Vida Capital
Sobre el novedoso Tren Interurbano que irá de la CDMX a Toluca
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La novedosa vía férrea atravesará un tramo de 58 kilómetros, mismos que conectarán la ciudad de Toluca con la Ciudad de México.

Desde el 7 de julio del año pasado, la construcción del Tren Interurbano que irá de Santa Fe a Toluca ha estado en obras, con la premisa esencial de que en algún momento los más de 70 mil trabajadores que se desplazan a esta zona tengan un transporte público más eficiente. 

 

 

Muchos afirman que se trata de la nueva era de los ferrocarriles en la Ciudad de México, que además ayudará con el flujo y concentración de autos que genera día con día la Ciudad de México. 

Según se sabe, la novedosa vía férrea atravesará un tramo de 58 kilómetros, mismos que conectarán la ciudad de Toluca, desde la estación de Zinacantepec, con la Ciudad de México, en la estación Observatorio. Los seis puntos en los que será divido, constarán de las terminales ya mencionado, además de las estaciones intermedias de Pino Suárez, Tecnológico, Lerma y Santa Fe.

Mientras se tiene previsto su terminación en 2018, hace no mucho, la Secretaria de Obras y Servicio de la Ciudad de México dio a conocer la tarifa oficial del interurbano: 

“La tarifa estimada por la SCT en el trazo urbano de la Ciudad, de la terminal Observatorio a la estación Santa Fe, es de un precio aproximado a los 12 pesos. El recorrido será de 5 minutos a lo largo de 9 kilómetros, disminuyendo en casi 40 minutos los recorridos locales que se realizan actualmente en esta zona con alta afluencia vehicular.”

 

 

Quienes deseen viajar de Toluca a la Ciudad de México en este transporte tendrán que desembolsar aproximadamente $80, estimó la depedencia local, quien está a cargo del tramo que irá de Santa Fe a Observatorio.

En el último Análisis Costo-Beneficio del proyecto, disponible en la Secretaría de Hacienda, se establece que la tarifa sería de 65 y, en noviembre de 2013, la proyectista refirió en su análisis que sería de 40 pesos. Cabe aclarar que desde el comienzo del proyecto se mencionó que el costo del pasaje sería rentable y que la tarifa que se cobrará a los usuarios tendría ajustes.

 

Un boleto de autobús de la Ciudad de México a Toluca tiene un costo aproximado de 95 pesos en un viaje con una línea de primera clase, de acuerdo con Reforma.

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Infórmate más sobre el Tren Interurbano aquí

Ruinas modernas: algunos de los edificios abandonados más famosos de la CDMX
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Mira la poesía de las ruinas modernas y explora con nosotros algunos de los edificios abandonados de los últimos años.

Explora las cicatrices de la Ciudad de México.

 

El abandono tiene algo de poético. Sobre todo en cuando es tratado en las obras ascéticas y de la mística, como un primer paso para acercarse a dios mediante la contemplación. El abandono implica cierta purificación pasiva donde se aceptan las pruebas y sufrimientos, una etapa de renuncia de uno mismo para obtener un bien mayor.

Cuando se trata de arquitectura el abandono también tiene algo de poético. Un lugar que fue diseñado para ocupar un espacio, y dar un nivel de gratificación visual, que ha caído en desuso consumido por el paso del tiempo, dejando atrás sus virtudes arquitectónicas y esa una especie de consuelo artificial que da la arquitectura, para dar paso a un lugar sin esperanza ni luz, en medio de la desolación, la sombra y el peligro.

 

 

Los poetas, diseñadores, arquitectos y el público en general tenemos cierta fascinación con la arquitectura abandonada. Sobre todo cuando están en medio de una ciudad e inundadas con hierba, como si estuviéramos presenciando las reuinas de la modernidad. Esta fascinación nos ha llevado explorar los misterios de algunos de los recintos abandonados más famosos de la CDMX.

 

Cine Ópera

Serapio Rendón 9, Colonia San Rafael.

