Arte y Cultura
15 secretos que no sabías sobre el Centro Histórico de la Ciudad de México (Parte I)
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En MXCity nos gusta compartirte información de nuestra biblioteca, y esta vez te presentamos una selección de los datos más extraordinarios del Centro de tu ciudad.
Centro Histórico

La impresión de saberse en un México con muchos “Méxicos” solo se puede sentir en el Centro Histórico. Y con esto nos referimos a que, en el centro de nuestra ciudad, son más notables los sincretismos culturales que hacen de nuestra urbe un híbrido prodigioso. Te encuentras con ruinas sagradas de la gran Tenochtitlán, al mismo tiempo que converge la arquitectura barroca, herencia de los españoles; la afrancesada de la época porfirista y su art nouveau; entre algunas otras pinceladas de estilos como el neogótico, de la mano a los ritos chamánicos que se desdoblan entre sus calles. La tecnología y el arte contemporáneo también decoran el Centro Histórico: de vez en cuando puedes admirar las intervenciones de proyectos como Visual Art Week o FILUX adornando los monumentos más destacados de la ciudad. 

Con todo y sus 700 años de historia, nuestro Centro aguarda un montón de misterios que aún no son conocidos por todos sus habitantes. Secretos que se cuentan en voz baja, o que han permanecido escondidos en los anaqueles de sus archivos generales.  En MXCity nos gusta compartirte información de nuestra biblioteca, y esta vez te presentamos una selección de los datos más extraordinarios del centro de tu ciudad, contenidos en el libro Los Pequeños Secretos del Centro Histórico, de Elena Jiménez Castro Blaizac.

Se trata de una profunda investigación apegada a los hechos y avalada por especialistas de nuestra ciudad. Relatos sobre callejones secretos, piratas, condes, tesoros y personajes destacados en el acontecer nacional que inmortalizaron los muros y techos de este gran lugar. 

 

 1. El gran hallazgo de una cultura hermética

Coyolxauhqui

Los restos de Tenochtitlán permanecieron sepultados durante 500 años hasta que el 21 de febrero de 1978, un trabajador de la compañía de luz perforó el suelo con un taladro y se topó con una gran roca imposible de traspasar. La sorpresa fue que esa gran piedra circular era el símbolo de Coyolxauhqui, la diosa de la Luna. Ocho mil obreros trabajaron día y noche durante cuatro años para rescatar alrededor de 7 mil piezas prehispánicas, mismas que hoy se exhiben en el museo del Templo Mayor. Así fue como renació desde la tierra el gran imperio mexica.

 

2. El día que Santa Anna llenó las fuentes de la ciudad con sidra

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Desde 1845 Estados Unidos había declarado la guerra a México y en un intervalo de varios años se suscitaron decenas de batallas, en una de tantas, y entre las pocas que México ganó, el político y militar Santa Anna llegó a la ciudad de México para celebrar. Esta fiesta fue inédita: cuentan las anécdotas sobre la ciudad, que el militar ordenó en 1846 llenar las conocidas fuentes caritas, situadas en las 4 esquinas de la parque Alameda Central de sidra. Algunas otras historias hablan de ponche, para que los habitantes tomaran hasta saciarse, hartarse, o desvanecerse, quizá.

 

3. Un corazón en el cofre de plata

Foto: Panoramio

Foto: Panoramio

En el año del 2005 se comenzó a restaurar el convento de Corpus Christi, parte de un proyecto que buscó (y busca aún) rescatar los perímetros del Centro Histórico. Fue entonces que se halló un pequeño cofre de plata que aguardaba una de las historias más románticas de la época colonial.

Se dice que el Virrey Baltazar de Zuniga y Guzmán, el creador de este convento, fue el primer soltero de la Nueva España. Sin embargo, hubo una vez en que se enamoró profundamente de una joven indígena muy bella que pertenecía al convento, una monja. Después de que ella lo rechazara, el virrey volvió a España a consumar su mandato y murió soltero en 1727. El virrey le juro amor a aquella chica y como prueba de ello mandó a que una vez muerto le enviaran a su amada su corazón en un cofre de plata. Y ahí se encontraron los restos de su amor, enclaustrados en el convento de Santa Isabel, hoy Corpus Christi.

