Arte y Cultura
El Acueducto de Guadalupe. Vida, ciudad, historia
José Luis Bobadilla
El Acueducto de Guadalupe es novohispano y quedó ahí, atrapado en el norte de una ciudad que crecía y crece incesantemente.

Un acueducto es una obra tecnológica. Llevar agua de un lugar otro fue siempre una preocupación humana. La palabra tiene una raíz latina: aquaeductus. Los romanos  alrededor del año 300 a.C. construyeron el Aqua Apia, el primer acueducto del mundo. Desde entonces esa tecnología se extendió en distintas latitudes. Con la Conquista de México los españoles hicieron construir acueductos. Fragmentos, ruinas de esas construcciones están por todo el país.

Fuera de la Ciudad de México, en Tepotzotlán, por ejemplo, se puede visitar “Arcos del Sitio”. Un acueducto imponente de cuatro niveles de arcos construido por jesuitas en el siglo XVIII. Durante la preparatoria iba por una carretera estrecha en bicicleta hasta llegar a ese lugar. Iba con uno de mis primos y salíamos muy temprano de Valle Dorado, fraccionamiento donde él vivía.

Sin embargo, el primer encuentro con un acueducto está ligado a un momento anterior de mi vida. Luego de vivir algunos años en la calle de Abundio Martínez de la colonia Industrial Vallejo, mi padre compró un terreno en la colonia Acueducto de Guadalupe. Ahí construyó una casa que fue mi residencia hasta que salí de la universidad. Las calles del fraccionamiento llevaban nombres relacionados al campo semántico del mar. Así, estaban en orden alfabético las calles de Arena, Brisa, etc. Nosotros vivíamos en Atolón. Cuando llegamos, a mediados de los años ochenta, había muchos terrenos baldíos cubiertos de maleza, girasoles y grillos. Lo de los grillos era realmente impresionante, en tiempos de lluvia se arracimaban en la hierba y por las noches el rechinido de su canto era más bien una pared de ruido blanco.

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La casa de Atolón estaba a la mitad de la calle. Por un extremo pasaba una vía de tren que separaba el fraccionamiento de una unidad habitacional. Por el otro, estaban los restos de un acueducto del siglo XVIII. De lado de la calle, junto al acueducto había un camellón lo suficientemente amplio para los corredores de la zona. Del otro lado del acueducto estaba el cauce de aguas negras del río de los Remedios. Junto al río, había una hilera larga de pirules frondosos y altos eucaliptos.

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El acueducto es novohispano y quedó ahí, atrapado en el norte de una ciudad que crecía y crece incesantemente. Se construyó con la finalidad de llevar agua del río de Tlanepantla a la Villa de Guadalupe y después conectarse con otra obra hidráulica de Santiago de Tlatelolco. De hecho el fragmento que está en la colonia donde crecí es solamente eso, siete kilómetros, un fragmento, pues hay otros vestigios que van hasta muy cerca de la actual Basílica de Guadalupe. La caja de agua está actualmente en el Parque del mestizaje dónde están también las esculturas de los Indios Verdes.

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Antes de morir, en 1815, José María Morelos, ya preso, tuvo el permiso para detenerse y beber en la fuente del Acueducto de Guadalupe. Durante el gobierno de Porfirio Díaz la obra dejó de funcionar. Desde 1932 la obra es Monumento Histórico de la Nación. Muchas tardes salí a caminar junto al acueducto de cantera sólida. Algunas ocasiones me subía y me sentaba ahí a leer. Era un lugar tranquilo en medio de la vorágine de la ciudad, de la zona de fábricas de Vallejo y Tlanepantla, de la miseria del cerro del Chiquihuite. Cuando llovía olía mal. Ahí leí, por ejemplo, Robinson Crusoe y La isla del Tesoro. Ya en la universidad empecé a relacionarme con la poesía, empecé escribir, líneas breves:

Qué siento / cuando muerdo / la manzana / su masa dulce / lejanísima en la boca / la media tarde / esa caricia tuya / sobre la nuca / los eucaliptos / cerca del acueducto / sus hojas / yo / temblamos. Y así, de pronto vida, ciudad e historia se entreveran, y como a mí, le pasa seguramente a todos. 

