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Así se vio la Ciudad de México durante la inundación de 1950 (FOTOS)
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Año con año, los citadinos de la capital de la república deben pasar peripecias características de la odisea homérica.

Las inundaciones en la Ciudad de México no son novedad. Año con año, los citadinos de la capital de la república deben pasar peripecias características de la Odisea homérica: desde sorprendentes navegaciones en las estaciones del metro hasta lecciones de natación a la "viva México" en la superficie.

Estas catástrofes naturales han tenido lugar desde tiempos precoloniales, no obstante la más antigua que se ha llegado a conocer es la inundación de 1604 (durante la época colombina) En ese año, la ciudad de México logró sobrevivir a pesar de que sus calles estuvieron inundadas durante meses. Debemos recordar que, en esa época, la ciudad era realmente una cuenca cerrada, lo que provocó que la única salida del agua fuera la evaporación.

Desde entonces, se planeó lograr una infraestructura que evitara tanto prevenir las inundaciones como la mezcla de aguas dulces con aguas contaminadas. Y fue hasta 1866 (¡más de dos siglos después!) que comenzó la obra que permitiría derivar los "escurrimientos de las inundaciones", mejor conocida como el "Gran Canal" o "Canal del Desagüe": se concibió como un canal de casi 40 km, que iniciaba en el lago de Texcoco y culminaba en el túnel de Tequixquiac. Se trataba de una salida artificial para el drenaje del valle de México? Sin embargo, en 1925 (cuando la obra se terminó en 1900), la ciudad volvió a ser víctima de la naturaleza al sufrir otra inundación significativa.

A pesar de los trabajos y las obras desarrollados para evitar las inundaciones, entre 1941 y 1951 la ciudad sufrió una serie de este tipo de catástrofes recurrentes y cada vez mayores. Entre la más impactante fue en 1950, cuando el periódico El Universal informó que dos terceras partes del valle de México se inundó de agua y lodo, en donde cinco personas perecieron. Estas fueron sus imágenes:

Adiós Enrique Metinides, el fotógrafo que retrató a la ciudad al borde del desastre
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Un poco sobre el legendario fotógrafo mexicano de sucesos, ‘nota roja’, que catapultó su obra a galerías en todo el mundo.
fotógrafo Enrique Metinides

Es difícil imaginar al periodismo de la nueva era sin la dualidad crimen-accidente, dos ingredientes que dan escabrosa morbosidad pero sobre todo público interesado. Si hay un tema que a la mayoría incomoda y prefiere no mencionarse es la muerte, pero cuando ésta nos regala escenarios perturbadores donde la sangre y la tragedia humana son aliadas del destino, lo inevitable, el asunto se vuelve sorprendentemente relevante. Tal vez la finalidad de este morbo fúnebre sea el hecho de reconocernos sensibles ante aquello que de un instante a otro ha desatado la fatalidad, o el adquirir emociones adrenalínicas derivadas de catástrofes cercanas a nosotros.

Las fotografías de Enrique Metinides son una prueba interesante de ello, ya que además de ilustrarnos los hechos azarosos que día a día ocurren en el caos vial de una ciudad como la nuestra, lo hace con especial enfoque artístico. Metinides, el poeta de la imagen del desastre, es un fotógrafo mexicano como probablemente no hay otro. Entre las décadas de 1950 y finales de los 70, fotografió infinidad de accidentes viales, crímenes, suicidios y desastres naturales que llevaron a las personas a las últimas de sus consecuencias.

Los retratos de Metinides navegan sobre una línea muy delgada entre la polémica de la nota roja y el arte de capturar las emociones de un escenario o un rostro. Su sensacional trabajo lo ha llevado incluso a montar exposiciones alrededor del mundo y a ganar diversos premios como el de MoMA, en EEUU o el del festival de Les Rencontres d’Arles, en Francia. La precisión milimétrica de su presencia en los hechos y la inhibición ante el peligro le han permitido lograr quizás, las mejores fotografías de la ciudad de México al borde de la muerte.

Según Metinides su apasionante carrera le ha dejado como saldo dos infartos, siete costillas fracturadas, una gran lista de accidentes automovilísticos, además de un gran número de lesiones menores a lo largo de 50 años de trabajo bajo el sórdido ruido de las sirenas.

En 1997, después de más de 50 frenéticos años de trabajo, se retiró. Fue entonces cuando la gloria le empezó a merodear. Lo que había sido despreciado cobró entonces valor. Se publicaron recopilaciones y catálogos; se filmaron documentales. Y México descubrió en Metinides a uno de sus grandes retratistas. Expuso en Nueva York, Berlín, Madrid, Zúrich, San Francisco, Arlés, Helsinki, París? Sus imágenes se volvieron arte.

"Siempre evité lo macabro, lo truculento. Tuve respeto por las víctimas", contaba el autor en la entrevista para este diario. En estos días en los que el país amanece con una matanza más dura que la anterior ?a veces emitida casi en vivo?, el poderoso legado del fotógrafo fallecido este martes resulta fundamental para revisar la sensibilidad en la tragedia, el abrazo al dolor y al duelo siempre ausente y silencioso, pero tan necesario como su obra.