 

 4. La leyenda del callejón de la Condesa

callejon condesa casa de los azulejos

A un costado de la Casa de los Azulejos se encuentra el callejón de la Condesa. Por este pasaje entraba y salía la Condesa del Valle de Orizaba, la dueña original de esta hermosa casa. Antes se le conocía como el Callejón de los Dolores, cuando según la leyenda, dos elegantes hombres en carruajes se encontraron  frente a frente  y ninguno quiso retroceder para dar el paso al otro. Así tardaron tres días sin moverse (con un orgullo desbordado) hasta que una virrey intervino y tuvieron que retirarse.

 

5. Los búhos de la Casa de los Azulejos

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Los tres buzos que son el emblema de la tienda ubicada en esta casa, representan a Franks Sanborn y sus dos hijos, Jack y Francis. El búho también hacía referencia a que esta tienda era la única que permanecía abierta de noche. 

 

6. El correo en la época prehispánica

painanis

En el México prehispánico ya existía un  sistema de correos gracias a los iciuhcatitlanti,  o mensajeros, y los painani, corredores de gran resistencia y velocidad al servicio del emperador. 

 

7. El hombre que soportó el terremoto del 85 en la cima de la Torre Latino

porfirio callejas

Como sabrás, el terremoto del 19 de septiembre de 1985 fue letal para los habitantes de la CDMX; ese día a las 7:17:47 de la mañana el movimiento telúrico más fatal que ha vivido la ciudad sucedió durante dos largos minutos. El resultado fue el colapso de hasta 371 edificios modernos, más de 30 mil damnificados, daño de mediano a grave en el 80% de las construcciones, y una cifra, la del gobierno, de hasta 7 mil muertos (aunque registros posteriores hablan de 40 mil). Jiménez nos narra el ya famoso caso de Por?rio Callejas. Ese día, Porfirio Callejas, había subido a las 7 de la mañana hasta la antena de la Torre Latinoamericana para pintarla, minutos después resistió, gracias a que estaba sujetado a la antena, el peor terremoto de la ciudad. Por ello, Callejas pudo vivir una de las mayores catástrofes desde otro ángulo y quizá bajo un tipo de movimiento que nadie más sintiera.

 

8. John hawkins, el mago y pirata que escapó del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición

pirata hawkins

Durante el siglo XVI muchos barcos españoles salían de México rumbo a España, llevando enormes cantidades de oro, plata y valiosa mercancía. Los piratas acechaban las costas buscando quedarse on el botín. Las tripulaciones de piratas más famosas fueron las de el francés Pierre Sanfroy y el inglés John Hawkins, este último conocido por ser el único de ellos que, junto a unos cuantos de su tripulación capturados por la inquisición, escaparon de sus rejas. La historia del pirata Hawkins es una de las más alucinantes porque para matar a sus adversarios empleaba trucos de magia o fingía leerles el futuro acertando siempre en que morirían. 

En una de esas expediciones para robar los navíos españoles, los barcos de Hawkins se vieron severamente dañados por una tempestad que los obligó a desembarcar en los puertos de Campeche. La tripulación del virrey Martín Enríquez de Almanza los atacaron por la noche incendiando tres de sus barcos y trasladándoles al Tribunal del Santo Oficio. Acusados de herejía fueron encerrados en la cárcel perpetúa de la que Hawkins habría de escapar admirablemente, convirtiéndose en el único hombre en escapar de sus rejas.

 

9. Más de 100 gatos en el Palacio
Archivo mxcity-palacio nalcional mx

En los jardines del Palacio Nacional, desde hace mucho tiempo, se encuentran alrededor de 100 gatos que pasan el día tomando el sol y mirando a los visitantes. Son cuidados por el personal de mantenimiento y por más increíble que parezca, cada uno tiene nombre.

 

10. El niño cautivo

En la capilla de Nuestra Señora de la Antigua, se encuentra la imagen del “niño cautivo”. Siguiendo la leyenda, éste fue un regalo para la Catedral que traía a la ciudad el doctor Francisco Sandoval en el año 1622. En su viaje naval, los piratas lo raptaron y lo llevaron a África pidiendo una extensa suma de dinero. El rescate fue pagado pero el doctor Sandoval falleció. Su cuerpo fue enviado junto con la imagen del niño cautivo, que hoy conserva su vestimenta original y sostiene en sus manos unas esclavas en recuerdo de su cautiverio.

