El origen místico e histórico de la tradición del árbol de Navidad en México
Benjamin Malik
Descubre de dónde viene la tradición de los árboles de navidad, su transformación en Europa a través de los años y su llegada a México.

Nuestra tradición del árbol de Navidad es longeva y sumamente simbólica.

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Algunas tradiciones se han practicado por siglos, es común que en el tiempo se vayan transformando y adquiriendo nuevos valores y costumbre. Tal es el caso del árbol de Navidad, es preciso conocer la historia detrás del símbolo y su origen para poder entenderla desde un ángulo diferente e inclusive continuar su práctica a través de una diferente perspectiva. El árbol de Navidad moderno puede ser entendido como una representación del Árbol de la Vida.

En la tradición pagana se conocían como árboles de Yule, datan de siglos antes de Cristo y por lo general eran pinos en arboledas que se veneraban, como a la Gran Madre Tierra, al ser decorados con velas colgantes. Los paganos llevaban los árboles a sus hogares con la llegada del solsticio de invierno que se produce en el hemisferio norte entre el 21 y 22 de diciembre.

Los árboles simbolizaban el renacimiento y la inmortalidad que se manifestaban en invierno; las luces del árbol y adornos originalmente simbolizaban el Sol, la luna y las estrellas. Las decoraciones de los paganos en Grecia y Siria del árbol de Yule también representaban las almas de los difuntos que se recordaban al final del año y realizaban una entrega de regalos como ofrendas a las deidades Attis y Dionisio. Los romanos actualizaron esta tradición en invierno con la fiesta de Saturnalia, la cual fue adoptada por el cristianismo y luego llamada Navidad.

Los escandinavos creían en Yggdrasil, un Árbol de la Vida que conectaba a la "tierra media" con el "bajo mundo" y el cielo. Los árboles que conectaban mundos también se observaron en Mesoamérica, incluyendo sociedades de Izapa, los olmecas y aztecas. Los mayas adoraban el árbol de Ceiba, que funcionaba como un símbolo de los diferentes niveles en el eje central de la Madre Tierra, al igual que la banda luminosa de nuestra Vía Láctea.

El Árbol de la Vida apareció en muchas sociedades alrededor del mundo. Los egipcios valoraban especialmente a los árboles como símbolo de la victoria de la vida sobre la muerte, y al igual que los paganos, llevaban los árboles a sus casas durante el solsticio de invierno. Los asirios veneraban a un árbol formado por líneas cruzando una serie de nodos que imitaban el sistema eléctrico del cuerpo humano. Los armenios tallaban el árbol en las armaduras de sus guerreros, dividiendo las ramas de igual forma en el lado derecho y el izquierdo para representar el balance.

El Árbol de la Vida de la Kabbalah tiene un orden de 10 (a veces 11) esferas psíquicas llamadas Sephirot, que cuando se observa dentro de un cuerpo humano, es similar al modelo yogi del Árbol de la Vida que se representa por una compleja red de ramificaciones llamadas "meridianos" (nadis en sánscrito) que canalizan pulsos de prana hacia los chakras y estos procesan la energía del cuerpo humano.

En la alquimia se plasmaba el Árbol de la Vida con siete esferas, estrellas, soles, flores y otros íconos místicos que asemejan a los chakras a lo largo de la espina dorsal. Y fue debajo del árbol Bodhi donde Buda despertó a su propia naturaleza iluminada.

Como muchas otras tradiciones, el árbol de navidad vino de Europa en general, y se dice que particularmente el origen del árbol de navidad se remonta a principios el siglo XVII en Alemania. Aunque ya antes los antiguos habitantes de Europa colocaban manzanas y otros frutos sobre algunos árboles como rito para recibir la primavera y honrar a dioses como Frey, señor del sol y la fertilidad. Pero nada con ese tinte navideño.

Es por eso, que para saber cómo llego a México, primero deberíamos saber cómo surgió en Europa. Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos).

Se dice que San Bonifacio, un evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil (aunque también pudo ser un árbol consagrado a Thor), y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas.

Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las velas, se transformaron en esferas, luces y otros adornos.

Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los conversos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado. El árbol es una tradición pagana que fue evolucionando con el tiempo y dependiendo de las regiones geográficas en las que era introducido, o en las regiones en las que se adoptaba la práctica.

Poco a poco se fue extendiendo la práctica por todo Europa pero a mediados del siglo XIX, la iglesia católica creó algo que llamó el "árbol de Cristo", y lo adaptó como parte de sus costumbres de Navidad que convivían con el tradicional Belén o Pesebre.

Es posible que el primer árbol navideño, como se conoce en la actualidad, surgiera en Alemania, donde se implantó por primera vez en 1605 para ambientar el frío de la Navidad, comenzando así su difusión. A Finlandia llegó en 1800, mientras que a Inglaterra lo hizo en 1829, y en el Castillo de Windsor se vio por primera vez en 1841, de la mano del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria.

La costumbre de adornar un árbol en los hogares españoles fue traída en el año 1870 por una princesa de origen ruso llamada Sofía Troubetzkoy, que tenía alianzas con los borbones. Parece ser que la primera vez que se colocó un árbol navideño en España fue en Madrid, durante las navidades del año 1870, en el desaparecido palacio de dichos nobles, el palacio de Alcañices, ubicado en el paseo del Prado, esquina con la calle de Alcalá.

Esta tradición, como muchas otras ha tenido sus "libertades creativas" ya que difícilmente un árbol crecía en medio del desierto en la Jerusalen donde se dice que nació Jesucristo. Mucho menos un pino. Tampoco había esferas, ni botas colgadas en las paredes, mucho menos había un río en medio del desierto.  Y claro que ya sabemos que las estrellas en el cielo no son de puntas, sino rocas muertas a millones de kilómetros de distancia.

Hoy en día, se agregó la idea de poner regalos para los niños bajo el árbol, enviados por los San Nicolás o también conocido como Santa Claus (y Papá Noel) o los Reyes Magos, dependiendo las costumbres de la zona donde se encuentre.

Así que fue en el siglo XIX, que la idea de árbol de Navidad llegó a México. Se cuenta que se le vio por primera vez cuando el Palacio Imperial de Chapultepec amaneció emperifollado con la brillante novedad traída directamente de Europa por orden de Maximiliano de Habsburgo, recién llegado Emperador en 1864, quien arribó a costas mexicanas el 28 de mayo de 1864, para instalarse en el castillo de Chapultepec luego de haber rechazado palacio Nacional como residencia oficial debido a las chinches.

La decoración causó tal furor que la aristocracia mexicana la adoptó de inmediato, desplazando temporalmente a los nacimientos de su protagonismo navideño. Y es que, desde su llegada a México, los "divinos" Maximiliano y Carlota se imponían en moda y normas ante la sociedad mexicana.

Al año siguiente, en 1865, los mismos emperadores casi "cancelan" la navidad al proclamar el 24 de diciembre día de luto nacional por la muerte del padre de Carlota, el rey de Bélgica, Leopoldo I, pero los único que guardaron el protocolo que ordenaba el ceremonial de la corte fueron los  conservadores.

Cuando Maximiliano fue fusilado, se desprestigiaron las costumbres fomentadas bajo el imperio y su corte, así que el árbol de Navidad cayó en desuso. Pero en 1878, el general Miguel Negrete, considerado el mayor enemigo político de Porfirio Díaz y ministro de guerra durante la presidencia de Benito Juárez, retomó la tradición del árbol, luego de quedar muy impresionado por los árboles que conoció durante sus viajes a Europa y Estados Unidos.

Él instaló un árbol navideño en su casa descrito así por la prensa: "el árbol sembrado de luces, cubierto de heno, extendía sus ramas a una gran distancia, y contenía como 250 juguetes, entre los que cada invitado tenía derecho a elegir uno designado por un número que de antemano se repartió; los objetos consistían  en juguetes de muy buen gusto y aún de lujo".

La población adoptó la tradición alcanzando mayor auge a mitad del siglo pasado, siendo de cuño burgués, afrancesado, y sí, como en el siglo XIX, seguimos poniéndole heno y nacimiento al árbol de navidad.

Ritual del Quetzal: la preciosa danza de la Sierra Norte de Puebla
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En la época prehispánica la danza se dedicó al sol formando parte de un ritual que incluía la danza de los voladores.