 

 

En 1947 este cine era inmenso, elegante y un proyecto arquitectónico bajo la supervisión de Félix Nuncio y Manuel Fontanal. Este inmueble debía retomar las características más sobresalientes del Art Decó como parte del apogeo del cine de oro mexicano, así que optaron por resaltar esta corriente con escaleras, balcones, marcos, puertas, lámparas, sillones, etc. Ahora está en ruinas en la San Rafael.

 

Condominio Insurgentes 300

Av., de los Insurgentes Sur 300, Cuauhtémoc.

 

 

El Condominio Insurgentes, como se le conocía en sus inicios, comenzó a construirse en 1956 y en mayo de 1958 abrió al público. Contaba con 420 despachos los cuales se vendieron rápidamente. Durante los primeros años posteriores a su inauguración, los espacios fueron ocupados por prestigiosos abogados, médicos, estrellas de cine y algunas familias que decidieron habitar ahí. Su decadencia comenzó debido al sismo de 1985, cuando varios despachos fueron desocupados, desde entonces, incendios, asesinatos, más sismos y actividades ilícitas mancharon aún más la historia del edificio provocando la situación actual del inmueble, que se encuentra parcialmente ocupada.

 

Cine Orfeón

Luis Moya #40,

 

 

Este cine fue inaugurado en 1938, pero en 1947 cerró sus puertas para ser remodelado al estilo Art Decó por los arquitectos estadounidenses John y Drew Eberson; siendo reinaugurado el 12 de febrero de 1948. Inicialmente contaba con 4628 asientos, aunque después de la remodelación este número se redujo a 3165. Para lograr la intervención, se adquirió el predio que quedaba justo detrás de la pantalla de cine y se unió al edificio existente, construyendo el escenario, el foso de orquesta, e instalando la mecánica teatral y demás requerimientos para convertirlo en un teatro con los últimos adelantos tecnológicos.

 

Iglesia Anglicana Santa Juliana de Norghist, Museo Británico Americano

Artículo 123 134, Centro.

 

 

Siempre en constante cambio, la Antigua Christ Church se puede ver ladeada, a la espera de una intervención mayor que le devuelva el esplendor que tuvo en los siglos XIX y XX. Esa bulliciosa calle, no tiene nada que ver con lo que fue en el siglo XIX, cuando la comunidad británica asentada en esa zona del Centro Histórico decidió edificar la Christ Church, como parte de la iglesia anglicana en México.

 

Hotel Posada del Sol

Av. Niños Heroes 139, Doctores.

 

 

Su estructura puede verse desde lejos ya que su tamaño ocupa más de media manzana y se eleva más de seis pisos sobre el nivel de la calle. Más de 600 habitaciones fueron construidas por el ingeniero Fernando Saldaña Galván quien pensó en construir un hotel y centro artístico único en la Ciudad. Seis edificios ocupan casi una manzana rodeando jardines, patios, fuentes, terrazas y miradores elevados. Incluye además un casino, un teatro, una sala de cine, una capilla, galerías, salones de té, un ajedrez de tamaño humano así como salones de baile y música.

2019 será el Año Internacional de las Lenguas Indígenas
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Las Lenguas Indígenas son importantes para el desarrollo de nuestra memoria histórica así como para  la consolidación de la paz en el mundo.

Sobre la importancia de preservar las Lenguas Indígenas en el mundo.

 

Las lenguas indígenas juegan un papel primordial para el desarrollo y la reconciliación entre diferentes grupos humanos. No sólo han sido un instrumento de integración, comunicación y educación, sino que además brindan identidad a l los hombres y mujeres que forman parte de un grupo social.

Se estima que existen 6.700 idiomas en el mundo, los cuales 4.000 son hablados por pueblos indígenas y 2.680 se encuentran en peligro de desaparecer.  En América latina sus 42 millones de indígenas hablan más de 500 lenguas; de los cuales unos 38 millones, viven en México, Guatemala, Perú y Bolivia.

