Arte y Cultura
Historia de la zona arqueológica de Santa Cruz Acalpixca en Xochimilco
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La zona de Santa Cruz Acalpixca es la heredera directa de los primeros cultivadores de flores y chinampas en Xochimilco.

Foto destacada: Animal Gourmet y Enrique Ortiz

Santa Cruz Acalpixca es una zona arqueológica escondida en Xochimilco.

 

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Santa Cruz Acalpixca es un pueblo fundado por una de las 7 tribus nahuas que partieron del mítico Aztlán: los xochimilcas. Se establecieron en las faldas del cerro Cuahilama “Cabeza de anciana” en el año 1195 d.c y fueron los primeros en cultivar flores y crear las chinampas: patrimonio cultura patrimonial de Xochimilco.

El cerro de Cuahilama fue un antiguo observatorio y adoratorio, una calzada prehispánica que daba acceso a la parte superior del cerro, y es posible que haya sido un centro ceremonial vinculado con las festividades de fertilidad agrícola y con un culto al Sol reflejado en eventos astronómicos.

 

 

 

Historia de los xochimilcas en Acalpixca

 

 

En este se celebraba cada 52 años el nacimiento del "Fuego Nuevo", para asegurar la llegada del nuevo sol. Es un sitio popular por sus petrograbados en la ladera y las faldas del cerro, se distinguen diez petroglifos prehispánicos del año 1200 y 1500 d.C.,  que expresan la cosmovisión de los xochimilcas, se les han atribuido funciones ceremoniales y veneración como deidades.

La cabecera del pueblo xochimilca se trasladó a la isla de “Tlilan”, hoy centro de Xochimilco.  El pueblo adquiere su nombre definitivo, Acalpixca, que proviene del náhuatl que significa "el lugar donde están los que vigilan las canoas" o "el lugar donde están los cuidadores de canoas".

 

 

Se sabe muy poco del desarrollo del pueblo hasta el siglo XX. Hoy en día, situado en la Avenida Tenochtitlán, barrio La Planta, se encuentra el Museo Arqueológico de Xochimilco que ocupa un antiguo edificio porfiriano, llamado "Casa de Bombas".

Fue construido poco antes de 1910 como parte del sistema hidráulico que el mismo Porfirio Díaz implementó para llevar agua desde esta zona hasta la Ciudad de México.

 

 

Este edificio se encuentra rodeado de jardines y a la orilla del Acalote de Santa Cruz, donde se encontraba el ojo de agua. La museografía se inició con 2441 piezas de barro y piedra según el inventario.

El museo exhibe la piedra de Tetitla, que representa la danza de la primavera; sigue la dalia o cocoxóchitl, conocida como firma de los talladores de piedras o escultores naturales de Xochimilco.

 

 

Ahí también se encuentra la xoloxóchitl o magnolia, flor simbólica de belleza, la flor del corazón. Consta de dos vitrinas, donde se exhiben dos de introducción a la prehistoria, con restos de mamuts y grafitos. Una vitrina es del preclásico, y la siguiente de la cultura teotihuacana y otra con cerámica; otras más contienen cráneos deformados.

Además, hay esculturas de guerreros, animales y un tlaclitil o juego de pelota. También se admira el lienzo de Tzoqititlan o lienzo de Xochimilco, hallada en el departamento de códices del Museo de Antropología e Historia en 1978.

 

 

El museo tiene más de 12 mil piezas antropológicas, encontradas en el área de Xochimilco, la mayoría donadas por la comunidad y las demás por excavación arqueológica de las cuales solo se exhiben 2000.

En este museo también se imparten talleres enfocados al sector infantil, como parte de las opciones para las vacaciones de verano, los talleres ofrecen elaboración de penachos y globos de cantoya, cuyo objetivo es acercar a las nuevas generaciones al arte popular.

 

 

Santa Cruz Acalpixca en Xochimilco

Dónde: Av. Tenochtitlan s/n, Santa Cruz Acalpixca, Xochimilco.

Cuando: de martes a sábado de 09:00 1 8:00

Cuánto: $12.50 pesos. Domingo gratis.

Olinalá, una técnica oriental apropiada por artesanos guerrerenses
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Las piezas de Olinalá son la joya real de las artesanías mexicanas, conoce qué tiene que ver la Nao de China con ellas.

Foto destacada: Sur Digital

Conoce más sobre el significado de la palabra Olinalá, técnica de laqueado artesanal con denominación de origen.

 

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Pegadito a Puebla, pero en la región montañosa de Guerrero, se encuentra Olinalá palabra que proviene del náhuatl y significa "lugar de terremotos"; pese a la fama de la zona, ese nombre fue tomado por la abundancia del árbol lináloe.

