Sobre las cápsulas del tiempo enterradas por toda la ciudad
Mariana Gaxiola
A lo largo de los años, se han desenterrado varias cápsulas del tiempo en distintos sitios emblemáticos de la Ciudad de México.

Hombres del pasado han escondido entrañables pertenencias en los cimientos que hoy constituyen la capital.

 

El hombre se alimenta de pan y de nostalgia. Es un hecho que recordar es vivir; y es que cualquier vestigio que evoque reminiscencias de una hermosa época, resulta especialmente vibrante para muchos.

Hay quienes conscientes de que no vivirán para siempre, deciden encerrar en una caja aquellos objetos que en algún momento les brindaron alegría, para que sean ellos los que perpetúen y con suerte, en algunos años, puedan ser hallados por alguien que no solo los reconozca, sino que también los pueda llegar a apreciar.

A estos viajantes casi perennes les llamamos cápsulas del tiempo, y son por lo general pequeños baúles que se entierran (no muy bien) para después ser encontrados por personas que por alguna razón u otra, optan por abrir el suelo. No es nada inverosímil decir que alrededor de esta ciudad y bajo nuestros pies, se encuentran decenas de cajas del tiempo. Vale la pena echar un vistazo al pasado para conocer cuáles se han descubierto y lo que es mejor, dónde podrían encontrarse más…

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El 20 de enero de 1910, en una concurrida esquina del Centro Histórico, unos hombres que trabajaban el drenaje de la calle desenterraron una misteriosa caja de zinc. Se estimaba que aquel tesoro (como le llamaron los trabajadores), databa del día que se colocó la primera piedra del Teatro Nacional, hacia mitad del siglo XIX.

Con gran acierto los trabajadores bautizaron a esta caja como un tesoro, pues su interior estaba dotado con bellísimos y plausibles objetos. Dos ejemplares del periódico El Siglo Diez y Nueve, el manuscrito con el discurso de inauguración del teatro, una medalla de plata y un calendario Galván de 1842 yacían en los adentros de la cápsula del tiempo.

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Pronto Porfirio Díaz se enteró del asombroso descubrimiento, y decidió replicar la preciosa práctica. Comenzó a depositar cápsulas del tiempo alrededor de toda la ciudad. Colocó una en la columna del Ángel de la Independencia, otra en el Palacio de Bellas Artes, otra en el Edificio de Correos y una más en la estatua de Luis Pasteur.

Muchos capitalinos, cautivados por el viaje nostálgico de la caja hallada en el centro, imitaron a Díaz y comenzaron a guardar en pequeñas cajas pertenencias y objetos icónicos del año en curso. Cartas, libros, películas, anteojos y juguetes eran las cosas más populares que los habitantes de la urbe encerraron en sus cajitas.

Otra cápsula del tiempo relevante fue la que se halló en la Catedral Metropolitana en 2007. Ésta contenía una cera de Agnus, cruces, collares y dibujos. La caja era aún más antigua que la del Teatro Nacional, pues había sido enterrada desde el siglo XVIII. Y para continuar con la tradición, quienes la encontraron dejaron otra más, con objetos representativos del siglo XXI.

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Las cápsulas del tiempo son, sin duda, uno de los mejores hallazgos con los que alguien se puede topar. Se trata de una experiencia exultante, no solo para quien la arma sino también para quien la descubre. Resulta reconfortante saber que aunque somos seres finitos, nuestros estilos de vida pueden retumbar hasta la eternidad si dejamos en una caja nuestros objetos más preciados, para que con fortuna, alguien los encuentre e imagine cómo eran las personas que habitaban esta ciudad antes que ellos.

Y tú… ¿qué guardarías en una cápsula del tiempo?

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Con información de Héctor de Mauleón, La ciudad que nos inventa.

Imágenes: La Ciudad de México en el tiempo

Estas exposiciones exhiben el ‘Caos, misterio y belleza’ de la CDMX
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El Salón de la Plástica Mexicana cerrará el año con dos increíbles exposiciones donde la ciudad de es una silente protagonista.