La preservación de un ritual que poco a poco se convirtió en hermosa danza.

 

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Esta danza es más bien un ritual dedicado al sol, por lo que todos sus movimientos imitan el movimiento de los astros. No obstante, su nombre se debe a los penachos que se utilizan para la danza, que originalmente se hacían de pluma de quetzal.

Antes del ritual dancístico los intérpretes se atavían con una capa bicolor azul y rojo, desde donde cuelgan unas barbas de siete colores para simbolizar al arcoíris, pero también indican el tiempo que como manda tendrán que bailar.

 

 

Pantalones cortos con flecos rematan con listones y la imagen de San Miguel Arcángel y huaraches de "para gallo". La cabeza va coronada de un gran penacho de plumas para simular a los quetzales.

La música se hace con un tambor de dos caras forradas de cuero de venado o de borrego que se golpea con una vara de café; una flauta de carrizo de tres tonos que se toca a un compás de ¾, este instrumento sólo puede ser tocado por el mejor músico.

 

 

Las maracas marcan el ritmo de los pasos que van en cruz, haciendo referencia a los 4 puntos cardinales, el paso del tiempo y la rotación astrológica. Aprender a tocar los instrumentos puede tomar hasta un año y medio, pues se enseña empíricamente y de generación en generación.

De entre más de 60 sones para esta danza, los más comunes son: procesión (con el que siempre inician la danza), entrada, dentro de la iglesia para agradecer al santo patrón,  y la batalla.

 

 

Aunque la presencia de los niños es usual, la danza es realiza da por una "camada", que es un conjunto de 24 danzantes que se forman en dos filas, entre ellas va el caporal, quien dirige la danza, el de más experiencia.

Aunque se puede ver la representación de esta danza en diversas fiestas, la danza se dedica principalmente al santo patrono San Miguel Arcángel, quien ahora toma el lugar del sol, después de que el tiempo transformara el ritual en danza.

 

 

Cuando la danza se dedica al santo patrono, la "camada" entra bailando a la iglesia para dar gracias para después interpretar varios sones en el atrio. Generalmente se puede ver la representación bailada en parejas.

La danza siempre se inicia con un saludo fuera de la iglesia o en la casa del mayordomo (encargado de la organización de la fiesta); entran bailando a la iglesia y dan gracias a su padrino San Miguel Arcángel, después salen a bailar diferentes sones en el atrio de la iglesia.

 

 

Sus pasos o pisadas básicas son altas, caídas, carretillas, giros; generalmente se baila en parejas con diversos movimientos: cruces, fuentes y círculos. Hay sones que se bailan únicamente de espaldas u hombro con hombro de la pareja.

Se considera que su origen es prehispánico, de la cultura tolteca, y aún se ve en muchas fiestas de la sierra norte de Puebla, donde la tradición es color, música y danza.

Foto destacada Vía México

Manuel Felguérez puso en el mapa el abstraccionismo mexicano
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Hijo de la Generación de la Ruptura, este gran artista cambio el discurso plástico dándole nueva vida al arte de mitad del siglo XX.

Uno de los artistas mexicanos más destacados fruto de la posguerra.

 

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Quizá todavía contagiados del ímpetu revolucionario, y enfadados del movimiento, un grupo de jóvenes se dedicaron a criticar el arte oficial, izquierdista, aquel arte revolucionario de los muralistas, que para ellos no era más que un acto propagandístico político.

Ellos fueron La Generación de la Ruptura.

 

 

 

Lo que deseaban era tener libertad creativa, que no existieran requisitos creativos, ni en el color ni en los temas, mucho menos en las formas; el que probablemente se tomaría más en serio el ultimo punto fue Manuel Felguérez.

El 12 de diciembre de 1928, Valparaíso, Zacatecas, vio nacer al artista que pronto iría a vivir a la Ciudad de México, donde estudió en la Academia San Carlos y que después estudiaría con el artista cubista franco-ruso Ossip Zadkine en la Academia Grande Chaumière de París y la Académie Colarossi.