 

11. El origen de la porra de la UNAM

Cerca del Colegio de San Ildefonso existía un cine llamado “Goya”. Los viernes, los alumnos salían de la preparatoria corriendo para colarse al cine gritando. ¡Goya! ¡Goya!. Así nació la famosa porra de la Universidad Nacional Autónoma de México:  ¡Goya! ¡Goya! ¡Cachún Cachún, ra ra! ¡Cachún Cachún, ra ra! ¡Goya! ¡Universidad!

 

12. Frida Kahlo y la mula en San Ildefonso

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En el Anfiteatro Simón Bolívar del Colegio de San Ildefonso, se encuentra el primer mural que pintó Diego Rivera. Estaba trabajando en ello justamente cuando conoció a Frida Kahlo que entonces estudiaba ahí. Se dice que Kahlo era una chica muy inquieta, y en una de sus visiones le ocurrió entrar al colegio montada en una mula. Por esta entrada novedosa estuvo a punto de ser apunto de ser expulsada.

 

13. Con la misma moneda

 cacao moneda

En épocas colombinas, algunos soldados pagaban la mercancía a los indígenas con monedas falsas, hechas de oro con cobre. A su vez -y como su moneda nativa era el cacao-, los indígenas rellenaban los granos con lodo engañando también a los soldados.

 

14. El Centro Mercantil, lugar para comprar lo más vanguardista de Europa

gran hotel

Guantes, sombreros, telas, perfumes, zapatos y hasta juguetes novedosos en Europa podían adquirirse en el lujoso Centro Mercantil, la primera tienda departamental de la ciudad. Esta con el tiempo se convirtió en el hermoso Gran Hotel de la Ciudad de México.

 

15. El balazo de Pancho Villa

la opera bar

Foto: guiadelcentrohistorico.mx

En el cruce que forman las calles 5 de Mayo y Filomeno Mata, se sitúa el bar La Ópera, establecido en 1875 para servir como un espacio de reunión para aquella población adinerada que, durante el porfiriato, construyó una ciudad que buscaba emular el refinamiento estético francés. Se cuenta que el mismísimo Pancho Villa entró a La Ópera junto con Emiliano Zapata, y que en plena juerga sacó su pistola y soltó un tiro que se incrustó en el techo de la cantina. El hoyo que dejó el disparo persiste ahí, y se ha convertido en uno de los mayores atractivos del lugar.

 

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Celebramos los 35 años del magnífico Museo Arquitectónico de México
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Este museo ha difundido la arquitectura contemporánea mexicana a través de exposiciones, conferencias, seminarios y reconocimientos a arquitectos.

La arquitectura es una disciplina de servicio para el conjunto de la sociedad.

 

Este años el Museo Nacional de Arquitectura (Munarq) cumplió 35 años de ser creado. Ubicado en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes, y creado por el arquitecto Juan Urquiaga, se ha dedicado a divulgar y reconocer el trabajo de arquitectos, ingenieros, creadores y constructores mexicanos, que participaron en la producción arquitectónica del México moderno.

La primera exposición del Munarq se inauguró el 26 de enero de 1984, fue dedicada al arquitecto Francisco J. Serrano y Álvarez de la Rosa, elegido por vincular la arquitectura con el patrimonio. Bajo la dirección del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el Munarq, ha presentado 158 exposiciones que acercaron  la arquitectura contemporánea a los mexicanos.

 

 

Durante estos primeros 35 años de vida, el museo ha promovido las obras de autores nacionales e internacionales de prestigio y emergentes, además ha desarrollado talleres y conferencias junto a universidades de arquitectura con el fin de destacar el patrimonio arquitectónico del país y sensibilizar a los mexicanos sobre la necesidad de preservarlo.

Desde 1984 muestra al público la trascendencia de la arquitectura a través de sus principales exponentes, corrientes imperantes e historia. A lo largo de más de tres décadas, el recinto ha presentado 158 exposiciones.  Xavier Guzmán Urbiola, licenciado en Historia por la UNAM, con estudios de arquitectura en la UAM y quien fue director de Arquitectura del INBAL entre 2003 y 2007, comentó que la creación del Munarq fue una gran idea del arquitecto Juan Urquiaga, quien convenció a las autoridades de entonces de crear un recinto dedicado específicamente a la arquitectura mexicana y del mundo.

