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Lluvia Sólida, el invento mexicano que puede cambiar al mundo
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Gracias a este invento mexicano que capta la lluvia, las plantas que solíamos regar cada tercer día ahora pueden ser regadas 1 o 2 veces al mes.

Lluvia Sólida, alternativa real al cambio climático.

 

Se estima que para el 2030, el mundo tendrá un déficit de disponibilidad de agua del 40%. Es probable que la mitad de la población mundial viva en áreas en las que no habrá suficiente agua; a pesar de que nuestro planeta contiene más de mil millones de billones de litros de H2O, pero poca se puede tomar. El total del requerimiento global de agua al año es de más de cuatro billones de litros al año, y las fuentes naturales del precioso líquido ya no dan abasto.

Lluvia Sólida pretende reducir el desperdicio de agua en un 80% ahorrando dinero, ayudando al medio ambiente y asegurando la disponibilidad de agua en un futuro. Este producto, es un polímero en grano que al contacto con el agua se solidifica aumentando su tamaño hasta 500 veces reteniendo la humedad.

La Lluvia Sólida está compuesta de una fórmula de poliacrilato de potasio, un polvo blanco cristalizado similar al azúcar, es un polvo que al contacto con el agua se convierte en gel, haciendo posible almacenar el líquido hasta por 40 días, capaz de absorber 200 veces su peso en agua.

 

El gel de Lluvia Sólida se coloca en la raíz de cualquier área verde, como cultivos, pasto, macetas, invernaderos, manteniendo la raíz hidratada durante semanas reduciendo hasta en un 80% la frecuencia de riegos, disminuyendo la infiltración y la evaporación del agua. Durante ese tiempo, la raíz va tomando la humedad conforme a sus necesidades asegurándonos que la planta se mantenga sana sin necesidad de agua. Con el siguiente riego o lluvia el polímero se hidratará de nuevo y este proceso se puede repetir hasta por 7 años.

El creador de Lluvia Sólida es el Maestro e Ingeniero químico Sergio Jesús Rico Velasco. Orgullo politécnico que a través de estos años de prueba e investigación  innovó una nueva aplicación y uso del polimero como sistema de riego. Este polímero extraordinario es un polvo biodegradable no tóxico, con cero riesgos para el medio ambiente, una contribución real a la conservación del medio ambiente, a la sustentabilidad del país y cuidado a cumplir ese propósito.

 

Los agricultores lo usan para almacenar el agua de lluvia y usarla como método de riego. Esparcen el polvo por debajo de sus cultivos para que cuando llueva el químico se convierta en gel y pueda almacenar el líquido por hasta seis semanas. Se requieren 25 kilogramos del producto para una hectárea de cultivo. Esto hace que la raíz de los árboles se mantenga húmeda durante dos meses, y se rehidrate en repetidas ocasiones con las precipitaciones, aumentando cinco veces la productividad de los cultivos de maíz.

Además, este polímero permite reducir todo el sistema de riego, que los agricultores ahorren hasta 80% en costos, ya que usan menos agua, fertilizantes, energía eléctrica y mano de obra. Aunque se comercializa bien en Jalisco, Michoacán, Veracruz y Zacatecas, este polvo ya es usado por agricultores argentinos, españoles, franceses, indios, israelíes, y países como Ecuador, Emiratos Árabes Unidos, Perú, Rusia y Haití.

También se ha registrado que la aplicó del gel como método de irrigación en invernaderos de rosas y claveles, consiguieron un ahorro de 75% en los costos de riego, 100% en incremento de follaje y flores, y 300% en desarrollo de raíces.

Pero si el producto funciona tan bien en grandes cultivos, también puede ser utilizado en un sembradío campestre como en el pasto de un jardín o la maceta de un departamento. El polvo también se puede usar en las plantas de ornato de las viviendas, donde en lugar de regarse cada día o tres veces por semana, se hace sólo dos o tres veces por año. Azoteas verdes, jardines verticales, macetas, camellones, cultivos urbanos, jardines, clubs de golf… Todo esto puede ahorrar muchísima agua de riego  si se usa en ellos la Lluvia Sólida.

