10 ciudades mexicanas con la distinción de Patrimonio de la Humanidad
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México es el cuarto país del mundo con mayor número de ciudades inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial.

Estas 10 ciudades mexicanas son reconocidas como Patrimonio Mundial por la UNESCO.

 

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La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconoce a los sitios Patrimonio? de la Humanidad, si y solo si han cumplido los requisitos necesarios marcados en el programa internacional por el comité de la UNESCO debido a su importancia excepcional cultural o natural.

A la fecha, la Lista del Patrimonio Mundial cuenta con un total de 1,007 bienes de todo el mundo; 779 bienes culturales, 197 bienes naturales y 31 ?bienes mixtos. México es uno de los 162 Países que hasta la fecha se han adherido a la Convención del Patrimonio Mundial, siendo el 4° país con mayor número de ciudades inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial: tiene actualmente 11 ciudades en 10 declaratorias por la UNESCO. Aquí te dejamos la lista de ciudades.

Ciudad de México y Xochimilco, 1987

 

 

Por ser una de las ciudades más antiguas de América, por su hermoso Centro Histórico y el Parque Nacional de Xochimilco; se reconoce como un ejemplo de fusión de dos culturas en cuanto a su ideología, arquitectura, calles y por sus chinampas.

Oaxaca, 1987

La mezcla de influencias tradicionales y modernas, la arquitectura colonial en conjunto con el arte, gastronomía y zonas arqueológicas, hacen que Oaxaca sea un destino favorito sin igual en todo el mundo. Sin duda, una de las ciudades más preciosas para todo tipo de turismo.

 

Puebla, 1987

 

 

La historia de Puebla, sus  estilos arquitectónicos que van desde el Renacimiento hasta el barroco mexicano, hacen de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. Aquí está un ejemplo de su patrimonio. Además, es la ciudad que le ha dado al mundo el mole y los chiles en nogada; es la cuarta ciudad más grande de México y la cuarta área metropolitana más grande de México. En verdad, una chulada cerca de la CDMX.

Guanajuato, 1988

 

 

Un ejemplo del virreinato en México, un sitio fundamental para comprender la Independencia y, un sitio que se destaca por su arquitectura barroca, sus hermosos callejones y leyendas; además de ser una ciudad minera con mucha historia y cultura.

 

Michoacán, 1991

 

 

Se le conoce como el destino más visitado de todo México, sin una playa. Cuenta con mil 113 monumentos históricos, civiles y religiosos cada uno con sus características y estilos que forman siendo un recordatorio de la historia arquitectónica del país. Aquí hay plazas, monumentos, templos, casonas, museos y sitios naturales que te harán maravillarte.

Zacatecas, 1993

 

 

En Zacatecas la arquitectura es arte. Sobre todo, lo que reconoció la UNESCO, fue el Centro Histórico, el teleférico y edificios de cantera rosa de la ciudad. La mina El Edén es un sitio que debes conocer en Zacatecas, además de la preciosa capilla y el Museo de los Minerales.

 

Querétaro, 1996

 

 

A esta ciudad se le nombró como la "Perla del Bajío". Cuenta con un gran patrimonio arquitectónico colonial, un bagaje cultural exquisito y una población multiétnica. Sus edificios de estilo barroco datan de los siglos XVII y XVIII, pero su belleza e historia se remonta a muchos siglos atrás.

Tlacotalpan, Veracruz 1998

 

 

Tlacotalpan es un puerto de la costa del Golfo, con una peculiar arquitectura estructura urbana singular, que la mezcla las tradiciones españolas y caribeñas.

La traza del tejido urbano data del siglo XVII, su patrón de calles tiene un estilo de tablero de ajedrez adyacente al río, y todo esto se ha conservado tanto en escala, como decoración e incluso en los colores.

Campeche, 1999

 

 

Las construcciones de Campeche representan la arquitectura militar de los siglos XVII y XVIII; en conjunto con sus casa tradicionales de influencia andaluza y caribeña, y un modelo de urbanización colonial barroca, hace que esta ciudad sea valorada por cada uno de sus rincones históricos.

Foto destacada: Hoteles en Campeche

Ligres, las cuatro nuevas bendiciones del zoológico de Chihuahua
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Cuatro ligres, los felinos más imponentes, preciosos y grandes del mundo, han nacido en el Zoológico de Chihuahua.

Foto destacada: Heraldo de Chihuahua

Las bendiciones Ligres son enormes chihuahuenses que vivirán en Tamaulipas.