 

 

 

La idea, subrayó, fue poner al alcance no solo de los especialistas sino del público en general la trascendencia de la arquitectura a través de sus principales exponentes, corrientes imperantes y su historia en México. Miembro honorario de la Academia Nacional de Arquitectura desde 2006, Guzmán Urbiola señaló que hay ciudades en el mundo como Shanghái, Madrid y Londres que poseen importantes museos de arquitectura.

Este recinto se creó con la idea de dar a la arquitectura mexicana un recinto de igual importancia y proyectar la ciudad ante el mundo, propiciando a la vez la reflexión acerca de los grandes temas urbanísticos y arquitectónicos. La arquitecta Dolores Martínez Orralde, quien por más de 30 años colaboró con la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del INBAL, comentó que el museo es un complemento de la formación académica de los jóvenes estudiantes de arquitectura, urbanismo y nuevas disciplinas que han surgido al paso del tiempo, como el paisajismo.

 

 

 

Como investigadora, Martínez Orralde le tocó organizar el material y revisar las fotografías, situación que ha avanzado gracias a la tecnología. Quien comentó, “antes se diseñaban las exposiciones de manera casera; las cédulas se hacían en máquina de escribir, con una esfera con tipografía especial para trabajarlas. Había que cuidar la ortografía, parece fácil, pero había que tener mucho cuidado en la revisión de cada texto e imagen para que el público se llevara la mejor información. Fue un gran aprendizaje al lado de Juan Urquiaga y Víctor Jiménez”.

Hoy en día, los retos les pone la creatividad, una pieza fundamental en la arquitectura que juega con el espacio, las formas y dependiendo de la temática, nos da la oportunidad de incorporar videos y fotografías en diferentes formatos para que la gente tenga un panorama completo. Por último, quien es además miembro de la Asociación Mexicana de Arquitectas y Urbanistas, invitó a que la gente recorra el exterior e interior del Palacio de Bellas Artes para descubrir así todos sus detalles. “Nuestra ciudad es parte de la exposición arquitectónica urbana y paisajista, nos debemos sentir orgullosos de ella”, finalizó.

 

 

 

En 35 años de este recinto, el público ha podido disfrutar de muestras como La construcción del Palacio de Bellas Artes (1984), La arquitectura de Colombia (1985), Luis Barragán, arquitecto (1989), Arquitectura japonesa contemporánea (1992), Guillermo Kahlo. Arquitectura y fotografía (1993), El Teatro Nacional de México.

Además de exposiciones como el primer centenario de Adamo Boari en México 1897-1997 (1997), Mario Pani. La visión urbana de la arquitectura (2000), Frank Lloyd Wright y la ciudad viviente (2002), Los espacios de Diego y Frida (2007), Arquitectura de la Revolución (2010), Somos la Atlántida. Géza Maróti 140 años (2015), Arquitectura orgánica de Senosiain (2016) y Arquitectura Olímpica. México 68/50 aniversario (2018), por mencionar solo algunas.

 

 

Museo Nacional de Arquitectura

Dónde: Tercer piso del Palacio de Bellas Artes (Av. Juárez, Centro Histórico).

Cuándo: Martes a domingo con un horario de 10:00 a 18:00 horas.

Cuánto: $50.00 pesos entrada general

Entrada libre domingos, a estudiantes, maestros y personas de la tercera edad con credencial vigente

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El enigmático jardín escultórico de Metepec (FOTOS)
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La Puerta Metepec y el Jardín Lineal se ubican ambos sobre la avenida Pino Suárez, y pretenden servir de plataforma para lucir el arte en barro propio de la zona.

Este hermoso y sereno jardín de esculturas está ubicado dentro de una bulliciosa carretera del parque de Metepec.

 

Una serie de pasarelas peatonales serpentean entre obras de arte que muestran fragmentos de la tradición y la tradición local. Metepec es famoso por su cerámica de barro, haciendo del jardín un homenaje apropiado a su patrimonio.