Dos exposiciones en el Salón de la Plástica Mexicana.

 

El Salón de la Plástica Mexicana siempre se ha caracterizado por promover el trabajo de artistas mexicanos. Desde su inauguración en 1949, su objetivo principal es el de crear un mercado más amplio y más activo para el arte mexicano, poniendo énfasis en obras de estilo contemporáneo.

Es por eso, que las obras que se exhiben normalmente se ofrecen a precios bajos, así sean dibujos, grabados, acuarelas y/u óleos. La idea del Salón, es promover el arte tanto al público en general, así como a grandes coleccionistas inicialmente, uno de sus propósitos era vender las obras de arte sin cobrar a los artistas pero hoy en día esto es poco común.

 

 

 

Este Salón, algual que muchos recintos de la ciudad, está por cerrar este 2018, pero no sin antes exhibir dos exposiciones en las que la ciudad será la protagonista. La primera es la de Héctor García, fotógrafo de la ciudad y Ciudad de México.; y la segunda es “Caos, misterio y belleza” mismas que podrán disfrutase en ste recinto dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes.

La primera de estas muestras se trata del destacado fotógrafo que capturó con ironía y gracia, escenas de la vida cotidiana de la sociedad mexicana inmersa en la gran urbe. Son cerca de 57 imágenes de la trayectoria de Héctor García, que reflejan la ciudad en cinco décadas recorridas y capturadas día a día a través de su lente, siempre al encuentro de nuevos rumbos, con un enfoque cultural y humano.

 

 

 

Los títulos de las fotografías de Héctor García, que se pueden admirar como una vista al pasado de la ciudad, son tan verosímiles como emblemáticas: Glorieta del Caballito, Compostura de calle, Niños sobre un cañón, Vecindades, Unidad Tlatelolco, Tepito y Alameda Central son, entre otros.

Destaca además una cruz formada con once fotografías intervenidas por el propio fotógrafo y Gilberto Aceves Navarro, y cuyos marcos están adornados con corcholatas de refrescos y que pocas veces se ha expuesto.

 

 

García comenzó a los 22 años de edad como periodista gráfico para distintas diarios de México, donde publicó un fotorreportaje del movimiento estudiantil de 1968. En 1958, 1969 y 1979 ganó el Premio Nacional de Periodismo; en el 2002 el Premio Nacional de Ciencias y Artes, y en el 2007 recibió el Homenaje Nacional al Periodismo Cultural Fernando Benítez.

Además de realizar cerca de 70 exposiciones individuales en México y en otros países, ilustró varios libros, como: Mexique (1964); Nueva grandeza mexicana (1967), de Salvador Novo; La Fundación Archivo Héctor García resguarda gran parte de su registro fotográfico. Falleció el 2 de junio de 2012.

 

 

 

Caos, misterio y belleza, muestra colectiva de artistas del Salón de la Plástica Mexicana integrada por 50 obras, entre pintura, estampa, fotografía, escultura y arte objeto. A través de imágenes de ayer y de hoy, 40 creadores descifran la Ciudad de México, lugar en donde confluyen y se fusionan las culturas para adquirir una personalidad propia.

En esta segunda exposición se podrán apreciar varios libros objeto de Elsa Madrigal, como Libro Plaza Tolsá y Máquina de ayeres, así como las obras A la orilla de un final, de Hermenegildo Sosa; Puente de Nonoalco, de Ángel Bracho; La locura hace ver la razón, de Carlos Jaurena; Estación La Raza, de Susana Campos; La puerta, de Isidro Castellanos; y Domingo, donde los coyotes, de Manuel Álvarez Bravo.

 

 

 

En todas estas piezas se puede observar, como el título de la muestra lo indica, el caos, el misterio y la belleza de la ciudad. Las fotografías que evocan el sentimiento más íntimo de esta gran urbe, un recorrido por las calles, el paisaje y el espíritu de quienes la habitan, disfrutan y padecen. A través de imágenes de ayer y de hoy, descifran la Ciudad de México, lugar en donde confluyen y se fusionan las culturas para adquirir una personalidad propia.

