Arte y Cultura
Los Pasajes de Luz de James Turrell iluminarán al Museo Jumex
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James Turrell, artista mundialmente reconocido por sus exposiciones acerca de la luz y atmósferas lumínicas a gran escala, llegará al Museo Jumex de la CDMX.

El artista estadounidense James Turrell, quien se caracteriza por emplear la luz como medio y los campos saturados de color para que su obra adquiera una presencia física, llegará al Museo Jumex de la Ciudad de México a partir del 22 de noviembre.

La exposición Pasajes de luz presenta nueva obra de las series más importantes de Turrell, que se distribuirán en dos de las galerías del Museo Jumex.

 

 

Durante más de medio siglo, James Turrell ha trabajado directamente con la luz y el espacio para crear obras que involucran a los espectadores con los límites y la percepción humana.

El artista “considera al cielo como su estudio, material y lienzo”, dice la página oficial de Turrell.

La exposición constará de dos instalaciones a gran escala que “ofrecen un contraste de experiencia, ya que la pérdida de horizonte se produce tanto en la luz como en la oscuridad, según el Museo Jumex.

 

 

Ganzfeld, está concebida para la galería del primer piso, y que forma parte de una de las series clave de las instalaciones del artista, origina una experiencia que disuelve la arquitectura por medio del uso de “campos totales” de color intenso.

Turrell crea una experiencia similar a la de Ganzfeld: una palabra alemana para describir el fenómeno de la pérdida total de la percepción de profundidad.

Estas obras se ubican junto a los experimentos más recientes de Turrell, que utilizan tecnologías actuales como la holografía y la iluminación controlada por computadora para ampliar su campo de práctica, revelando así la materialidad de la luz.

 

 

En la galería 2, varias instalaciones trazarán la trayectoria de Turrell, desde las primeras obras experimentales que realizó en Los Ángeles en 1960 hasta las instalaciones a gran escala en el Museo Jumex.

Estas obras, según el Museo, se ubican junto a los experimentos más recientes de Turrell, que utilizan tecnologías actuales como la holografía y la iluminación controlada por computadora para ampliar su campo de práctica, revelando así la materialidad de la luz.

 

 

Pasajes de Luz de James Turrell

Dónde: Museo Jumex

Dirección: Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra 303, Granada, 11520 Ciudad de México

Cuándo: 22 de noviembre 2019

La exposición de B. Duck el patito de hule más aventurero del mundo
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La exposición B Duck en el Mumedi presenta al famoso pato de hule a través de las fotografías de varios rincones de México.

B. Duck en el Mumedi te dejará con una gran sonrisa en la boca.

 

El Museo Mexicano del Diseño se caracteriza por sus exposiciones muy cercanas al pop y al gusto del gran público. El Mumedi es un espacio multidisciplinario dedicado a la exhibición, experimentación, degustación y comercialización del diseño y la creatividad.

El Mumedi siempre presenta muestras de los mejores exponentes de diseño mexicano e internacional, dejando claro su papel de embajadores y haciendo una invitación constante al público a través de eventos, exhibiciones y productos a la venta y,  a las mentes creativas no ligadas al diseño para que se acerquen a esta disciplina.

 

 

 

Esta ocasión este museo abrió al público la exposición fotográfica del patito de goma B Duck, misma que reúne 150 imágenes compartidas por la gente y la fotógrafa Cris García, en la que se retoma una idea que se ha realizado en distintas partes del mundo.

Esta exposición consiste en retratar al juguete en “modo aventurero” y recorriendo distintos escenarios. El Mumedi recopiló fotografías enviadas mediante una convocatoria pública y seleccionó 90 que le parecieran que retomara el espíritu turista del patito de hule y lo transformó en una exhibición junto con otros objetos relacionados con el clásico juguete.

 

 

 

Esta idea surgió en la Duck Store de Ámsterdam (en la que se venden toda clase de objetos de patitos de goma) cuando la marca retomó una declaración del holandés Florentijn Hofman, un artista que hace instalaciones con patos de hule, y la transformó en una muestra artística al recopilar imágenes de gente que fotografiaba a sus juguete:

Su obra más conocida es precisamente Rubber Duck, que hizo su debut en 2007 en Saint-Nazaire, Francia, y desde entonces ha aparecido en muchas ciudades del mundo. Pero en general trabaja en la reproducción de versiones grandes de objetos cotidianos, como pisos laminados y chanclas. Con estas esculturas, quiere hacer las vidas de las personas más felices. El propósito de su arte es promover el mensaje de curación.

