Gastronomía
Tejuino, la valiosa cerveza wixárika que nutre y repara al cuerpo
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Las deidades huicholas le dieron al mundo el tejuino, una cerveza rica en probióticos que además alivia la resaca y disminuye la diarrea.

El Tejuino es la bebida de los dioses con más probióticos para los humanos.

 

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La evidencia arqueológica indica que el tejuino ya existía en Jalisco hace 7 mil años, así como la conocemos hoy como una bebida sencilla, fresca y reparadora que se consume en toda la tierra tapatía y Nayarit, principalmente.

El también llamado tecuino o tesgüino, toma su nombre del vocablo náhuatl tejuin que significa latir, y es que justo es eso, el latido del maíz considerado bebida de los dioses por hacerse con maíz teocinte, el alimento divino.

 

 

Básicamente, el tejuino es masa, piloncillo, agua, limón, sal y hielo. Se elabora de dos formas: con masa de maíz fermentada que se disuelve en agua, o se hace a partir de atole fermentado. De la manera quesea el resultado es el mismo.

El tejuino también se bebe en Colima y Michoacán, pero su fama se lo ha llevado hasta Veracruz y Baja California Sur, quizá por su sabor o también puede ser por sus beneficios pues es un probiótico natural.

 

 

Se le considera una cerveza por su proceso de malteo que consiste en dejar que el grano de maíz germine con agua, interrumpiendo su crecimiento para cocerlo e hidrolizar sus almidones. La malta se fermenta con bacterias.

Por su proceso de fermentación, en el tejuino se encuentran ácidos lácticos que ayudan a la digestión, incluso disminuye la diarrea, alivia la resaca por alcohol y rehidrata con eficacia. El descubrimiento de esta bebida se lo debemos a los huicholes nayaritas.

 

 

La cultura huichol cuyo nombre correcto es wixárika es la creadora de esta bebida del maíz emparentada con el pozol maya y el téjate oaxaqueño. Su importancia cultural coloca al tejuino como una bebida sagrada que se utiliza en ceremonias religiosas.

El tejuino se bebe en un vaso con hielos, bien frío, su sabor es muy peculiar pues combina dulce, salado y ácido. Si vas a Guadalajara vas a encontrar a los famosos tejuineros, señores que llevan sus carritos por las calles vendiendo la cerveza de maíz.

Si te gustan las bebidas tradicionales y otros polvos mágicos, aquí puedes leer sobre los beneficios del pinole.

 

 

Hay locales de alta cocina que ofrecen combinaciones interesantes o incluso que lo ofrecen como un postre, es muy común encontrar en las calles tapatías, locales de tejuino con nieve. Como somos mexicanos también se le puede agregar chile piquín.

El contenido alcohólico del tejuino es muy bajo, tanto, que en las comunidades wixárikas se lo dan a los niños en las fiestas religiosas y si se enferman del estómago. No dudes en probarlo, porque junto a las tortas ahogadas es un must.

 

 

Tejuino

¿Dónde? Si estás en Jalisco busca en tu navegador alguno de estos locales, Tejuino el amigo, Tejuino con Nieve Marcelino o Tejuino y Nieve de Garrafa, La Providencia.

¿Cuándo? Todo el año

¿Cuánto? Entre $ 20 y $50 pesos

Foto destacada: Cocina Vital

Datos que seguro no conocías del mítico Café de Tacuba
Mariana Gaxiola
Sin duda el Café de Tacuba es uno de los restaurantes más afamados y clásicos de la ciudad… Pero, ¿conoces su historia?
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Algunos secretos que el Café de Tacuba esconde entre sus muros.

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De todos los restaurantes que se ubican en el Centro Histórico de la ciudad, sin duda, destacan aquellos que se descubren dentro de hermosas casonas que datan de hace siglos. Uno de los más conocidos, concurridos y afamados es el mítico Café de Tacuba.

Este restaurante tiene ya más de 100 años, y es que además de su delicioso y mexicano menú, son sus muros los que embelesan a cualquier comensal que ingresa al lugar. Las mesas, la música y las pinturas transportan a todo visitante al México del siglo XX. Es preciso decir que el Café de Tacuba ha permeado la idiosincrasia capitalina desde hace años, por su gran tradición y preciosa decoración.