Voces de la Tierra y Lenguas indígenas en el MUNAL
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México es uno de los países con mayor diversidad lingüística, no obstante, muchas de estas lenguas están en peligro de desaparecer.

Esta exposición en el MUNAL rinde un homenaje a las lenguas indígenas del país.

 

Desde 2016 se alertó que el 40 por ciento de las siete mil lenguas indígenas que se hablan en el mundo están en riesgo de desaparecer. Es por eso, que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, con el fin de sensibilizar a la sociedad en general para que reconozcan, aprecien y valoren la importante contribución que los idiomas originarios hacen a la diversidad cultural y lingüística mundial. La ONU establece como un componente esencial para el desarrollo sostenible, el derecho de los pueblos indígenas a expresarse en sus lenguas.

 

 

La más reciente exposición temporal del MUNAL, Voces de la tierra. Lenguas indígenas ofrece un acercamiento a la variedad e importancia de las 11 familias lingüísticas y sus variantes asentadas en el territorio mexicano.

A través de más de 180 piezas, entre pinturas, esculturas, materiales gráficos, fotografías, textiles y dibujos, que se podrán apreciar a partir del 8 de agosto en el Museo Nacional de Arte (Munal) del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

 

 

 

Procedentes del acervo del Munal y de colecciones públicas y privadas, esta exposición reúne piezas de artistas como Manuel Vilar, Rodrigo Gutiérrez, Luis Coto, Antonio García Cubas, José María Velasco, José Clemente Orozco, Carlos Mérida, Ramón Cano Manilla, Tina Modotti, Walter Reuter, Graciela Iturbide, Pedro Valtierra, Bob Schalkwijk y Xawery Wolsky, entre otros.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha facilitado el facsímil del Lienzo No. 2 del Códice de Tlaxcala, resguardado por la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Dr. Eusebio Dávalos Hurtado.

 

 

 

La muestra se divide en siete ejes temáticos que abordan la relevancia de este patrimonio lingüístico, cuya diversidad coloca a México entre los primeros 10 países del mundo con mayor número de lenguas originarias que son usadas por los pobladores de distintas regiones del país.

Las lenguas de México se ven e el primer núcleo a través de la historia; propone un recorrido visual sobre la importancia de las lenguas y la palabra en obras que dan cuenta de la Conquista. Se reúnen obras como El senado de Tlaxcala de Rodrigo Gutiérrez y La Malinche de Manuel Vilar, la reproducción de los mapas de Cuauhtinchan realizados por José María Velasco, así como retratos novohispanos de los frailes que durante el siglo XVI escribieron las primeras gramáticas de lenguas originarias, como fueron fray Bernardino de Sahagún, fray Pedro de Gante y fray Andrés de Olmos.

 

 

 

En el segundo tema, Diversidad lingüística del México contemporáneo, se aborda una breve cartografía visual sobre los diferentes grupos originarios y la multiculturalidad mexicana. Destacan las acuarelas realizadas por Francisco de Paula Mendoza y Félix Parra, expuestas por primera vez, que sirvieron como referente para la Carta etnográfica de Antonio García Cubas, ejecutada bajo intereses antropológicos porfiristas. Además, se han incluido litografías de Claudio Linati y serigrafías de Carlos Mérida.

El tercer tema, Lenguas del norte y occidente, reúne cuatro familias lingüísticas: cochimí-yumana, álgica, seri y purépecha. La litografía y fotografía de los siglos XIX y XX plasmaron la riqueza cultural de los pueblos que hablan dichas lenguas. Sobresalen las fotografías de Graciela Iturbide y Bob Schalkwijk sobre los pueblos seris, rarámuris y wixáricas. También fueron incluidos la pintura Carnaval de Morelia de José Jara y el dibujo Danza del venado de Fermín Revueltas.