 

 

Ahora es el turno de México para presentar su imaginación y creatividad a la hora de “pasear” a sus patitos de goma y si deseas darte una vuelta en esta exposición,

Así es como B.Duck se ha convertido en el patito más aventurero del mundo. Y el Mumedi ha retomado la idea para todos los fanáticos del famoso patito de goma. Esta expo tiene el objetivo de fomentar el ejercicio de la fotografía y del buen diseño, y con estas fotos dar un recorrido visual por el mundo, estimulando la creatividad, todo a través de B.Duck. Para cerrar con broche de oro, al final de tu recorrido podrás adquirir uno de estos patitos en la tienda del museo.

 

 

 

Exposición B. Duck en el Mumedi

Dónde: Mumedi (Francisco I. Madero 74, Centro)

Cuándo: Del 16 de agosto al 20 de octubre de 2019. De lunes a viernes de 10:00 a 20:00 horas. Sábado y domingo de 9:00 a 21:00 horas.

Costo: $55 pesos por persona

Los recorridos guiados se hacen cada 30 minutos.

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Los Cuerpos Relicario de las catacumbas romanas que hay en la CDMX
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Los cuerpo-relicarios que viajaron desde Roma para ubicarse en diferentes templos como la Catedral Metropolitana, el templo del Carmen en San Ángel.

Fotografía Joanna Ebenstein Morbid Anatomy

Conoce la historia de los cuerpos-relicario que hay en nuestro país.

 

Relicario proviene del latín reliquiae,​ y hace referencia a la caja o estuche para guardar reliquias o recuerdos de los santos y exponerlas a la veneración de los fieles. Estuvieron en uso con el nombre de encólpium ya en los primeros siglos de la Iglesia, aunque por entonces tenían carácter privado y se llevaban pendientes del cuello en forma de cajitas o de medallas con figuras e inscripciones.

Los relicarios más antiguos son ejemplares del siglo IV regalados por San Gregorio a la reina Teodolina. Entre ellos, se encuentran ciertas botellitas muy comunes en aquella época, que sólo contenían algodón empapado en aceite bendecido o tomado de las lámparas que ardían junto al sepulcro de algún mártir. Para la veneración pública de las reliquias en aquellos primeros siglos bastaban los sepulcros y altares que las contenían.

 

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Los cuerpos de los mártires fueron tan preciados y dignos de veneración que muchos fieles recogían la sangre derramada del santo, empapándola en esponjas, paños o cualquier otra materia absorbente. Esta reliquia era llamada sangre de los mártires. También se compraban ungüentos y las envolvían en ricos tejidos, para que lo frotaran sobre el cuerpo del santo hasta que finalmente se llegaba a pagar por el cuerpo de un mártir sumas considerables para darle sepultura.

Durante muchos años se llegaron a depositar los cuerpos-reliquia en las puertas de las iglesias que los fieles besaban antes de entrar. Otro lugar donde se conservaban era en oratorios privados y a veces incluso en casas particulares. En la segunda mitad del siglo IV empezó la práctica de fragmentar los cuerpos para que todos los fieles pudieran apreciar la reliquia.

 

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Finalmente, se crearon los cuerpo-relicarios en 1578: figuras de cera moldeada de tamaño natural de los santos de devoción de cada iglesia.  Esto se dio en la ciudad de Roma, cuando se descubrieron las catacumbas donde descansaban las osamentas de los primeros mártires de la cristiandad, que fueron llamados corpi santi o cuerpos santos. En México existen algunos de estos cuerpos de los mártires san Vicente Niño y San Deodato, pertenecientes a la colección de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, y de san Clemente, del templo del Carmen, en San Ángel.

Desde 2015 estos cuerpos fueron sometidos a un análisis de radiología digital directa, mediante el cual se determinó la ubicación exacta y el tipo de restos óseos que fueron colocados en su interior hace más de tres siglos. A través de esta tecnología no invasiva, expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaron dentro de las esculturas un cráneo, costillas, huesos sacros, falanges de pies y manos, tibias y cuatro pequeños fragmentos de material óseo. Asimismo, se identificó que en estas piezas, la cabeza, piernas y brazos son de cera y el torso de tela, además se registró la presencia de elementos metálicos.

