Los 10 miradores más bellos para contemplar los increíbles paisajes de México
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Estos miradores espectaculares nos regalan los mejores paisajes de diversas ciudades por explorar, pasear, tomar fotos y gozar la vida desde lo alto.

La selección de miradores para ver los mejores paisajes del país.

 

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Esta colección de 10 miradores te dejarán ver el cielo abierto de México, algunos lugares formidables para dejarse maravillar por los singulares puntos de vista paisajísticos de nuestro país.

Estos miradores tienen diferentes instalaciones y algunos cuentan con mayores facilidades de acceso como rutas, caminos, senderos, escalinatas, teleférico, ascensores, otros están acondicionados para los visitantes con mesas, bancos, plataformas con suelos de cristal, prismáticos, binoculares, pero sobre todo son sitios para asomarse a la naturaleza.

 

 

Mirador El Roblar, Chiapas

 

 

Desde este mirador podrás estar a más de mil metros de altura, desde donde se aprecia el río Grijalva y el serpenteo del Cañón del Sumidero. Hay un paisaje que ha tardado unos 70 millones de años en formarse y para llegar al mirador puedes internarte por un sendero de tres kilómetros, puedes llegar en auto o contratar un tour en bicicleta.

 

 

Cristo de las Noas, Coahuila

 

 

En Torreón, Coahuila destaca uno de los monumentos de Cristo más altos de México. Aquí se llega a través del teleférico y desde su explanada apreciarás la mejor panorámica de la Comarca Lagunera.

 

 

Cuatro Palos, Querétaro

 

 

Aquí se puede ver el semidesierto poblado por cactáceas y un bosque frondoso y repleto de pinos porque así es la Reserva de la Biósfera Sierra Gorda. En  30 minutos puedes subir hasta 90 metros entre las profundidades del bosque y estar a dos mil 700 metros sobre el nivel del mar. Frente a ti hay una formación que parece tener dos cuernos, es el Cerro de la Media Luna. Este es solo una muestra de la inmensidad de la reserva que abarca un tercio del estado de Querétaro.

 

 

Cerro del Borrego, Veracruz

 

 

En el pueblo mágico de Orizaba en Veracruz se encuentra este parque natural en el cual puedes llegar en el teleférico. Aquí se aprecia una vista inigualable de la ciudad y sus alrededores, así como el Pico de Orizaba.

 

 

Los Aguiluchos, Nuevo León

 

 

No es un mirador como tal pero esta ruta te hará desafiar la gravedad en el Parque La Huasteca, una reserva perteneciente al Parque Nacional Cumbres de Monterrey. Son 700 metros del suelo y para llegar debes pasar por puentes colgantes, escalones de aluminio que parecen suspendidos en el aire y hasta una tirolesa de 200 metros

 

 

Real de Catorce, SLP

 

 

Este fascinante pueblo mágico se encuentra en medio de las montañas desérticas de San Luis Potosí, y está en la lista ya que se destaca por ser un sitio para apreciar la belleza del pueblo desde las alturas. Aquí es común ver un mar de neblina que cubre la serranía.

 

 

Cascada de Basaseachi, Chihuahua

 

 

La segunda cascada más alta de México entre los barrancos de la Sierra Tarahumara. Tiene una altura de 265 metros y se pierde en el cañón Candameña, una de las Barrancas del Cobre. La postal es inolvidable y fácil de alcanzar: el mirador se aloja a unos pasos de la carretera.

 

 

Torre Latinoamericana, CDMX

 

 

La Torre Latino es algo que todos los capitalinos deben hacer al menos una vez en la vida. Desde aquí se ve el hermoso Palacio de Bellas Artes, la majestuosa Alameda y la icónica Avenida Juárez. Tanto de día como de noche, este mirador es uno de los mejores de toda la ciudad.

 

 

Peña del Cuervo, Hidalgo

 

 

La Peña del Cuervo tiene una de las mejores vistas de Hidalgo, situado en uno de los puntos más altos del pueblo mágico Mineral de El Chico. Aquí apreciarás un gigantesco valle boscoso que durante las mañanas suele cubrirse por un mar de nubes.

 

 

Peña de Valle de Bravo

 

 

En este lugar no se trata de la altura sino de la belleza; es el mejor lugar para apreciar la grandeza de la laguna de Valle de Bravo es este sitio natural de colosales rocas que destaca sobre el centro de este colonial pueblo mágico del Estado de México.

 

Foto de portada: Holga Emericella / Paisajes de México

Ligres, las cuatro nuevas bendiciones del zoológico de Chihuahua
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Cuatro ligres, los felinos más imponentes, preciosos y grandes del mundo, han nacido en el Zoológico de Chihuahua.