 

 

 

Exposiciones en el Salón de la Plástica Mexicana

¿Dónde? Colima 196, Cuauhtémoc, Ciudad de México

¿Cuándo? Hasta el 03 de febrero 2017 Lunes a sábado de 10:00 a 18:00 horas y domingo de 10:00 a 14:00 horas

Entrada libre.

Nostalgia urbana: las mil aristas del México de Pedro Meyer (FOTOS)
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“La fotografía, igual que todo proceso artístico, se enriquece con la posibilidad de explorar.” -Pedro Meyer.

Un fotógrafo que ha planteado la estética fotográfica de toda una generación.

 

A Pedro Meyer se le conoce por muchas, imágenes, méritos y por un gran trabajo para hacer de la fotografía un arte. Fue el fundador y presidente del Consejo mexicano de fotografía y el organizador de los primeros tres Coloquios Latinoamericanos de Fotografía, además de ser reconocido en todo el mundo como un gran representante de la fotografía contemporánea.  

Además de su trabajo artístico y fotográfico, ha sido maestro en varias instituciones de prestigio así como curador, editor, fundador y director del portal web ZoneZero, el cual presenta el trabajo de más de mil fotógrafos de todo el mundo. También es el autor de los libros Tiempos de América, Espejo de espinas y Los cohetes duraron todo el día.

 

 

 

Su libro más reconocido es Verdades y Ficciones: Un Viaje de la fotografía documental a la digital, es cuál fue convertido a CD-ROM en 1995 por la editora Voyager, siendo uno de los pioneros en este tránsito digital. Seagull Press le publica en 2011, A Kind of Touching Beauty, una selección de fotografías de Estados Unidos obra de Pedro Meyer, las cuales acompañan una serie de ensayos del escritor y pensador francés Jean-Paul Sartre.

En 2008 quiso realizar la primera retrospectiva simultánea a nivel mundial. Constó de más de 60 exhibiciones en 17 países alrededor del mundo, cada una de ellas distinta de la otra, pues cada uno de los curadores eligió de entre un conjunto de 3000 imágenes,  (de un acervo de más de 450,000 imágenes y documentos), que devino en la creación del Archivo Pedro Meyer.

 

 

 

En el 2015 inicia actividades el FotoMuseo Cuatro Caminos, recinto cuyo objetivo es ser semillero de nuevas propuestas y reflexiones en el campo de la fotografía contemporánea. El espacio se constituirá como un centro expositivo y educativo.

Sin más, te dejamos la galería de uno de los fotógrafos más grandes y reconocidos del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre el cielo y la tierra, Buda y los mexicas. Germán Venegas en el Museo Tamayo
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Instalada en alrededor de 1,220 m2, esta muestra es la más exhaustiva que se ha realizado en un museo en México de la obra de Germán Venegas, con cerca de 350 piezas que abarcan su práctica.

 

Un Buda policromado de más de cinco metros de altura atraviesa verticalmente el Museo Tamayo, generando una línea visual entre dos de sus salas principales, como si se tratara de unir lo terrenal con lo espiritual. La forma es vacío y el vacío solo forma (2000-2002) es una pieza tallada en madera, que sirve como eje de la exposición Todo lo otro, del artista Germán Venegas. Por su parte, los tres grandes dípticos: Encuentro en el bosque (1996), Decapitación (1995) y Lección (1995), así como el políptico Dogmáticos (1996), abordan el paso a lo espiritual y divino por medio de la sabiduría, la meditación y el ascetismo.

 

 

Esta serie de óxidos, a su vez, introducen la serie en óleo Ascetas (2003-2004). Finalmente, en las series Tlatoanis (2018) y Monos (2006-2015), Venegas explora dos estados de conciencia: el ego exacerbado, con los reyes del imperio mexica, y la exaltación, a través de un mono que difícilmente logra un estado de quietud. Todo lo otro se estructura alrededor de una serie de dualidades: lo terrenal y lo religioso, lo humano y las deidades, y los pies del Buda y su mente.