 

Lluvia Sólida

Web // Facebook // Twitter // Instagram

 leonardorf@lluviasolida.com.mx

teléfono: (55)5353-5757

 

Carteles simétricos que reinterpretan el minimalismo colorido de Luis Barragán
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Composiciones geométricas que emulan a la inmortal estética del gran arquitecto mexicano, Luis Barragán.

Luis Barragán se distinguió por resolver las necesidades de espacio habitable con sobriedad y sencillez de las formas, y esta cualidad quedó para la posteridad. La disposición de las paredes, techos, y demás elementos, siempre forman un encuadre, como un cuadro abstracto. No hay visitante de su obra que no se lleve una impresión indeleble de los colores,  la arquitectura, y los estímulos visuales que muchas veces pueden pasar desapercibidos entre su obra, pero que en los extranjeros causan un impacto inevitable.

 

 

Tal fue el caso de la diseñadora gráfica catalana Ingrid Picanyol. Después de vivir una temporada en la Ciudad de México colaborando con el impecable estudio de diseño by Futura, Ingrid quedo fascinada por la obra del reconocidísimo arquitecto mexicano, Luis Barragán.

Y en esta abstracción, consigue un algo indecible, muy mexicano; con ello nos referimos a una esencia que incluso salta prehispánica, mezclado con el color y la gracia de la biodiversidad del país, y todo ello, en espacios minimalistas, acaso lo más increíble de todo. Sus formas y evocadores espacios dan pie a la reflexión, contemplación, y claro, la inspiración y la reinterpretación.

Estos carteles hacen honor al único mexicano en ganar el Pritzker, el más importante premio de arquitectura a nivel mundial. Las formas de los pósteres recuerdan la propia casa del finado arquitecto, inmueble que ha sido declarado por la UNESCO como un patrimonio cultural de la humanidad. Las líneas contundentes que solía emplear Barragán se hacen presentes en la pieza-

 

 

 

 

 

Otomimóvil: el movimiento de la artesanía otomí
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Otomimóvil, son poco más de 50 carritos diseñados por la comunidad Otomí que comenzarán a circular por la Juárez y la Roma.

Otomimóvil: carritos de diseño otomí.

 

El otomí es un pueblo indígena que habita un territorio discontinuo en el centro de México. Hoy en día, los otomíes viven en un territorio fragmentado que va desde el norte de Guanajuato, al oriente de Michoacán y al sureste de Tlaxcala; Hidalgo, CDMX y Querétaro. En el año 2000 la población étnica​ otomí sumaba 646.875 personas en la República Mexicana, haciendo de esta etnia, en el quinto pueblo indígena más numeroso del país.

 

Los indígenas Otomíes se destacan en el arte de tejer, son increíbles artesanos que elaboraron sus telares con la finalidad de pagar el tributo, mediante la elaboración de prendas ceremoniales, los cuales se fabricaban con palma silvestre, fibra de maguey, de lechuguilla y el algodón. Su labor artesanal principal es la elaboración de textiles como fajas, rebozos, camisas, guanengos además de morrales y ayates, que en los últimos años han creado furor entre la alta costura por su hermosa y sencilla confección.

La migración de este pueblo indígena hacia la Ciudad de México, inició entre los años 30 y los 50 cuando se construyeron las principales carreteras. Esto facilitó que grupos campesinos se transportaran a la ciudad para hacer labores de comercio o albañilería, que luego les permitiera financiar la siembra. Pero en las colonias Roma y en la Juárez, que han sido ocupadas por las personas de clase media alta, existen 9 predios habitados legalmente por decenas de familias otomíes.

 

En los últimos dos años, la comunidad otomí de la CDMX, ha tenido muchos contratiempos debido a que las colonias en las que viven llevan un par de años en remodelación, contraviniendo las formas de subsistencia de estos grupos de artesanos. Los otomíes, como muchas otros comerciantes, venden en puestos sobre la banqueta y las procesos de construcción y remodelación  de las colonias, han hecho que no puedan vender sus productos en las calles ya que su artesanía se ensucia fácilmente o no hay tráfico de personas por las calles debido al polvo. El cambio de imagen de la Zona Rosa incluyó una reducción drástica del ambulantaje: de 300 puestos sólo quedarán 100.