 

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Buena noticia para los amantes de los grandes felinos, ya que han nacido cuatro crías de ligre en el zoológico de Aldama, Chihuahua. Los nuevos inquilinos del zoológico serán trasladarlos a Tamaulipas, ya que representa un costo elevado tener a las crías? es cierto, primero que todo?

 

¿Qué es un ligre?

 

 

Los ligres son la descendencia híbrida de un león macho y una tigresa; es decir, sus padres son del mismo género pero de diferentes especies. Se distinguen tigón, el felino más grande de todos los felinos existentes conocidos.

A lis ligres, como a los otros gatos gigantes, les gusta nadar, son muy sociables como los leones y suelen crecer más que las especies parentales.

 

¿Cuál es la historia de los Ligres?

 

 

A principios del siglo XIX en la India, el naturalista francés Étienne Geoffroy Saint-Hilaire, hizo una placa a color de la descendencia de un león y un tigre. El acrónimo “ligre” fue acuñado en la década de 1930 y el de Ligresa se utiliza para referirse a una mujer ligre.

En 1935, se criaron cuatro ligres de dos camadas en los Jardines Zoológicos de Bloemfontein , Sudáfrica. Tres de ellos, un macho y dos hembras, todavía vivían en 1953. El macho pesaba 340 kg y medía 45 cm, más alto que un león macho adulto en el hombro.

 

 

El ligre tiene un tenue patrón de rayas similar al de un tigre sobre un fondo leonado. Puede heredar rosetas del padre león, marcas negras, marrón oscuro o arenosas. El color de fondo puede ser correspondientemente leonado, arenoso o dorado.

Los cachorros nacidos en Chihuahua son hijos de la tigresa "Asia", de ocho años, y de "Greñas", un león africano de seis años de edad, quien que fue separado de la hembra para seguridad de las crías que nacieron el 24 de mayo.

 

 

El aspecto de estos felinos es como de un león con algunas rayas de tigre, mientras que su pelaje es entre el naranja y el amarillo. Las crías padecen gigantismo, pues llegan a medir hasta cuatro metros de largo y a pesar hasta 500 kilogramos. Al igual que los leones, los ‘ligres’ machos desarrollan melena.

Alberto Hernández, director del zoológico de Aldama, informó que los ligres permanecerán con su madre por tres semanas, y luego se irán adaptando a la comunidad.

 

 

Como datos curioso, los tigres blancos se han cruzado con leones para producir ligas “blancas” (en realidad doradas pálidas). En teoría, los tigres blancos podrían cruzarse con leones blancos para producir ligres blancos, muy pálidos o incluso sin rayas.

Pero no hay ligres negros. Como los tigres azules o malteses, ya no existen, los ligres grises o azules son extremadamente improbables. No es imposible que un ligre sea blanco, pero es muy raro. Los primeros ligres blancos conocidos nacieron en diciembre de 2013 en Myrtle Beach Safari en Myrtle Beach, Carolina del Sur, nacidos de león macho blanco y una tigre hembra blanca.

Si deseas ver otros felinos del zoológico, aquí tienes los datos:

 

 

Zoológico de Chihuahua

Dónde: Las Moras, Aldama, Chihuahua, a 20 minutos de la capital.

Cuando: lunes a domingo de 08:00 a 19:00

Cuánto: $60 pesos.

Hotel Sin Nombre: minimalismo mediterráneo, cultura y tradición oaxaqueña
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El Hotel Sin Nombre fue creado por artistas, arquitectos y artesanos de Oaxaca quienes dejaron un sitio sin marcas pero con mucho mezcal.

Foto destacada: The Spaces

El Hotel sin nombre dedicó 4 años al rediseño de una casa del siglo XVII en Oaxaca.

 

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Se trata de una propiedad del arquitecto João Boto Caeiro y la artista Elliott Coon quienes crearon el Hotel Sin Nombre, de 24 habitaciones es una hábil mezcla de interiores sobrios y audaces florituras que reflejan los principios fundamentales de Gem & Bolt; la marca de mezcal artesanal que cofundó la artista.

El ingrediente que define el espíritu del Hotel Sin Nombre es la damiana, un arbusto nativo de la familia de la menta, ya que está diseñado para actuar como un antidepresivo natural, un baño de dulzura y hasta un afrodisíaco.

 

 

Boto Caeiro restauró esta fachada del siglo XVII, donde sobresale el patio central coronado con una cúpula que permite que entre la luz natural. Entre cactus en macetas, este precioso patio cuenta con asientos preciosos encima de una alfombra de lana oaxaqueña adornada con racimos de almohadas cosidas a mano.