 

Germán Venegas (La Magdalena Tlatlauquitepec, Puebla, 1959) estudió en La Esmeralda (Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado). Poco antes de su preparación formal como artista plástico, se desarrolló como artesano tallador. Fue reconocido como uno de los representantes más destacados de una generación de artistas que fue calificada como neomexicanista y que, durante la década de los ochenta, irrumpió con gran vigor en la escena de la cultura nacional.

 

Después de un amplio período dedicado a la escultura, Venegas regresó al quehacer pictórico. La búsqueda de un nuevo punto de partida lo condujo al universo filosófico-religioso del budismo, donde encontró un vínculo entre su existencia y su arte, enriqueciendo su obra con una nueva percepción de la vida y de la muerte, y representando en sus pinturas y dibujos deidades e iconos orientales y occidentales.

 

Su obra se ha expuesto en México y en el extranjero (Alemania, Australia, Brasil, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, Guatemala, Italia, Francia y Japón), y forma parte de colecciones tan importantes como el Museo de Ponce en Puerto Rico, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, el Museo Metropolitano de Nueva York y el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo en Badajoz, España, entre otros.

 

 

 

 

“Todo lo otro” es una exposición compuesta por casi 350 piezas que incluyen dibujos, esculturas y pinturas. El eje que las guía es la dualidad entre lo humano y lo divino, lo terrenal y espiritual, reflejados en los dos sistemas de creencias que se mezclan, disputan y retroalimentan en su obra: el budismo y la antigua cosmogonía mexica.

 

Los símbolos mexicas responden a su participación en el neomexicanismo, una corriente pictórica que, después de ver caer la fachada nacionalista que pintaban los gobiernos antes del terremoto de 1985, comenzó a construir una identidad mexicana que buscaba narrarse con base en lo que imaginaba como sus cimientos más sólidos: las culturas indígenas, el pasado prehispánico y el arte popular.

 

 

 

La compilación es increíble, pero resuena con el espíritu de la época que ha habitado Germán Venegas. El poblano y ex alumno de La Esmeralda, encontró en el budismo un punto de anclaje para poder abordar la vida en su obra.

 

 

Esta exposición realiza una revisión de toda la obra de uno de los artistas mexicanos más importantes a nivel nacional e internacional, cuyo trabajo se caracteriza por la hibridación de tradiciones y mitologías. A través de la diversidad de técnicas y formatos, incluyendo su práctica como pintor, dibujante, escultor y tallador de madera, la muestra recorre la trayectoria de Venegas desde la influencia que el budismo ha tenido en su obra hasta sus estudios de la cultura mexica.

 

 

Todo lo otro. Germán Venegas

Dónde: Museo Tamayo

Dirección: Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec, Bosque de Chapultepec I Secc

Cuándo: 11 de diciembre al 31 de marzo

Web 

Punto de Cruz galería y café, un hermoso lugar de arte huichol
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Punto De Cruz es un café que apoya lo hermoso del arte huichol, la joyería de creación mexicana y ofrece platillos únicos.

La galería Punto de Cruz apoya el arte indígena.

 

El punto de cruz es una forma popular de bordado en la que se usan puntadas que quedan en forma de equis. Este bordado se realiza sobre tejidos de trama uniforme y distinguible, y con menos frecuencia en tejidos de trama no uniforme, colocándoles encima un tejido de trama uniforme que se retira hilo por hilo al finalizar el bordado.

Pero en la CDMX, en el corazón de la Roma, el punto de cruz no es un bordado para coser, es una atractiva cafetería con productos de primera calidad: café, cacao y maíz que ayuda a difundir el arte huichol. Sus chilaquiles de maíz de colores son de los mejores que hay en la ciudad.

 

 

 

Punto de Cruz es un proyecto de tres personas con pasiones diferentes que lograron convergencia en un lugar de la colonia Roma. Katia Hermosillo, quien hace joyas de plata y oro bajo el nombre de Haramara; Jorge Martínez, quien cuenta con una galería que apoya a los artesanos mexicanos de comunidades huicholes, y Luis Palma, el encargado de la parte gastronómica de este proyecto que está por cumplir un año.

