5 razones para mirar el cielo y apoyar el astroturismo en México
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México desea ser un punto de referencia para la observación de los cielos estrellados, como legado de nuestro pasado prehispánico.

Foto destacada Best Wallpaper / Erik Gómez Tochimani

El turismo astronómico hace posible e importante mirar las estrellas.

 

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La difusión y promoción de la astronomía a través de actividades y servicios turísticos relacionados con esta materia, es uno de los atractivos más solicitados en los últimos años.

De hecho, la Fundación Starlight creó una Certificación relacionado con la ciencia y el turismo, aprovechando la astronomía y la observación del firmamento para promocionar una nueva forma de turismo sostenible.

 

 

Aunque los destinos turísticos certificados son lugares ideales para la contemplación de los cielos estrellados, por ahora México no cuenta con dichos reconocimientos, pero aun así, cada vez hay más espacios y actividades para reducir la contaminación lumínica, y desarrollar actividades basadas en este recurso natural.

Aunque estamos lejos de tener vistas tan sorprendentes como la de Islandia, uno de los lugares más espectaculares para disfrutar de las auroras boreales, la Península de Iveragh, declarada como una reserva astronómica en Irlanda, tenemos lugares fascinantes para ver las estrellas. Como sea, aquí te dejamos cinco razones para descubrir los cielos y dejarnos llevar por las maravillas nocturnas que se presentan.

 

Genera destinos turísticos

 

 

Reducir la huella de contaminación lumínica es de gran importancia para aumentar los destinos turísticos que brinden la posibilidad de mirar los cielos, ya que no solo se trata de mirar hacia arriba, sino de brindar un espacio con infraestructura y actividades disponibles para los visitantes. Ya que los observadores astronómicos, a menudo buscan estancias para llevar su equipo fotográfico, generan empleos y activan la economía por medio del consumo local y de espacios vespertinos.

 

Astronomía, cultura y ciencia

 

 

El astroturismo es una actividad poco explotada en México, pero muchas de las civilizaciones prehispánicas fueron grandes observadores del cielo, como los mayas, aztecas e incluso en zonas como Xochicalco y Durango hay lugares espectaculares para ver el cielo. Las zonas arqueológicas tienen muchos grandes puntos de observación, así que es un pretexto más para proteger el cielo nocturno de la creciente contaminación lumínica.

 

Hace falta oscuridad para ver las estrellas

 

El crecimiento de las ciudades hace cada vez más complicado tener la oscuridad necesaria para ver un gran cielo nocturno, así que la noche y la oscuridad son cada vez recursos más escasos en el mundo. La luz artificial procedente del desarrollo urbano. Así que la creciente popularidad del astroturismo, aleja cada vez más a los observadores que buscan lugares apartados y libres de contaminación lumínica para observar el cosmos, es una forma de proteger los cielos nocturnos.

 

Instrumento para mitigar el cambio climático

 

 

El exceso de luz artificial tiene numerosos efectos sobre la salud y el medio ambiente, además de que los lugares ideales para observar las estrellas, suelen ser parques e instalaciones en zonas con bosque o como ya lo mencionamos, en zonas arqueológicas.

 

 

Así que para mirar las estrellas hay una interdependecia de estos sitios, porque los lugares bien preservados y accesibles para el turismo, son un sitio también para luchar contra la crisis climática y resguardar los espacios donde haya poca contaminación lumínica, siendo actividades esenciales para la labor de astrofísicos e investigadores, tanto como del turista astronómico.

 

Olinalá, una técnica oriental apropiada por artesanos guerrerenses
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Las piezas de Olinalá son la joya real de las artesanías mexicanas, conoce qué tiene que ver la Nao de China con ellas.

Foto destacada: Sur Digital

Conoce más sobre el significado de la palabra Olinalá, técnica de laqueado artesanal con denominación de origen.

 

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Pegadito a Puebla, pero en la región montañosa de Guerrero, se encuentra Olinalá palabra que proviene del náhuatl y significa "lugar de terremotos"; pese a la fama de la zona, ese nombre fue tomado por la abundancia del árbol lináloe.

El árbol lináloe posee una preciosa madera blanca que expide un aroma fragante que perdura muchos años aún convertida en cajita, forma que pintada le ha dado mucha fama y hasta denominación de origen a las Lacas de Olinalá.

Esta es una técnica de laqueado artesanal originaria del pueblo prehispánico del mismo nombre, que consiste en la impermeabilización y decoración artística de objetos de madera o corteza vegetal del árbol de lináloe.