En este patio los huéspedes disfrutan de desayunos, cócteles, exposiciones rotativas y actuaciones en vivo de músicos locales. También hay una biblioteca secreta con una selección de libros antiguos, y las interpretaciones recetarios vegetarianos de la gastronomía oaxaqueña.

 

 

El sitio destaca por sus paredes blancas y camas con plataforma de madera diseñadas por Coon. Las mantas son hechas a mano y bordadas por un colectivo de artesanos locales, así como los champús, acondicionadores y jabones locales en una botella de vidrio ámbar.

 

 

El Hotel Sin Nombre tiene un carácter discreto, pero tardaron más de cuatro años en reconstruir la estructura antigua, mantener la esencia original de los materiales tradicionales como arcilla, ladrillos hechos a mano, piedra caliza y madera.

La fachada está cubierta con pintura de tierra, y una azotea verde que hace deslumbrar el espacio con la biosfera de especies endémicas oaxaqueñas que atraen a las aves, mariposas, libélulas y más.

 

 

La pintura blanca fresca enfatiza las columnas y los arcos históricos, es el sello del edificio, además de la piscina de la azotea desde donde es posible disfrutar del atardecer en la cercana iglesia de Santo Domingo.

 o acurrucarse en el apartado rincón de lectura y escritura del hotel. En la planta baja, en Restaurante Sin Nombre, se sirven platos veganos y orgánicos según disponibilidad de temporada.

 

 

Hotel Sin Nombre, Oaxaca

Dónde: 20 de Noviembre 208, Centro, Oaxaca.

Cuando: todo el año

Cuánto: desde $3 000 pesos

Los 8 pueblos yaqui, preservación, cultura y gobierno del desierto
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El origen de estas 8 familias reunidas en una sola comunidad yaqui, que cumple la “gran verdad” del noreste desértico.

Foto destacada: El Imparcial

El fascinante pueblo Yaqui es una familia de 8 comunidades.

 

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El pueblo yaqui pobló el desierto en plena libertad hasta el siglo XVI cuando tuvo que empezar una lucha constante contra los conquistadores por su territorio y su cultura. Después de mucha resistencia en el siglo XVII dejaron entrar a los jesuitas.

Antes de que los mismos yaquis sacaran a los sacerdotes, éstos los dividieron en 8 pueblos o familias, esta última acepción pertenece al tipo de organización social de los yaquis, cuyo nombre original es yoremes, nombre que proviene del vocablo yo´emem, "el hombre".

 

 

¿Cuál es la organización de los 8 pueblos yaquis?

 

La región conocida como el valle Yaqui si ubica al oriente de Sonora, en los municipios de Guaymas, Bácum, Cajeme y Empalme, sólo los dos últimos no se encuentran en las inmediaciones del río Yaqui.

Los pueblos que habitan esos municipios son Vícam, Pótam, Tórim, Belem, Rahúm y Huírivis que viven bajo su propio sistema de gobierno, los pueblos Bácum y Cócorit se rigen formalmente por la jurisdicción del gobierno estatal y municipal.

 

 

La organización social yaqui que dio origen a esos 8 pueblos o familias proviene de la ho?akame que es familia, pero no la clásica nuclear que conocemos, si no una extensa que incluye a toda una comunidad que cumple la "gran verdad".

Del yaqui lu?uturia yo?owe, donde lu?uturia es verdad y yo?owe grande viejo, "la gran verdad" es un sistema de creencias (que por definición son verdades), que guían el comportamiento de cada individuo de la familia en relación con él mismo, a los otros, a la religión, la impartición de justicia, la preservación del territorio y su cultura, entre otras observancias.

 

¿Cuáles son los 8 pueblos Yaqui?

 

Los ocho pueblos yaquis con poblaciones pequeñas que no tiene el turismo como actividad primordial, unos incluso restringen el paso a sus comunidades, así que es mejor informarse antes de visitarlos.

 

 

Cócorit de Ko?okoi, significa chiltepines. El pueblo cuenta con una casa de huéspedes construida en 1890 que hoy es el Museo de los Yaquis, uno de los cinco museos etnográficos del mundo, en su plaza de armas hay árboles tallados con más de 300 años de antigüedad.

En Bácum, que significa lagunas, se encuentra el templo de Santa Rosalía de Lima, la laguna Náinari ubicada junto al río Yaki y dos extensas playas, Guadalupe y San José. Vícam (puntas de flecha), Huírivis (pájaro) Ráhum (remansos) y Belem (Belén) son ranchos ganaderos o pequeños poblados de paso donde puedes probar los famosos taquitos de nada.

