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Deslumbrantes fotos de la Ciudad de México en las noches más iluminadas
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“La noche es la mitad de la vida y la mejor mitad.” Johann Wolfgang Goethe.

Estas fotos te harán ver a nuestra ciudad desde su lado nocturno.

 

 

“El día es bello y la noche sublime”  son las palabras del filósofo prusiano Emmanuel Kant decía que. Por supuesto, este personaje veía a las estrellas y quedó prendido de su luz y el amor por los astros.   Hoy en día, somos muchos los amantes de la noche que no podemos dormir antes de la media noche y los que solo cierran los ojos cuando se asoma el alba.

La noche es un momento de inspiración, estimulante o energética. Las horas de la noche las puedes pasar contigo mismo, escribiendo, bebiendo café o en la charla. Los artistas como Marcel Proust o Kafka fueron fieles amantes de la noche. De ahí que te dejemos estas fotos increíbles de la CDMX, que te harán ver la ciudad desde su lado más sublime.

 

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Nostalgia urbana: Historia de la Santa María la Redonda en la colonia Guerrero
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La pequeña iglesia de Santa María la Redonda se construyó en 1524 y emula la iglesia de Santa María la Mayor en Roma.

Historia, leyenda y vida alberga la iglesia de Santa María la Redonda.

 

El barrio de Santa María pertenece a la actual colonia Guerrero, y se originó en el barrio prehispánico de Cuepopan (en el camino en náhuatl), uno de los cuatro barrios o campan en que estaba dividida la ciudad de México-Tenochtitlán.

Después de la conquista de México la ciudad se dividió políticamente en tres partes: La traza, que era exclusiva para españoles y las parcialidades indígenas de Santiago Tlatelolco al norte y San Juan Tenochtitlán; que rodeaba la traza y se dividía en 4 barrios que se denominaron Santa María Cuepopan, San Pablo Zoquipan, San Sebastián Atzacoalco y San Juan Moyotla.

 

 

Como en cada uno de los barrios indígenas, en la parte central del barrio de Cuepopan se construyó una capilla en 1524​ bajo la advocación de María de Nazaret, la cual funcionaba a manera de ayuda de la parroquia de San José de los naturales del convento de San Francisco.

La fundación de estas capillas se atribuye según la tradición franciscana a Fray Pedro de Gante,​ aunque también otras fuentes atribuyen su fundación a Hernán Cortés o la Segunda audiencia.​ A finales del siglo XVII fue necesario construir una nueva iglesia, la cual fue concluida en 1677 y fue reconstruida en 1731 y 1735 en estilo barroco.

 

 

La rotonda fue construida de modo que logra diferentes efectos de luz en el trascurso del día, lo que constituye una intención estética del barroco, la nave cuenta con poca luz y el ábside contrasta como un espacio bien iluminado gracias a los óculos en la bóveda. Al inicio se llamó colonia Bellavista y de San Fernando, y se formó en el potrero que perteneció al Colegio de Propaganda Fide de San Fernando.

El primer templo que se fundó en el rumbo fue el de Santa María la Redonda, data de 1524 con mejoras notables en 1667 como su rotonda, de allí que se la conozca con el nombre de Santa María la Redonda. Las primeras casas de esta colonia datan de finales de la segunda década del siglo XIX. La demolición de parte del Colegio de San Fernando, que permitió en 1860 abrir el Paseo Guerrero (hoy Eje Guerrero), facilitó el crecimiento de la colonia. En lo que es hoy paseo de la Reforma Norte estuvo el Panteón de Santa Paula, que perteneció a la parroquia de Santa María la Redonda.

 

 

En este templo enterraban a los muertos al interior de parroquias, conventos, atrios y criptas, el cual se consideraba “suelo santificado” o camposanto, de acuerdo con las costumbres funerarias de la Nueva España emanadas del medievo. En 1779 se dio la epidemia de viruela que atacó a más de 40 000 personas, por lo que en un intento por sanear el aire de la ciudad, se señaló crear dos camposantos en las afueras de la ciudad.

Para 1784 un arzobispo cedió al Hospital de San Andrés un terreno llamado Santa Paula, cercano a la parroquia de Santa María La Redonda, para que fueran enterrados en él los fallecidos en dicho hospital; la pequeña capilla fue bendecida el 25 de febrero de 1786, y para 1787 se convirtió en un cementerio comunitario y hasta 1836 cuando se convirtió oficialmente en el Panteón General de Santa Paula.

