Fotogalería
Fotografías que reflejan la historia olvidada de los niños en la Revolución Mexicana
Cristopher Garnica
Durante la Revolución los niños jugaban con las soldaderas de los revolucionarios, se correteaban, cantaban, jugaban a las canicas, a la pelota, al trompo. Los niños jugaban a la guerra y vitoreaban a Villa, Carranza o Zapata.

Los niños de la revolución mexicana.

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La Revolución mexicana cobró un millón de muertos. Al inicio de la Revolución en 1910, México contaba con 15 millones de habitantes, de los cuáles 6 millones 375 mil eran menores de 14 años; en otras palabras, los niños de la revolución constituían el 40 por ciento de la población mexicana. Los niños menores de 10 años fueron los principales afectados por el conflicto armado.

Aunque fueron muchos y diversos los efectos que tuvo la Revolución en la población infantil, y que varios historiadores se han dado a la tarea de rescatar el papel de los niños en la lucha armada, por ejemplo el texto Infancia y Revolución de la historiadora Tania Carreño; a la fecha se sigue diciendo poco sobre las formas en que la tragedia de la muerte se implicó en la vida cotidiana, y sobre todo en las experiencias de vida de los niños, quizá por lo difícil que resulta ser un tema sensible para muchas personas.

Y es que miles de niños quedaron huérfanos por el conflicto armado, a que las familias populares se hundieron en la pobreza y lo difícil de sobrevivir durante la revolución, el destino de muchos niños fueron las instituciones de beneficencia, el abandono en las calles, el trabajo en fábricas y talleres o la incorporación a la lucha armada.

Hay que mencionar qué, a pesar de que los niños de las elites y clases medias no participaron como protagonistas de la revolución, ni cuidaron caballos de las fuerzas, como lo hicieron lo niños de las clases más populares, la guerra también marcó sus experiencias de vida cotidiana de otros modos.

Si se dejan de mirar fotografías de los personajes míticos de la revolución, Francisco Villa, Emiliano Zapata y Francisco I. Madero, si se miran los segundos planos de la visión romántica de la revolución, lo que quedan son niños. También son el reflejo de una etapa histórica, son la evidencia de su paso por la lucha revolucionaria, y también el reflejo de un estilo de vida y de cómo podemos entender el concepto de infancia a principios del siglo XX.

Aquí les dejo esta breve selección de fotos de los niños de la revolución.

Adiós Enrique Metinides, el fotógrafo que retrató a la ciudad al borde del desastre
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Un poco sobre el legendario fotógrafo mexicano de sucesos, ‘nota roja’, que catapultó su obra a galerías en todo el mundo.
fotógrafo Enrique Metinides

Es difícil imaginar al periodismo de la nueva era sin la dualidad crimen-accidente, dos ingredientes que dan escabrosa morbosidad pero sobre todo público interesado. Si hay un tema que a la mayoría incomoda y prefiere no mencionarse es la muerte, pero cuando ésta nos regala escenarios perturbadores donde la sangre y la tragedia humana son aliadas del destino, lo inevitable, el asunto se vuelve sorprendentemente relevante. Tal vez la finalidad de este morbo fúnebre sea el hecho de reconocernos sensibles ante aquello que de un instante a otro ha desatado la fatalidad, o el adquirir emociones adrenalínicas derivadas de catástrofes cercanas a nosotros.

Las fotografías de Enrique Metinides son una prueba interesante de ello, ya que además de ilustrarnos los hechos azarosos que día a día ocurren en el caos vial de una ciudad como la nuestra, lo hace con especial enfoque artístico. Metinides, el poeta de la imagen del desastre, es un fotógrafo mexicano como probablemente no hay otro. Entre las décadas de 1950 y finales de los 70, fotografió infinidad de accidentes viales, crímenes, suicidios y desastres naturales que llevaron a las personas a las últimas de sus consecuencias.

Los retratos de Metinides navegan sobre una línea muy delgada entre la polémica de la nota roja y el arte de capturar las emociones de un escenario o un rostro. Su sensacional trabajo lo ha llevado incluso a montar exposiciones alrededor del mundo y a ganar diversos premios como el de MoMA, en EEUU o el del festival de Les Rencontres d’Arles, en Francia. La precisión milimétrica de su presencia en los hechos y la inhibición ante el peligro le han permitido lograr quizás, las mejores fotografías de la ciudad de México al borde de la muerte.

Según Metinides su apasionante carrera le ha dejado como saldo dos infartos, siete costillas fracturadas, una gran lista de accidentes automovilísticos, además de un gran número de lesiones menores a lo largo de 50 años de trabajo bajo el sórdido ruido de las sirenas.

En 1997, después de más de 50 frenéticos años de trabajo, se retiró. Fue entonces cuando la gloria le empezó a merodear. Lo que había sido despreciado cobró entonces valor. Se publicaron recopilaciones y catálogos; se filmaron documentales. Y México descubrió en Metinides a uno de sus grandes retratistas. Expuso en Nueva York, Berlín, Madrid, Zúrich, San Francisco, Arlés, Helsinki, París? Sus imágenes se volvieron arte.

"Siempre evité lo macabro, lo truculento. Tuve respeto por las víctimas", contaba el autor en la entrevista para este diario. En estos días en los que el país amanece con una matanza más dura que la anterior ?a veces emitida casi en vivo?, el poderoso legado del fotógrafo fallecido este martes resulta fundamental para revisar la sensibilidad en la tragedia, el abrazo al dolor y al duelo siempre ausente y silencioso, pero tan necesario como su obra.

Mira a la Ciudad de México a través de la lente de Guillermo Kahlo (FOTOS)
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Reconocido fotógrafo alemán-mexicano (y padre de Frida Kahlo) quien retrató buena parte de la modernidad que abrazó a México en épocas del porfiriato.

Guillermo Kahlo ya era un reconocido artista antes de que su hija, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón lo fuera. De origen alemán-mexicano, este fotógrafo de la época porfirista retrató la evolución de la capital a lo largo de su brillante arquitectura, que en aquél entonces se mostraba como un cambio transcultural decisivo para la realidad mexicana.

Carl Wilhelm Kahlo Kauffman, llegó a la edad de 19 años al país en 1891, enviado por su padre, un reconocido joyero de la entonces región de Fráncfort del Meno. A partir de 1900  y durante esa década fotografiará los sitios monumentales más emblemáticos del México de la época, que básicamente enaltecía la modernización arquitectónica del país, bajo una visión afrancesada.

A Kahlo se le atribuyen fotografías que inmortalizaron sitios como Bellas Artes, el novedoso edificio de Correos de México (hoy Palacio Postal) y su arquitectura ecléctica, el Gran Hotel de México con su art noveau, entre otras mezcolanzas de diseños modernos que se vieron abrazados por México especialmente en el gobierno de Porfirio Díaz. Algunas otras de sus fotografías muestran rostros conocidos de la historia de México, como Emiliano Zapata o su propia hija Frida en compañía del pintor Diego Rivera.

Para muchos, las fotografías de Kahlo resultarán un brillante manifiesto del progreso en un México arraigado como su propia conquista; para otros, el testimonio del inicio de una desaparición parcial de la arquitectura del México prehispánico.

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