 

 

En México más de 7 millones de habitantes hablan 68 lenguas indígenas; siendo las más comunes Náhuatl, Maya y Tseltal. Pero esto es un poco preocupante, porque según las Naciones Unidas, el 95% de las lenguas nativas podrían extinguirse para el año 2100. En Perú se extinguieron un total de 37 lenguas indígenas y hay 27 lenguas en peligro de declive; mientras que en México unas 40 lenguas amenazan con esfumarse.

Es por eso que en el Foro Permanente de 2016, propuesto por la Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) se proclamó el 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas con el fin de llamar la atención sobre la pérdid, que trae consigo la necesidad de conservarlas, revitalizarlas y fomentarlas a nivel nacional e internacional.

 

 

Es por eso que la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas  para la Educación, la Ciencia y la Cultura) actuará como organismo principal durante este Año. La importancia de abordar este tema es crucial para los pueblos indígenas, puesto que representan otra forma de ver al mundo, guardan conocimientos amplios y complejos que se han desarrollado por miles de años, siendo así fundamentales para la cultura e identidad de los pueblos originarios.

Es por eso que tenemos que ayudar a preservar a los Pueblos Indígenas y sus lenguas, así como el derecho a revitalizar, utilizar, fomentarlas, así como ayudar a transmitir a las generaciones futuras sus lenguas, tradiciones orales, sistemas de escritura y literaturas.

 

 

Este propósito, también lleva consigo el fin de mostrar cuáles son los principales riesgos que afrontan los pueblos originarios en cuanto a la preservación de sus idiomas y costumbres; así como su importancia para el desarrollo sostenible, la reconciliación, la buena gobernanza y la consolidación de la paz.

El 28 de enero en París, Francia se llevará a cabo la ceremonia, misma que contribuirá a impulsar el acceso y la promoción de las lenguas indígenas, y fomentará la mejora de la calidad en la vida de los pueblos, a través del fortalecimiento de sus capacidades. El encuentro contará con representantes gubernamentales de alto nivel, pueblos indígenas, miembros de la sociedad civil, la academia y varias instituciones públicas y privadas.

 

 

En dicha reunión se promoverá el desarrollo de un foro global para el debate constructivo en el que oradores de alto nivel puedan abordar nuevos paradigmas para salvaguardar, promover y brindar acceso a los conocimientos y la información de los pueblos ancestrales.

La Organización para el Año Internacional de las Lenguas Indígenas planteó cinco razones para promover la conservación y cuidado de las lenguas indígenas:

– Generan conocimiento y comprensión sobre el mundo

– Son consideradas un desarrollo sostenible, pues mediante su lenguaje y cultura consolidan e incentivan la paz y reconciliación

– Estas lenguas son consideradas como un derecho humano fundamental en la libertad de los pueblos indígenas

– Desarrollan la inclusión social y la alfabetización, lo que contribuye a reducir los niveles de pobreza

– Son consideradas como fuente de diversidad de valores culturales y de patrimonio histórico

 

 

El principal método para que los pueblos indígenas fortifiquen sus lenguas surgen de su difusión. Y aunque cada vez hay más hay legislaciones y políticas orientadas a la protección de las lenguas indígenas, el trabajo aún consiste en garantizar el acceso igualitario de los pueblos indígenas a todos los niveles de educación y formación profesional.

El derecho de una persona a utilizar el idioma de su preferencia es un requisito previo para la libertad de pensamiento, opinión y expresión, el acceso a la educación y la información, el empleo, la construcción de sociedades inclusivas y otros valores consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

 

 

Es a través del lenguaje que nos comunicamos con el mundo, definimos nuestra identidad, expresamos nuestra historia y cultura, aprendemos, defendemos nuestros derechos humanos y participamos en todos los aspectos de la sociedad, por nombrar sólo algunos.

