REFORMA 27, una vivienda vertical en el centro de la ciudad
Habitual Taller de Arquitectura
Inmuebles que pretenden recuperar la convivencia entre la CDMX y la naturaleza.
Reforma

En la tabacalera hay un edificio que desafía a la arquitectura tradicional.

 

Alberto Kalach es un arquitecto mexicano graduado de la Universidad Iberoamericana con estudios en la Universidad de Cornell, Nueva York. 

Es co-autor, junto a Teodoro González de León y otros arquitectos, del libro Ciudad Futura texto acerca de una investigación que propone un conjunto de iniciativas ecológicas que buscan recuperar la convivencia histórica entre la CDMX y la naturaleza.

Kalach ha construido todo tipo de proyectos, desde residenciales hasta edificios públicos como la Biblioteca Vasconcelos, el Faro de Oriente, la Galería Kurimanzutto, entro otros.reforma

Foto de Santiago Jiménez Labora

Una de sus obras recientes, es un inmueble de vivienda, que está ubicado en Paseo de la Reforma # 27. Se trata de un edificio de color rojizo hecho de concreto armado aparente, con un pequeño cubo que sobresale en la fachada.

Reforma 27, está compuesto de dos torres con forma de prisma trapezoidal, que se unen por el vestíbulo de las circulaciones verticales. En total, el lugar cuenta con 280 departamentos de lujo que van de los 80m2 a 160 m2, con una altura de entrepiso de 3.4 m y acabados de madera, mármol, metal y vidrio.reforma                                                          Fotos: images.adsttc.com

Cada torre tiene 25 niveles (104 m), la que da a Paseo de la Reforma y por eso, es la Torre Reforma y cuenta con locales comerciales en planta baja, la otra torre da al monumento a la revolución y se llama Torre Revolución.

El edificio cuenta con 5 niveles subterráneos de estacionamiento con capacidad para 650 coches, un jardín interior de 1700 m2, gimnasio, cafetería, canal de nado y un centro de negocios.reforma

Fotos: images.adsttc.com

Se construyó entre 2008 y 2011 por la empresa ICA, bajo una nueva apuesta al desarrollo inmobiliario de alto nivel, con un total de 51,282 m2. Se encuentra en la colonia Tabacalera que, poco a poco, ha aumentado su plusvalía debido a la inversión pública-privada y a los cambios en el reglamento para densificar la zona.reforma

Fotos: images.adsttc.com

Cuenta con pilas de 43 metros de profundidad ya que el suelo donde se encuentra el edificio es blando y muy malo para la cimentación.  La obra se llevó a acabo con el sistema BIM (Building Information Modeling) que permite construir virtualmente un edificio, con todas las instalaciones e ingenierías, para evitar cambios en el presupuesto y contratiempos.

El Museo Casa León Trotsky y sus peculiares exámenes de la vista
Mare Loustaunau
El proyecto se llama Óptica Bronstein, y es una colaboración entre los artistas Pablo Helguera y Yevgeniy Fiks.
optica bonstein

Los visitantes de la instalación podrán tomar exámenes que pongan a prueba su visión ideológica y política…

 

El Museo Casa León Trotsky es un inmueble que actualmente funge como centro cultural. Se trata de la residencia en Coyoacán donde el líder soviético vivió durante sus últimos días de exilio. Fue asesinado en la biblioteca de su hogar, por el agente estalinista Ramón Mercader hacia 1940.

Cabe mencionar, que esta casa originalmente fungía como centro de investigación óptica. Dicho lugar había sido establecido por un médico italiano llamado Antonio Turatti, quien es considerado uno de los pioneros de esta especialidad en nuestro país. Con el motivo de homenajear la primera vocación de la construcción, se ha inaugurado un proyecto artístico llamado Óptica Bronstein.

La exposición, que más bien se define como una instalación, es colaboración de los artistas Pablo Helguera (Ciudad de México, 1971) y Yevgeniy Fiks (Moscú, 1972). La óptica, que fue montada dentro de los rincones de la antigua casa de Trotsky, opera dentro del territorio de ficción, pues imagina un auténtico centro oftálmico donde los visitantes pueden someterse a una serie de exámenes de la vista para poner a prueba sus habilidades de observación.

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Pero estas pruebas no buscan únicamente probar qué tan buenos son los pares de ojos de los asistentes, sino que también develan sus visiones ideológicas y políticas. Así, la experiencia obliga a la reflexión, para descubrir cómo es que la historia se lee, se interpreta y se falsifica. Porque la realidad es, que el impacto de estas manipulaciones es de suma relevancia en la actual política.

