Gastronomía
La Ex Hacienda San Andrés Ayapango, una edificación del siglo XVI
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Cerca del Parque Nacional Izta-Popo se encuentra un lugar para relajarse por completo del caos de la gran ciudad.

En la Hacienda San Andrés el caos citadino se te olvidará.

 

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La Hacienda San Andrés es un lugar para desconectarte de la rutina diaria y entrar en las instalaciones de un lugar hermoso, alejado de la vida urbana, donde podrás vivir la experiencia disfruta de la vida de campo por unos días.

Esta Hacienda se caracteriza por ser un lugar autosustentable, con paneles solares para reducir el uso de energía eléctrica y es un sitio que produce sus alimentos ya que tienen huertos y una linda granja.

 

 

 

Es una antigua edificación del siglo XVI con cientos de hectáreas que alguna vez fueron utilizadas para la explotación de madera usada en las construcciones de ferrocarriles.

Más tarde, durante la Independencia de México vio ir y venir a los revolucionarios y federales ya que usaban la casa como cuartel secreto.

Años después la propiedad fue comprada por un productor de cine y televisión quien reconstruyó el lugar para hacer un centro de producción, aunque también fungía como terreno para sembrar granos y criar reses.

 

 

 

 

La estructura ha sido inspiración para diversos documentales, programas para niños y adultos, así como también para películas de ficción y aventura. S lugar fue visitado muchos directores, actores, actrices y artistas reconocidos, además, varias de las pinturas y obras de la hacienda se encuentran en las paredes de este sitio.

Hoy en día, el edificio funciona como hotel y spa con objetivo de traer el campo a la ciudad para brindar un servicio innovador y único para los que se hospedan dentro de sus enormes cuatro paredes.

 

 

El Hotel tiene nueve habitaciones y cada cuarto tiene una decoración única, haciendo más especial tu estadía. Dentro de las habitaciones se espera que te desconectes de los aparatos electrónicos para que encuentres una armonía ideal para una plena relajación y olvidarte del estrés de las redes y también de la urbe.

Aquí puedes salir a caminar dentro de las grandes hectáreas y observar los atardeceres con vista a los volcanes, también se cuenta con un grandioso laberinto el cual se puede recorrer en grupos.

 

 

También se realizan paseos a caballo, bicicletas, futbol, porterías para el gol-para, tombling, papalote, frisbee y cuando se cansen de no dejar de moverse. Una de las cosas más vistosas dentro de la hacienda es el huerto en donde se siembran y cultivan diferentes frutas y vegetales ricos en nutrientes.

Hay una granja en la cual se procura darle una vida plena a los animales para obtener mejores carnes. El pequeño invernadero es experimental con productos de diversos climas.

En el menú encuentras especiales que se preparan con ingredientes que ellos cosecharon y, se tienen pláticas sobre la preparación de la tierra, la composta, sobre fermentos e insecticidas naturales elaborados por ellos.

 

 

Aquí podrás disfrutar de exquisitos platillos con los hongos silvestres en temporada en la Hacienda San Andrés Ayapango en Estado de México. Todas las mañanas se sirven desayunos continentales y a la carta. Como en toda hacienda, no puede faltar la capilla, ésta es del siglo XVI, que se construyó sobre un centro ceremonial prehispánico.

En los jardines de la hacienda, se exhibe una obra de Diego Rivera, La Era. Cuentan que este es el primer cuadro que se le conoce al pintor, y retrata los campos de la hacienda con vista a los volcanes. La experiencia de Hacienda San Andrés es que te conectes con la tierra y con los alimentos naturales que nos brinda.

 

 

https://www.instagram.com/p/CFKq9GqHUBn/

 

 

Hacienda San Andrés

Dónde: Ex-Hacienda de San Andrés, Retana s/n Ayapango, Edo. de México.

Cuando: 365 días al año.

Cuánto: habitaciones desde $1990

Foto destacada Travel + Leisure

El origen de la caña en México y las maravillas de la tierra caliente
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El importante fenómeno sin el cual no tendríamos piloncillo, aguardiente y caña en el ponche, se genera con la caña dulce mexicana.

Foto destacada: Sol de tijuana

Y tú, ¿sabes de dónde proviene la caña?

 

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Más o menos 3 mil años atrás, en la India ya se extraía azúcar de la caña, y aún antes del descubrimiento de América ya se cultivaba en las Islas Canarias, pero fue hasta que llegó a las tierras cálidas de la Nueva España que tomó un relevante protagonismo.