A través de la lengua, las personas preservamos nuestra historia, costumbres y tradiciones comunitarias, así como la memoria, los modos únicos de pensamiento, significado y expresión. También, sobre todo, es como construimos el futuro. El idioma es fundamental en los ámbitos de la protección de los derechos humanos, la buena gobernanza, la consolidación de la paz, la reconciliación y el desarrollo sostenible.

 

 

Foto portada Food and travel

La práctica del Huachicoleo a lo largo del tiempo
Cristopher Garnica
El término Huachicol ha inundado los medios en los últimos días, aquí en MxCity te decimos los varios orígenes y acepciones que ha tenido la palabra en nuestro país.

¿Qué significa Huachicoleo, de dónde y cómo surge?

 

Como casi todos sabemos, el huachicol o guachicol, es la palabra que designa el robo del combustible (gasolina o diésel) en México; ¿pero de dónde bien la palabra? ¿A qué hace referencia? ¿Quiénes eran los huachicoleros originalmente?

Primero hay que decir, que el único consenso sobre el término es el que se le ha dado en la actualidad, a saber, a la actividad y personas relacionadas al robo,  adulteración de combustible y venta ilícita del mismo, ya sea en forma de gasolina o diésel.

 

 

Se ha dicho que en México hay un debate sobre el origen exacto del término huachicolero. Pero más allá del debate, al igual que muchos términos mesoamericanos y sus derivados, la palabra tiene varas acepciones, y muchas de ellas se deben a la región y el contexto.

Según se dice, la raíz viene de la palabra en lengua maya “huach” o “waach”, un término usado para referirse a los “forasteros”. El diccionario maya de la Universidad Autónoma de Yucatán explica: “Se le dice así a la persona que viene de otras entidades federativas de fuera de la península (la región maya)”.

 

 

La Academia Mexicana de la Lengua explica en su Diccionario de Mexicanismos que, además de ser un apodo para “forastero”, otra de sus acepciones en la región sureste -donde habitan los mayas- es la de “ladrón”. Tiempo después los hablantes le añadieron al término “huache” el sufijo “col” para relacionar las actividades de los forasteros con las actividades ilegales.

Pero como sucede con muchas palabras que han sido castellanizadas, la palabra tiene varas acepciones, y muchas se deben según la región y el contexto. También se dice que la palabra huachicol deriva de los Huachichiles o Huaches, una etnia decendiente de Chichimecas y emparentada con los huicholes, también conocida como Cuaches o Guaches, que significaba originalmente “los colorados” ya que pintaban sus cuerpos de color rojo.

 

 

Huachicol se refiere a la bebida y al proceso tradicional para elaborarla, que pasó a los ingenios azucareros cuando los indios de la huasteca potosina fueron agrupados y obligados a trabajar en ellos.​ Para su preparación se pasa un cedazo, el “mojadito”, azúcar cúbica o caramelo que se quedaba pegado en las tuberías, le agregaban alcohol de caña, lo encendían y destilaban en un recipiente; ya fuera con té de canela, cáscaras de naranja, ciruelas de España o simple agua.

Con esto se produce alcohol metílico debido a que la diversidad de los ingredientes añadidos, y su proceso artesanal no garantizan una temperatura estable para su apropiada destilación. Pero básicamente es una bebida adultera que es común, a pesar de que provocan en diferentes grados cefaleas, temblores, ceguera por daño del nervio óptico y la muerte; debido a su bajo costo.

 

 

Todavía hasta durante el siglo XX, era común encontrar la venta de bebidas alcohólicas adulteradas y baratas, pero ya intentando imitar el tequila. En el estado de Jalisco, se dice que “Un trago de huachicol es como dispararse al cerebro.” De hecho, la Academia Mexicana del Tequila define precisamente al “huachicol” como una “bebida destilada adulterada con alcohol de caña”

Otra explicación que parece plausible es, según los estudios de Arturo Ortega Morán, el escritor mexicano especializado en el origen de las palabras y expresiones del castellano; la palabra huachicol proviene del latín “aquati”, que significa aguado. Durante el siglo XVI aquati aludía a una técnica empleada en la pintura que consiste en diluir los pigmentos en agua. Al emplearse esta palabra en Francia se transformó en “gouache” conservando su significado. Pero al llegar el nombre de esta técnica a México durante el siglo XIX solía referirse a él como “pintar a la guach”.