El árbol lináloe posee una preciosa madera blanca que expide un aroma fragante que perdura muchos años aún convertida en cajita, forma que pintada le ha dado mucha fama y hasta denominación de origen a las Lacas de Olinalá.

Esta es una técnica de laqueado artesanal originaria del pueblo prehispánico del mismo nombre, que consiste en la impermeabilización y decoración artística de objetos de madera o corteza vegetal del árbol de lináloe.

 

 

 

Cajitas de Olinalá

 

No necesitas tenerlas a la vista porque su fragancia las hace manifiestas en cualquier tienda de artesanías, las cajitas de Olinalá son piezas de mucho valor por su madera, su técnica impecable de pintura y claro, por su diseño tan mexicano, tan de Guerrero.

Además de las cajitas, la técnica de laqueado y el estilo del diseño de las piezas de Olinalá se pueden ver en grandes baúles, muebles, biombos, todo tipo de muebles y adornos que puedan hacerse con la madera que expone con mucho color un importante legado histórico y cultural.

 

 

Así se hacen las cajitas de Olinalá

 

En términos técnicos, el Olinalá es una técnica de laqueado que aprendieron los guerrerenses imitando las bellas piezas cerámicas que llegaban desde el oriente entre los siglos XVI y XVII en el Galeón de Manila, mejor conocido como la Nao de China.

Después de talar el árbol, la madera del lináloe se trata con una mezcla de linaza con aceite de chía, tierra blanca y tierra tecoztle para evitar las polillas y rellenar los huecos. La madera se corta conforme a la pieza que se necesite, se arma y se pinta del color predominante, casi siempre es el negro.

 

 

El tradicional color negro de las piezas de Olinalá se crea con carbón de encino y polvo de piedra tolte (toctetl) que es óxido de hierro, el resto de los colores como verde, azul o rosa, se crean con una mezcla de 80% polvo de piedra y el esto de pintura artificial.

Los diseños de Olinalá más frecuentes presentan elementos de la flora y la fauna locales, rosas, jaguares, pensamientos, árboles, aves y paisajes son dibujados y aplicados hábilmente por los artesanos que se valen de herramientas prehispánicas.

 

 

Las lacas de Olinalá son trabajadas con rayado, vaciado, punteado y bajo relieve que se realizan con "pinceles" de plumas de gallina, espinas de huizache o maguey, con una cola de venado se dispersan los polvos y con una piedra se compactan sobre la madera para bruñirla.

Algunas piezas llevan elementos de plata y oro que aumentan el precio de estas artesanías que suelen tener un costo promedio que va de $800 a los $2000 pesos, precios que varían de acuerdo con el objeto, el tamaño, si fue hecho en un taller o con un artesano independiente, y si hay algún intermediario.

 

 

En Olinalá, Guerrero, existen alrededor 500 talleres y el Instituto de Capacitación Para el Trabajo de Olinalá donde se enseña a artesanos, artesanas y creadores a vender su trabajo y cobrar justo por su labor artística.

Las piezas de Olinalá cuentan con Denominación de Origen sólo si están manufacturadas en la comunidad, con madera de Olinalá, los materiales y las técnicas tradicionales; adquirir cualquier pieza en línea representa un riesgo, pues irónicamente podrías comprar una réplica China.

 

 

Lacas de Olinalá

¿Dónde? Olinalá, Guerrero. Desde la CDMX es un viaje de 5 horas y media pasando por Cuautla, Morelos.

¿Cuándo? Todo el año

¿Cuánto?  Puedes encontrar pequeñas cajas e Olinalá hasta en $300 pesos

Monte Tláloc, el templo más alto del mundo y un adoratorio al dios de la lluvia
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La zona arqueológica del Monte Tláloc fue un adoratorio al dios de la lluvia y un lugar con una vista increíble.

Foto destacada: Hablemos de Volcanes

El Monte Tláloc tiene un fenómeno visual impresionante que se da en el mes de febrero.

 

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Monte Tláloc es un sitio al que se le ha dado poca difusión, pero que resalta nuestro país pluricultural y maravilloso. Se encuentra en el Estado de México, y forma parte del Parque Nacional Iztaccíhuatl Popocatépetl. Este es el templo más alto del mundo está en México. Está a una hora de la Ciudad de México: el Monte Tláloc, un adoratorio al dios de la lluvia a 4,120 metros sobre el nivel del mar.

Este monte, además del Telapón y los Potreros, forma parte de una cadena montañosa que asciende hasta los 4,060 metros sobre el nivel del mar, siendo un área para el senderismo y los paseos familiares, en la Sierra Nevada.