 

 

 

A su regreso, el constructivismo cubista de Felguérez se enfrentó a la pintura figurativa del muralismo de los grandes, el inminente rechazo a sus esculturas y pinturas, lo puso de vuelta en un avión de regreso a Europa para estudiar a fondo lo que denominó pintura de "espacios múltiples".

Una vez más en Francia, el zacatecano experimentó y adoptó diferentes corrientes plásticas para ir conformando su propia visión, en el proceso, conoció a Lilia Carillo, con quien se casó. Junto con ella, a Vicente Rojo Almazan y Rodolfo Nieto, integraron La Generación de la Ruptura, estandarte con el que regresó a su país.

 

 

 

Afortunadamente para nosotros, Felguérez volvió para instaurar una nueva etapa en el arte nacional. En 1998 inauguró el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez en la ciudad de Zacatecas, donde se albergan alrededor de 100 de sus obras junto con otras 110 obras de artistas mexicanos e internacionales que trabajan con la misma visión.

Instalado en la CDMX, impartió cursos y realizó investigaciones en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, en la Universidad de Cornell en Nueva York y la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts. En 2016 recibió la Medalla Bellas Artes de México.

 

 

 

Su obra ha sido exhibida en los grandes museos de México y el mundo, en el pabellón de México en la Bienal de Venecia de 1986, en la Sexta Bienal de São Paulo en 1961, en el Museo Universitario Arte Contemporáneo en la Ciudad de México, la galería Páramo en Guadalajara, el Carpenter Center for the Visual Arts de Harvard, la Galería Durban Segnini en Miami.

Puedes conocer su obra en el Museo de Arte Moderno, en el Museo de Arte Carrillo Gil, o en la reja-tzompantli que rodea en Museo de Antropología en la CDMX. El pintor falleció a los 91 años el 8 de junio de 2020.

Foto destacada Revista Código

El venado es un animal mítico para varias culturas mexicanas
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Yaquis, mayos, huicholes, nahuas, zapotecos, chinantecos y mayas; de norte a sur, el venado tiene presencia y valor ancestral.

El animal sagrado de la cultura mexicana se encuentra en peligro de extinción.

 

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El venado es parte del cuadrante de los wixarika que comprende al toro, venado, maíz, peyote; para los yaquis tiene un significado muy especial para los pueblos originarios, quienes se vinculan con él de diferentes formas, en danzas, en tejidos y rituales y es probable que sea una de sus representaciones más populares es por La danza del venado. Para los mayos, pueblo que se ubica en Sonora y Sinaloa, los pasos de este animal marcan el amanecer de los tiempos, simbolizan el aspecto luminoso del mundo, en contra parte se ubica el pajkola, representante de los animales fieros como el chivo, el coyote y la culebra.

 

 

Esta danza es una batalla, el venado lucha para sacar al mal de la enramada, es la defensa del territorio, físico e ideológico que se tiene que librar todos los días. Los pajkola se burlan de la fragilidad humana de la ingenuidad del "hombre blanco", mientras esperan la aparición del hombre-venado quien los hipnotizará una vez más con su encanto.

Para los yaquis, si ves un venado en tus sueños, éste te otorgará dones. Para los pueblos que habitan Puebla, el venado posee un poder transformador pues, así como la serpiente mazacoatl muda de piel, así lo hace el cervato con su cornamenta.

 

 

 

En el mito sobre los hermanos Sol y Luna, que se narra en la Sierra Norte de Oaxaca, los hermanos matan al venado, su padre, y se lo entregan como alimento a la señora tepezcuintle, quien se encargaba de su cuidado. Comiendo el guiso, los hermanos perdieron toda humanidad, transformándose en astros.

Entre los zapotecos del sur, el animal es asociado con el tiempo climático. Además de participar en las ofrendas para pedir buena cosecha, es el anunciador de la lluvia. Los huicholes cuentan que, en el principio de los tiempos, los dioses seguían al venado buscando el amanecer, con su recorrido incansable fueron creando la tierra.

 

 

 

El venado al sentir lástima por ellos se sacrificó para transformarse en peyote que les permitió a los dioses experimentar las visiones sagradas: "Cazador y presa se vuelven uno". De todas las dimensiones del temazate, la menos imaginada es la erótica.

