El Bosque de Tláhuac y su relación telúrica con un volcán extinto
Alba Bellini
El Bosque de Tláhuac lleva grabado sobre sí la historia del derrumbe de la ciudad y de un volcán que hoy se encuentra inactivo.

El Bosque de Tláhuac no le pide nada a otros cuerpos boscosos de la Ciudad de México.

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A las faldas del extinto volcán Teuhtli se halla uno de los bosques más reservados que poco ha tenido de notoriedad en comparación con otros sitios de la capital mexicana: el Bosque de Tláhuac. La delegación de Tláhuac es una zona muy conocida por sus cuerpos de agua, notoriedad, a caso, que le ha obsequiado el turismo de cientos de aves ?entre eso la elegante parvada de pelicanos blancos.

El Bosque de Tláhuac no le pide nada a otros cuerpos boscosos. Pirulo, eucalipto, casuarina y encino son sus principales habitantes. Si bien se trata de una reserva ecológica creada por el hombre ?con sus atracciones comunitarias como su alberca olímpica, una pista para correr, su Sala de Arte, el edificio para talleres y un lago artificial? pocas veces se le puede atribuir su carácter “artificial”. Porque este sitio, hace algunos siglos, se encontraba en un auge tan soberbio como la misma Tenochtitlán.

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Este es un bosque creado, literalmente, a partir de los escombros. Luego del desfavorable ocurrido tras el temblor de 1985 en la Ciudad de México, la zona que hoy abarca el bosque fue utilizada para contener los cascotes de la tragedia. Tras algunos años de planeación en 1992 se dio vida a una superficie verde que más tarde se conformaría de un lago.

Pero el hecho de haberse erigido, más allá de los escombros, de la voluntad comunitaria, no es su única fuerza.

Posado sobre “laderas volcánicas”, el Bosque de Tláhuac lleva grabado sobre sí la historia de un volcán que hoy se encuentra inactivo, sin embargo con algunas pocas probabilidades de resurgir, quizá, algún día.  Nombrado también Teuctzin (señor), el volcán extinto de Teuhtli es parte de la Sierra de Ajusco Chichinauhtzin y se encuentra entre delegaciones como Milpa Alta, Xochimilco y parte de Tláhuac. Si bien su altura alcanza los 2710 metros, es en realidad su diámetro ?poco más grande que esta cifra? lo que asombra.

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Como fielmente se creía en el antiguo Valle de México, la presencia de un volcán en ciertos territorios le atribuía un carácter inmediatamente sagrado. Y en este sentido, este es uno de los bosques más privilegiados de la Ciudad de México.

Bosque de Tláhuac

Dirección: Av. la Turba 800, Miguel Hidalgo 13200

Horarios: martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas.

/ ¿Cómo llegar?

/Imagen principal: panoramio

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Acamaya: ni camarón ni langosta, el delicioso crustáceo prehispánico
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La acamaya es un fino crustáceo que se degusta principalmente en la costa del Golfo y sólo en ocasiones muy especiales.

Foto destacada: Animal Gourmet

La Acamaya también conocido como camarón de río o prieto o langostino de río.

 

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En México siempre se ha comido bien, la abundancia de nuestra tierra, de nuestros ríos y mares nos ha dado ingredientes únicos desde tiempos prehispánicos, como las acamayas que desde aquellos días hasta hoy se siguen consumiendo.

Naturales del Golfo son consumidas en varios estados bajo una amplia variedad de recetas que elevan su sabor ¿las has probado? ¿las has visto? Aquí te decimos todo sobre este crustáceo prehispánico.

 

 

Acamaya ¿camarón o langosta?

 

El nombre de la acamaya proviene de los vocablos náhuatl acatl, caña y mayatl, escarabajo; el "escarabajo de las cañas" debió tomar ese nombre pudo haber tomado ese nombre porque en su estado natural vive entre los carrizos de los ríos.

A pesar de su nombre, la acamaya no es un escarabajo, tampoco es un tipo de camarón ni de langosta. Aunque se le conozca como camarón de río o prieto o langostino de río (entre muchos otros que tiene) la acamaya, Macrobrachium acanthurus, es un crustáceo distinto.