Pero hay algunos datos de su historia que muchos citadinos desconocen. Vale la pena echar un vistazo a su pasado para verdaderamente comprender los momentos que le otorgaron tanta identidad. Aquí algunos datos inadvertidos del grandioso Café de Tacuba:

Antecedente

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El inmueble que alberga hoy el Café de Tacuba fue construido desde el siglo XVII. Cabe mencionar, que a principios del siglo XX, esta casona fungía como sede de una lechería. Para 1912, Dionisio Mollinero llegó desde Tabasco a la Ciudad de México para fundar un restaurante de auténticas y tradicionales delicias mexicanas. Eligió esta increíble residencia de la calle de Tacuba para hacerlo.

Decoración


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El arte que adorna todos los alrededores del Café de Tacuba es admirable. Lo que más resalta son sus vitrales y mosaicos. Pero también conviene voltear a ver las obras pictóricas, pues muchas son de la época novohispana. Uno de los cuadros más famosos se llama La niña en traje rojo, y es de José de la Borda. También llaman la atención unos óleos de Carlos González, que narran con bellas imágenes el descubrimiento del mole y el chocolate.

La boda de Diego Rivera


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Antes de casarse con Frida Kahlo en 1929, Diego Rivera contrajo nupcias con la novelista Guadalupe Marín en 1922. La recepción de la boda se llevó a cabo en el Café de Tacuba.

Clientes asiduos


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Entre los varios presidentes que solían comer en este gran restaurante, Porfirio Díaz es el más recordado. De igual forma, el compositor Agustín Lara gustaba de visitar el lugar y deleitarse con los riquísimos platillos de la cocina mexicana.

Testigo de asesinato


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Un 25 de junio de 1936, un atacante entró al Café de Tacuba y le disparó al entonces gobernador de Veracruz, Manlio Fabio Altamirano Flores. El político se encontraba comiendo con su esposa, y poco sabía que esa iba a ser su última comida?

 

Set para película


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En 1978 se filmaron algunas escenas del filme Los hijos de Sánchez, una cinta que se basó en la novela de Oscar Lewis, The Children of Sanchez. Cabe aclarar, que el autor de este libro se inspiró en uno de los primeros empleados del Café de Tacuba para el personaje de Santos Hernández.

Sobre el incendio

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En 1999 un incendio quemó una buena parte del salón principal. Afortunadamente, las llamaradas solamente arrasaron con un poco del mobiliario y algunos objetos de decoración. La estructura del salón quedó intacta, gracias a la labor de los bomberos que llegaron al pronto rescate. Como agradecimiento, el restaurante los invitó a desayunar una vez que el Café de Tacuba volvió a abrir sus puertas.

Abigail Mendoza: la cocinera zapoteca de fama mundial que atiende Tlamanalli
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Tlamanalli ofrece gastronomía zapoteca y Abigail Mendoza, es la mujer zapoteca que conquista el paladar del mundo.

Foto destacada: Carolina Jiménez / Diario Marca

"Me dicen chef. Pero, mire, yo soy cocinera" Abigail Mendoza.

 

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Tlamanalli es el nombre de este restaurante de cocina zapoteca, que se ha convertido en uno de los más tradicionales de Teotitlán del Valle, Oaxaca, y poco a poco del mundo entero. Abigail Mendoza es la genio detrás de todo este orgullo nacional.

En pleno siglo XXI, Abigail Mendoza sigue utilizando metate para moler maíz, chiles, cacao y quelites. Molienda prehispánica que se reivindica en este restaurante como algo sagrado. Por eso, hay que hincarse. La cocina es un ritual. De hecho, Tlamanalli: suena bonito y significa dios de la cocina en zapoteco.

 

 

Abigail nunca se ha cortado el pelo en sus 58 años de vida en Oaxaca, para ser má exacto en Teotitlán del Valle; un municipio de poco más de 5.000 habitantes donde casi todos hablan zapoteco y se dedican a la siembra de maíz, frijol y calabaza. Miles de turistas estadounidenses desfilan por sus calles para comprar los tapetes de lana de oveja, alfombras tejidas o nueces.

Desde las 05.30 se pone a quemar leña, moler el maíz, cocerlo en agua con cal, hacer tortillas, guardar ceniza para el tejate y aprovechar las sobras para dar de comer a los pollos y cerdos. Todo fresco. Del cultivo a la mesa.