 

 

A lo largo de 3.5 kilómetros de la vialidad Toluca-Metepec-Tenango, entre el parque Árbol de la Vida y el puente de la carretera Metepec-Zacango, que es la entrada al Pueblo Mágico, el jardín cuenta con ocho esculturas, cinco fuentes, dos zonas para exposiciones temporales, 14 plazas, dos adecuaciones en puentes peatonales y seis andadores.

Las esculturas de arcilla más impresionantes son los Árboles de la Vida, esculturas gigantes con elaborados motivos barrocos. Se tratan de diferentes temas como la creación humana, las tradiciones e historia mexicanas y temas naturales como las estaciones.

 

 

 

 

 

 

Pero hay mucho más que ver además de las hermosas esculturas de árboles. El jardín tiene una fuente con una sirena en el centro llamada Tlanchana. La leyenda dice que hace mucho tiempo, los pescadores de la ciudad tenían que pedir permiso a una diosa para pescar en el lago. Esta diosa era una sirena que amaba las esculturas de arcilla, que la gente ofreció para ganar su favor.

Una de las partes más extrañas del jardín es una pequeña capilla dedicada a una Virgen de Guadalupe que apareció en un árbol en 1995. Hoy, es posible ver la figura de la Virgen, y los lugareños le ofrecen una gran fiesta cada 12 de diciembre. El parque también contiene áreas dedicadas a exposiciones temporales, donde las obras de arte se cambian cada octubre durante el gran festival de la ciudad.

 

 

 

Junto con la obra artística y cultural que integra este espacio recreativo, se llevó a cabo el saneamiento integral del arbolado que había en el lugar, y se incorporaron 800 nuevos árboles de especies adecuadas para este sitio, junto con 400 mil plantas de ornato y arbustos de especies de bajo mantenimiento, que en su conjunto ofrecerán tonalidades y perspectivas distintas del Jardín en cada cambio de estación. Asimismo se rehabilitó el alumbrado público de la vialidad, con la colocación de 72 lámparas nuevas, para hacer un total de 226 con las ya existentes; también se instalaron 135 bolardos con luz y la iluminación arquitectónica de plazas, esculturas y fuentes, lo que contribuye a incrementar la seguridad de la zona.

 

 

Destaca la Puerta Metepec, obra de acero del escultor mexicano Sebastián, que con sus 22 metros de altura y 17 de ancho, y un peso de más de 170 toneladas, recibe a los visitantes de Metepec. En ella también se incorporan 32 obras hechas de barro elaboradas por 16 maestros artesanos del municipio. Así, es posible admirar Jarros Pulqueros, Cabeza de Toro y Cabeza de Caballo, de Adrián Carlos Montoya Vázquez; las Cazuelas, de Asael Castillo Serrano; Olla y Cántaro, de Bernardo Camacho Quiroz; Sol y Luna, de Cristóbal Martínez Escárcega; Dios Padre y Arcángel, de Javier Carrillo Soteno; la Tlanchana y Pegaso, de Javier Ramírez Hernández, y el Arca de Noé e Iglesia, de Miguel Ángel González Mesillas, entre otras piezas colosales que miden en promedio dos metros de altura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mito de Psique y Cupido (un precioso recordatorio para el Día del Amor)
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Un mito griego que nos recuerda algunos de los principios más esenciales del amor, como la valentía, la lealtad y la entrega.

La historia de amor de Psique y Cupido…

 

El Día de San Valentín, como lo festejamos en la actualidad, es un cúmulo de mitos y tradiciones de muy distintas épocas y culturas, una fiesta que celebra al amor y la amistad universalmente. San Valentín fue un santo romano, uno de los primeros cristianos martirizados por su fe y un defensor del matrimonio.

Por otro lado, las típicas tarjetas que intercambiamos con los seres queridos, llenas de corazones (otro símbolo del amor) y mensajes son una tradición que, originalmente, inició en Inglaterra del siglo XVIII con su famosas Valentines, que eran tarjetas dibujadas y escritas a mano que los enamorados mandaban a sus damas con la esperanza de ganar su favor.

 

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Pero existe un personaje que aparece con frecuencia ante nuestros ojos durante el Día de San Valentín, Cupido, cuyo nombre romano equivalía a Eros en griego —raíz de palabras como erotismo y erótico. Hijo de Venus (diosa del amor y la belleza) y Marte (dios de la guerra), en la mitología griega, este ser alado, patrón del deseo, el amor erótico y la atracción tiene su historia de amor propia, una de las primeras fuentes de lo que hoy conocemos como amor romántico y que celebramos cada año, el 14 de febrero.