 

 

Por sus características físicas, la acamaya se puede confundir con un camarón, las más grandes incluso con una langosta, pero ésta es de un peculiar tono amarillo que va al azul, al ser cocida toma un intenso color rojo. Su tamaño puede ir desde los 8 hasta los 18 centímetros.

 

¿Dónde se consigue la acamaya?

 

La acamaya se puede conseguir a lo largo de todo el año, en las desembocaduras de los ríos del Golfo de México, son más comunes de forma natural en Puebla, Oaxaca, Chiapas y Veracruz, también se consiguen en cultivados como los de Tabasco y Chiapas donde crían una variedad que se llama pigua.

 

 

¿Cómo se come la acamaya?

 

Lo más común es que las acamayas se preparen al mojo de ajo, fritas o en cebiche, pero no hay como introducirse a la gastronomía regional para descubrir la maravilla culinaria de México, en la que cada ingrediente cuenta.

En Oaxaca se prepara un sencillo adobo que supera cualquier expectativa, chile guajillo, chile ancho, laurel, jugo de naranja, comino, ajo y orégano se reúnen para acentuar el sabor de la acamaya, que servirá acompañada de arroz, frijoles y plátanos fritos.

 

 

En San Rafael, Coatepec, Cempoala, Jalcomulco y Cuitláhuac, municipios veracruzanos se prepara el inigualable pipián de acamayas, más al norte hacen huatape, una sopa a base de maíz que lleva pescado, pollo, carne, verduras, quelites y claro, acamayas.

 

 

Acamayas

¿Dónde? Sobre todo, en Puebla y Veracruz

¿Cuándo? Todo el año

¿Cuánto? Hasta $1,500 pesos por kilo

La historia de sillas confidentes, el diseño romántico de los parques yucatecos
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La historia de la silla para amantes en las que puedes comer marquesitas y sacar la tradicional selfie en tu visita a Mérida.

Foto destacada: Rodolfo Anzaldua

Solo en Mérida podrás sentarte en las sillas confidentes, "tú y yo".

 

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Visitar Mérida es una delicia por su clima, su comida, sus postres y también por su preciosa arquitectura que con los años ha ido creando sus propios clásicos, como las famosas "sillas confidentes" o "tú y yo" que se ven en varios puntos de La Ciudad Blanca.

Las sillas "tú y yo" forman parte de la identidad yucateca desde que fueron instaladas en 1915 durante la remodelación de la Plaza de la Independencia o Plaza Grande en Mérida, punto desde el cual invadieron rápidamente los parques y rincitos verdes de todo Yucatán.

 

 

¿Cómo son las "sillas confidentes"?

 

Como la ciudad que las vio nacer, las también "sillas confidentes" suelen ser blancas, pero su estructura es lo que las hace tan peculiares. Son dos sillas con brazos colocadas una frente a otra de manera casi paralela y unidas por uno de sus brazos. Vistas desde arriba parecen una s.

El diseño de la base y los brazos puede llegar a variar, lo que sería raro que cambiara es su respaldo redondeado que las hace muy cómodas, perfectas para intercambiar confidencias, secretos y una que otra palabra de amor, dicen que para eso fueron hechas.

 

 

La leyenda de las sillas "tú y yo"

 

Claro, las "tú y yo" (que son toda una personalidad) tienen su leyenda que explica la razón de su peculiar diseño. Cuentan los yucatecos que un hombre tenía una hermosa hija que adoraba no con exclusividad, pues un joven empezaba a pretenderla.

Como muchos otros padres el asunto no le agradaba del todo, pero tampoco quería impedir que se vieran, el dilema aumentó cuando un día los vio muy juntitos en la banca que estaba fuera de su casa. Definitivamente algo debía hacerse, una silla, por ejemplo.

 

 

El diseño de la "silla confidente"

 

Dicen que fue así como el diseño de la silla confidente nació, porque permite platicar de frente sin que los interlocutores tengan que estar tan cerca ni tocarse tanto. Aunque es una linda leyenda urbana, el diseño proviene desde Francia.