 


 

En esa época algunos vendedores de tequila y aguardiente diluían las bebidas con agua para obtener más ganancias, y a ellos se les comenzó a nombrar como guachicolero o huachicolero. De manera análoga, se les comenzó a llamar a sí a los comerciantes de combustible que rebajaban con agua gasolina o petróleo para lograr mejores ganancias.

Por último, se cree que la palabra está emparentada con el huachinango, el pez más consumido en la costa mexicana y del caribe, que va desde Veracruz hasta Puerto Rico, debido al color rojo del pez, pero quizá sea una explicación relacionada, debido a la necesidad de respuestas que tenemos las personas por los sucesos en el país.

 

 

Asimismo, se cree que los huachicoleros se refieren a los Huaches, a quienes se les atribuyó el uso ceremonial del peyote y la elaboración y consumo consuetudinario de bebidas espirituosas a base de tuna, mezquites y maguey.​

Ya en fechas más recientes, se sabe que el huachicol era una práctica de los choferes de las pipas o los transportistas, que metían una manguera en la pipa llena de combustile y sacaban un porcentaje del producto. Para que no se notara la extracción del combustible, lo volvían a rellenar con agua y así compensaban el peso: el llamado huachicoleo.

Breve historia cultural del hermoso Claustro de Sor Juana
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A pesar de todos los avatares por los que ha pasado la Universidad, los restos de la la musa sor Juana Inés de la Cruz todavía permanecen en este recinto.

Conoce la peculiar historia sobre cómo pasó de ser un convento a Universidad.

 

Hoy en día la Universidad del Claustro de Sor Juana es un lugar de estudio laico, pero alguna vez fue el Convento de San Jerónimo. Fundado como Convento de Nuestra Señora de la Expectación, este templo católico perteneció a las monjas de la Orden de San Jerónimo de la Ciudad de México en la Nueva España

La Universidad es una construcción que data de finales del siglo XVI, y se encuentra en calle José María Izazaga, aunque tiene accesos también po la calle 5 de febrero, San Jerónimo e Isabel la Católica, en el centro histórico de la CDMX. La Universidad tiene una arquitectura que obedece al barroco herreriano y posee una planta de cruz que consta de una torre y campanario, una cúpula semiesférica y dos coros; un claustro grande, varias ruinas de las celdas de las monjas, restos de fuentes y ​ con seis patios: Patio del Gran Claustro, Patio de los Gatos, Patio de los Confesionarios, Patio de las Novicias, Patio de la Fundación y Patio de los Cipreses.

 

 

 

El lugar es un conjunto de casas que fueron compradas a Francisco de Aguilar y a Doña Leonor de Arriaga por un valor de 15,100 pesos en 1525; donde se empezó a erigir una iglesia cuya construcción fue terminada dos años después. El lugar permaneció así hasta que fue adquirido por Doña Marina de Zaldívar y Mendoza, quien mandó a construir el convento con claustro, dormitorio, refectorio, celdas y huerta.

El lugar ha pertenecido a otros dueños, como a Isabel de Guevara que quiso unir las casas de Isabel Barrios y la de Alonso Ortiz en el siglo XVI. En 1585 se fundó como el primer convento mexicano de monjas jerónimas, y desde un primer momento se decidió que el convento quedara bajo la regla jerónima, donde el ingreso y mantenimiento de las monjas demandaba altos costos. De ahí, que las únicas familias que podían costear la estancia de las religiosas en el recinto eran las españolas y criollas, pues eran las castas que mejor posición social gozaban.

 

 

 

Los requisitos para ser aceptada en el convento eran: tener entre 16 y 30 años de edad, tener suficiente dinero para pagar el dote 4 , que era de 3000 pesos. Había una jerarquización de labores que regulaba las elecciones de oficios y que de manera descendente constaba de: la Priora o encargada del Convento y las monjas; La vicaria: mano derecha de la priora, quien debía dar las obligaciones correspondientes a cada una de las religiosas.