 

 

Pótam, que significa topos, es un poblado interesante por su templo de la Santísima Trinidad que está rodeado por el camposanto del pueblo donde hay alrededor de tres tumbas con cruces blancas que nadie sabe de quien son, pero afirman que siempre han estado ahí.

Aún se observa el campanario incluso por la súbita muerte del arquitecto que supervisando la obra cayó desde lo alto. Ese arquitecto misterioso fue autorizado en 1926 por Adolfo de la Huerta para construir 5 de los templos católicos en las tierras de los yaquis.

 

 

Tórim (ratas) también cuenta con un cementerio diferente y una iglesia peculiar que data de la colonia, sus gruesos muros de piedra que no tienen techo que sostener. El panteón es evidencia de los chinos que vivieron ahí dejando monumentos funerarios inigualables.

¿Sabes cómo llegó el pan a México? Aquí te dejamos la suculenta historia
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El pan en México es una tradición que reúne familias, que genera conversación y nos regala alegrías… así llegó y así se vende hoy.

Foto destacada: Flamingo Villa del Palmar

La historia de las panaderías en México, está conectada con la conquista, lo que nos hace México.

 

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La materia prima del pan es la harina que hasta antes del siglo XVI no existía en estas tierras, lo que había aquí era la masa de maíz con la que se hacían tortitas llamadas cocollí, un tipo de pan torcido, y unas empanaditas llamadas uilocpalli.

Fue hasta 1524 que el trigo se empezó a sembrar en México para el uso de Hernán Cortés quien le regaló la siembra a Juan Garrido, uno de los primeros panaderos coloniales, luego vino un largo periodo en el que la elaboración del pan era exclusivamente casera.

 

 

El pan se comenzó a vender en las pulperías (hoy misceláneas) pero no era ese bonito y aromático pan que comemos hoy, era un pan seco y duro que se vendía por precio fijado por el cabildo, las medidas eran cuartillas, tlacos y pilones.

 

Las panaderías mexicanas

 

El pan fino como las banderillas y las campechanas eran de consumo exclusivo de las clases altas que mandaban hacerlo en sus propias cocinas, como el birote y el pambazo que después fueron desplazados a las clases bajas con la llegada de los maestros panaderos.

 

 

Panaderos italianos y franceses llegaron hasta el siglo XVIII para establecer sus panaderías muy al estilo europeo donde el negocio era familiar y se heredaba de padres a hijos. Uno de los primeros en llegar fue el italiano Manuel Mazza, suegro de Don Benito Juárez.

El pan que se vendía a la población seguía siendo de baja calidad hasta finales del siglo XIX cuando los franceses empezaron a influenciar la panadería local (por aquellos días de la intervención francesa), para 1880 ya había 78 panaderías en la CDMX.

 

 

Durante todo ese tiempo existieron mujeres indígenas que vendían en las calles y mercados pan en hornos calabaceros de donde surgirían algunas derivaciones como el tradicional chimbo chiapaneco.

Para el siglo XX las panaderías ya estaban bien establecidas incluso con grandes negocios en la CDMX como La Vasconia y el Molino que ya existían para 1930, El Globo ya había sido fundada en 1884 como pionera de la industria panificadora.

 

 

Las revolvedoras del pan blanco y la industrialización de la harina bajaron los precios del pan estandarizaron su calidad, dando además portunidad de introducir bizcochería más barata la cual entró a las panaderías entre 1932 y 1950.

Como básicamente las panaderías vendían bolillos y teleras, su venta era por mostrador y en horas exactas pues todos querían sus bolillos calentitos. Pero la diversificación de la bizcochería comenzó a entorpecer la atención.

 

 

Fue hasta entrados los años 50 que Antonio Ordóñez Ríos decidió "abrir la panadería" al público colocando charolas y pinzas para que cada uno eligiera a su antojo, no obstante, todavía hasta la década de los setenta tenías que conocer el nombre de cada pan para pedírselo al tendero que lo mostraba en una vitrina.

Gendarmes, chilindrinas, garibaldis y cubiletes fueron perdiendo el nombre con el sistema de autoservicio, pero ganaron calidad y variedad en la década de los 80 cuando nuevos panaderos especializados arribaron a las panificadoras.

 

 

A la fecha, el pan se sigue vendiendo en las calles anunciado por una cornetilla o por la clásica melodía que entonaba Tin Tán, en panaderías que han adoptado todo tipo de estilos y resguardando la frescura, el aroma y la basta variedad que sólo el pan mexicano tiene.

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