Se sabe que su nombre original es tête-à-tête, frente a frente, fueron creadas a finales del siglo XIX, pero se desconoce el nombre de su diseñador original. En Europa tomaron mucha fama sobre todo por la vida victoriana que buscaba toda oportunidad para el buen comportamiento.

 

 

Como bien se sabe, en aquellos días en México estaba muy de moda importar diseños franceses, estas sillas no fueron la excepción, lo curioso es que su uso solo tuvo una fuerte trascendencia en Mérida y no en la CDMX donde más se observaban esfuerzos del afrancesamiento.

Variantes de las sillas tête-à-tête se siguen creando, incluso Salvador Dalí también hizo su versión, pero ninguna como las yucatecas que acompañadas de una deliciosa marquesita arman la tarde perfecta. Si vas a Mérida no olvides la selfie.

 

Ni hombre, ni mujer, sino muxe: el tercer género en Oaxaca
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Los muxes cumplen un rol social, económico y político en las comunidades, además de preservar la cultura zapoteca.

Foto destacada: Hiptex

Los muxes es el tercer género, y un rasgo de la identidad zapoteca. 

 

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Son de Tehuantepec Oaxaca, una de las principales ciudades de la cultura zapoteca que ha logrado sobrevivir el paso del tiempo, y que se denominan a sí mismos del tercer género: los muxes.

Los muxes son personas que nacieron biológicamente hombres, pero que adoptan roles de mujer, pero no están en competencia con otras mujeres. En zapoteco, como en inglés, no hay géneros gramaticales. Solo hay una forma para todas las personas. Los muxes nunca se han visto obligados a preguntarse: ¿son más hombres o más mujeres?

Se les llama muxes. Los textos académicos y los artículos periodísticos definen a esta comunidad como "hombres que presentan características femeninas", "travestis", "mujeres transgénero o transexuales" o como un "tercer género". Es difícil encontrar una sola definición de muxe. "Aún tengo dudas sobre si se debe llamar un tercer género porque si un hombre adopta características femeninas no deja ser hombre, solo escapan de la heteronormatividad.  Por otro lado, si una muxe aspira a ser mujer o se identifica como mujer, entonces no es un género distinto. En la muxeidad hay muchas capas y no todos se identifican o son identificados de la misma forma". Dice Lukas Avendaño, quien forma parte de la comunidad.

 

 

Se ha dicho que hay cerca de 3 mil muxes en la región, algunos que sí buscan hacer transformaciones en sus cuerpos, aunque no es su función principal, la cual está basada en aspectos familiares y sociales.

Los zapotecos son indígenas que reconocen el tercer género, importante para la reproducción etnosimbólica de los zapotecos, para nuestra cultura mexicana y sobre todo, un grupo que es totalmente reconocido, aceptado, y amado por sus familias.

 

 

Rol social de los muxes

 

Asimismo, los muxes juegan un rol importante en la familia y en las festividades oaxaqueñas, como la celebración de las velas donde la comunidad muxe se viste con el huipil característico de la mujer istmeña: falda florida, larga, un huipil decorado con muchas flores, abundante joyería de oro tanto en el cuello, en las manos, en los aretes, maquillaje abundante y el trenzado del cabello.

También difunden la vida, cultura e historia zapoteca contemporánea, que a pesar de padecer homofobia como en todas las culturas, en general son tolerados en la comunidad. Sobre todo, difunden la idea en voga de que la sexualidad no es binaria, aunque los muxes han sido aceptados como el tercer género de forma histórica y bien reconocida.

 

 

Aunque es un asunto bastante comentado hoy en día por diversos grupos e investigadores sociales, para los muxes, desde hace mucho tiempo, la sexualidad no es sólo biológica, sino que está regulada y construida por la sociedad, la cultura, los valores, la ética, la religión.

Así que, el panorama de esa forma binaria de ver a las relaciones en las comunidades muxes de Oaxaca, también nos permite comprender la complejidad del mundo actual.

De hecho, algunos muxes se casan con mujeres y siguen preservando el rol de muxes, tanto como el rol del cuidado de la familia, mientras que hay otros muxes que se casan con hombres. Así que no son hombres, ni son mujer, sino muxe y eso también los dignifica.