La caña llegó primero a la isla La Española en 1493 en uno de los viajes de Colón, desde ese momento la caña empezó a viajar a varios puntos de América marcando en reinado de Carlos V dando inicio a la industria azucarera.

 

¿Cómo se desarrolló la caña en México?

 

 

El primer registro del azúcar en México la ubica en la Nueva Galicia (Xalisco), en la provincia de Amula donde Francisco Cortés entregó en 1525 las primeras semillas de caña para ser sembradas, sin saberlo, aquel joven sobrino de Hernán Cortés había comenzado una exitosa siembra.

Aunque la caña ya se conocía en Europa no se había visto crecer tan rápido y con tanta abundancia, la fertilidad de la tierra y el clima propiciaron una gran inversión española en la caña mexicana, pero ¿por qué?

 

 

El éxito de la caña fue tal que desplazó cultivos nativos y extranjeros como el algodón que se sembraba en las poblaciones michoacanas de Sinagua y hasta Tepalcatepec, la finalidad era llevar grandes cantidades a España donde existió una gran cantidad trapiches hacia 1546.

Los trapiches son la maquinaria necesaria para extraer el azúcar de la caña dulce, caña de azúcar o caña de Castilla, que al igual que el plátano se pensaba era "cultivo de la tierra" por la manera en que se empezó a producir, las relaciones Tamazula, Xiquilpa y Ichcateupan, así lo registraron.

 

 

Natural de la Nueva España o no, para 1580 la caña había alcanzado mucho interés en los españoles radicados por acá quienes ya habían mandado traer trapiches desde la península Ibérica, el negocio no podía ser mejor porque se aprovechaba toda.

La Relación de Poncitlán y Cuiseo relata que la caña, además de utilizarse para la alimentación, también se utilizaba para la construcción de viviendas en lugares como Cuiseo, poblaciones que trabajaban el carrizo para techumbres y petates.

 

 

Para hacer casas se utilizaba la caña, pencas de maguey, mecate y como dice la relación "paja que llaman zacatl", es decir, la caña se incorporó al trabajo tradicional de los carrizales y después, ya entrado el siglo XVII se extendió a la industria del aguardiente.

El llamado “chinguirito” (un tipo de aguardiente) se comenzó a producir en diversas poblaciones nativas gracias a la introducción de destiladores árabes y filipinos, para ese momento el uso de trapiches también se empezó a regular con el crecimiento de los ingenios azucareros.

 

 

La caña entró originalmente por Veracruz, estado que sigue siendo el principal productor nacional con un 38%, seguido de Jalisco donde también se ha sembrado desde siempre, pero en general se cultiva en 22 entidades federativas.

Actualmente en México se cultivan 4 variedades, criolla, cristalina, violeta y veteada. La caña de azúcar está considerada como una de las fuentes energéticas más económicas y uno de los cultivos con mayor capacidad para convertir la energía solar en biomasa.

 

¿Sabes cómo llegó el pan a México? Aquí te dejamos la suculenta historia
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El pan en México es una tradición que reúne familias, que genera conversación y nos regala alegrías… así llegó y así se vende hoy.

Foto destacada: Flamingo Villa del Palmar

La historia de las panaderías en México, está conectada con la conquista, lo que nos hace México.

 

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La materia prima del pan es la harina que hasta antes del siglo XVI no existía en estas tierras, lo que había aquí era la masa de maíz con la que se hacían tortitas llamadas cocollí, un tipo de pan torcido, y unas empanaditas llamadas uilocpalli.

Fue hasta 1524 que el trigo se empezó a sembrar en México para el uso de Hernán Cortés quien le regaló la siembra a Juan Garrido, uno de los primeros panaderos coloniales, luego vino un largo periodo en el que la elaboración del pan era exclusivamente casera.

 

 

El pan se comenzó a vender en las pulperías (hoy misceláneas) pero no era ese bonito y aromático pan que comemos hoy, era un pan seco y duro que se vendía por precio fijado por el cabildo, las medidas eran cuartillas, tlacos y pilones.

 

Las panaderías mexicanas

 

El pan fino como las banderillas y las campechanas eran de consumo exclusivo de las clases altas que mandaban hacerlo en sus propias cocinas, como el birote y el pambazo que después fueron desplazados a las clases bajas con la llegada de los maestros panaderos.

 

 

Panaderos italianos y franceses llegaron hasta el siglo XVIII para establecer sus panaderías muy al estilo europeo donde el negocio era familiar y se heredaba de padres a hijos. Uno de los primeros en llegar fue el italiano Manuel Mazza, suegro de Don Benito Juárez.