 

 

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En ese lugar se sepultaban personas de escasos recursos. Por humildad, ahí se hizo enterrar el primer Conde de Regla, Leona Vicario, doctor Cayetano Andrade, así como a cuatro héroes de la guerra de 1847. También fue última morada del general Melchor Múzquiz, presidente interino de la República (del 14 de agosto al 25 de diciembre de 1832) y de la última virreina de México, María Josefa Sánchez Barriga y Blanco de O’Donojú, quien nunca pisó salones del palacio virreinal ya que su esposo, Juan O’Donojú, antes de llegar a la Ciudad de México suscribió los Tratados de Córdoba, en los que se reconocía la Independencia de la Nueva España, y dejó así de regir sus destinos.

La colonia Guerrero creció demográficamente de manera explosiva a partir de 1874, cuando se dio formal inicio. En un periodo de trece años se construyeron cerca de 1200 edificios y se calcula una población de 15 000 habitantes. De esa época data la nomenclatura de las calles de la colonia era como sigue: Zarco, Humboldt, Guerrero, Zaragoza y Nonoalco (hoy Ricardo Flores Magón) Violeta, Magnolia, Moctezuma, Mosqueta, Degollado y Camelia.

 

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El primer ferrocarril urbano que hubo en la Ciudad de México, viajaba a la Villa de Guadalupe con una maquinita y dos carros que salían de la Plazuela de Villamil, y seguían por la Calzada de Santa María la Redonda hasta la calle Talleres.

Durante muchos años Guerrero fue una colonia tranquila. Al iniciarse el siglo XX y aparecer los tranvías eléctricos, dos líneas ofrecieron servicio: la San Juan-Lerdo y Zócalo-Guerrero. Al respecto de la imagen que preside la rotonda de la iglesia, existe una tradición oral sobre su origen:

 

 

“… Se cuenta que el sacerdote Rodrigo de Sequera trajo de España la cabeza y manos, entregándoselas al padre guardián del templo, quien se las mostró a una virtuosa y noble dama india, que se ofreció a mandar a hacer el cuerpo. Curiosamente, al llegar a su casa la esperaban “como llovidos del cielo” tres talladores que buscaban trabajo.

Llena de regocijo, les encargó el cuerpo, proporcionándoles un cuarto en la casa para que trabajaran. Transcurridos tres días, en los que la dama no tenía ninguna noticia, curiosa se asomó a la habitación y ahí se encontraba la bella imagen completa y los artesanos habían desaparecido. El hecho se tomó como un milagro…”

Foto de portada adn40

 

Molcajate: historia, diversidad y un poco de arte
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La acepción más aceptada de Molcajete es la que procede de las palabras náhuatl: mollicaxtli y temolcaxitl: “cajete para la salsa” o “cajete de piedra para el mole”.

Hoy en día el Molcajete es un símbolo de nuestra cocina e identidad nacional.

 

El molcajete es el mortero tradicional de Mesoamérica, y todavía muy utilizado en todas las regiones de México. Se utiliza para triturar o martajar alimentos, como granos, especias y vegetales, destinados a la preparación de salsas y otros platillos. Para moler los ingredientes se utiliza un cilindro de piedra llamado tejolote, temolote o comúnmente referido como piedra de molcajete.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, ha dicho que el término “molcajete” procede de las palabras náhuatl: mollicaxtli y temolcaxitl, que significan cajete para la salsa o cajete de piedra para el mole.​ Sin embargo, el Diccionario de la lengua española afirma que procede del vocablo mulcazitl, que significa escudilla.

 

 

 

El término temolote también procede del náhuatl, concretamente de la palabra texolotl,​ de tetl, que significa piedra, y xólotl, que significa muñeco.​ No se debe de confundir con el metate, que sirve para moler maíz. Este mortero se elabora de piedra volcánica tallada en forma cóncava, donde se machacan y muelen  los productos. Este tipo de mortero ha sido empleado en la elaboración de alimentos desde la época de los egipcios (1550 a. C) y aparece hasta en el antiguo testamento, pero es en Mesoamérica (época prehispánica), donde las diferentes civilizaciones empleaban molcajetes que excavaban en una roca a modo de hueco para poder moler el maíz y otros frutos secos.

A pesar del uso extendido de la licuadora eléctrica y otros instrumentos modernos, el molcajete continúa con preferencia para la elaboración de salsas dentro de la cocina popular y tradicional mexicana, debido a que el sabor y la textura proporcionado por la piedra y técnica de molido es único y muy característico. Buena parte de la piedra para los metates y molcajetes se extrae de las minas localizadas en San Lucas Evangelista, municipio de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, México. Su diseño y uso, prácticamente no han variado a lo largo de los siglos.

