El artista buscó al arquitecto mexicano Teodoro González de León para construir el museo, el cual, verdaderamente se vuelve una pieza más de la colección Tamayo.  

Es un hecho que la obra de este artífice es vital para comprender la arquitectura moderna de México, específicamente en la capital. Y es que resulta complicado imaginar la estética de la urbe sin la gran y diversa cantidad de edificios que se desdoblan alrededor de las diferentes colonias que comprenden esta metrópoli.

Lo interesante del proyecto es que es sencillo y funcional, pero al mismo tiempo, no se opone ante la modernidad. El Museo Tamayo es una composición que alude a las ruinas prehispánicas de manera abstracta, con su emblemática plataforma elevada que se encuentra en la entrada y la forma escalonada que la caracteriza.

También cuenta con elementos emblemáticos del arquitecto, como lo es el patio y el concreto cincelado. La luz que penetra desde los diferentes niveles del techo es un elemento que alumbra toda la identidad del Museo Tamayo. Por fortuna, para admirar lo moderno y lo antiguo, y lo local y lo universal, existe un recorrido virtual que permite adentrarse a todo rincón y sala del recinto. Inicia la aventura aquí.

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El asombroso mural que adorna una de las calles más inadvertidas del centro
Mare Loustaunau
Se trata de una de las obras de Lienzo CDMX, una iniciativa que busca transformar a la ciudad en una galería de arte urbano.
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En la calle de Tlaxcoaque, un fascinante mural de Quetzalcóatl viste uno de los muros del Edificio Juana de Arco.

 

Hace ya algunos meses, se lanzó una increíble iniciativa llamada “Lienzo CDMX”, que tiene como objetivo convertir a la capital en un referente clave cuando de arte urbano se trata, no solo de nuestro país sino de toda Latinoamérica. La idea central es que la urbe funja como una galería de piezas urbanas, específicamente murales elaborados por el talento joven que se desdobla por todas los parajes que constituyen a la ciudad.

María Fernanda Olvera Cabrera, la directora del Instituto de la Juventud de la CDMX, asegura que el programa es uno sin precedente, cuyo objetivo es volver a la ciudad la primera en contar con un acervo importante y profuso de arte urbanístico y contemporáneo.

Se busca que aquellos muros desgastados o degradados por el tiempo puedan adoptar un nuevo semblante; un respiro afortunado para que los transeúntes que día con día recorren la capital puedan admirar obras plausibles, coloridas, en relación a la cultura mexicana y hechas por los mismos citadinos.

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Durante los pasados meses, se han intervenido las fachadas de diversos comercios ubicados en el Centro Histórico. Y lo cierto es, que cada vez son más los propietarios de las tiendas y oficinas que acceden a que sus muros vean la llegada de los pinceles y los colores de los artistas capitalinos. De igual manera, se han plasmado murales en estaciones de metro como Colegio Militar, Juárez, Cuauhtémoc y Salto del Agua, así como recintos como el Hospital de las Emociones y espacios como el Corredor Constituyentes.

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Sin duda uno de los murales que más ha llamado la atención es Quetzalcóatl danza con sus hijos al Mictlán. Es una pieza de gran tamaño que yace en uno de los muros que comprenden el Edificio Juana de Arco, una construcción que funciona como oficina de algunas dependencias del Gobierno de la Ciudad de México.

La obra pictórica, que se desenvuelve en el número 9 de la calle Tlaxcoaque, adorna una parte inadvertida pero hermosa del Centro Histórico, pues se encuentra justo enfrente de un lindo parque. Corrió a cargo del artista urbano Seher y su equipo, y consiste en una representación llena de color del dios Quetzalcóatl, quien traslada ballenas, jaguares, tiburones, tapires, aves marinas, mantarrayas y hasta maíz para ponerlos a salvo de la desaparición del mundo. El mural es un tributo a la cultura de nuestro país, pues alude a la deidad más importante de Mesoamérica y además busca hacer conciencia de las especies que se encuentran en peligro de extinción en México, como lo son el jaguar y el tapir.

Aquellos que transiten por esta corta calle, podrán ver cómo la serpiente emplumada lleva a sus hijos para ponerlos a salvo en el Mictlán. Es una forma de recordar que el arte urbano es uno permanente, al menos en la Ciudad de México, pues se trata de una galería gratuita que cualquiera que guste de caminar la ciudad puede conocerla y apreciarla.

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Imágenes: CDMX Gob.

Alebrijes colosales deambularán en las calles de la Ciudad de México
Viviana Cohen
Nacieron en los sueños de un cartonero y desde entonces nos permiten entender mejor nuestras complejidades.
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No te pierdas uno de los desfiles más imponentes de la CDMX…

 

Hay quienes piensan que no es una coincidencia que la palabra México se separe de por una sola letra del vocablo “mágico”. Y es que sólo algo tan intangible como la magia puede explicar por qué en un mismo lugar hay tanto: atardeceres de todas las tonalidades, árboles que llegan al cielo y arbustos que sólo nacen aquí, la mejor comida del mundo y una cosmovisión ancestral llena de leyendas y personajes extraordinarios.

Para hacerle un homenaje a todo lo que somos y a todo lo que nuestra imaginación ha creado, nacieron los alebrijes: una serie de artesanías hechas papel que emergieron de la imaginación de un talentoso cartonero llamado Pedro Linares López que un día sequedó dormido y soñó con un bosque extraño, en el que había burros con alas surcando el horizonte, leones con cabeza de perro y un gallo con cuernos de toro que lo desafiaba cada vez que daba un paso.alebriges

Don Pedro se despertó con sudor frío, y sin saber dónde se encontraba. A los pocos segundos de abrir los ojos se percató que estaba en su propio funeral, dentro de un féretro. Después de superar la sorpresa y enterarse que tenía una rara enfermedad, Linares López, le contó a sus familiares su experiencia onírica y tuvo ganas de materializar los animales fantásticos que según él lo habían salvado de la muerte.

Fue así como el mundo conoció a los alebrijes. Pronto, esta fauna acartonada que tiene reminiscencias de la mitología griega y se hace a través de técnicas prehispánicas,se hizo famosa en todo el mundo. Tanto que todos los años protagoniza uno de los parades más interesantes y geniales que hay en la Ciudad de México.alebriges

Se trata del llamado: Desfile de los Alebrijes, una fiesta organizada por artesanos del todo el país y por el grandioso Museo de Arte Popular, que no sólo es el responsable de la convocatoria, sino que a propósito de las creaturas monumentales (casi 200) que mandan los artistas, organiza un concurso y se encarga más adelante, de exponer las piezas más destacas en Reforma para que los capitalinos atestigüen de primera mano todos los dones que tiene el arte de crear animales que no existen.

En 2017 la fiesta se llevará a cabo el 21 de octubre. Comenzará en el Zócalo y terminará en la bella Glorieta del Ángel. Estamos seguros que, como todos los años, el Destile de los Alebrijes será una oportunidad estupenda para entender con profundidad y orgullo la inconmensurable belleza que tiene el arte popular mexicano.alebrijes

Gallo

 

 11vo Desfile de Alebrijes

¿Cuándo? 21 de octubre

¿Dónde? Arranca en el Zócalo

¿A qué hora? 12:00

*La exhibición en el Paseo de la Reforma terminará hasta el 5 de noviembre

Para inscribir tu alebrije al desfile entre a  esta página 

Fotos: El Universal