 

 

La cuarta sección, Lenguas del centro al istmo, incluye a las familias lingüísticas el yuto-nahua, totonaco-tepehua, oto-mangue, mixe-zoque y huave de Oaxaca; varias de las lenguas de estas familias cuentan con gran número de hablantes, como el náhuatl, el zapoteco y el mixteco. Entre las obras destacadas de este núcleo están La danza de Xóchitl Pitzáhuac y la pintura India oaxaqueña, ambas de Ramón Cano Manilla; también se encuentran emblemáticas fotografías de Tina Modotti, que se relacionan con la pintura de Víctor M. Reyes, ya que en conjunto dan cuenta de la vida en el Istmo de Tehuantepec.

El Munal + Educa realizará diversas actividades en torno a la muestra Voces de la Tierra. Lenguas indígenas. Se realizarán talleres de dibujo textil para observar las diferencias y características de algunos trajes típicos mostrados en la exposición; un taller del lenguaje como identidad que pretende generar vínculos de diálogo con la pintura y el cuerpo, enfocado hacia el tema de la identidad expresiva artística. Asimismo se llevará a cabo un taller de máscaras en cartón reciclado que desarrollará la creatividad de los participantes para jugar con el lenguaje de la expresión por medio del rostro, entendiendo que a través de la máscara se propicia un discurso social, intelectual y territorial.

 

 

Voces de la Tierra y Lenguas indígenas en el MUNAL

Dónde: Tacuba 8 Col. Centro (Área 2), C.P. 6010, Deleg. Cuauhtémoc México

Cuándo: hasta el 01 de marzo de 2020, de martes a domingo , 10:00 – 18:00 hrs.

Cuánto: $70

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Arte tequitqui, la fusión del arte mesoamericano con el arte europeo
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El término tequitqui significa "tributario", y se rata de la influencia iconográfica y técnica europea fusionada con la técnica e iconografía indígena.

El arte tequitqui creó nuevas y únicas formas de expresión de los indígenas luego de la conquista.

 

 

Tequitqui o arte tequitqui es un término que se refiere a las manifestaciones artísticas realizadas por indígenas del área mesoamericana luego de la Conquista de México. La idea fue propuesta por José Moreno Villa en su texto Lo mexicano en las artes de 1949. En dicho texto, Moreno Villa, dice:

“Es el producto mestizo que aparece en América al interpretar los indígenas las imágenes de una religión importada (…) está sujeto a la superstición indígena. Es una extraña mezcla de estilos pertenecientes a tres épocas: románica, gótica y renacimiento. Es anacrónico, parece haber nacido fuera de tiempo, debido a que el indio adoctrinado por los frailes o los maestros venidos de Europa, recibía como modelos estampas, dibujos, marfiles, ricas telas bordadas, breviarios, cruces, y mil objetos menores. No todos ellos obedecían a un mismo estilo y a una misma época”

 

 

Como en la cultura prehispánica todo giraba alrededor de su religión, esto se reflejaba en su arte lleno de símbolos religiosos. Las culturas prehispánicas tenían sus propias tradiciones, y en común expresaban tradiciones por medio del arte y dar tributo a sus dioses. Esto cambio a la llegada de los españoles, cuyo modo de vivir de los indios llego a su fin con la evangelización de las “tierras bárbaras”  provocando que los indios sufrieran la destrucción de todas sus creencias y tradiciones.

Este proceso duró muchos años que con el tiempo dio paso al arte tequitqui: mezcla del arte indígena con el arte cristiano, donde es visible el proceso de transculturación entre lo indígena y lo español.

 

 

 

Las características del arte tequitqui son visibles en los elementos indígenas, y la enseñanza de los frailes quienes se ocupaban de la evangelización de los indígenas, y les brindaron nuevos materiales  para crear arte. En lugar de que las tradiciones indígenas se olvidaran, fueron mezclándose con las tradiciones cristianas para formar un hibridismo religioso.

Las manifestaciones del arte tequitqui se pueden observar  principalmente en las portadas de los templos cristianos, cruces atriales y murales en los claustros y capillas abiertas de los conventos.

 

 

 

En la arquitectura tequitqui se encuentran templos, monasterios y conventos, así como en los atrios con sus espacios abiertos y rodeados por muros que servían de amplia nave a las capillas abiertas que eran para  evangelizar a los indígenas. También se incluían capillas posas, que estaban colocadas en las esquinas de los cuadrángulos atriales y en centro del atrio se colocaba una cruz atrial.