Foto destacada: Heraldo de Chihuahua

Las bendiciones Ligres son enormes chihuahuenses que vivirán en Tamaulipas.

 

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Buena noticia para los amantes de los grandes felinos, ya que han nacido cuatro crías de ligre en el zoológico de Aldama, Chihuahua. Los nuevos inquilinos del zoológico serán trasladarlos a Tamaulipas, ya que representa un costo elevado tener a las crías? es cierto, primero que todo?

 

¿Qué es un ligre?

 

 

Los ligres son la descendencia híbrida de un león macho y una tigresa; es decir, sus padres son del mismo género pero de diferentes especies. Se distinguen tigón, el felino más grande de todos los felinos existentes conocidos.

A lis ligres, como a los otros gatos gigantes, les gusta nadar, son muy sociables como los leones y suelen crecer más que las especies parentales.

 

¿Cuál es la historia de los Ligres?

 

 

A principios del siglo XIX en la India, el naturalista francés Étienne Geoffroy Saint-Hilaire, hizo una placa a color de la descendencia de un león y un tigre. El acrónimo “ligre” fue acuñado en la década de 1930 y el de Ligresa se utiliza para referirse a una mujer ligre.

En 1935, se criaron cuatro ligres de dos camadas en los Jardines Zoológicos de Bloemfontein , Sudáfrica. Tres de ellos, un macho y dos hembras, todavía vivían en 1953. El macho pesaba 340 kg y medía 45 cm, más alto que un león macho adulto en el hombro.

 

 

El ligre tiene un tenue patrón de rayas similar al de un tigre sobre un fondo leonado. Puede heredar rosetas del padre león, marcas negras, marrón oscuro o arenosas. El color de fondo puede ser correspondientemente leonado, arenoso o dorado.

Los cachorros nacidos en Chihuahua son hijos de la tigresa "Asia", de ocho años, y de "Greñas", un león africano de seis años de edad, quien que fue separado de la hembra para seguridad de las crías que nacieron el 24 de mayo.

 

 

El aspecto de estos felinos es como de un león con algunas rayas de tigre, mientras que su pelaje es entre el naranja y el amarillo. Las crías padecen gigantismo, pues llegan a medir hasta cuatro metros de largo y a pesar hasta 500 kilogramos. Al igual que los leones, los ‘ligres’ machos desarrollan melena.

Alberto Hernández, director del zoológico de Aldama, informó que los ligres permanecerán con su madre por tres semanas, y luego se irán adaptando a la comunidad.

 

 

Como datos curioso, los tigres blancos se han cruzado con leones para producir ligas “blancas” (en realidad doradas pálidas). En teoría, los tigres blancos podrían cruzarse con leones blancos para producir ligres blancos, muy pálidos o incluso sin rayas.

Pero no hay ligres negros. Como los tigres azules o malteses, ya no existen, los ligres grises o azules son extremadamente improbables. No es imposible que un ligre sea blanco, pero es muy raro. Los primeros ligres blancos conocidos nacieron en diciembre de 2013 en Myrtle Beach Safari en Myrtle Beach, Carolina del Sur, nacidos de león macho blanco y una tigre hembra blanca.

Si deseas ver otros felinos del zoológico, aquí tienes los datos:

 

 

Zoológico de Chihuahua

Dónde: Las Moras, Aldama, Chihuahua, a 20 minutos de la capital.

Cuando: lunes a domingo de 08:00 a 19:00

Cuánto: $60 pesos.

Hotel Sin Nombre: minimalismo mediterráneo, cultura y tradición oaxaqueña
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El Hotel Sin Nombre fue creado por artistas, arquitectos y artesanos de Oaxaca quienes dejaron un sitio sin marcas pero con mucho mezcal.

Foto destacada: The Spaces

El Hotel sin nombre dedicó 4 años al rediseño de una casa del siglo XVII en Oaxaca.

 

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Se trata de una propiedad del arquitecto João Boto Caeiro y la artista Elliott Coon quienes crearon el Hotel Sin Nombre, de 24 habitaciones es una hábil mezcla de interiores sobrios y audaces florituras que reflejan los principios fundamentales de Gem & Bolt; la marca de mezcal artesanal que cofundó la artista.

El ingrediente que define el espíritu del Hotel Sin Nombre es la damiana, un arbusto nativo de la familia de la menta, ya que está diseñado para actuar como un antidepresivo natural, un baño de dulzura y hasta un afrodisíaco.