Palma tiene experiencia de más de 10 años en trabajar en renombrados restaurantes en Cancún, París, Uruguay, Brasil y en la Ciudad de México en el restaurante Biko y en Buna como director gastronómico. Luis hacer barras de chocolate desde el tostado y el pelado de la semilla, el primer molido a 70 grados en el agrega leche y el molido temperado con una duración de hasta 72 horas para después moldear en frío las barras. Además, el chocolate se ocupa como ingrediente para bebidas como el moca con café orgánico.

 

 

 

El maíz con el que hacen sus tortillas a mano son traídos de las comunidades de donde obtienen el arte de la galería, y con las que Jorge y Katya trabajan muy de cerca en una relación casi familiar que los lleva a trasladarse a estos lugares cada tres meses, en especial a la Sierra de Jalisco. Este trato con las comunidades hace de la experiencia gastronómica y de la oferta de la galería un plus que los diferencia con cualquier otro lugar de la zona en precio, sabor y apoyo directo a etnias.

Lo que se ofrece en  Punto de Cruz es comida tradicional mexicana. Entre sus platillos están los frijoles con hoja santa, enchiladas en salsa verde con cilantro y epazote, o en salsa roja con chipotle y piloncillo, por nombrar algunos. Uno de los proyectos alternos que promueven de boca en boca es su cata a puerta cerrada de cinco tiempos maridados con mezcal, a la cual necesitas reservación.

 

 

 

En su esfuerzo por apoyar a las comunidades huicholes, se realizan festivales donde algunas familias huicholes puedan producir su arte sin preocuparse por generar ingresos de otro tipo. Además es posible encontrar varias opciones para apoyar el consumo local, desde las artesanías huicholes y el barro negro, hasta la joyería en plata y oro, pero en especial la gastronomía, que como nos comenta el chef, es difícil posicionar si no se transmite de boca en boca.

Una de las galerías que apoya Punto de Cruz es la del arte tradicional Yawí, que junto a la sociedad cooperativa Calpulli Netzahualcóyotl S.C., desarrolla un proyecto artístico de apoyo a las comunidades y etnias autóctonas de la región occidental de México, específicamente enfocado a la cultura Huichola (Wixárika).

 

 

 

Esto con la intención de facilitar el acceso público al exquisito arte sacro característico de un grupo humano tan particular, traduciéndolo en beneficios directos para este sector de la población que se encuentra particularmente marginado respecto de los procesos socio-productivos en el país.

Las técnicas artísticas empleadas en la elaboración de estas piezas de arte, como son el tejido en telar de cintura, el bordado antiguo, los mosaicos de cuentas o la unión por hilo, datan del periodo arcaico en la historia de la población del territorio mexicano, con una antigüedad de alrededor de cinco mil años, y a pesar de haber sido adaptadas en la modernidad al uso y fabricación de materiales contemporáneos, su ejecución y su significado no han variado en lo más mínimo.

 

 

 

Por supuesto, los huicholes también emplean el punto de cruz al hacer morrales y en los vestidos típicos, viene de “punto de cruz de bordado”. Aquí está el link si deseas visitar el sitio

Los chilaquiles son de sus platillos estrella de este café, ya que los totopos son de colores y la salsa especial de la casa. Se utilizan tres de los cinco colores que tiene el maíz, y trabajan con con maíz blanco, maíz azul o negro y maíz rojo. Además todo el maíz de Punto de Cruz es grano cultivado en conjunto con huicholes. Esto lo convierte en un producto con la mayor certificación orgánica, ya que ellos jamás utilizarían algún aditamento. Y como para los huicholes el maíz es sagrado, esto hace que el sabor de la comida sea espectacular.

 

 

 

Punto de Cruz Galería y Café

¿Dónde? Puebla 303, Roma.

¿Cuándo? Lunes a viernes 9 a 20 hrs; sábado 9 a 18:30.

¿Cuánto? $ 80 – $250

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