 

En este contexto de obras y desalojo de vendedores, la Delegación Cuauhtémoc pidió a los otomíes modificar su forma de venta, haciendo que en lugar de tener espacios asignados sobre la banqueta, venderán en carritos como los que hay en los pasillos de los centros comerciales. La mayoría de los otomíes han aceptado con buena cara esta alternativa y participan en ella dignificando su trabajo, espacio e imagen. La única condición de los otomís fue: hacer su propio diseño, para dignificar aún sus vestidos típicos de olanes rosas con cuellos altos, típicos de las mujeres.

Así es como más de 50 carritos diseñados por la comunidad otomí, el Otomimóvil, comenzarán a circular por la Juárez y la Roma. El costo que se proyectaba para cada carrito era de 28 mil pesos. No obstante, Isaac Martínez, otomí de Santiago Mexquitilán, se dio a la tarea de crear un diseño más económico sin dejar de ser atractivo y fiel a su cultura, consiguiendo reducir el precio a casi la mitad. Así fue posible que las familias, financiaran su propia estación móvil de cultura Otomí.

Se piensa que el Otomimóvil pueda servir para recordarnos que formamos parte de una comunidad amplia en constante proceso de reconstrucción. Los objetos que venderán estas familias serán molcajetes y metates de piedra negra, bolsas de paja, sombreros de palma y sillas de tule; además de sus hermosos bordados tenangos, muñecas otomíes y otras creaciones tradicionales que conforman la artesanía otomí en CDMX.

 

Del mismo modo, cuando los otomís tuvieron oportunidad de obtener la viviendas en forma, los integrantes de la comunidad se organizaron para crear la unidad habitacional en la que viven actualmente, la cual consta de seis edificios, 47 departamentos y una ludoteca; que se identifican con palabras ñäñho.

Este otro proyecto ganó el Premio Nacional de Vivienda 2004, por responder adecuadamente a las necesidades de una familia nuclear tipo urbana. Hoy, esta comunidad continúa coordinándose y renovando su estilo de vida en la ciudad y el Otomimóvil es prueba de esto.

Los hermosos sonidos del México Colonial (VIDEOS)
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Al comenzar los años de la conquista española no solo se combinó la sangre; también se mezclaron sonidos y una gran variedad de instrumentos.

La música de la época colonial.

 

La llegada de los españoles a la gran Tenochtitlan, la caída y progresiva conquista de los mexicas trajo consigo cambios radicales, nuevos artefactos y un mestizaje que a la fecha sigue presente en México. Los españoles trajeron caballos, enfermedades, armas de fuego, soldados envueltos en armaduras, nuevos ritos, costumbres y con ello nueva música, instrumentos bailes y tradiciones culturales.

Los españoles trajeron consigo, sobre todo, música religiosa; que sustituyó, poco a poco, la música profana y guerrera de los aztecas. Los españoles también trajeron una serie de instrumentos musicales desconocidos en nuestro continente y heredados a su vez de otros pueblos como el judío y/o el árabe. Pero estos nuevos instrumentos también tuvieron un fin: someter al mandato de la corona española. Y para llevar a cabo ese propósito, se tuvo que evangelizar y “civilizar” a los indígenas; pero no se pueden transformar siglos de sabiduría e historia, y lo que fue sucediendo forjó una nueva manera de ser: el mestizaje.

Como para los españoles era vital transformar a la multitud de tribus en cristianos, la evangelización fue arrasadora en los años coloniales. Se construyeron muchas iglesias, capillas, conventos y monasterios en todo el territorio, y junto con eso se enseñaba la doctrina cristiana, se bautizaba con nombres decentes a los indios y se enseñaba a cantar, tocar instrumentos y hacer misas como dios manda.

Quizá las primeras melodías que escucharon los indígenas durante la colonia, fueron los cánticos cristianos de la misa, las piezas que musicalizaban las representaciones del Nacimiento de Jesús, de los Reyes Magos, e inclusive de Santiago apóstol. También las piezas que formaban parte de las fiestas patronales que surgieron al dar nombre cristiano a los poblados.

