Vida Capital
Juguetes Urbanos, el juego como catalizador de experiencias urbanas
Cristopher Garnica
Juguetes Urbanos es un recorrido que instala al juego como un bien público catalizador de experiencias urbanas, como una extraordinaria herramienta de re-construcción de la ciudad.

Laboratorio para la Ciudad y sus juguetes urbanos.

 

El Laboratorio para la Ciudad (LabCDMX) es el área de innovación cívica y creatividad urbana del Gobierno de la Ciudad de México. Se fundó en 2013 para incubar proyectos pilotos y construir un acervo de prácticas que plantean formas de acercarse a temas relevantes para la ciudad de México.

 

 

El Laboratorio reúne a personas de diferentes disciplinas y continuamente colabora con expertos nacionales e internacionales, para promover la reunión del capital creativo y el talento ciudadano de la Ciudad de México, vinculándolo con iniciativas internacionales.

El laboratorio es una espacio que abre un diálogo multidisciplinario, entre urbanistas, arquitectos, sociólogos, artistas, diseñadores, programadores, politólogos, ingenieros, internacionalistas, científicos, economistas, comunicólogos, que haciendo uso de la cultura digital, hace uso de diversos espacios de la ciudad.

 

Uno de ellos es la Ciudad Lúdica que promueve desde la investigación y la experimentación la valoración del juego como un bien común, con el fin de que ayude a la cohesión social, la regeneración urbana y la creación de comunidad. El Laboratorio explora, precisamente, cómo el juego puede ser un catalizador de experiencias urbanas y como capital para la creación de comunidades.

A partir de estas exploraciones, el Laboratorio para la Ciudad, a través de su área Ciudad Lúdica, y en colaboración con la Autoridad del Centro Histórico, lanzó en el reto Juguetes Urbanos, un experimento social que reclama el regreso de niñas y niños al espacio público. A partir de la colaboración con más de 100 niñas y niños que habitan en los alrededores de los espacios seleccionados, se desarrollaron las guías de diseño para construir tres juguetes urbanos, cada uno pensado como un prototipo con duración temporal de tres meses.

 

 

Los Juguetes Urbanos son objetos con múltiples funciones, que responden a la demanda de niñas y niños que buscan diversión y medios para explorar el mundo. Llevan al límite las formas del mobiliario urbano infantil, desafiando los juegos clásicos como columpios, resbaladillas y otros módulos estandarizados de plástico en espacios públicos.

Durante el recorrido que se llevará a cabo este 21 de julio de 2018, se abordará el significado del juego a nivel urbano, la apuesta por generar una colaboración entre diversas áreas de gobierno, el impacto comunitario en cada intervención, datos preliminares de cómo el juego puede reactivar espacios subutilizados y generar cohesión social, así como aprendizajes generales. 

Recorrido por los Juguetes Urbanos

¿Dónde? Tlazcoaque #8, piso 2, 06090, Centro, CDMX

¿Cuándo? 21 de julio 10:00 am

Entra Libre

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El túmin, la moneda alternativa indígena, ahora en la CDMX
Cristopher Garnica
Túmin significa dinero entre los indígenas de la etnia Totonaca, además es una moneda comunitaria que sirve para comprar comida, ropa o para pagar servicios.

Breve historia del túmin.

 

El túmin es una moneda alternativa de cambio. Nace en la zona indígena del norte del estado de Veracruz y cuenta con gran aceptación en la región y diversos municipios de estados circunvecinos. El túmin, a diferencia de los billetes tradicionales que se valoran por el poder económico o las reservas de oro del país que los emite, está respaldado por las personas que los utilizan.

El túmin surge como proyecto de investigación en la Universidad Veracruzana Intercontinental (UVI), para ayudar a los habitantes de Espinal, un municipio pobre con 25.000 habitantes de los cuales la mitad son indígenas totonacas, cuyo salario mínimo no les alcanzaba para sobrevivir. Ante la falta de dinero, los vecinos intercambian sus productos para sobrevivir, como ocurre en otras comunidades rurales del país.

