Arte y Cultura
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Retropop
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Del 16 al 19 de noviembre en Art Department se expondrá la obra más reciente del artista Javier Andrés, Retropop.

El artista plástico mexicano Javier Andrés presenta su segunda exposición individual bajo el título Retropop. 

 

Javier Andrés en los últimos años ha enfocado su estilo al “Por Art”, por lo que en esta exposición presentará 15 piezas de gran formato, inspiradas en comics, estrellas del cine y la publicidad de los años 50´s y 60´s, décadas que tuvieron un fuerte auge de los medios masivos de comunicación, quienes empezaron a desarrollar la cultura pop, misma que moldearía a la sociedad de consumo y su ideales, esto durante la segunda mitad del siglo XX, creando así, las bases de la cultura contemporánea.

Influenciado por el legado pictórico de esta época y su gusto por las historietas, el cine y las caricaturas, Javier Andrés empezó a desarrollar su propio estilo, el cual se ha caracterizado por combinar la nostalgia del pasado con un contexto y estética actuales. 

Andrés se vale de pinturas acrílicas y barniz para generar los sólidos colores que componen su llamativa paleta de colores, utilizando grandes lienzos de tela para tener un mayor impacto visual.

Marilyn Monroe, James Dean y Superman, son algunos de sus íconos favoritos que integra en esta colección, con la que presenta un resumen de la evolución de su trabajo durante esta primera etapa de su trayectoria, del 2013 al 2016, así como sus primeras influencias; convirtiéndose también en la antesala de una nueva etapa, en la que la madurez su técnica y sus temas representados, lo llevarán a una mayor complejidad.

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Las fotografías, ¿Detonan empatía invitándonos a actuar o nos desensibilizan?
Benjamin Malik
La fotografía encontró su valor en la documentación de atrocidades, así como de aspiraciones humanitarias.

Hasta ahora, la pregunta ha sido: ¿una fotografía nos hace actuar, o entumece nuestros sentidos? Esta pregunta puede ser demasiado brusca pues la fotografía funciona en ambos sentidos. La foto no es ni la respuesta ni el obstáculo para nuestra capacidad de simpatizar a través de la distancia. La cámara brinda sensación y poder emocional, pero la visión viene de contemplar la fotografía como una imagen hecha por eventos, y los vínculos que encadenan al suceso y al espectador en una narrativa compartida. La distancia entre ellos está conectada por actos pequeños y olvidados como la escenificación, rodaje, edición, selección, subtitulación, circulación y hacer extranjeros visibles entre sí.

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Estas prácticas cotidianas de convertir las fotografías en historias que conectan al espectador con los sucesos no pueden disolver la ambigüedad moral, pero su comprensión ayuda a convertir al espectador pasivo en un testigo más activo.

Mathew Brady, el gran fotógrafo estadounidense del siglo XIX, dijo: “La cámara es el ojo de la historia.” El poder del ojo fotográfico hace visible la aldea global, elimina la distancia y acerca a los extraños inconexos. Brady logró su reconocimiento fotografiando la masacre de la guerra civil americana. Lo supiera o no, estaba ayudando a inaugurar una relación duradera e íntima entre la tragedia y la fotografía. Para empezar, los cañones de la época y las cámaras compartían una paternidad tecnológica: evolucionaron a partir de máquinas torpes que requerían una recarga compleja en dispositivos altamente móviles, precisos y repetitivos. Ambos disparan. Durante más de un siglo en periódicos y revistas, en exhibiciones y en las ceremonias del Premio Pulitzer, las fotografías y la tragedia han ido juntas, herramientas de los periodistas que buscan la verdad.

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Todos hemos oído que una muerte es una tragedia y un millón de muertes una estadística. Para percibir la tragedia, tenemos que ver a una persona (o, aparentemente, a un animal) como individuo. Los psicólogos llaman a esto el “efecto de víctima identificable”. Y una de las formas más seguras de ver a alguien como un individuo es el poder observarlos como entidades independientes y afines.