 

Foto Siempre!

Foto Siempre!

 

“El objetivo fue apreciarlos desde un punto de vista científico, para saber cómo se construyeron, conocer el estado de conservación que tienen las reliquias y plantear una propuesta de intervención”, comentó en ese entonces Gabriela Sánchez Reyes, especialista de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH. La radiología digital que se utilizó para esto, es una herramienta portátil que proporciona información en segundos permitiendo hacer grandes acercamientos para su análisis y registro.

El cuerpo-relicario de san Vicente Niño perteneció a la Colegiata de Guadalupe, que hoy se conoce como la Basílica, y el de san Deodato procedía del Ex Convento de Santa Teresa la Nueva, desde el siglo XIX ambos forman parte de la capilla de las reliquias de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, donde se muestran en la festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, junto con otro medio centenar de relicarios hechos en plata, oro y madera.

 

Foto Siempre!

 

Foto Siempre!

 

La reliquia de San Vicente Niño cuenta con una “Auténtica”,  es decir, un documento expedido por la Santa Sede en 1772, que certifica que es un mártir de las catacumbas romanas. Mientras que el de San Deodato no se ha localizado en los archivo de la Catedral. Se cree que la reliquia de San Vicente Niño fue donada por algún clérigo o personaje acaudalado, y los inventarios de este templo mexicano tiene registros de 1588.

En Lagos de Moreno, Jalisco también se completó el análisis de radiología y registro tridimensional del relicario de san Hermión Mártir, obra resguardada en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, en Lagos de Moreno, Jalisco, el cuál contiene numerosos restos óseos, probablemente la osamenta completa, de una de las primeras personas inmoladas por defender la cristiandad.

 

 

Sólo dos días al año, el 1 y 2 de noviembre, la Capilla del Santo Entierro y de las Reliquias de la Catedral Metropolitana, abre sus puertas para recibir a cerca de 40 mil visitantes donde es posible ver las 211 reliquias de primer grado (osamentas) de los primeros santos del catolicismo. La capilla no estaba dedicada a reliquias, pero cuando llegaron los restos óseos en el siglo XVI, se modificó para hacer espacio a las urnas, que están ocultas detrás de pinturas alusivas a los restos que cada una contiene. La Catedral Metropolitana de la CDMX también tiene en su acervo los cuerpo-relicarios.

En la iglesia Santa Teresa la Nueva, de la calle Loreto 15 del Centro histórico de la CDMX, Gabriela Sánchez Reyes, investigadora de la Coordinación Nacional de Monumentos del INAH, es la investigadora de la escultura de una bella mujer dormida con el nombre de Santa Celeste, que en su interior resguarda auténticos huesos humanos dando forma a sus manos y pies.

 

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Chicomecóatl es la gran diosa del maíz personificada en la mazorca
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Chicomecoátl es palabra náhuatl que quiere decir “Siete Serpiente” y era el nombre de la gran diosa del maíz.

La gran diosa del maíz que le ofreció a los humanos la primera tortilla.

 

 

Chicomecóatl era la diosa mexica de la subsistencia, en especial del maíz, y  principal patrona de la vegetación y diosa de la fertilidad. En náhuatl chicome significa siete y coatl serpiente, algo así como siete serpiente. Esta deidad representa la parte femenina de Centéotl, que en la mitología mexica es el dios del maíz y el patrón de la ebriedad.

A Chicomecóatl se le podría llamar también Xilonen (la peluda), refiriéndose a las barbas del maíz en vaina, se la consideraba “joven madre del jilote (maíz tierno)”, así era protectora de una de las fases del ciclo del maíz.  Xilonen también podía ser llamada Centeocíhatl y se encontraba casada con Tezcatlipoca.

 

 

El culto a Chicomecóatl se da sobre todo durante el periodo cultural medio, su culto se centraba en el mes huei tozoztli (del ayuno prolongado) que se sitúa en septiembre. Entonces los altares de las casas eran adornados con plantas de maíz y en los templos se bendecían sus semillas, mientras le era ofrecida en sacrificio una joven decapitada que representaba a la diosa, cuya sangre se vertía sobre una estatua de Chicomecóatl, mientras que con su piel, una vez desollada, se vestía un sacerdote.  Por otra parte Xilonen también recibía sacrificios humanos el 24 de junio para conseguir una cosecha abundante.