Quizás muchos estén seguros de cuáles son sus ideologías políticas, y puede que estos exámenes sean solo reiterativos. Sin embargo, las preguntas y ejercicios que componen la Óptica Bronstein revelarán ciertas opiniones y posturas que quizás varios ignoraban. Y es aquí donde radica lo interesante y valioso de la iniciativa.

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Cabe mencionar, que el proyecto forma parte de la exposición antológica Dramatis Personae del artista Pablo Helguera, que corre a cargo del Museo Jumex y explora el enfoque multidisciplinario del creativo mediante una selección de performances que se han realizado durante las últimas dos décadas.

Dramatis Personae toma la forma no convencional de una exhibición que se extiende por el tiempo, es algo así como una exposición por “entregas”, que se ajusta a las demandas de las prácticas del arte contemporáneo que se desenvuelven según la temporalidad. La primera entrega fue El Instituto de la Telenovela, que se presentó en abril de 2017 en el Museo Jumex.

Óptica Bronstein es la segunda entrega de la obra, un proyecto imaginativo y original que se incluyó en la Bienal de Venecia, y constituye una manera diferente de hablar sobre la visión política de cada individuo, pues como dicen, cada persona es un mundo.

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Óptica Bronstein

Dirección: Río Churubusco 410, col. Del Carmen.

Fecha: Hasta el 5 de noviembre.

Página web

Los tiempos perdidos del piropo inofensivo
Viviana Cohen
Devolverle a los piropos su poesía original, como remedio al inaceptable acoso callejero.
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“Adoro todo lo que no es mío, tú por ejemplo”

 

Imaginen esta escena de una película del Indio Fernández. En primer plano los ojos color miel de Pedro Armendáriz puestos en la pantorrilla regordeta de María Félix. Ella pasa frente a él un tanto indiferente. Él, para llamar su atención o para lucirse con sus amigos, grita: “Por ver otra vez ese chamorro me aguantaría hasta una cachetada.Tras escuchar el improperio Félix se acerca y le da dos bofetadas al galán ranchero.piropo

Esta secuencia fílmica es sólo un recordatorio del poder que en otro tiempo tenían los piropos en nuestro país. Basta ver aquella emblemática foto de Nacho López en la que una mujer de vestido entallado, cintura de avispada y tacones prominentes camina en medio de un grupo de hombres. Unos se tocan el corazón, otros le dicen algo y unos cuantos se tapan los ojos. Ella sólo mira al frente, como si estuviera sola, como si ellos y sus halagos no existieran.  piropo

A pesar de que en el presente las flores callejeras están (con toda razón) cuestionadas. Hay que tener en cuenta que los piropos han acompañado a la humanidad desde sus inicios. De hecho, la palabra proviene del griego pyropus y significa, según algunas versiones, ojo deslumbrado por la belleza.

 Según los expertos, los primeros piropos escritos en la historia se encuentran en El Cantar de los Cantares. Ahí un amante dice: “Mejores son tus amores que el vino”. Más tarde, este concierto de metáforas alusivas a la mujer fue la bandera de los poetas románticos, de los cortesanos, los trovadores, los hidalgos y del Quijote que una tarde le declamó a su amada: “Padezco de una enfermedad que algunos le dicen insomnio, pero yo la llamo pensar en ti todas las noches”.piropos

En algún punto de la historia los piropos llegaron a México. Aquí, como tantas otras cosas, se adaptaron a nuestra cultura, a nuestras palabras, a nuestra poesía, a nuestros modos específicos de cortejo. A través de los siglos se creó un universo infinito de versos ingeniosos que irrumpían espontáneamente en una calle de la CDMX y protagonizaban las cintas de Pedro Infante o de Mauricio Garcés.

A veces, los halagos se declamaban para enunciar los dones profundos de una mujer, para hacerla reflexionar acerca del amor por ejemplo. Desafortunadamente, otras tantas los piropos son usados para acosar inapropiadamente a las transeúntes. Quizá este último rasgo (practicado sobre todo en la actualidad) le quitó la poesía a los piropos y los convirtió en una práctica tóxica muy lejana a su origen.   piropos Dicho lo anterior, no está demás recordar que el piropo debe de ser un juego consensuado e inocente, nunca una manera de apropiarse de la intimidad de una mujer. De su derecho de caminar sin que nadie la moleste o de escoger su ropa sin que las miradas y las palabras la ofendan.piropos

Aunque muchos proponen la erradicación de los piropos callejeros, para evitar malas experiencias. Quizá la solución es devolverles la poesía. Regresarles su vocación amorosa y permitir que en las calles hombres y mujeres, de igual manera, anden por ahí declamándose versos hermosos.