Los conventos desde los primeros que se fundaron existieron como centros de irradiación religiosa, en donde se ensenaba la doctrina cristiana, al igual que la  escritura alfabética, la gramática, el castellano, etc. Pero a la vez en los conventos se aceptó la presencia de la cultura indígena, también el arte de hacer libros y mapas al modo indígena.

 

 

 

Los Frailes  gustaban de la pintura mural que se había desarrollado desde el siglo XIII, como decoración de los muros y ábsides de los templos prehispánicos. Los tlacuilos (dibujantes indígenas) utilizaron su trabajo para entrenar aprendices, según la tradición tanto europea como mesoamericana.  El Templo  y Exconvento de San Juan Bautista Coixtlahuaca es un gran ejemplo de este arte.

Esta obra monumental se encuentra en San Juan Bautista a 113 km. al Norte de la Ciudad de Oaxaca. Coixtlahuaca fue un centro comercial muy importante en la Mixteca. Se supone que el mercado que se realizaba en Coixtlahuaca tenía una gran influencia regional en toda la Mixteca. Por esta razón, cuando llegaron los españoles, empezaron a construir un templo y exconvento dominico que terminaron en 1576.

 

 

En el arco superior de la capilla abierta se aprecia labrada una “cadena de serpientes”. Se  puede ver  que las dos culturas todavía “no se conocían” a profundidad, por lo que los indígenas pudieron dejar algunos testimonios discretos y secretos de su visión cosmogónica y religiosa.

La suma del talento artístico de los mesoamericanos con los materiales e ideas de las culturas europeas, dieron dieran paso a que su usaran códigos estéticos y simbólicos en los remates y otros detalles de las obras ordenadas por el nuevo gobierno.  Investigadores en historia, arqueología y antropología han dedicado mucha tinta y horas estudio para comprender y dilucidar los códigos y mensajes contenidos en las construcciones que mandaron levantar las distintas misiones encargadas de la conversión social, religiosa y cosmogónica en Nueva España.

 

 

El arte tequitqui propició que muchas de las grandes construcciones de cantera labrada o tezontle contuvieran elementos de ambas culturas y adquirieran de este modo una personalidad única que en ninguna otra región del planeta es posible encontrar.

De hecho, los detalles inspirados en el arte prehispánico incluidos en construcciones art déco de la Ciudad de México, en las obras neocoloniales de principios del siglo XX o en las grandes construcciones funcionalistas que, como el Museo de Antropología de la Ciudad de México, incorporan estos elementos estéticos.

Centro Cultural Helénico, un referente para la exhibición del teatro mexicano
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El Instituto Cultural Helénico está muy cerca de cumplir 30 años y seguir siendo un referente para el teatro y la cultura en la CDMX.

A casi 30 años del Centro Cultural Helénico, te traemos esta retrospectiva.

 

 

El Centro Cultural Helénico es uno de los espacios culturales más reconocidos por el público afecto a las artes escénicas. El conjunto ubicado en la que fuera la residencia del coleccionista mexicano Nicolás González Jáuregui, en el número 1500 de la avenida Revolución, al sur de la ciudad de México.

Este complejo está integrado por el Teatro Helénico, diseñado por el arquitecto Eduardo Luna Traill, con capacidad para 436 espectadores; el Foro La Gruta, espacio experimental donde se han dado a conocer decenas de nuevos dramaturgos, directores y actores nacionales; y una capilla española de estilo gótico, que fuera transportada piedra por piedra desde Ávila, España que conserva en su interior pinturas de Tintoretto y Murillo así como gobelinos y vitrales de la época.

 

 

Con la intención de preservar y ampliar la actividad cultural teatral de estos recintos, desde 1990 el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes celebró un convenio de colaboración con el Instituto Cultural Helénico que cumplirá 30 años el 15 de marzo de 2020.

En el Centro Cultural Helénico se desarrolla un festival cultural permanente y abre sus puertas de lunes a domingo durante 49 semanas al año. Más de medio centenar de obras, conciertos y diversas actividades se presentan cada año, por lo que se estima que las producciones del Centro Cultural Helénico representan cerca del 10% de toda la actividad teatral del área metropolitana.