Tras el sismode 7.1 grados que vivio la ciudad de méxico esta tarde, se desplomaron deo edificios en las calles de Escocia y Gabriel Mancera.  19/09/17 Foto: Germán Canseco Foto: Germán Canseco

Los profesionales de la empatía saben bien sobre el efecto de la víctima identificable, incluso si no usan el término. Children International, por ejemplo, ha pedido a los donantes que patrocinen a los niños; los jóvenes reciben dinero para pagar cosas como la atención médica, mientras que los donantes obtienen conexiones con los niños a quienes ayudan, incluyendo una fotografía a color enviada cada año. Muchas otras organizaciones sin fines de lucro reconocen y aprovechan el hecho de que la mente está muy orientada a responder a una sola persona necesitada.

Miguel DimayugaFoto: Miguel Dimaguya

En un estudio de 2013, psicólogos estudiaron a voluntarios en un escáner de fMRI y observaron cómo tomaban decisiones sobre donar dinero a huérfanos necesitados. Encontraron que los sujetos eligieron donar más cuando vieron una fotografía del huérfano que si descubrieran su nombre pero sin ver ninguna imagen. Los investigadores descubrieron que la extra generosidad parecía atribuible al aumento de la actividad en el núcleo accumbens, una región del cerebro asociada con el placer y la recompensa. El estudio sugiere que las imágenes pueden tener un poder especial para generar el efecto de víctima identificable al activar la excitación positiva en el cerebro.

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Por supuesto, ese poder viene con inconvenientes. Las fotografías son atesoradas por su capacidad de mostrarnos el mundo, pero también son notorias por su capacidad de engañar. Pueden quitar el contexto de historias intricadas, reducir problemas complicados a momentos icónicos, y manipular nuestras emociones usando caras carismáticas. Al apretar el mundo en dos dimensiones, puede ocultar su profundidad. La ciencia está ayudando a explicar por qué las fotografías son tan poderosas, pero no ofrece mucha ayuda en cómo usar ese poder de manera responsable. Corresponde a nosotros utilizar bien las imágenes.

Voluntarios ayudan a remover escombros en la colonia Condesa. Foto: Alejandro Saldívar

Voluntarios ayudan a remover escombros en la colonia Condesa. Foto: Alejandro Saldívar

Es tentador esperar que podamos aprovechar y magnificar el efecto de víctima identificable para convertir a todos en santos desinteresados, profundamente empáticos con todas las personas necesitadas. Pero la atención humana es limitada y voluble. Muchos grupos caritativos ya están usando imágenes de niños para maximizar el impacto. Parece que puede haber un número limitado de eventos noticiosos con gran potencial viral, donde la difícil situación por la que pasan los individuos atrae nuestros ojos a temas más grandes como los refugiados de la zona de guerra, las víctimas de abuso, las especies en peligro de extinción o los sobrevivientes del sismo del 19 de septiembre en la CDMX.

Pero en esas ocasiones, hay potencial para que la empatía crezca.

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El puño en alto
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Un poema del gran escritor Juan Villoro para aliviar el dolor al que los mexicanos nos hemos enfrentado estos días...

“Donde la tierra se abre y la gente se junta…”

 

El 19 de septiembre de 2017 quedará en la historia como un día trágico en la historia de la Ciudad de México. Un martes caótico en la que la tierra se movió súbitamente y de pronto, de un minuto a otro, la vida como la conocemos cambió. A las 13:15 los edificios se cayeron y las avenidas se llenaron de rescatistas y voluntarios dispuestos a buscar vida debajo del caos. 

En medio de toda la incertidumbre que flotaba en el aire, los Topos aparecieron con sus planes heroicos para buscar vida en alguno de los 40 inmuebles colapsados. Para comunicarse y coordinar a los miles de voluntarios que desde el martes han acudido a los edificios en ruinas, estos rescatistas extremos dieron a conocer su emblemático lenguaje de señas para todos sepan cómo comportarse en las zonas de peligro.