Para rescatar un poco de este arte perdido y reeducar a todos los que gustan de gritar en la calle, hemos seleccionado algunas flores callejeras que vale la pena recordar:

 

“¿Me das un beso? Seguro te lo devuelvo”

“¿De qué juguetería saliste? muñeco”piropo

“Por la sombrita, porque los bombones se derriten al sol”

“Si tú fueras pollo y yo arroz que rica sopa haríamos los dos”piropo

“Te dicen descuidado, porque están acostumbrados a los jardines no a la selva”


piropo

“Soy un lujo, pero creo que lo vales”

La cantina del Centro Histórico inmortalizada por William Burroughs
MXCity
El poeta de la generación beat nos relata en el libro Junkie sus anécdotas de cantina, en donde Tío Pepe era el escenario de un encuentro desconcertante
archivo mxcity Tío Pepe

Cruzar la puerta de vaivén en la cantina Tío Pepe es como descubrir un umbral hacia el infinito de los recuerdos que cuentan la historia de México. Además de su arquitectura de tallados obsoletos y las fotografías trascendentales enmarcadas este lugar destaca, de entre todas las cantinas a su alrededor, por su estilo tradicional y nada presuntuoso, mismo que huele a nostalgia mexicana engendrada en las tabernas de 1900 o quizás mucho más atrás. No se sabe con precisión desde cuándo existe, pero se dice entre sus clientes fieles a la barra que, al menos, es una de las primeras cantinas de la ciudad, específicamente del Centro Histórico.

En Tío pepe, las personas llegan solas y se encuentran en la barra con sus colegas de cantina (aunque  se siente la confianza exquisita de poder estar solo y pasarla muy bien), y en su mayoría acuden personas grandes y de buen humor de las que puedes aprender demasiado con un par de frases. Hay tragos bastante clásicos servidos por un mesero amable que trabaja ahí desde hace 16 años, hay botanas de canasta como las mollejas o los huevos hervidos, y por supuesto, los cacahuates con chile de árbol; hay dominó y también juegos de poker en las mesas, tal como en el cine mexicano de los 50. Los detalles más elegantes de este recinto porfiriano los encuentras en su barra y la hermosa vidriería detrás que posee el nombre de “Cognac Hennessy”, minuciosa belleza de sus pequeños detalles que transforman el lugar.

Tío Pepe

Este pasaje mítico a las realidades antañas de nuestra ciudad también es uno de los lugares más factibles para hacer profundas pláticas con nuestra mente; es cómodo y extrañamente parece silencioso entre los murmullos de las personas que lo visitan. Quizás sea por ello que algunos de los mejores versos se han escrito ahí, como lo fue en el caso del escritor beatnik William Burroughs, en su estancia en la ciudad de México.

Burroughs nos relata en su libro Junkie sus anécdotas de cantina, en donde Tío Pepe formaba el escenario de un encuentro desconcertante con tres mexicanos:

…parecía que tenía energías sin límites y una capacidad para ingerir alcohol que nunca había tenido antes. Mis emociones se desbordaban por todas partes. Me sentía incontrolablemente sociable y hablaba con el primero que pillaba (…) Estaba en una cantina barata junto a la calle Dolores en la ciudad de México, llevaba bebiendo unas 2 semanas y estaba en una mesa con tres mexicanos bebiendo tequila. Los mexicanos iban muy bien vestidos. Uno de ellos hablaba inglés. Un individuo de edad madura, corpulento, de cara triste y dulce, cantaba y tocaba la guitarra. Estaba sentado al final de la barra. Yo me alegraba de que sus canciones hicieran imposible la conversación. En esto entraron cinco policías. Pensé que igual me registraban, de modo que me quité la pistola y la funda del cinturón y la dejé caer debajo de la mesa, junto con un trozo de opio que llevaba guardado en un paquete de cigarrillos. Los guardias se tomaron una cerveza en la barra y se largaron. Cuando metí la mano bajo la mesa la funda estaba allí, pero la pistola había desaparecido.

Tío Pepe

Los nombres de Tío Pepe y Dolores (como la calle donde está situada la cantina) también aparecen en una grabación hecha por Burroughs para Giorno Poetry Systems, el colectivo de poetas que regalaba versos con acendrada genialidad por teléfono. No se tiene acertada seguridad, pero es algo probable que haya utilizado, metafóricamente, los nombres de estos lugares para crear un relato en el que Tío Pepe es un sujeto que se aprovecha de los alcohólicos viciados:

The Wild Boys: Tio Pepe by William S. Burroughs on Grooveshark

No podríamos afirmar la verdad absoluta sobre si Tío Pepe era o no uno de los sitios a los que Burroughs concurría con cierta afición; sin embargo, lo importante de esta mención a un lugar tan clásico y estiloso es que provocó, en gran medida, algunos de los estados alterados de conciencia del autor de El almuerzo desnudo. Vale la pena dedicarle a esta emblemática cantina la famosa canción de Antonio Aguilar en la rockola del lugar: los recuerdos de las juergas en el Centro Histórico por hoy y siempre.