En los códices mexicas tenía pintados de rojo cuerpo y rostro y con los atributos de Chalchiuhtlicue, como su tocado (una especie de mitra de papel) y pequeñas líneas sobre sus mejillas. En las esculturas lleva en cada mano una doble mazorca de maíz. Los nombres calendáricos en el lenguaje adivinatorio que llevan el numeral siete significan semillas, en pocas palabras, “siete serpientes” es la denominación secreta del maíz, al igual que las pepitas de calabaza se denomina como “siete águilas”.

 

 

 Chicomecóatl representa el concepto sagrado de la fertilidad que tenía significativa vigencia más allá de los límites de Tenochtitlan. Durante las festividades del culto a Chicomecóatl, el pueblo ayunaba cuatro días durante los cuales colocaban espadañas junto con las imágenes de los dioses, cortadas y con sangre de partes de cuerpo humano como orejas y piernas que se obtenían mediante el autosacrificio.

Los jóvenes de ambos sexos pedían limosnas en las casas donde se encontraban colgadas las fotos. El pueblo frente al templo de la diosa, ofrecía todo tipo de maíz, frijoles y chía. También los niños que se juntaban y que se compraban, en el primer mes, eran sacrificados en esta celebración con el fin de obtener lluvias. La celebración de este culto hacia Chicomecóatl, estaba dirigida a la creación de las semillas del maíz para asegurar su continuidad vital y obtener su principal mantenimiento.

 

 

La deidad del maíz se desdobló también en una serie de diosas relacionadas con Cintéotl, el “dios mazorca”, que era la personificación de la mazorca (cintli  en náhuatl). Cintéotl era hijo de la diosa de la tierra y del dios solar. Es de notar que las diosas del maíz se agrupaban según edades: el maíz tierno, Xilonen, diosa del jilote, y Chicomecóatl (“Siete Serpiente”), quien también era una diosa joven que personificaba el crecimiento del grano del maíz.

Chicomecóatl formaba una tríada con las diosas Chalchiuhtlicue, patrona del agua de las fuentes y lagunas, y Huixtocíhuatl, diosa de la sal y de la fertilidad del mar. De acuerdo con Sahagún, “estas tres diosas eran las que mantenían a la gente popular”. En las fiestas del calendario mexica, a cada una de estas diosas les correspondía una fecha que también representaba un momento significativo del ciclo agrícola anual.

 

 

Su templo recibía el nombre de Chicometéotl Iteopan.  En el ámbito de la Madre Tierra, sustentadora de la existencia humana, Chicomecóatl, era alabada con este canto:

 

Siete-mazorcas, ya levántate, ¡despierta (…)!

¡Ah, es nuestra Madre!

Tú no nos dejarás huérfanos:

Tú te vas ya a tu casa, el Tlalocan.

Siete-Mazorcas ya levántate, ¡despierta…!

 ¡Ah, es nuestra Madre! Tú no nos dejarás huérfanos:

Tú te vas ya a tu casa, el Tlalocan.

 

 

El pueblo cantaba esta canción que se consideraba más bien como un himno para despertar a Chicomecóatl o Chicomolotzin, en pocas palabras se imaginaba como a la vegetación dormida. Se pensaba que el grano que era sembrado iba al paraíso del este que era lugar donde se unían la fertilidad-abundancia-resurrección llamado Tlalocan, que era un mundo del color rojo como la vestimenta de la diosa y del maíz joven, diferente del blanco maíz maduro que está asociado al oeste, a Teteoinan-Tochi, diosa de la tierra.

Animales fantásticos de la mitología prehispánica
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Estas criaturas de leyenda no tienen nada qué desear a los monstruos mitológicos europeos de la antigüedad.

Estos animales no tienen nada que envidiar a la mitología europea.

 

El mundo prehispánico tuvo seres mitológicos que nada tienen que envidiarle a los cuentos medievales. La cultura mexicana tiene una gran riqueza cultural, en especial en lo referente a los grandes pueblos nativos de la antigüedad.

Los animales particulares de la fauna mexicana, que mencionaron los sabios indígenas a Fray Bernardino de Sahagún, en descripciones a medio camino entre el mito y la realidad, reflejan una vivencia cotidiana más profunda e imaginativa que las que podemos tener en la actualidad.