El pan que se vendía a la población seguía siendo de baja calidad hasta finales del siglo XIX cuando los franceses empezaron a influenciar la panadería local (por aquellos días de la intervención francesa), para 1880 ya había 78 panaderías en la CDMX.

 

 

Durante todo ese tiempo existieron mujeres indígenas que vendían en las calles y mercados pan en hornos calabaceros de donde surgirían algunas derivaciones como el tradicional chimbo chiapaneco.

Para el siglo XX las panaderías ya estaban bien establecidas incluso con grandes negocios en la CDMX como La Vasconia y el Molino que ya existían para 1930, El Globo ya había sido fundada en 1884 como pionera de la industria panificadora.

 

 

Las revolvedoras del pan blanco y la industrialización de la harina bajaron los precios del pan estandarizaron su calidad, dando además portunidad de introducir bizcochería más barata la cual entró a las panaderías entre 1932 y 1950.

Como básicamente las panaderías vendían bolillos y teleras, su venta era por mostrador y en horas exactas pues todos querían sus bolillos calentitos. Pero la diversificación de la bizcochería comenzó a entorpecer la atención.

 

 

Fue hasta entrados los años 50 que Antonio Ordóñez Ríos decidió "abrir la panadería" al público colocando charolas y pinzas para que cada uno eligiera a su antojo, no obstante, todavía hasta la década de los setenta tenías que conocer el nombre de cada pan para pedírselo al tendero que lo mostraba en una vitrina.

Gendarmes, chilindrinas, garibaldis y cubiletes fueron perdiendo el nombre con el sistema de autoservicio, pero ganaron calidad y variedad en la década de los 80 cuando nuevos panaderos especializados arribaron a las panificadoras.

 

 

A la fecha, el pan se sigue vendiendo en las calles anunciado por una cornetilla o por la clásica melodía que entonaba Tin Tán, en panaderías que han adoptado todo tipo de estilos y resguardando la frescura, el aroma y la basta variedad que sólo el pan mexicano tiene.

El guayacán, es un árbol medicinal supremo y gratamente precioso
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Uno de los árboles florales más hermosos de México es el Guayacán, una especie endémica en peligro de desaparecer.

Foto destacada: Iluminancia

En muchas partes de América el Guayacán es amarillo, pero solo en Sonora es azul violáceo.

 

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Lejos de la creencia popular de que el desierto es un espacio casi sin vida ni color, se encuentran las zonas secas de México, como Sonora, que durante la primavera y el verano se adorna de muchas flores, como las del bello guayacán.

 

¿Cómo es el guayacán?

 

El guayacán, guaiacum coulteri, es un árbol distribuido a lo largo de la américa latina, donde su flor suele ser amarilla, pero en Sonora, el último espacio donde se le encuentra, sus flores son de un inigualable azul casi púrpura que lo hace único y endémico.

 

 

Mientras el guayacán de flor amarilla se distribuye en zonas de selva baja o bosques, el guayacán azul habita en el límite del desierto y el semidesierto, como en Hermosillo, donde los árboles adornan la ciudad de marzo a julio.

El árbol llega a medir hasta 15 metros, empieza su floración hasta los 8 años y su madera puede explotarse hasta que la plata cumpla los 60 años. Su flor tiene forma de estrella y aparece muy abundante en el guayacán cambiándolo completamente de color verde al violeta.

 

 

Muchas especies polinizadoras dependen del guayacán, abejas, colibríes, murciélagos, pero sobre todo la kricogonia lyside, mariposa del guayacán, que además de polinizar la flor deposita sus huevos en las hojas para que sus larvas puedan alimentarse al nacer.

 

Usos del guayacán

 

Algunos pueblos originarios de Sonora han utilizado el guayacán con fines medicinales, su influencia ha sido tal que forma parte de la herbolaria popular para la cura o el manejo de males como la artritis o los problemas respiratorios y de la sangre.

 

 

Se sabe que ya en el siglo XVI los indígenas usaban al guayacán como remedio para las enfermedades venéreas, el reumatismo y algunas enfermedades cutáneas. La parte medicinal es el tronco de donde se obtiene la resina llamada chúcata, y de donde también se obtiene el guayacol.

Ambos sirven como estimulante diaforético, laxante, diurético, purgante, incluso es fuente de antioxidantes. La corteza del guayacán también se usa para hacer jabones y el interior del tronco para usos más rudos por caracterizarse por su firmeza, es una madera dura.