 

 

 

Cajitas de Olinalá

 

No necesitas tenerlas a la vista porque su fragancia las hace manifiestas en cualquier tienda de artesanías, las cajitas de Olinalá son piezas de mucho valor por su madera, su técnica impecable de pintura y claro, por su diseño tan mexicano, tan de Guerrero.

Además de las cajitas, la técnica de laqueado y el estilo del diseño de las piezas de Olinalá se pueden ver en grandes baúles, muebles, biombos, todo tipo de muebles y adornos que puedan hacerse con la madera que expone con mucho color un importante legado histórico y cultural.

 

 

Así se hacen las cajitas de Olinalá

 

En términos técnicos, el Olinalá es una técnica de laqueado que aprendieron los guerrerenses imitando las bellas piezas cerámicas que llegaban desde el oriente entre los siglos XVI y XVII en el Galeón de Manila, mejor conocido como la Nao de China.

Después de talar el árbol, la madera del lináloe se trata con una mezcla de linaza con aceite de chía, tierra blanca y tierra tecoztle para evitar las polillas y rellenar los huecos. La madera se corta conforme a la pieza que se necesite, se arma y se pinta del color predominante, casi siempre es el negro.

 

 

El tradicional color negro de las piezas de Olinalá se crea con carbón de encino y polvo de piedra tolte (toctetl) que es óxido de hierro, el resto de los colores como verde, azul o rosa, se crean con una mezcla de 80% polvo de piedra y el esto de pintura artificial.

Los diseños de Olinalá más frecuentes presentan elementos de la flora y la fauna locales, rosas, jaguares, pensamientos, árboles, aves y paisajes son dibujados y aplicados hábilmente por los artesanos que se valen de herramientas prehispánicas.

 

 

Las lacas de Olinalá son trabajadas con rayado, vaciado, punteado y bajo relieve que se realizan con "pinceles" de plumas de gallina, espinas de huizache o maguey, con una cola de venado se dispersan los polvos y con una piedra se compactan sobre la madera para bruñirla.

Algunas piezas llevan elementos de plata y oro que aumentan el precio de estas artesanías que suelen tener un costo promedio que va de $800 a los $2000 pesos, precios que varían de acuerdo con el objeto, el tamaño, si fue hecho en un taller o con un artesano independiente, y si hay algún intermediario.

 

 

En Olinalá, Guerrero, existen alrededor 500 talleres y el Instituto de Capacitación Para el Trabajo de Olinalá donde se enseña a artesanos, artesanas y creadores a vender su trabajo y cobrar justo por su labor artística.

Las piezas de Olinalá cuentan con Denominación de Origen sólo si están manufacturadas en la comunidad, con madera de Olinalá, los materiales y las técnicas tradicionales; adquirir cualquier pieza en línea representa un riesgo, pues irónicamente podrías comprar una réplica China.

 

 

Lacas de Olinalá

¿Dónde? Olinalá, Guerrero. Desde la CDMX es un viaje de 5 horas y media pasando por Cuautla, Morelos.

¿Cuándo? Todo el año

¿Cuánto?  Puedes encontrar pequeñas cajas e Olinalá hasta en $300 pesos

Chalupas poblanas ¿prehispánicas, coloniales o ninguna de las dos?
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El origen de las chalupas poblanas es tan polémico como la salsa que las baña, pero su sabor es otro encanto que nos regaló Puebla.

Foto destacada: Puebleando Ando

Las Chalupas Poblanas son una de las deliciosas garnachas de nuestro país.

 

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La palabra chalupa en México tiene 2 acepciones, la que refiere a la embarcación y la que define a la deliciosa garnacha poblana que combina maíz y salsa a niveles celestiales, su sencillez no demerita el arduo trabajo de quien las preparan, pero sí exige buena sazón. Hablemos de las chalupas poblanas.

 

¿Por qué las chalupas se llaman así?

 

Las chalupas poblanas son todo un asunto de debate desde su nombre. Se dice que fueron nombradas así porque su forma se parece a las canoas que se usaban para navegar los canales de la gran Tenochtitlán.

 

 

Otros tantos argumentan que el nombre viene del vocablo vasco txalupa, que significa barco; así que también podría ser una combinación de las dos teorías. Pero lo último que se dijo al respecto es que el nombre de las chalupas se acuñó hasta los años treinta del siglo XX.

 

Pero ¿qué son las chalupas?