 

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Para contar la historia de Cupido, hay que comenzar por la de su amada, Psique. Cuando esta mujer nació, se dice que era la más hermosa del mundo; su belleza, incluso, fue comparada con la de la misma Venus, esto hacía que ningún hombre mortal se atreviera a acercársele.

Por consejo del oráculo, el padre de Psique llevó a su hermosa hija a la cima de un monte y ahí la abandonó, se le había dicho que ahí ella encontraría a su esposo: un ser malvado que tenía forma de serpiente y dos grandes alas. Asustada y sola, Psique esperó en la montaña hasta que el dios Céfiro, deidad del viento del Oeste, la levantó en los aires y la llevó hasta el lugar donde le dijo, la esperaba su esposo.

Al llegar, Psique notó que el palacio estaba en completa oscuridad y guiada por el oído y el tacto llegó hasta el lecho de un hombre, al que nunca vio y quien no quiso darle su nombre, pero al que a partir de ese día visitaría constantemente. Enamorada y embarazada de él, un día Psique intentó prender una lámpara para ver al hombre que amaba, pero él se alejó y voló con dos grandes alas, era Cupido, que con tristeza le dijo que a pesar de su amor por ella, los hombres y los dioses no pueden estar juntos.

 

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Psique decidió luchar por su amor, y tomó una gran cantidad de pruebas que su envidiosa suegra puso para ella, a cambio le daría la mano de su hijo en matrimonio. Valiente y esforzada, Psique logró todas la pruebas y finalmente se casó con su amado Cupido, quien le obsequió la inmortalidad.

El mito de Cupido y Psique, una historia de amor fuera de lo común, es narrada por Brendan Pelsue en una encantadora animación de TED-Ed…

 

Chacmool, una enigmática escultura prehispánica que quizá nunca será descifrada
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La figura de Chacmool seguirá siendo un misterio ya que se encuentra en la misma postura, con diversos materiales en diferentes partes de Mesoamérica.

Chacmool tiene mil rostros que van de los sagrado a lo profano.

 

Chacmool es un misterio. A la fecha no existe un consenso de si esta figura representa a una víctima sacrificial, un militar, un sacerdote, un personaje histórico, un hombre-dios, un mensajero divino o una deidad particular. Asimismo, lo que rodea al nombre, y todo lo que se ha propuesto para tratar de resolver tanto sus orígenes, historias así como sus mitos, ha sido rebatido por diversos pensadores, que no coinciden en que si los orígenes del chacmool se encuentran en el Centro de México, en el área maya o en el norte mesoamericano.

 

 

 

Chacmool es una de las imágenes más polémicas en los estudios sobre la religión y el arte mesoamericanos. Se ha dicho que Chacmool tienen sus raíces en al Clásico, al Epiclásico o al Posclásico Temprano, pero tampoco hay nada claro. Y todo esto desde el siglo XIX, cuando salió a la luz el primer reporte de uno de estos personajes semirrecostados, descubierto por el arqueólogo Augustus Le Plongeon.

Le Plongeon exploraba Chichén Itzá buscando las pruebas de la fundación del antiguo Egipto por los mayas, cuando descubrió en 1874 la escultura de un hombre reclinado con un tronco corporal desproporcionado, la cabeza alzada y girada, las piernas formando un arco y sosteniendo una vasija con las manos sobre su vientre. Se le nombró Chac Mool, apelativo maya con etimología doble, por un lado, resalta la imagen de un “felino rojo”, y por otro, la de una “semilla alucinógena” parecida a un frijol rojizo.

 

 

 

Alice Dixon, esposa del viajero, fotógrafo y anticuario británico-americano Auguste Le Plongeon, registró en su diario esta figura, el domingo 01 de noviembre de 1875. La misteriosa escultura que llamaron Chac Mool fue entregarla a la ciudad de Mérida para su resguardo y exhibición; y tres años después la figurilla se mandó a la Ciudad de México, su descubridor se quejó amargamente.