La cacería del animal se asocia con la seducción. Mixcóatl, dios de la cacería, se enfrentaban a diosas transformadas en venados en un acto con connotaciones sexuales. El juego mismo entre cazador y presa se considera erótico entre los pueblos originarios.

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A 47 años de la Cineteca Nacional, un recuento de sus películas más raras
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Aunque no todas las películas de arte son excéntricas esta lista te dejará con un recuente sorprendente del séptimo arte.

Serán casi cinco décadas de cine extrañamente bueno en la CDMX.

 

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La Cineteca Nacional de México abrió sus puertas el 17 de enero de 1974 con una película mexicana, por su puesto, que se proyectó en blanco y negro. Desde entonces, cientos de películas, filmografías de los mejores directores y actores de todo el mundo han pasado por sus pantallas, pero nada como estas diez.

 

Cleo de 5 a 7 (Cléo de 5 à 7), 1961

 

 

Esta película de Agnès Varda pertenece a la Nouvelle Vague francesa, narra la vida de una cantante hipocondriaca que está en espera de los resultados de unos estudios, mientras esperamos con ella, podemos ver su vida de las 5 a las 7 horas.

 

El Topo, 1970

 

 

Alejandro Jodorowsky es una persona rara, así que sus películas siguen la misma línea. Escrita, dirigida y protagonizada por él mismo, El topo es un western mezclado con surrealismo y trata de un pistolero que viaja por un desierto simbólico.

 

El planeta salvaje (La planète sauvage), 1973

 

 

La animación del director René Laloux, presenta a la humanidad como una raza inferior dominada por los Draag, provenientes del planeta Ygam. Te dará escalofríos ver a los Oms (los seres humanos), ser tratados como mascotas ¿te sentirás aliviado cuando veas escapar a Terr?

 

La zona (Stalker), 1979

 

 

La Zona es un lugar con magia debido a que años atrás calló un meteorito. Dos hombres se adentran en el terreno postapocalíptico en compañía del Stalker, quien pueden andar en aquellos sim perderse.  Andrei Tarkovsky, es el director que reúne, poesía, filosofía y ciencia ficción.

 

El almuerzo desnudo (Naked Lunch), 1991

 

 

Basada en la novela de Burroughs, vemos a un alucinante exterminador de insectos que, resistiéndose a aceptar su homosexualidad, comete atrocidades que lo autoexilian a la Interzona, donde suceden cosas tan extrañas como que su máquina de escribir cobre vida. Si ya vista La mosca, ya conoces el trabajo del director, David Cronenberg.

 

Amnesia (Memento), 2000

 

 

El famoso director Christopher Nolan, nos cuenta la historia de un hombre que padece amnesia. Y esa es, precisamente la narrativa de la película: un confuso sinsentido que se va ordenando de a pocos, con una colección de pistas que despistan.

 

Dogville (Dogville), 2003

 

 

El director danés Lars von Trier, nos muestra la historia de Grace en el Estados Unidos de la Gran Depresión, donde la codicia y el abuso eran cosa de todos los días. La escenificación de la película es la que la hace rara, un juego entre sonidos y las excelentes actuaciones, te sumergen en una historia que te mantendrá atento.

 

Inland Empire (2006)

 

 

Este thriller psicológico es tan raro como todos los largo metrajes de David Lynch, así que debes estar preparado para tres alucinantes horas de surrealismo que presentan a Nikki, una actriz que, por los celos de su novio, participa en un filme de muertes sospechosas.

 

Vidas extrañas (Holy motors), 2012

 

 

Como nadie sabe bien a bien, de qué va, se dice que la película es un tributo al oficio del actor. El director Leos Carax, nos lleva de la mano de Denis, que con distintos disfraces, es el protagonistas de historias inconexas en las que podrás ver a Eva Mendez y Killy Minoggue. 

 

Los colores del destino (Upstream Color), 2013

 

 

Kriss y Jeff que se enamoran debido a los efectos de un gusano con la propiedad de vincular seres. Sí, ciencia ficción pura. La película dirigida por Shane Carruth, es una crítica al control sociopolítico que seguro te recordará a algunas apps, pues dicho gusano es manipulado por el "compositor" quien crea un vínculo entre personas mediante la manipulación.

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