 

Los investigadores de la UVI diseñaron el túmin para facilitar el trueque, vales intercambiables por mercancía o servicios. La moneda comunitaria se puso en circulación a finales de 2010, en pleno festejó del bicentenario de independencia. Con el túmin, un panadero vende su mercancía en pesos y túmines, y ambas monedas le sirven para comprar productos y/o intercambiarla por servicios, como una revisión dental o la reparación de una puerta. En este sistema solidario de trueque, lo que vale no son los billetes o monedas metálicas, sino lo que las personas dan o hacen a cambio, donde el dinero no es para acumularse, sino para usarse y ayudar a la gente.

La moneda comunitaria se comenzó a utilizar entre 115 miembros iniciales de una red de intercambio, quienes recibieron vales por el equivalente a 500 túmines que se deben conservar en circulación. Así, cada uno de los socios da voluntariamente el valor que desea a la moneda y todos, a su vez, se comprometen a sacrificar las ganancias en pesos para recuperarlas en servicios o productos.  Si un kilo de carne cuesta unos 70 pesos en el mercado tradicional, por ejemplo, dentro de la red se cotiza en 50 pesos y 20 túmines. El carnicero utiliza los vales de túmin para comprar otra mercancía, como pan, y el panadero a su vez los intercambia por algo más, como harina, azúcar o huevos.

 

Esto ha hecho que alimentos, bebidas, animales y hasta servicios de cibercafé, formen parte de los negocios que exhiben afuera de sus locales los letreros que dicen “Aquí Aceptamos Túmin”. Esto ha dado buenos resultados, al grado que los comerciantes y profesionistas vendan más productos, y que los consumidores compren más barato.

Este piloto de túmin en Veracruz  no le gustó nada al Banco de México (Banxico),que llevo a demanda y juicios a los creadores del túmin, pero se ha resignado a ver las bondades del túmin como una amenaza latente. Gracias a este ha cambiado progresivo de la forma de comerciar de la gente, se han provocado varias réplicas en diversas comunidades indígenas de todo el país, como Chiapas y Tabasco, Morelos, Campeche y ahora la CDMX, que se ha acercado a los diseñadores del sistema para pedir su asesoría en el establecimiento de monedas propias; emulando casos exitosos de comunidades europeas de España, Portugal e Italia, que ya han comenzado a adoptar monedas propias debido a la crisis económica mundial.

 

El uso del túmin se ha extendido a 16 estados del país, incluyendo el sur de la Ciudad de México, en la delegación Xochimilco, donde los comerciantes y habitantes han comenzado a usar el túmin; lo cual representa su entrada a la Ciudad de México, el epicentro de los negocios del país, que tan solo en el segundo trimestre del año reportó ventas por 179,000 millones de pesos (casi 10,000 millones de dólares), de acuerdo con la Cámara de Comercio Servicio y Turismo local.

La entrada del túmin hace frente a las grandes corporaciones, pues el sistema está creado para incentivar el consumo local, sumado a que revaloriza el trabajo artesanal. En Xochimilco, si un cliente compra un frasco de miel de 20 pesos (casi un dólar), puede pagar con 18 pesos mexicanos e intercambiar dos túmines.

 

Los comerciantes interesados en el túmin se inscriben en un padrón, se acuerdan las reglas, la más importante es aceptar 10% del valor de un producto en túmines, de forma gratuita se les entregan los túmines, cantidad equivalente a su producción anual, y los comerciantes distribuyen la moneda entre ellos y sus clientes al pagar o dar cambio. Así es como se crea la red solidaria, donde los vales están en constante movimiento, intercambiando el trabajo de los productores. El túmin ha provocado que los comercios se expandan por medio de redes e incluso con comerciantes de otros estados del país. El túmin es una red solidaria que está ayudando a las personas de Xochimilco.

Web Túmin 

Fotografías del origen de los edificios más emblemáticos de la CDMX
MXCity
Los edificios en construcción son reflejos de la modernidad, los cimientos de nuestra identidad mexicana en vías de desarrollo.

Edificios en construcción.