Durante el periodo colonial (1521-1821) la música floreció en torno al ámbito eclesiástico; ya en el primer cuarto del siglo XVI comenzó a penetrar en México la música culta europea, en forma de cantos litúrgicos. Las misas se acompañaban de cantos corales en latín, obras a la manera Europea y diversos instrumentos musicales: flautas de madera, cornetos de marfil y/o madera, trompetas, chirimías (oboe antiguo), corno francés, sacabuches (trombón), bajones (ancestro del fagot), un gran número de percusiones, y por supuesto los instrumentos de cuerda: guitarras barrocas, violines, violas, raveles, arpas, salterios, y el majestuoso órgano que florecería dando bellísimos ejemplares en el continente.

Juan de Zumárraga (1468-1548), aconsejaba a los misioneros que emplearan la enseñanza de la música como una vía de acercar a los indígenas a la verdadera fe y lograr su conversión. Fray Pedro de Gante (1480-1572) fundó la primera escuela de música, en Texcoco; tres años más tarde, la institución trasladaría su sede a la Ciudad de México. En esta escuela, los indios eran instruidos en los secretos del canto llano y de la instrumentación, y los primeros alumnos difundieron sus enseñanzas a través de toda la colonia.

Veinte años después de la conquista, los indios ya componían en el idioma europeo, copiaban manuscritos y fabricaban sus propios instrumentos, a excepción de los órganos. La primera obra india que se conoce es una misa compuesta en Tlaxcala, en 1540. Además, se fundó una biblioteca de música religiosa a partir de copias de material procedente de Europa. Durante estos siglos llegaron a México compositores y músicos europeos que contribuyeron de manera decisiva a la difusión de estilos y formas musicales del Viejo Continente.

Ya en 1539 existió una imprenta en México que imprimió trece libros litúrgicos con música. En 1556 se publicó el Ordiunarium de la misa, la primera edición musical mexicana y, al parecer, de toda América. Los restantes aparecieron entre 1560 y 1589 además de las coplas, villancicos y piezas teatrales musicadas, ambientadas en la Pasión y las celebraciones de Navidad.

Muchas obras de maestros españoles de la polifonía (Cristóbal Morales, Francisco Guerrero o Tomás Luis de Victoria), se enviaban al Nuevo Mundo poco después de su publicación en la metrópolis; los archivos catedralicios de Sevilla o Toledo hacían llegar estas composiciones a las catedrales de Puebla y Ciudad de México.

Así fue que rápidamente, cientos de jóvenes indígenas darían de que hablar al mundo. Con los años, México exportaba a Europa violines y guitarras y los músicos mexicanos comenzaron a aprender también las materias propias de la usanza Española, contrapunto, armonía, solfeo, polifonía y orquestación.

En el siglo XVII, la ciudad de Puebla experimentó un extraordinario desarrollo musical, que alcanzó su punto culminante durante el obispado de Juan de Palafox y Mendoza (1639-1653), una etapa de notable prosperidad. Gutiérrez de Padilla está considerado como el más relevante de los compositores mexicanos de la centuria. Su música para doble coro incluye misas, motetes, himnos y lamentaciones. Junto a Gutiérrez de Padilla están los nombres de Francisco López Capillas o Miguel Mateo Dallo y Lana, que realizó versiones polifónicas de los villancicos de sor Juana Inés de la Cruz.

Con los años, el sincretismo musical y las diferencias y desigualdades marcas por los españoles entre blancos e indígenas, criollos y mestizos, entre la mezcla de las sangres, se derivó en algo nuevo. Aunque no se permitía tocar con huéhuetls o teponaztlis en la iglesia, fuera de éstas, las cosas se iban mezclando de manera muy singular y según la región donde se estuviera, el fenómeno sucedía distinto; hasta dar con un vihuela de mariachi y una jarana huasteca o una guitarra chamula, que si bien su origen es el mismo (la guitarra barroca) son muy distintas en cuanto a los materiales, afinación y géneros que la acompañan.

Lo mismo sucedería con arpas, violines, violas, flautas, chirimías, percusiones y demás instrumentos; y lo mismo en las zonas donde hubo más negros, la música tiene una clarísima influencia, como es el caso de Veracruz o la costa chica de Guerrero y Oaxaca, donde llegaron instrumentos como la marimba, el marimbol y nuevas percusio