Lo más extraño fue que a partir de esa primera figura, se descubrieron más, haciendo que por primera vez en la historia de la arqueología mesoamericana una misma escultura fuera encontrada en lugares diferentes de México, apareciendo en Tula, Hidalgo y en Chichén Itzá, Querétaro, Michoacán, Tlaxcala y Veracruz, además de sitios mucho más lejanos como Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica; y por supuesto también en la Ciudad de México, frente al adoratorio de Tláloc del Templo Mayor de Tenochtitlán.

 

 

 

En todos estos sitios, Chac Mool tiene una apariencia que nunca varía: está recostado en posición de cúbito dorsal, las piernas recogidas hacia su vientre, en el cual porta una vasija o recipiente, y su cabeza está alzada y girada hacia uno de sus costados.

Lo que sí varia de un territorio a otro, son los materiales con los que fueron fabricados: piedras metamórficas, volcánicas, rocas calizas, hasta cerámica y argamasa. Su tamaño también ha sido variable: hay representaciones de tamaño natural, hasta algunas mucho más grandes y otras en formato miniatura. Algunos piezas de Chacmool iban casi desnudos y otros estaban ricamente ataviados con joyas y símbolos diversos. Una de las piezas encontradas en Michoacán varía enormemente de la típica representación de la figura en cuestión: su rostro es el de un anciano casi desnudo y con el pene erecto, pero como de las demás piezas, se ignora el significado real de estas piezas.

 

 

 

En lo que se concuerda es en el uso de la escultura, que suponen que al ser de piedra se utilizó para sacrificios en el que se depositaban corazones humanos y otros objetos en honor de los dioses: tamales, tortillas, carne de guajolote, tabaco, plantas alucinógenas, flores, papel salpicado de hule, plumas, balche o incienso. Dependiendo de la cultura que adoptó el uso de esta figura, varía su significado.

De acuerdo al fabuloso escritor y filósofo Alfredo López Austin en su texto El Chacmool mexica, la función de esta pieza era utilitaria:

La arqueología nos confirma que estas esculturas no eran colocadas en el mismo sirio de la hierofanía (manifestación de lo sagrado), generalmente al fondo de los escenarios rituales, sino en puntos clave de los sacbeoob sacros, encima de plataformas bajas utilizadas como altares centrales, frente a banquetas ceremoniales, al pie de escalinatas de edificios religiosos, sobre las terrazas de estructuras piramidales o, un poco más adentro, en el vestíbulo o antecámara de la capilla.”

 

 

 

Su función como piedra de sacrificios o téchcatl se sospecha tomando en cuenta un fragmento de la Crónica mexicana de Alvarado Tezozómoc que relata la inauguración del Templo Mayor de Tenochtitlan: “Luego que salió el Sol comenzaron a embijar a los que habían de morir con albayalde y emplumalles las cabezas; hecho esto los subieron en los altos de los templos y primero en el de Huiztilopochtli… Estaba parado el rey Ahuítzotl encima del téchcatl, una piedra en que estaba labrada una figuraque tenía torcida la cabeza y en sus espaldas estaba parado el rey y a sus pies del rey degollaban”.

Bajo esta visión, el escritor mexicano Carlos Fuentes escribió una de sus narraciones más famosas titulada precisamente Chac Mool. El propio autor describió el origen de su cuento: “Se llama Chacmool en honor al dios de la lluvia del panteón azteca, cuyos poderes no parecen haber disminuido con la civilización moderna.”

 

 

 

Lo cierto es que su ubicación simbólica en la arquitectura religiosa es una constante, su presencia siempre se ubica en los umbrales que dividen lo sagrado de lo profano, puntualmente, al pie de los altares, en el acceso a los campos de juego de pelota o en la entrada de los templos.

Es posible suponer que su función debió constituir un elemento de tránsito entre los dioses y los humanos; quizá fue un semi-dios que transportaba las ofrendas que los fieles depositaban en su cuenco, siempre vertical, junto con las plegarias y peticiones que las motivaban. Aunque también, no sin motivos, hay quien lo ha referido como variante antropomorfa de las piedra sacrificiales.

 

 

En la Ciudad de México, es posible conocer a Chacmool en el Museo Nacional de Antropología, Av. Paseo de la Reforma s/n, Polanco, Bosque de Chapultepec.