 

Nuestro país conserva los vestigios de nuestras ciudades prehispánicas, junto a  estructuras coloniales y hermosas edificaciones modernistas, que surgieron dentro del funcionalismo y dieron vida a la arquitectura mexicana del siglo XX. Aunque en nuestra ciudad hay grandes sitios de interés arquitectónico con prehispánicos, clásicos, modernos y contemporáneos, hay unos que se han quedado en nuestro corazón más que otros.

La Ciudad de México ofrece una diversidad cultural que se evidencia tanto en sus tradiciones como en su arquitectura. Nuestro pasado también se evoca en la historia de las construcciones, mientras uno recorre la vasta extensión de significativos espacios públicos, plazas y plazoletas que tenemos en la ciudad.

Estas fotos evocan la construcción de nuestro pasado, y la vida presente de millones de citadinos.

 

Torre Latinoamericana

Eje Central Lázaro Cárdenas 2, Centro, 06000 Ciudad de México, CDMX.

 

Torre de Rectoría de la UNAM

Campus Central de la UNAM, Delegación Coyoacán, CDMX.

 

Monumento a la Revolución

Plaza de la República S/N, Tabacalera, Cuauhtémoc, 06030, CDMX.

 

Edificio de la Lotería Nacional 

Paseo de la Reforma #1, Colonia. Tabacalera, Cuauhtémoc, CDMX.

 

Palacio de los Deportes 

Av Viaducto Rio de la Piedad y Rio Churubusco S/N, Granjas México, 08400, CDMX.

 

Museo Nacional de Antropología e Historia

 Paseo de la Reforma & Calzada Gandhi S/N, Chapultepec Polanco, Miguel Hidalgo, 11560, CDMX.

 

Torre insignia de Tlatelolco

Tlatelolco, 06900,  Ciudad de México, CDMX

 

Edificio “La Nacional”

Esquina de Juárez y Eje Central, CDMX. 

 

Palacio de Bellas Artes

Av. Juárez, Centro Histórico, 06050, CDMX.

Otomimóvil: el movimiento de la artesanía otomí
MXCity
Otomimóvil, son poco más de 50 carritos diseñados por la comunidad Otomí que comenzarán a circular por la Juárez y la Roma.

Otomimóvil: carritos de diseño otomí.

 

El otomí es un pueblo indígena que habita un territorio discontinuo en el centro de México. Hoy en día, los otomíes viven en un territorio fragmentado que va desde el norte de Guanajuato, al oriente de Michoacán y al sureste de Tlaxcala; Hidalgo, CDMX y Querétaro. En el año 2000 la población étnica​ otomí sumaba 646.875 personas en la República Mexicana, haciendo de esta etnia, en el quinto pueblo indígena más numeroso del país.

 

Los indígenas Otomíes se destacan en el arte de tejer, son increíbles artesanos que elaboraron sus telares con la finalidad de pagar el tributo, mediante la elaboración de prendas ceremoniales, los cuales se fabricaban con palma silvestre, fibra de maguey, de lechuguilla y el algodón. Su labor artesanal principal es la elaboración de textiles como fajas, rebozos, camisas, guanengos además de morrales y ayates, que en los últimos años han creado furor entre la alta costura por su hermosa y sencilla confección.

La migración de este pueblo indígena hacia la Ciudad de México, inició entre los años 30 y los 50 cuando se construyeron las principales carreteras. Esto facilitó que grupos campesinos se transportaran a la ciudad para hacer labores de comercio o albañilería, que luego les permitiera financiar la siembra. Pero en las colonias Roma y en la Juárez, que han sido ocupadas por las personas de clase media alta, existen 9 predios habitados legalmente por decenas de familias otomíes.

 

En los últimos dos años, la comunidad otomí de la CDMX, ha tenido muchos contratiempos debido a que las colonias en las que viven llevan un par de años en remodelación, contraviniendo las formas de subsistencia de estos grupos de artesanos. Los otomíes, como muchas otros comerciantes, venden en puestos sobre la banqueta y las procesos de construcción y remodelación  de las colonias, han hecho que no puedan vender sus productos en las calles ya que su artesanía se ensucia fácilmente o no hay tráfico de personas por las calles debido al polvo. El cambio de imagen de la Zona Rosa incluyó una reducción drástica del ambulantaje: de 300 puestos sólo quedarán 100.