 

 

Uno de los rituales celebrados aquí, uno de los más importantes, es el Huey tozoztli o la peregrinación que hacía el tlatoani mexica hasta la cumbre del Monte Tláloc, donde se creía que moraba el dios de la lluvia. En la época prehispánica, este peregrinaje lo hacían tlatoanis de Texcoco, Culhuacán, Xochimilco y Tlacopan.

En la cima del Monte Tláloc se encontraba un templo del que ahora solo hay vestigios, dedicado al dios de la lluvia. Aquí se han encontrado figurillas de Tláloc y de sus Tlaloques (ayudantes) que cumplían la función de derramar el agua sobre la tierra y hacer temblar el cielo con sus rayos.

 

 

Las figuras de los Tlaloques representaban cada una de las montañas que pueden ver en este sitio, desde este monte. En los rituales de veneración se seguía un protocolo donde Moctezuma, Tlatoani mexica, estaba encargado de iniciar la veneración colocando un tocado especial sobre la cabeza del dios.

El resto de los gobernantes se acercaban, por orden de importancia y jerarquía, para ataviar el resto de la figura con collares, brazaletes, y ofrendas de alimentos. Enseguida se llevaban a cabo sacrificios de niños. Pasaban la noche en la montaña y seguían la ruta de peregrinación junto a los sacerdotes del Templo Mayor.

 

 

Efectos visuales del Monte Tláloc

 

Pero más allá de los detalles históricos, el Monte Tláloc tienen una vista privilegia desde donde se observa un efecto visual impresionante en conjunto con otros volcanes: el Pico de Orizaba, La Malinche y Sierra Negra. El amanecer del 9 y 10 de febrero, el sol se levanta sobre la cúspide de La Malinche y al día siguiente lo hace sobre el Pico de Orizaba.

Se trata de un fenómeno óptico que parece convertir a las tres montañas en una sola; como si se tratara de una montaña fantasmal. Este acontecimiento ha sido estudiado desde el punto de vista de la Arqueoastronomía, ya que el movimiento del sol coincidía con los nemontemi o días vacíos, según el calendario maya.

 

 

Asimismo, la zona arqueológica del Monte Tláloc es una de las de mayor altura en el mundo, incluso por encima de Machu Picchu. Los arqueólogos han encontrado restos momificados de niños sacrificados y otros objetos, ya que el recinto estaba bajo resguardo de guerreros  mexica de élite.

Al día de hoy, habitantes de la zona continúan subiendo al monte para dejar ofrendas, pedir buenas cosechas y que el volcán no despierte.  Las ofrendas van desde monedas hasta comida e imágenes religiosas cristianas.

 

 

Monte Tláloc

Dónde: volcán inactivo entre los municipios de Ixtapaluca y Texcoco, en el Estado de México.

Cuando: fenómeno de febrero. Se recomienda visitar la zona acompañado de guías expertos en la zona.

Entrada libre

Foto destacada: Leisure & Lux

Tlalchichi, los legendarios perritos prehispánicos herencia de Colima
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Las figuras prehispánicas con más presencia en los museos del mundo son los colimotes, y después, quizá, los tlalchichis de colima.

Foto destacada: Museo Amparo

Los perritos de Colima son conocidos como Tlalachichi y son preciosos.

 

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Saliendo de Colima hacia Comala hay una gran escultura de unos perritos que parecieran estar bailando, sin que muchos lo sepan este par de canes no sólo están bailando y no son xoloitzcuintles como se suele creer, los tlalchichi representan una antigua tradición.

Los perritos gorditos conocidos como colimotes, en realidad se llaman tlalchichi que significa "perro de tierra" y ese mismo nombre es el de su raza, una muy antigua que desafortunadamente desapareció y de la cual sabemos por hallazgos arqueológicos.

 

 

 La raza tlalchichi

 

Los antiguos habitantes de Colima les dieron ese nombre por sus patas cortas y su gran barriga, que en efecto hacían parecer que estaban pegados al piso, sí, los tlalchichis eran como xoloitzcuintles encogidos, pero se trata de otra raza.

También de pelo escaso, los tlalchichi eran perros prehispánicos, fieles compañeros que se utilizaban para sacrificios, y se cree, también llegaban a consumirse. La raza se conoció en Colima y algunas partes de Jalisco.

 

 

Tlalchichi, el perro prehispánico

 

Los colimotes eran animales de compañía tanto en la vida como en la muerte, por eso se han encontrado muchas figuras de cerámica en las tumbas de tiro, que eran pequeñas habitaciones bajo la tierra, muy características de esta región.

En los cuartos mortuorios se colocaba al fallecido junto con piezas representativas de la vida de las personas, en casi todas las encontradas se han hallado pequeñas figuras de perritos regordetes, tlalchichis, quienes guiaban al camino al más allá.

 

 

Los tlalchichis podían sustituir a las personas en los sacrificios (por ejemplo, si no había prisioneros de guerra) razón por la que algunas figuras de estos perritos aparecen con máscaras de personas, como engañando a la muerte.