Cantina Tío Pepe

Dirección: calle Dolores, esq. Independencia, cerca del barrio chino, Centro Histórico, DF

Precios: $20 en adelante

Fotos: Franco Hidalgo

El efímero matrimonio de Leonora Carrington con un poeta mexicano
MXCity
La boda de Renato Leduc y Leonora Carrington tuvo implicaciones políticas, sin embargo, eso no evitó que sintieran tejieran un memorable romance.
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Leonora Carrington y Renato Leduc cruzaron miradas por primera vez en la embajada de México en Lisboa.

 

Si algo queda claro acerca de Leonora Carrington, es que los mexicanos viven embelesados con lo grandioso de su obra. De igual manera, se sabe que ella estuvo enamorada de México, haciendo arte en su vida diaria y plasmándolo a lo largo de varias décadas. Incluso su nieto Daniel Weisz afirmó que “la cosmovisión de las culturas indígenas fueron de sus más grandes influencias”.

Sin embargo, la curiosa historia de cómo llegó es desconocida por muchas personas. En 1939, Leonora y el pintor surrealista Max Ernst se encontraban viviendo un romance en París, hasta que Francia firmó un armisticio con la Alemania nazi y se instauró el régimen de Vichy. Esto provocó que muchos artistas, entre ellos Ernst, fueran perseguidos y encerrados en el campo de concentración de Les Milles.

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En el transcurso de la expansión del régimen nazi, Leonora regresó con su familia. Harold Carrington, su padre, quien era teniente-general del ejército británico, notó que su hija no se encontraba bien: la separación y encarcelamiento de Max, agregando lo poco que vio de la guerra, provocó que tuviera un desequilibrio emocional. La solución que tuvo el progenitor para mantenerla lejos de la barbarie fue internarla en el Hospital Psiquiátrico de Santander.

En su libro Memorias de abajo la pintora hace una magistral crónica sobre las condiciones que vivió en su estancia. Habitaciones sucias y chinches en los colchones, la forma en que los internos eran tratados por el personal del hospital y los choques eléctricos orillaron a que Leonora se escapara son algunas anécdotas presentes en la obra. En 1941, con la amenaza de sus padres de internarla en un segundo hospital, ahora en Sudáfrica, decidió huir hacia Portugal.

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Por otro lado, Renato Leduc fue un diplomático y poeta mexicano que siempre estuvo envuelto en el ámbito político. En 1940 era comisionado de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público en París. Ahí hizo amistad con los escritores Antonin Artaud y André Breton, a quienes frecuentaba en largas tertulias literarias. No obstante, la misma situación política del país orilló a que dejase todo atrás y se trasladara a la península ibérica.

Fue en la embajada de México en Lisboa donde se conocieron: la pintora sentía una necesidad de salir Europa, además de que por su relación con Ernst era perseguida política. La única alternativa que encontraron fue el matrimonio de Renato con Leonora, de esta manera ella tendría la nacionalidad mexicana y estaría protegida gracias a los acuerdos de guerra de las normas internacionales que prohibían agredir a ciudadanos de los países que eran neutrales. Esto fue antes de que México le declarara la guerra al Eje.

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Tras salir de Europa arribaron a Nueva York en 1942. Compraron un automóvil con el cual recorrieron las carreteras de los Estados Unidos y México. Su destino era el Distrito Federal, en donde vivieron juntos hasta 1943. Cabe mencioanr, que entre los intelectuales se comentaba que su unión era sólo por amistad. A pesar de lo anterior, en una entrevista que realizó Elena Poniatowska a Leonora, ella declaró pícaramente que Leduc “había sido el amor de su vida”.

Del lado de Renato queda un poema en donde muchos críticos aseguran que hace alusión a Carrington: “Yo vivo de lo poco que aún me queda de usted, su perfume, su acento, una lágrima suya que mitigó mi sed. Vivo de una sonrisa que usted no supo cuándo me donó. Vivo de su presencia que ya se va borrando”.

Sin importar cuál sea la verdadera razón del porqué permanecieron juntos dos años, esto dejó un beneficio a la vida cultural de México, que no sería la misma de no ser por la presencia de Leonora Carrington, la gran pintora que logró plasmar, con su estilo tan particular, lo mexicano.

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Autor: Alejandro Nájera.