 

 

Muxes del Istmo de Tehuantepec

 

Así, pues, el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, hay tres géneros: hombres, mujeres y muxes. Esta tercera clasificación ha sido reconocida y celebrada desde la época prehispánica, y es difícil imaginar una vida en Oaxaca sin muxes.

Hoy en día, los muxes continúan vistiéndose con la ropa tradicional del Istmo, otros prefieren vestidos de estilo occidental y los que desean usan ropa de drag queen. No importa las prendas de vestir que se usen, los muxes siempre imprimen su identidad étnica y preservan sus tradiciones y cultura.

 

 

 

El muxe es un término propiamente zapoteco y se puede entender mucho mejor, solo viendo el contexto cultural, político y socio histórico en el que se desarrolló. Así que el muxe solo existe en el Istmo de Tehuantepec.

4 programas de terror mexicanos que nos llenan de inquietante nostalgia
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Terror con manufactura nacional, suspenso y nostalgia que nos dejaron estos cuatro grandes de la televisión y la radio.

Foto destacada: Kalot

 

 

Como si se tratara de la mismísima prehistoria, recordar los pocos programas mexicanos de terror es como un ejercicio arqueológico moderno que pasa por la nostalgia para terminar recordando que en México se hacían series y podcast originales.

Antes de los grandes titanes del streaming, la televisión y la radio se encargaban de hacer su propio material, la poca variedad en el mercado del entretenimiento obligaba a ofrecer distintos productos, como los muy escasos de terror.

Estos son los 4 programas de terror mexicano, que fueron grandes en su época.

 

 

La Hora Marcada

 

  

Allá cuando la tele era de bulbos, Televisa transmitió en 1986 una serie que mezclaba ciencia ficción y terror, La Hora Marcada, producida por Carmen Armendáris, con fotografía de Emmanuel Lubeski, ganador del Oscar.

La que se volvería serie de culo narraba una historia diferente cada capítulo siendo su única constante "la dama de negro", la muerte. Su formato permitió que varios jóvenes directores incursionaran por primera vez y que luego representarían a México internacionalmente.

 

 

Alejandro González Iñarritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro participaron en esta serie haciendo de todo no sólo dirigiendo; por ejemplo, Del Toro escribió 5 episodios, dirigió 6 y hasta hizo maquillaje (lo cual no extraña a nadie).

Por La Hora Marcada desfilaron los más grandes artistas como Patricio Castillo y Yoshio, pero también los que buscaban un lugar frente a la pantalla como la pequeña Anahí, ¡hasta los grandes youtubers de nuestros tiempos! Como Pedro Sola, aquí te dejamos el capítulo donde sale.

 

 

 

La Telaraña

 

 

Casi al mismo tiempo, entre 1986 y 1993 fue transmitida La Telaraña, que a diferencia del programa anterior mostraba historias que iban del terror al suspenso y que terminaban con alguna muy forzada moraleja.

La Telaraña utilizó temas originales para su entrada y para su música incidental, compuestos y ejecutados por Eduardo Bermúdez Motta. Los jóvenes Eugenio Derbez, “Radames” de Guerra de chistes y El “Repor” de Matutino Express, actuaron en algunos de los capítulos.

 

 

Apague la luz y escuche

 

 

Pero antes de que aquellos programas fueran famosos ya existía la radio, que todavía en la década de los 70 reunía a más público y que hoy ha alcanzado formatos como el podcast. Algunos de aquellos programas inolvidables fueron Apague la luz y escuche.

La inconfundible voz de la leyenda de la radio, Arturo de Cordóva, fue la pesadilla de los niños que usaron mezclillas acampanadas que aún recuerdan la frase "Nadie sabe, nadie supo, nadie sabrá? jajajajajaja?". Aquí puedes escucharlo otra vez.

 

 

La Mano Peluda

 

 

Por último, pero no menos importante el programa mexicano de terror que más ha durado al aire y que goza con más popularidad entre jóvenes y adultos, La Mano Peluda, el programaba que inventó el término "radio terror".

Por medio de Radio Formula y con su primer conductor Rubén García Castillo, La Mano Peluda salió al aire el 13 de agosto de 1995, para recibir las llamadas de los "peludomaniácos" que desean compartir sus horríficas historias.

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