 

 

La madera del guayacán sirve para la construcción de hogares, de artesanías, arcos deportivos, hélices de barcos, cabezas de mazos, y todo tipo de trabajos donde se requiera una madera que resista la fricción.

 

El guayacán en peligro

 

El uso excesivo de la madera y de sus flores con fines ornamentales, han llevado al guayacán al peligro de desaparecer aún cuando no es tan famoso como el mezquite y el palo fierro, la diferencia es que el guayacán no se reproduce en viveros.

 

 

Su impacto en el ecosistema sería significativo por su fuerte aportación a los animales e insectos polinizadores, sobre todo a la mariposa del guayacán con la que tiene un sistema simbiótico importante para la reproducción de ambas especies.

La solución es fomentar la siembra del guayacán en espacios públicos como parques y camellones, incluso dentro de las propiedades privadas. Para sembrarlo hay que recolectar la semilla madura (tiene un tomo amarillento casi naranja) se deja secar y luego se remoja uno o dos días, así estará lista para su siembra en sustrato.

 

 

Chalupas poblanas ¿prehispánicas, coloniales o ninguna de las dos?
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El origen de las chalupas poblanas es tan polémico como la salsa que las baña, pero su sabor es otro encanto que nos regaló Puebla.

Foto destacada: Puebleando Ando

Las Chalupas Poblanas son una de las deliciosas garnachas de nuestro país.

 

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La palabra chalupa en México tiene 2 acepciones, la que refiere a la embarcación y la que define a la deliciosa garnacha poblana que combina maíz y salsa a niveles celestiales, su sencillez no demerita el arduo trabajo de quien las preparan, pero sí exige buena sazón. Hablemos de las chalupas poblanas.

 

¿Por qué las chalupas se llaman así?

 

Las chalupas poblanas son todo un asunto de debate desde su nombre. Se dice que fueron nombradas así porque su forma se parece a las canoas que se usaban para navegar los canales de la gran Tenochtitlán.

 

 

Otros tantos argumentan que el nombre viene del vocablo vasco txalupa, que significa barco; así que también podría ser una combinación de las dos teorías. Pero lo último que se dijo al respecto es que el nombre de las chalupas se acuñó hasta los años treinta del siglo XX.

 

Pero ¿qué son las chalupas?

 

 

Las chalupas poblanas son muy sencillas. En un platón se colocan mínimo dos, pero pueden ser más, se tratan de tortillas gruesas de maíz que se fríen para después se bañadas de salsa roja o verde (o las dos) y adornadas con carne deshebrada encima.

Su sencilla descripción, maíz más salsa, le dan cercanía a la comida prehispánica. Sin embargo, pareciera que el nombre también determina la procedencia, así que tomando encuentra que su nombre puede ser vasco, su origen entra en una interesante polémica muy poblana.

 

 

A diferencia de muchos platillos mexicanos que fueron ideados por monjas, las chalupas fueron creadas por frailes que llegaron a evangelizar la zona de Puebla, quienes considerando la seca la mezclar de masa de maíz con el pollo le agregaron salsa (o eso de dice).

Como estos frailes estaban cerca del río San Francisco, donde había chalupas, las nombraron así. Pero otros tantos conocedores de la historia de la comida callejera afirman que las chalupas nacieron en el Barrio del Alto.

 

 

En el Barrio Alto había una chica que ayudaba a su tía, que era cocinera en una casa, lavaba platos y pelaba papas, pero un día tuvo que cocinar pues su tía no estaba y el patrón quería un sope. La chica que no dominaba la cocina, intentado hacer un sope, creó una chalupa.

Como había salido bien la chica se dedicó a venderlas en la calle, aquel puestecito se convirtió en el local La Abuelita que años después abrió una sucursal en el Paseo de San Francisco. Todavía hoy, en aquel barrió abundan los puestos callejeros de chalupas.

 

 

Las chalupas poblanas, aunque no son características de la gastronomía nacional que se conoce fuera de nuestra tierra, sí son un básico de la comida callejera poblana, incluso ya las puedes encontrar en otros estados del centro de México donde su procedencia está de más si saben bien.

 

 

Chalupas poblanas

¿Dónde? Principalmente en Puebla, pero también las encuentras en Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México y Guanajuato.

¿Cuándo? Todo el año, ¡eh!

¿Cuánto? En promedio, una orden de 5 chalupas cuesta alrededor de $25 pesos.

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