 

 

 

Son casi tres décadas en que el centro cultural, en asociación con artistas e instituciones culturales, ha adquirido un fuerte prestigio nacional e internacional y se ha convertido en un espacio distinguido de convergencia de corrientes escénicas de múltiples latitudes, con lo que ha contribuido de manera esencial a impulsar la renovación, expansión y el fortalecimiento del teatro mexicano.

La Capilla Gótica y el Claustro Románico forman parte del Centro Cultural Helénico en la ciudad de México. La capilla gótica del siglo XIV labrados en Ávila, España, y un marco de puerta barroco del siglo XVII proveniente de Guanajuato; que fue rescatado y traído a México por el coleccionista Nicolás González Jáuregui y reconstruido en el sur de la Ciudad de México por Luis Ortiz Macedo en 1954.

 

 

 

El interior de la Capilla Gótica y el claustro románico, fueron adquiridos por el magnate y coleccionista William Randolph Hearst, uno de los más poderosos empresarios en Estados Unidos por tener 28 periódicos nacionales. Hearst, cuya vida inspiró la creación de la famosa cinta fílmica Ciudadano Kane, de Orson Welles, compró la capilla junto con su claustro románico en los años 20.

Durante la Gran Depresión de 1929, Hearst tuvo problemas financieros obligándolo a no poder retirar las cajas, las cuales ni siquiera habían sido abiertas. En 1954, el coleccionista mexicano Nicolás González Jáuregui compró las piezas del edificio y se lo llevó a México para reconstruirlo. El encargado de la reconstrucción fue el arquitecto, Luis Ortiz Macedo, quien es reconocido por sus obras de restauración, las más famosas: la del Palacio de Bellas Artes y la de la Rotonda de las Personas Ilustres.

 

 

 

Jáuregui agregó elementos como vitrales provenientes de Francia y España, estatuas de piedra originarias de Francia, gobelinos flamencos y obras de Murillo y Giovanni Bellini. En 1975, el edificio pasó a manos del gobierno de la Ciudad de México por los problemas financieros que tuvo Jáuregui entonces. En 1979, el gobierno federal donó el complejo al Instituto Cultural Helénico, fundado desde 1973 por el obispo ortodoxo griego Pablo de Ballester.

Hoy en día este Centro Cultural difunde la cultura mediante cursos, talleres, maestrías, diplomados, ciclos de conferencias, así como conciertos y obras teatrales. Su patrimonio arquitectónico y artístico ha condicionado y facultado en gran medida el cumplimiento de sus objetivos. Hoy es día, sin duda es un referente del teatro en México, y se ha convertido en un lugar único, donde la historia, el arte y la cultura encuentran un afortunado espacio para confluir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Centro Cultural Helénico

Dónde: Avenida Revolución 1500, esquina con Manuel M. Ponce, Col. Guadalupe Inn, Álvaro Obregón.

Cuándo: lunes a jueves, 12:00 – 20:30 hrs. De acuerdo al evento. sábado, 12:00 – 20:30 hrs. De acuerdo al evento domingo, 11:00 – 20:00 hrs.

Cuánto: según evento. 30% Estudiantes, maestros e INAPAM

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Fotos Centro Cultural Helénico

La cabeza original de Alien viene a la CDMX con la exposición Sólo con la Noche
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Entre las piezas que se exhibirán en la exposición de HR Giger, vendrá la icónica cabeza original de Alien, escultura utilizada en la película del mismo nombre hace cuatro décadas.

Además de la escultura de la cabeza de Alien, más de 100 obras originales del surrealista suizo llegarán a la CDMX.

 

El surrealista Hans Rudolf Giger es uno de los artistas suizos más fascinantes de nuestra época. Es la mente maestra detrás del Xenomorfo de Alien de 1979, que además dedicó gran parte de su vida a estudios en visiones biomecánicas y a la estética del terror.

 

 

HR Giger se inspiró en la iconografía egipcia como momias y sarcófagos, para realizar su arte mecanico-sexualizado, que durante sus primeros exposiciones en una galería Suiza, los vecinos estaban tan horrorizados que escupieron en las ventanas cuando pasaron por allí.