De todos los signos que componen este singular argot, hubo uno que llamó la atención, el de los puños en alto. Según lo comentaron los voluntarios, esta seña se hace cuando los Topos piden silencio total para poder escuchar algún signo de vida debajo de la tierra. Después de todo, hay que recordar que  el más mínimo sonido  bajo de los escombros puede orientarlos para salvar una vida. puños

Estos puños levantados que se aparecián en las imágenes del terremoto, inspiraron al gran escritor Juan Villoro a escribir unos versos respecto a todo lo que ls mexicanos hemos vivido estos días. El resultado fue un poema publicado en el Periódico Reforma para ayudar al alma a cerrar todas las heridas que se han abierto desde el martes.  Un poema para sacar todas las lágrimas que no hemos llorado. Un poema para entender que nada, ni un sismo de 7.1 grados, va a acabar con la grandeza que hay en este país. puños

El puño en alto

Eres del lugar donde recoges
la basura.
Donde dos rayos caen
en el mismo sitio.
Porque viste el primero,
esperas el segundo.
Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre
y la gente se junta.
 
Otra vez llegaste tarde:
estás vivo por impuntual,
por no asistir a la cita que
a las 13:14 te había
dado la muerte,
treinta y dos años después
de la otra cita, a la que
tampoco llegaste
a tiempo.
Eres la víctima omitida.
El edificio se cimbró y no
viste pasar la vida ante
tus ojos, como sucede
en las películas.
Te dolió una parte del cuerpo
que no sabías que existía:
La piel de la memoria,
que no traía escenas
de tu vida, sino del
animal que oye crujir
a la materia.
También el agua recordó
lo que fue cuando
era dueña de este sitio.
Tembló en los ríos.
Tembló en las casas
que inventamos en los ríos.
Recogiste los libros de otro
tiempo, el que fuiste
hace mucho ante
esas páginas.
 
Llovió sobre mojado
después de las fiestas
de la patria,
Más cercanas al jolgorio
que a la grandeza.
¿Queda cupo para los héroes
en septiembre?
Tienes miedo.
Tienes el valor de tener miedo.
No sabes qué hacer,
pero haces algo.
No fundaste la ciudad
ni la defendiste de invasores.
 
Eres, si acaso, un pordiosero
de la historia.
El que recoge desperdicios
después de la tragedia.
El que acomoda ladrillos,
junta piedras,
encuentra un peine,
dos zapatos que no hacen juego,
una cartera con fotografías.
El que ordena partes sueltas,
trozos de trozos,
restos, sólo restos.
Lo que cabe en las manos.
 
El que no tiene guantes.
El que reparte agua.
El que regala sus medicinas
porque ya se curó de espanto.
El que vio la luna y soñó
cosas raras, pero no
supo interpretarlas.
El que oyó maullar a su gato
media hora antes y sólo
lo entendió con la primera
sacudida, cuando el agua
salía del excusado.
El que rezó en una lengua
extraña porque olvidó
cómo se reza.
El que recordó quién estaba
en qué lugar.
El que fue por sus hijos
a la escuela.
El que pensó en los que
tenían hijos en la escuela.
El que se quedó sin pila.
El que salió a la calle a ofrecer
su celular.
El que entró a robar a un
comercio abandonado
y se arrepintió en
un centro de acopio.
El que supo que salía sobrando.
El que estuvo despierto para
que los demás durmieran.
 
El que es de aquí.
El que acaba de llegar
y ya es de aquí.
El que dice “ciudad” por decir
tú y yo y Pedro y Marta
y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz
ni agua.
El que todavía respira.
El que levantó un puño
para pedir silencio.
Los que le hicieron caso.
Los que levantaron el puño.
Los que levantaron el puño
para escuchar
si alguien vivía.
Los que levantaron el puño para
escuchar si alguien
vivía y oyeron
un murmullo.
Los que no dejan de escuchar.

Juan Villoro

Poema publicado en el Periódico Reforma