 

 

Abigail Mendoza fue la primera mujer de 10 niños criados en un México rural y pobre, 4 hombres y 6 mujeres. Hija de padre tejedor y campesino y madre que criaba criar a toda la familia. Mendoza abandonó la escuela a los 9 años. Su primera comida la elaboró a los 10 años: unos chapulines tostados con limón y chile.

En febrero de 1990, una escritora de Washington pasó por delante del restaurante estrenado de Mendoza. "Niña, ¿tiene algo de comer?", le preguntó. Abigail recuerda que le sirvió tamales de mole coloradito con pollo. La visitante le pidió su libreta de recetas y se la llevó a un hotel de Oaxaca esa misma tarde. No se ha olvidado de su nombre: Terry Weeks. Un año después aparecieron publicadas en un libro de la prestigiosa revista Gourmet.

 

 

En 1993, una reportera de The New York Times mencionó Tlamanalli como uno de los 10 mejores restaurantes del mundo. El artículo está enmarcado en inglés y en español sobre la pared del restaurante. "Híjoles? Ese fue el boom. Y no había venido a comer aquí ni un oaxaqueño ni un mexicano", señala emocionada Mendoza.

"Después ya llegaron todos los medios extranjeros. Y nos invitaron a eventos gastronómicos en todo el mundo: estuvimos en Los Ángeles, en Napa, en el País Vasco, en Sudáfrica?".

 

 

El día que la Unesco reconoció como patrimonio inmaterial de la humanidad la cocina mexicana, en agosto de 2010, Mendoza estaba sirviendo atole a los invitados de Naciones Unidas en París.

Pero todo cambio cuando en mayo de 2015 comió Anthony Bourdain en Tlamanalli. Degustó mezcal, y después se quedó maravillado con lo artesanal de las preparaciones. La cocina es de gas, las ollas de barro y ahí caben unas 20 mesas redondas de ocho sillas. No hay decoraciones contemporáneas ni pretensiones.

 

 

Los adornos de las mesas son gardenias rosas, blancas o jazmines que se compran en el mercado del pueblo; de donde también se compra el maíz, las flores de calabaza, el queso fresco y los chapulines recién atrapados del campo.

Mendoza se casó con la gastronomía tradicional oaxaqueña a los 29 años. "Me dicen chef. Pero, mire, yo soy cocinera", apunta meneando su delantal de cuadros azul, que viste sobre un vestido bordado de flores. Todo lo que ha construido comenzó un día después de San Valentín en 1990.

 

 

"Me han ofrecido abrir incluso en París, pero no quiero. Mi comida no sería la misma sin los productos de los campesinos de aquí, y me gusta mi forma de vivir."

Los norteamericanos, canadiense y europeos la han puesto en el mapa. Al aeropuerto de Oaxaca llegan vuelos de todo el mundo, pero aunque se escucha mucho inglés escuchar zapoteco es más fácil que escuchar español.

Su casa está a cuatro manzanas del restaurante, es la misma donde nacieron ella y su familia. Ahí vive con sus tres hermanas: Rocío, Marcelina y Rufina. El menú es sopa de flor de calabaza con chepiles; tamales de mole coloradito con conejo y de postre flan con masa de maíz con tinta de cochinilla.

 

 

Una ocasión, la asamblea del pueblo regido por usos y costumbres, la eligió para un cargo pero se negó. Hoy en día, dirige el centro cultural de Teotitlán; que heredó con modernas instalaciones, diseñadas por arquitectos extranjeros y con dinero del Gobierno federal, pero sin un solo peso para que funcionara.

Gracias a los donativos de turistas y fondos que han conseguido recaudar, en sus salones se imparten clases de inglés, de zapoteco, de música y de telar. Su sueño es que el dinero alcance un día para comprar instrumentos para los niños y crear una banda de Teotitlán.

 

 

Tlamanalli de Abigail Mendoza

Dónde: . Av. Juárez #39 Teotitlán del Valle, Oaxaca.

Cuando: lunes a domingo de 13:00 a 16:00 hrs

Consumo promedio: $600

Solo reservación (951) 5244006

Con información de Elena Reina / El País