 

 

 

Cuando la Nueva España fue establecida, la gastronomía se reservó para los conventos en donde las comunidades indígenas ahora servían como amas de llaves y personal de cuidado y fueron quienes, a través de las tradiciones orales, mantuvieron vivas las recetas y las técnicas por más de un siglo, haciendo que la cocina prehispánica sobreviviera hasta nuestros días debido a las múltiples comunidades étnicas desde Baja California hasta Chiapas.

A falta de libros de recetas en aquella época, las mujeres de los conventos juntaron las notas que tenían como referencias, y a través de las historias contadas generación tras generación, los platillos y tradiciones hallaron trascendencia. Fue hasta el siglo XVIII que las recetas utilizadas en los conventos fueron publicadas en periódicos como una forma de llegar a las mujeres de cada casa del México virreinal. Pero el uso del molcajete siguió intacto.

 

 

 

Uno de los libros más importantes en la gastronomía mexicana nación: “El Cocinero Mexicano” fue publicado a finales del siglo XIX utilizando un estilo de diccionario en el que cada receta, ingrediente o técnica usada podía ser hallada de manera inmediata. Este libro no se volvió a publicar hasta la década de los 60 en el siglo XX cuando la hija del gran muralista Diego Rivera reunió todas estas recetas de una impresión original y lo llevó a las librerías de nuevo.

Fue durante el gobierno de Porfirio Díaz, convencido de que las maneras francesas y europeas eran lo mejor que había en el planeta, dejando a un lado las tradiciones nacionales y los ingredientes. Como consecuencia de este vacío de casi un siglo, muchos ingredientes tradicionales de la cocina prehispánica comenzaron a desaparecer y a extinguirse.

 

 

 

Hoy en día hay un movimiento nuevo de cocineros y académicos que tienen una sola misión: rescatar y restaurar la grandeza de nuestra cocina para las nuevas generaciones, incluyendo al genial molcajete.

El trabajo de investigación exposición, restauración y hasta redención de la cocina está llegando a buen puerto en la industria a nivel mundial. Y con ello se está poniendo de nueva cuenta, en alta estima al molcajete.

 

Foto de Portada Cacique inc

Concierto a coro de Carmina Burana, una complacencia musical
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Carmina Burana de Carl Orff a cargo del Coro Promúsica, dirigido por Samuel Pascoe en el Colegio de San Ildefonso.

 

Inspirados en la época medieval del siglo XII, Carmina Burana es el título otorgado a una serie de cantos goliardos que consta de una recopilación de 24 poemas escritos en latín medieval. Su éxito, especialmente O Fortuna, ha recorrido cada rincón del mundo a través de compañías de danza, sinfonías y como es de esperarse, coros. Esta nueva versión a cargo del director Samuel Pascoe se presentará el próximo 26 de septiembre en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.

 

Déjate llevar por las notas musicales y los cantos angelicales del coro.

Si desconoces la historia de estos textos, tendrás que remontarte hasta los siglos XI, XII y XIII, cuando los estudiantes clérigos plasmaban su vida diaria en libros. Si asistes a este concierto especial, escucharás una amplia gama de temas igual de presentes en plena edad contemporánea: la inestabilidad de la fortuna y la riqueza, la naturaleza efímera de la vida, la alegría del regreso de la primavera, los placeres y peligros de beber, la gula, el juego, la lujuria, y sin duda, el amor.

 

 

El lugar donde se llevará a cabo el espectáculo será en el antiguo Colegio de San Ildefonso, una inquebrantable construcción que solía albergar a los jesuitas durante la época de la Nueva España. Será un espacio muy ameno a la ambientación que experimentarás ante el coro. Vivirás una experiencia fuera de lo convencional. 

 

 

El Coro Promúsica se fundó en 1985  y está  integrado por aficionados al canto polifónico que siguen el camino de los coros de tradición europea . En 2013 participaron en el concierto del 60 Aniversario del Cantenbury Choral Society de Nueva York, cantando la Octava Sinfonía de Mahler en el Carnegie Hall.

Sé parte de una experiencia inmersiva que mediante la música te hará reflexionar sobre temas filosóficos atemporales. Tu donativo al comprar el boleto ayudará al financiamiento del programa de actividades culturales del Colegio de San Ildefonso.

 

 

 

Carmina Burana

Dónde: Anfiteatro Simón Bolívar. Antiguo Colegio de San Ildefonso. Justo Sierra 16, Centro Histórico.

Cuándo: Jueves 26 de septiembre, 7:00 pm.

Precio: $400. Compra tus entradas en Boletia.