Para nuestros antepasados prehispánicos, la naturaleza proveía de todo lo que conocían y el cuidado de lo que les regalaba era una forma de vida. En el caso particular de los animales, las antiguas culturas comenzaron a dominarlos, para que de forma mágica lograran atrapar su esencia o espíritu, fue así que el ser humano dio el primer paso en el camino donde los animales formaron parte del pensamiento mágico religioso.

 

 

Los animales que los circundaban eran manifestaciones de poder de la misma naturaleza. Cada uno tenía un aura única, particular, una personalidad que era una significación de los dioses para con los hombres. De esta manera los animales eran manifestaciones divinas y por lo tanto sagrados.

Los dioses prehispánicos llevaban alusiones a animales según el poder que representaban. Las deidades mismas eran en parte animales, y los hombres más sobresalientes en el terreno de lo sobrenatural eran capaces de convertirse en ellos en forma de nahuales. Por ello un animal no era solo un animal, era muchas cosas, entre ellas, de origen divino.

En las culturas prehispánicas había algunos animales que jugaron un rol más importante, muchos de ellos eran considerados sagrados ya fuera por su belleza, su carácter, su fortaleza o su imponencia.

Aquí te dejamos algunos animales fantásticos de la mitología prehispánica.

 

Atzitzicuílotl

 

 

Las atzitzicuílotl eran unas avecillas que habitaban en los parajes lacustres del México. Criaturas redondas con picos negros, largos y agudos. Se decía que llegaban desde las nubes de lluvia y se arrojaban desde el cielo en prodigiosa zambullida y no se les volvía a ver más, sino transformados en bancos de peces de colores que se perdían en la profundidad de las aguas.

 

Cipactli

 

 

En la mitología azteca el Cipactli o “el lagarto negro” era una voraz, primitiva y monstruosa criatura marina, mitad cocodrilo y mitad pez. Estaba siempre hambrienta y en cada junta que unía sus 18 cuerpos había una boca adornándola. Tezcatlipoca sacrificó un pie al utilizarlo como cebo para atraerlo.

 

Dzulum

 

 

Dzulum fué un monstruo que aterrorizó a los mayas llevándose a sus doncellas y seduciéndolas con su atractivo pelaje; físicamente se mostraba hermoso ante las mujeres y horrible para los demás. Se describe como un jaguar gigante de pelo hermoso y brillante ante la luna, mirada enigmática o a veces como un lobo-humano muy grande, roñoso, dientes y garras afiladas.

 

Atotolin

 

 

El atotolin o gallina de agua era considerado como el rey de todas las aves de las zonas lacustres de Tenochtitlan. Tenía la cabeza grande, cuerpo largo y pico amarillo, la cola y las piernas cortas y fuertes. Para cazarla, los hombres tenían que perseguirla durante varios días. Si se cumplían cuatro días y no se le atrapaba, el atotolin miraba serenamente a sus perseguidores y comenzaba a dar grandes voces para llamar al viento. Quienes lograban cazar a un atotolin y le abrían la barriga con un punzón denominado minacachalli, podían encontrar una piedra preciosa o un carbón que era un aviso de muerte segura para el cazador.

 

Yoaltepuztli

 

 

En los bosques cercanos a Tenochtitlan aparecía este ser sin cabeza rondaba haciendo ruidos semejantes a la tala de un árbol. Quien lo escuchaba acudía a él a pedir su favor, riquezas, capturar un guerrero enemigo o cometer alguna hazaña. Este ser les brindaba a algunos lo pedido, a otros pobreza y miseria. El fantasma obsequiaba espinas de maguey y, entre más valiente y de espíritu más indómito fuese su visitante, más espinas recibía. Así, a los más débiles les regalaba una y a los más esforzados hasta cuatro espinas y la gracia de sus favores.

 

Ahuizotl

 

 

Era una criatura con forma de perro, manos de mono y con una larga cola que terminaba en una mano y con la que ahogaba a los incautos. Estaba al servicio de las deidades del agua, por lo que la víctima sólo podía ser tocada por los sacerdotes luego de haber sido sacada del agua. Era símbolo de mala suerte y desgracia.

 

Ixpuxtequi

 

 

La mitología de los nahuas tenía una de las cuatro deidades de la muerte. Su nombre, derivado del náhuatl, significa “cara rota”. En el Códice, esta deidad es representada como un ente con pies de águila. Los antiguos mexicanos pensaban que Ixpuxtequi vagaba por las noches por las calles y caminos para sorprender a los viajeros solitarios.