 

 

Boto Caeiro restauró esta fachada del siglo XVII, donde sobresale el patio central coronado con una cúpula que permite que entre la luz natural. Entre cactus en macetas, este precioso patio cuenta con asientos preciosos encima de una alfombra de lana oaxaqueña adornada con racimos de almohadas cosidas a mano.

En este patio los huéspedes disfrutan de desayunos, cócteles, exposiciones rotativas y actuaciones en vivo de músicos locales. También hay una biblioteca secreta con una selección de libros antiguos, y las interpretaciones recetarios vegetarianos de la gastronomía oaxaqueña.

 

 

El sitio destaca por sus paredes blancas y camas con plataforma de madera diseñadas por Coon. Las mantas son hechas a mano y bordadas por un colectivo de artesanos locales, así como los champús, acondicionadores y jabones locales en una botella de vidrio ámbar.

 

 

El Hotel Sin Nombre tiene un carácter discreto, pero tardaron más de cuatro años en reconstruir la estructura antigua, mantener la esencia original de los materiales tradicionales como arcilla, ladrillos hechos a mano, piedra caliza y madera.

La fachada está cubierta con pintura de tierra, y una azotea verde que hace deslumbrar el espacio con la biosfera de especies endémicas oaxaqueñas que atraen a las aves, mariposas, libélulas y más.

 

 

La pintura blanca fresca enfatiza las columnas y los arcos históricos, es el sello del edificio, además de la piscina de la azotea desde donde es posible disfrutar del atardecer en la cercana iglesia de Santo Domingo.

 o acurrucarse en el apartado rincón de lectura y escritura del hotel. En la planta baja, en Restaurante Sin Nombre, se sirven platos veganos y orgánicos según disponibilidad de temporada.

 

 

Hotel Sin Nombre, Oaxaca

Dónde: 20 de Noviembre 208, Centro, Oaxaca.

Cuando: todo el año

Cuánto: desde $3 000 pesos

Los 8 pueblos yaqui, preservación, cultura y gobierno del desierto
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El origen de estas 8 familias reunidas en una sola comunidad yaqui, que cumple la “gran verdad” del noreste desértico.

Foto destacada: El Imparcial

El fascinante pueblo Yaqui es una familia de 8 comunidades.

 

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El pueblo yaqui pobló el desierto en plena libertad hasta el siglo XVI cuando tuvo que empezar una lucha constante contra los conquistadores por su territorio y su cultura. Después de mucha resistencia en el siglo XVII dejaron entrar a los jesuitas.

Antes de que los mismos yaquis sacaran a los sacerdotes, éstos los dividieron en 8 pueblos o familias, esta última acepción pertenece al tipo de organización social de los yaquis, cuyo nombre original es yoremes, nombre que proviene del vocablo yo´emem, "el hombre".

 

 

¿Cuál es la organización de los 8 pueblos yaquis?

 

La región conocida como el valle Yaqui si ubica al oriente de Sonora, en los municipios de Guaymas, Bácum, Cajeme y Empalme, sólo los dos últimos no se encuentran en las inmediaciones del río Yaqui.

Los pueblos que habitan esos municipios son Vícam, Pótam, Tórim, Belem, Rahúm y Huírivis que viven bajo su propio sistema de gobierno, los pueblos Bácum y Cócorit se rigen formalmente por la jurisdicción del gobierno estatal y municipal.

 

 

La organización social yaqui que dio origen a esos 8 pueblos o familias proviene de la ho?akame que es familia, pero no la clásica nuclear que conocemos, si no una extensa que incluye a toda una comunidad que cumple la "gran verdad".

Del yaqui lu?uturia yo?owe, donde lu?uturia es verdad y yo?owe grande viejo, "la gran verdad" es un sistema de creencias (que por definición son verdades), que guían el comportamiento de cada individuo de la familia en relación con él mismo, a los otros, a la religión, la impartición de justicia, la preservación del territorio y su cultura, entre otras observancias.

 

¿Cuáles son los 8 pueblos Yaqui?

 

Los ocho pueblos yaquis con poblaciones pequeñas que no tiene el turismo como actividad primordial, unos incluso restringen el paso a sus comunidades, así que es mejor informarse antes de visitarlos.

 

 

Cócorit de Ko?okoi, significa chiltepines. El pueblo cuenta con una casa de huéspedes construida en 1890 que hoy es el Museo de los Yaquis, uno de los cinco museos etnográficos del mundo, en su plaza de armas hay árboles tallados con más de 300 años de antigüedad.

En Bácum, que significa lagunas, se encuentra el templo de Santa Rosalía de Lima, la laguna Náinari ubicada junto al río Yaki y dos extensas playas, Guadalupe y San José. Vícam (puntas de flecha), Huírivis (pájaro) Ráhum (remansos) y Belem (Belén) son ranchos ganaderos o pequeños poblados de paso donde puedes probar los famosos taquitos de nada.