 

En este contexto de obras y desalojo de vendedores, la Delegación Cuauhtémoc pidió a los otomíes modificar su forma de venta, haciendo que en lugar de tener espacios asignados sobre la banqueta, venderán en carritos como los que hay en los pasillos de los centros comerciales. La mayoría de los otomíes han aceptado con buena cara esta alternativa y participan en ella dignificando su trabajo, espacio e imagen. La única condición de los otomís fue: hacer su propio diseño, para dignificar aún sus vestidos típicos de olanes rosas con cuellos altos, típicos de las mujeres.

Así es como más de 50 carritos diseñados por la comunidad otomí, el Otomimóvil, comenzarán a circular por la Juárez y la Roma. El costo que se proyectaba para cada carrito era de 28 mil pesos. No obstante, Isaac Martínez, otomí de Santiago Mexquitilán, se dio a la tarea de crear un diseño más económico sin dejar de ser atractivo y fiel a su cultura, consiguiendo reducir el precio a casi la mitad. Así fue posible que las familias, financiaran su propia estación móvil de cultura Otomí.

Se piensa que el Otomimóvil pueda servir para recordarnos que formamos parte de una comunidad amplia en constante proceso de reconstrucción. Los objetos que venderán estas familias serán molcajetes y metates de piedra negra, bolsas de paja, sombreros de palma y sillas de tule; además de sus hermosos bordados tenangos, muñecas otomíes y otras creaciones tradicionales que conforman la artesanía otomí en CDMX.

 

Del mismo modo, cuando los otomís tuvieron oportunidad de obtener la viviendas en forma, los integrantes de la comunidad se organizaron para crear la unidad habitacional en la que viven actualmente, la cual consta de seis edificios, 47 departamentos y una ludoteca; que se identifican con palabras ñäñho.

Este otro proyecto ganó el Premio Nacional de Vivienda 2004, por responder adecuadamente a las necesidades de una familia nuclear tipo urbana. Hoy, esta comunidad continúa coordinándose y renovando su estilo de vida en la ciudad y el Otomimóvil es prueba de esto.

7 time-lapses de México, imagen móvil de nuestra eternidad (VIDEOS)
Cristopher Garnica
Con estos paisajes surrealistas se plasma el movimiento de la eternidad; una invitación alegre para reflexionar sobre el tiempo.

La impermanecia del tiempo.

 

Timeo es el diálogo de Platón que se ocupa del tiempo. Es uno de los tantos libros crípticos de la filosofía y la antigüedad. Este texto se enseñaba en la Academia platónica de ciencias y se dice que en él se encuentra la expresión de una sabiduría misteriosa, nacida posiblemente de una sociedad oculta de iniciados, debido a su exposición metódica y llena de un lenguaje técnico.

El Timeo hace referencias a algunos problemas cosmogónicos y de la formación del “Alma del Mundo”. Platón comienza preguntándose si es posible concebir una ciudad ideal en la Tierra, cuestión cuyo propósito es narrar la historia olvidada de Atenas, luego rehace una cosmogonía que vincula la historia de la Humanidad con la de su ciudad ateniense, habla del mito de la Atlántida y del demiurgo que copia un modelo celeste del universo para hacerlo plasmar en el mundo visible.

De todo lo que dice Platón en este diálogo, lo más poético es el tema del tiempo. El tiempo fue creado, según Platón, después del universo para perfeccionar el movimiento de los astros en sintonía con un modelo matemático de una realidad superior, el mundo de las Ideas. De esta forma, el tiempo que marcan los astros en su perpetuo vaivén, resulta la imagen móvil de la eternidad.

La técnica del video, el time-lapse, ha hecho posible que podamos contemplar esta idea platónica del tiempo: apreciar este universo en su (im)perfección, con todo y su constante movimiento, en sintonía múltiples realidades en un perpetuo vaivén que dan la impresión de una imagen móvil de la eternidad.

Pero en lugar de hablar al respecto del tiempo, les dejo estas imágenes móviles de la eternidad.