 

 

 

El director de  cine Ridley Scott, no tenía idea de cómo iba a continuar con la dirección artística de un proyecto un sobre un equipo espacial que, sin darse cuenta, recoge a un pasajero peligroso y de sangre ácida. Cuando visitó el lote de Fox para una reunión, vio el libro de Giger, Necronomicon, que recopilaba muchas de sus pinturas terriblemente fantásticas.

“Le eché un vistazo y nunca he estado tan seguro de nada en mi vida”, dijo Scott . Giger fue el encargado del diseño de la criatura que daría vida a Alien, el octavo pasajero. Giger fue la mente del desarrollo del alienígena en sus cuatro etapas: el huevo, el que se abraza a la cara, el pecho y un adulto con la ayuda del creador de modelos Roger Dicken.

 

 

Giger no fue invitado para hacer la película de Alien 2 de 1986, a pesar de haberse ganado un premio por la película anterior. Esto porque cerca del estreno de la película, descubrió, a través de una carta escrita por el mismo James Cameron, donde decía que a pesar de que se había sentido atraído por el diseño “extraño y psico-sexual” de Giger, el director sintió que tenía que ponerle otro sello al proyecto ya que se sentía “abrumado por Giger”

Cameron le pidió perdón a Giger por no haberlo incluido en la segunda parte de alien. Y el diseño fue creado por Syd Mead, que trabajó en las películas 2010, Blade Runner y Tron.

 

 

Giger fue invitado a regresar a la franquicia con Alien 3, dirigida por David Fincher en 1992. Mientras contribuía con el nuevo trabajo de diseño, Giger se enfrentó con el equipo de efectos y encontró que la experiencia era insatisfactoria, incluso más cuando proyectó la película y notó que Fox había ignorado su especificación contractual de que se le atribuyera el trabajo en la secuela y dejó su nombre fuera de los créditos de cierre. Los errores fueron corregidos para el lanzamiento del video casero de la película.

Si deseas conocer más sobre este fascinante artista, esta es tú oportunidad.  La exposición Solo con la Noche de H.R. Giger llega a la CDMX con más de 100 obras originales, siendo la primera vez que el arte de éste reconocido artista suizo se exhibe en el continente americano.

 

 

Diego González es el productor de este proyecto, que por cierto, se cumplen 40 años del estreno en México de la película dirigida por Ridley Scott, Alien. Ésta exposición se creó en conjunto con el Museo H.R. Giger de Suiza, el centro de cultura contemporánea Le Lieu Unique (creadores de la exposición “Solo con la Noche”) de Francia, y el Doctor en Historia del Arte y Profesor en Historia del Cine, Carlos Arenas, quien tendrá a su cargo la curaduría de la exhibición.

Las obras originales de H.R. Giger son procedentes de las colecciones privadas y públicas más importantes de Europa. Podremos ver esculturas, muebles, dibujos, pinturas y fotografías, además de material audiovisual entre lo que destacan entrevistas y documentales. H.R. Giger es un artista plástico, dibujante, escultor, y sobre todo pintor, que cuenta con un estilo muy personal, acuñado por él mismo como “biomecánico” en el que sintetiza formas de origen natural (lo biológico) y artificial (lo tecnológico) con gran destreza.

 

 

Su influencia entre los artistas emergentes y los jóvenes creadores es enorme y abarca numerosas disciplinas artísticas como el diseño, la pintura, el cine, los videojuegos, la literatura, el cómic y el tatuaje. Hans Ruedi Giger también se involucró en el diseño de Poltergeist II, Alien 3, Species, e incluso diseñó la parte gráfica del videojuego Dark Seed.

Los boletos para la exposición de H.R Giger en la Ciudad de México están disponibles en el sistema Sr. Pago. Es importante mencionar que a partir del Lunes 24 de junio a las 10:00 am y por tiempo limitado estarán al 2 X 1, siendo única preventa.

 

 

 

Sólo con la noche H.R Giger

Dónde: Paseo de la Reforma # 109, esquina París.

Cuándo: 4 de diciembre próximo al 31 de marzo de 2020, martes a domingo: 10:00am – 7:00pm

Cuánto: $200

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Fotos de Artsy