En la "Historia general de las cosas de la Nueva España" Fray Bernardino de Sahagún cuenta que los tlalchichis tenían buena carne para comer, incluso mejor que la de los xoloitzcuintles, característica que desafortunadamente no les dio buena fama.

 

 

Como sabemos, una de las finalidades de la colonización fue eliminar toda creencia y costumbre que se considerara inadecuada, razón por la que en el siglo XVII se prohibió la presencia de los perros en las calles de las crecientes poblaciones de la Nueva España.

La orden de envenenar a los perros callejeros terminó con toda la raza tlalchichi, pero no con su presencia en nuestra historia. Actualmente en nuestro país existen 251 figuras repartidas en los museos de 22 estados, 80 en Estados Unidos y 25 en países de Europa.

 

 

Los tlalchihis son la artesanía más famosa de Colima, aún más los perritos bailarines de la glorieta que lleva a Comala, que son una reproducción de una pequeña figura que representa a un perro viejo susurrando conocimientos al perro más joven mientras danzan la vida.

 

Las monjas de Puebla que llegaron al precioso convento de Guatemala
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Las ruinas del ex Convento de Santa Clara son una gran preciosura, y las luces y sombras del lugar son mágicas.

Foto destacada: Henrry Figueroa

Las monjas de Puebla llegaron haste el ex Convento de Santa Clara en Guatemala.

 

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Puebla de los Ángeles fue la segunda importancia cultural, política y social en la época del virreinato. Se trazó siguiendo un pensamiento religioso, con gran influencia de obispos en la política y la economía local, por encima de las autoridades civiles, que terminó por delinear la identidad de la ciudad y de más allá.

Entre 1600 hasta 1800, varias figuras religiosas ocuparon altos mandos, desde las parroquias seculares, hasta la fundación de conventos de las nuevas órdenes religiosas, pasando por la edificación de monasterios y el apoyo económico a las obras de caridad y la construcción del acueducto.

 

 

La comunidad religiosa en Puebla era tan grande, que incluso se dieron el lujo de exportar personal religioso con todas las ganas de evangelizar, hacia lugares alejados del centro, ya que llegar a Guatemala en el año 1700 no era tarea fácil, ni segura. Pero las religiosas capuchinas de la orden del Seráfico Padre San Francisco, se dispusieron a llegar allá.

En 1699 se hizo la solicitud de enviar monjas clarisas del convento establecido en Puebla de los Ángeles, entonces localidad del virreinato de la Nueva España, hoy México. Hubo muchas voluntarias, y se eligieron seis  siendo prelada la madre Micaela de la Concepción.

 

 

De México salieron el 19 de octubre de 1699 y llegaron a Guatemala en diciembre del mismo año. Seguido, se realizó una procesión el 14 de enero de 1700, que se se dice, fue "majestuosa" la entrada de la ciudad hacia la Catedral y después al convento.

Las religiosas de la Orden de las Clarisas habitaron este increíble convento desde el 14 de enero de 1700, siendo esta la fecha de su fundación oficial. Al principio, comenzó con cinco religiosas y una novicia, pero poco a poco llegaron más mujeres ordenadas.

 

 

El ex Convento de Santa Clara es una joya de Guatemala.

 

El convento reconstruido fue reinaugurado y consagrado el 11 de agosto de 1734, pero hubo otros dos terremotos más, uno en 1773 y otro en 1874, donde el convento quedó totalmente en ruinas, desde esas fechas es posible verlo así en la actualidad.

Este convento tenía un techado de teja que desplomó luego de un terremoto en 1717. Hubo muchos daños y que las religiosas abandonaron el lugar durante las reparaciones. Tardaron 26 años para remodelar el sitio, pero anularon todos los rastros de la construcción original.

 

 

Como sea, las ruinas del convento tienen un encanto especial, un elegante jardín rodeado de corredores, y es el único de La Antigua Guatemala que posee la fachada de su iglesia dentro del complejo, es decir oculta de la vista exterior.

Las ruinas del Convento de Santa Clara son tan lindas, que es bastante frecuente que se utilice para festividades sociales, sobre todo bodas.

 

 

Los arcos del Convento son una preciosura, y parece que cada elemento los hace destacar aún más. Las ruinas, la fuente la variedad de colores, luces y sombras que hay en el lugar, lo hacen espectacular para tomar fotografías.

Todavía es posible observar figuras de ángeles y santos, y algo de la antigua magia y misticismo todavía sigue vivo aquí.

 

 

Ex Convento Santa Clara

Dónde: 2a. avenida norte frente al Tanque la Unión, Guatemala

Cuando: todo el año

Entrada libre

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