 

 

Pótam, que significa topos, es un poblado interesante por su templo de la Santísima Trinidad que está rodeado por el camposanto del pueblo donde hay alrededor de tres tumbas con cruces blancas que nadie sabe de quien son, pero afirman que siempre han estado ahí.

Aún se observa el campanario incluso por la súbita muerte del arquitecto que supervisando la obra cayó desde lo alto. Ese arquitecto misterioso fue autorizado en 1926 por Adolfo de la Huerta para construir 5 de los templos católicos en las tierras de los yaquis.

 

 

Tórim (ratas) también cuenta con un cementerio diferente y una iglesia peculiar que data de la colonia, sus gruesos muros de piedra que no tienen techo que sostener. El panteón es evidencia de los chinos que vivieron ahí dejando monumentos funerarios inigualables.

¿Sabes cómo llegó el pan a México? Aquí te dejamos la suculenta historia
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El pan en México es una tradición que reúne familias, que genera conversación y nos regala alegrías… así llegó y así se vende hoy.

Foto destacada: Flamingo Villa del Palmar

La historia de las panaderías en México, está conectada con la conquista, lo que nos hace México.

 

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La materia prima del pan es la harina que hasta antes del siglo XVI no existía en estas tierras, lo que había aquí era la masa de maíz con la que se hacían tortitas llamadas cocollí, un tipo de pan torcido, y unas empanaditas llamadas uilocpalli.

Fue hasta 1524 que el trigo se empezó a sembrar en México para el uso de Hernán Cortés quien le regaló la siembra a Juan Garrido, uno de los primeros panaderos coloniales, luego vino un largo periodo en el que la elaboración del pan era exclusivamente casera.

 

 

El pan se comenzó a vender en las pulperías (hoy misceláneas) pero no era ese bonito y aromático pan que comemos hoy, era un pan seco y duro que se vendía por precio fijado por el cabildo, las medidas eran cuartillas, tlacos y pilones.

 

Las panaderías mexicanas

 

El pan fino como las banderillas y las campechanas eran de consumo exclusivo de las clases altas que mandaban hacerlo en sus propias cocinas, como el birote y el pambazo que después fueron desplazados a las clases bajas con la llegada de los maestros panaderos.

 

 

Panaderos italianos y franceses llegaron hasta el siglo XVIII para establecer sus panaderías muy al estilo europeo donde el negocio era familiar y se heredaba de padres a hijos. Uno de los primeros en llegar fue el italiano Manuel Mazza, suegro de Don Benito Juárez.

El pan que se vendía a la población seguía siendo de baja calidad hasta finales del siglo XIX cuando los franceses empezaron a influenciar la panadería local (por aquellos días de la intervención francesa), para 1880 ya había 78 panaderías en la CDMX.

 

 

Durante todo ese tiempo existieron mujeres indígenas que vendían en las calles y mercados pan en hornos calabaceros de donde surgirían algunas derivaciones como el tradicional chimbo chiapaneco.

Para el siglo XX las panaderías ya estaban bien establecidas incluso con grandes negocios en la CDMX como La Vasconia y el Molino que ya existían para 1930, El Globo ya había sido fundada en 1884 como pionera de la industria panificadora.

 

 

Las revolvedoras del pan blanco y la industrialización de la harina bajaron los precios del pan estandarizaron su calidad, dando además portunidad de introducir bizcochería más barata la cual entró a las panaderías entre 1932 y 1950.

Como básicamente las panaderías vendían bolillos y teleras, su venta era por mostrador y en horas exactas pues todos querían sus bolillos calentitos. Pero la diversificación de la bizcochería comenzó a entorpecer la atención.

 

 

Fue hasta entrados los años 50 que Antonio Ordóñez Ríos decidió "abrir la panadería" al público colocando charolas y pinzas para que cada uno eligiera a su antojo, no obstante, todavía hasta la década de los setenta tenías que conocer el nombre de cada pan para pedírselo al tendero que lo mostraba en una vitrina.

Gendarmes, chilindrinas, garibaldis y cubiletes fueron perdiendo el nombre con el sistema de autoservicio, pero ganaron calidad y variedad en la década de los 80 cuando nuevos panaderos especializados arribaron a las panificadoras.

 

 

A la fecha, el pan se sigue vendiendo en las calles anunciado por una cornetilla o por la clásica melodía que entonaba Tin Tán, en panaderías que han adoptado todo tipo de estilos y resguardando la frescura, el aroma y la basta variedad que sólo el pan mexicano tiene.

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