 

 

Las chalupas poblanas son muy sencillas. En un platón se colocan mínimo dos, pero pueden ser más, se tratan de tortillas gruesas de maíz que se fríen para después se bañadas de salsa roja o verde (o las dos) y adornadas con carne deshebrada encima.

Su sencilla descripción, maíz más salsa, le dan cercanía a la comida prehispánica. Sin embargo, pareciera que el nombre también determina la procedencia, así que tomando encuentra que su nombre puede ser vasco, su origen entra en una interesante polémica muy poblana.

 

 

A diferencia de muchos platillos mexicanos que fueron ideados por monjas, las chalupas fueron creadas por frailes que llegaron a evangelizar la zona de Puebla, quienes considerando la seca la mezclar de masa de maíz con el pollo le agregaron salsa (o eso de dice).

Como estos frailes estaban cerca del río San Francisco, donde había chalupas, las nombraron así. Pero otros tantos conocedores de la historia de la comida callejera afirman que las chalupas nacieron en el Barrio del Alto.

 

 

En el Barrio Alto había una chica que ayudaba a su tía, que era cocinera en una casa, lavaba platos y pelaba papas, pero un día tuvo que cocinar pues su tía no estaba y el patrón quería un sope. La chica que no dominaba la cocina, intentado hacer un sope, creó una chalupa.

Como había salido bien la chica se dedicó a venderlas en la calle, aquel puestecito se convirtió en el local La Abuelita que años después abrió una sucursal en el Paseo de San Francisco. Todavía hoy, en aquel barrió abundan los puestos callejeros de chalupas.

 

 

Las chalupas poblanas, aunque no son características de la gastronomía nacional que se conoce fuera de nuestra tierra, sí son un básico de la comida callejera poblana, incluso ya las puedes encontrar en otros estados del centro de México donde su procedencia está de más si saben bien.

 

 

Chalupas poblanas

¿Dónde? Principalmente en Puebla, pero también las encuentras en Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México y Guanajuato.

¿Cuándo? Todo el año, ¡eh!

¿Cuánto? En promedio, una orden de 5 chalupas cuesta alrededor de $25 pesos.

Rancho Santa Elena, el edén de paisajes y senderismo en Huasca de Ocampo
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Todas las actividades que el rancho Santa Elena tiene para ti, te harán pasar un día increíble en este lindo lugar de Hidalgo.

Foto destacada: @_marveg

Si deseas correr y recorrer senderos, para luego estar en tranquilidad, Visita el Rancho Santa Elena.

 

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En la Sierra de las Navajas, llamada así por sus yacimientos de obsidiana, se encuentra el precioso Rancho de Santa Elena. Se trata de un "vidrio volcánico" que ha sido apreciado y utilizado desde la época prehispánica.

La explotación y talla de la obsidiana se intensificó con el surgimiento de Teotihuacán y esta actividad se refleja en que en Santa Elena se encuentran puntas de flecha y algún que otro vestigios del uso de la obsidiana.

 

 

 

Historia del Rancho Santa Elena

 

Este Rancho fue parte de la Hacienda de San Juan Hueyapan, y su historia comienza con Pedro de Paz, un pariente de Cortés, que fundó Hueyapan a fines del siglo XVI. Un siglo más tarde la Hacienda ya se había desintegrado y parte de las tierras comenzaron a ser utilizadas por los pequeños propietarios y arrendatarios así como por las poblaciones indígenas.

 

 

Por muchos años la Hacienda fue de dueño a otro, se construye la presa de San Carlos con el fin de apoyar las actividades agrícolas; para en el siglo XX continúan actividades de agricultura, ganadería y el aprovechamiento forestal.

Como un método para conservar Santa Elena se organizar actividades al aire libre, de ecoturismo y deporte de aventura y trabajos de conservación e investigación en conjunto con la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

A partir de ahí, se llevan a cabo proyectos de reforestación, restauración de suelos, plantaciones forestales y ecoturismo. Hoy en día, Santa Elena, cerca de Huasca, Hidalgo, es un denso bosque de pino-encino, que alberga una gran cantidad de fauna y flora, rodea tres cuerpos de agua: la Presa de San Carlos, Las Vigas y el Agua Azul.

Cuenta con dos casas, una Estancia de hasta 33 personas y la Cabaña Grande con cupo para hasta 15 personas, que cuentan con literas, chimeneas y baños con agua caliente las 24 hrs. También hay dos tipos de cabañas acogedoras, que cuentan con baño completo privado y son cuatro en total.