Las definidoras eran consejeras de la priora de rango menor. Las celadoras vigilaban las habitaciones de las religiosas para que a partir de las 9 de la noche y hasta las 5 de la mañana del día siguiente, donde todo debía permanecer callado y en orden. Finalmente estaban las porteras o monjas más ancianas y virtuosas; y había tres torneras que eran encargadas de viligar las visitas de las monjas, recibir recaudos, cartas y billetes. Después de leer las cartas, daban su aprobación para que se les diese a las remitentes.

 

 

 

Además había monjas vicarias de coro, novicias, correctoras, enfermeras y obreras (que vigilaban las obras de albañiles, carpinteros y peones para no infligir el voto de clausura) La provisora: Se encargaba de administrar y dar dinero a cada religiosa para que hiciera su comida diaria. La monja más reconocida del convento fue sin duda Sor Juana Inés de la Cruz, quien vivió allí durante 25 años y produjo varios de sus trabajos literarios.

Con las leyes de Reforma de Benito Juárez en 1867 fue desamortizado y otorgado al gobierno quien lo hizo cuartel, caballería y hospital militar. A finales del siglo XIX el expresidente Manuel del Refugio González Flores le dio el recinto al arquitecto Antonio Rivas Mercado, como forma de pago por sus servicios. A su vez, el arquitecto lo regaló a sus hijas Alicia y Antonieta Rivas Mercado en 1927; esta última construyó en él un teatro llamado Ulises y un salón de baile nocturno llamado El Pirata que se convirtió en el Symirna Dancing Club.

 

 

 

A finales de los 60, el Dr. Arturo Romano Pacheco realizó investigaciones antropológicas concluyendo que la población monjil fue criolla en su mayor parte. Además encontró utensilios como hebillas, medallas, pequeñas cruces, alfileres y alambres que formaban las coronas y ramos con los que eran enterradas las religiosas, además de esqueletos de las monjas incluyendo a la décima musa, una lápida de mármol en piso del sotocoro lo menciona: “En este recinto que es el coro bajo y entierro de las monjas de San Jerónimo fue sepultada Sor Juana Inés de la Cruz, El 17 de abril de 1695, año de 1964.”

 

 

 

Durante un tiempo, el recinto fue abandonado y en él habitaban vecindades, un estacionamiento y locales comerciales. Pero el gobierno del expresidente Luis Echeverría Álvarez lo expropió en 1971, y su sucesor presidencial, José López Portillo y Pacheco, inició las restauraciones declarándolo oficialmente patrimonio nacional bajo la protección de las leyes del Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH. Más tarde por la Unesco como patrimonio de la Humanidad.

En 1975 un grupo de sorjuanistas solicitó expropiar el exconvento para su mejor conservación. Se realizaron excavaciones y antropólogos, arqueólogos, arquitectos e historiadores hicieron investigación hasta 1982, con el fin de la restaurar el espacio.

 

 

 

En 1979 se fundó La Universidad del Claustro de Sor Juana, y sus bases intelectuales descansan en la vida y obra de la “Décima Musa”. En sus inicios esta escuela sólo tenía la licenciatura en Ciencias Humanas, pero hoy en día la institución ofrece diversa carreras.

A mediados de la década de 2000, la Iglesia católica trató de recuperar la iglesia de San Jerónimo, sin embargo la escuela se resistió a estos esfuerzos y finalmente ganó. La universidad conserva los derechos de toda la propiedad siempre y cuando siga siendo una institución educativa y cultural. En febrero de 2009, el Consejo Académico de dicha Universidad, decidió denominar al Ex templo “Auditorio Divino Narciso” en honor a una de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz.

 

 

 

 

 

Dirección: José María Izazaga 92, Centro Histórico, Centro, 06080 Ciudad de México