 

 

 

Pero el sitio también cuenta con zonas acampar en alguna de nuestras 10 áreas seguras de la propiedad privada, donde dispondrás de contenedores para basura, toldo, mesa, rodel para fogata, leña y baños seco y/o campestres.

Hay un comedor con capacidad para 40 personas y una amplia cocina rústica, donde se elabora comida casera, sana y natural y veredas para correr, realizar caminatas y practicar el ciclismo de montaña.

 

 

 

Se puede nadar, remar en kayak, o experimentar la tirolesa y disfrutar de nuestros tres cuerpos de agua. El sitio cuenta con servicio de guías especializados y certificados para caminatas, sendero interpretativo, rapel y ciclismo de montaña.

Si no cuentas con bici, puedes rentar una bajo disponibilidad al momento de tu llegada. Los senderos y caminos están rodeados por la gran biodiversidad del rancho, donde puedes aprovechar para relajarte y tener un contacto con la naturaleza.

 

 

 

La tirolesa se encuentra cercana a la zona del campamento de vigas, sobre un cuerpo de agua. El recorrido ofrece un buen chapuzón, ya que la tirolesa se frena con el cuerpo de agua.

También puedes hacer descenso vertical sobre roca asistido por cuerdas, en el rancho contamos con personal capacitado y certificado, además del equipo apropiado para llevar a cabo esta actividad con toda seguridad.

 

 

 

Rancho Santa Elena en Hidalgo

Dónde: Acatlán, at Km. 10, Huasca de Ocampo, Hgo.

Cuando: todos los días de 07:00 a 19:00hrs.

Cuánto: $400 por noche

La Carretera de la Muerte, un recorrido sinuoso en tierra tarahumara
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Recorre la “Carretera de la muerte” entre preciosos cañones y curvas fascinantes de las sorprendentes tierras tarahumaras.

Foto destacada: Noticias locales

¡No olvide su cámara! Porque esta carretera en tierra tarahumara es preciosa.

 

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Todos sabemos que un  viaje  por  carretera  siempre puede ser una solución para despejar la mente, encontrar espacios para la reflexión donde cada persona está en paz consigo misma. Sin embargo, hay algunos  caminos  que pueden marcar una diferencia considerable.

Esta carretera tiene subidas abruptas y empinadas en zig-zag, pero en general es un  camino es muy pintoresco. Está asfaltado pero bastante empinado con innumerables curvas cerradas.

 

 

Esta carretera asciende 1.000 m en solo 1,5 km, con tramos de hasta un 15%. Se encuentra en Chihuahua, a lo largo del río Batopilas, subiendo por el pequeño pueblo del mismo nombre.

Batopilas es un pequeño pueblo ubicado en la Sierra Madre Occidental, justo al pie de un acantilado, donde seguro tiene miles de historias para compartir. Es el hogar de hermosas plazas y puentes construidos con cuerdas y rocas de río, pero la principal sorpresa es un hermoso acueducto construido en el siglo XIX.

 

¿Por qué se llama Carretera de la Muerte?

 

 

Ese distintivo lo ha ganado gracias a su trazo sinuoso que puede producir un poco de miedo y fascinación, al mismo tiempo, por sus paisajes. Además, porque está ubicada en las entrañas del barranco, uno de los más profundos de la Sierra Tarahumara.

Es parte de la hermosa región de las Barrancas del Cobre. El viaje por carretera a Batopilas es de 3 a 4 horas, por una de las  carreteras  no solo de las más espectaculares, sino también de las más peligrosas de México, y del mundo según los expertos.

 

 

La carretera tiene dos carriles para ambas direcciones, uno de ida y otro de regreso. Así que no es recomendable rebasar, porque estarías atentando contra ti mismo. Mejor ve despacio y quédate sin aliento con sus múltiples desniveles, descensos y curvas muy cerradas y continuas.

Hay giros cada vez más bruscos en las esquinas ciegas que culminan en el tramo épico de curvas de varios kilómetros. Por estas razones, con frecuencia se le asigna el sobrenombre de Camino de la Muerte  porque es un lugar  estrecho, accidentado y empinado.

 

 

Observa la majestuosidad de los barrancos con innumerables miradores que superan los 1.700 metros de altura. Si solo quieres recorrer el camino, sin tu automóvil, puedes rentar un guía, y los conductores conocen la carretera como la palma de su mano.

Recorrer el "Camino de la Muerte" y sorpréndete con la sierra tarahumara.

 

 

Camino de la muerte

Dónde: carretera a Batopilas, Chihuahua.

Cuando: todo el año, mejor de día.

Entrada libre

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