Mira a la Ciudad de México a través de la lente de Guillermo Kahlo (FOTOS)
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Reconocido fotógrafo alemán-mexicano (y padre de Frida Kahlo) quien retrató buena parte de la modernidad que abrazó a México en épocas del porfiriato.

Guillermo Kahlo ya era un reconocido artista antes de que su hija, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón lo fuera. De origen alemán-mexicano, este fotógrafo de la época porfirista retrató la evolución de la capital a lo largo de su brillante arquitectura, que en aquél entonces se mostraba como un cambio transcultural decisivo para la realidad mexicana.

Carl Wilhelm Kahlo Kauffman, llegó a la edad de 19 años al país en 1891, enviado por su padre, un reconocido joyero de la entonces región de Fráncfort del Meno. A partir de 1900  y durante esa década fotografiará los sitios monumentales más emblemáticos del México de la época, que básicamente enaltecía la modernización arquitectónica del país, bajo una visión afrancesada.

A Kahlo se le atribuyen fotografías que inmortalizaron sitios como Bellas Artes, el novedoso edificio de Correos de México (hoy Palacio Postal) y su arquitectura ecléctica, el Gran Hotel de México con su art noveau, entre otras mezcolanzas de diseños modernos que se vieron abrazados por México especialmente en el gobierno de Porfirio Díaz. Algunas otras de sus fotografías muestran rostros conocidos de la historia de México, como Emiliano Zapata o su propia hija Frida en compañía del pintor Diego Rivera.

Para muchos, las fotografías de Kahlo resultarán un brillante manifiesto del progreso en un México arraigado como su propia conquista; para otros, el testimonio del inicio de una desaparición parcial de la arquitectura del México prehispánico.

Mariana Yampolsky, la fotógrafa de los pueblos originarios (FOTOS)
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Mariana Yampolsky enfocó su lente en el folclor mexicano, en la cara optimista y serena de las raíces indígenas.

Foto destacada: Cultura_Mx

Mariana Yampolsky tuvo una mirada muy particular para retratar a México.

 

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Naturalizada mexicana en 1954, Marianne Gertrude Yampolsky Urbach nació el 6 de septiembre de 1925 en Chicago, Illinois, Estados Unidos, en medio de una granja donde se conservaban las tradiciones europeas ya que su familia había salido de Rusia a fuerza de la persecución contra los judíos; no obstante, aquel arraigo a su cultura no impidió que su padre, el pintor y escultor Oscar Yampolsky, le permitiera ingresar a la Universidad de Chicago cuando sólo tenía 16 años.

Fue ahí donde Mariana Yampolsky escucho del Taller de Gráfica Popular, fundado en México en 1937 y en donde los grandes artistas del momento se reunían a luchar contra la opresión, y así, sin siquiera hablar español, la joven artista viajó a México en 1944. Gracias a su amigo, historiador Justino Fernández, conoció José Clemente Orozco quien la animó a estudiar en Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda.

 

 

La primera mujer en el Taller de Gráfica Popular convivía con Leopoldo Méndez, Pablo O?Higgins, Luis Arenal y David Alfaro Siqueiros, y también estudiaba fotografía en la Academia de San Carlos con Lola Álvarez Bravo, de quien aprendió la importancia del sujeto retratado, disciplina que Mariana Yampolsky abrazó como la pasión de su vida.

Elena Poniatowska fue testigo cercana del trabajo de Yampolsky, con quien trabajo en conjunto varias veces, una con las letras y a la otra con toda una documentación de la entraña mexicana que capturó en un largo viaje por todo el territorio nacional donde tuvo contacto con diversas comunidades indígenas, en un tiempo en el que se desconocía su vasta cultura dando a conocer a México en libros y exposiciones.

 

 

La también profesora Mariana Yampolsky fundó el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras del IPN, fue coeditora del Fondo Editorial de la Plástica Mexicana, colaboró con el Centro de Investigación de la Artesanía y con la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito y fue editora de la colección Colibrí de la SEP. Antes de partir de este mundo, recibió varios galardones que reconocieron su obra de más de 50 mil fotografías. El 3 de mayo de 2002, Mariana Yampolsky vio por última vez la tierra que la adoptó.

Aquí te dejamos con el recuento de algunas fotografías de la gran Mariana Yampolsky:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunas fotografías (muy antiguas) que cambiaron para siempre la Ciudad de México
Viviana Cohen
Una asombrosa colección de imágenes que recorren en blanco y negro, los sucesos más importantes que han ocurrido en la CDMX.


Las fotografías abren la puerta del pasado.

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Hay un refrán que transita por el español que asegura que una imagen habla más que mil palabras, y aunque muchos podrían estar en desacuerdo, las cuantiosas fotografías que retrataron los pormenores del siglo XX comprueban de alguna manera que este dicho popular tiene razón.

Las fotos tienen el poder de trasladarnos al pasado. De hacernos testigos de un mundo que ya no existe, de un tiempo en el que se estaban gestando los momentos más definitivos de nuestra historia. Y es que aunque todo cambia, y los segundos atraviesan con cierta rapidez el reloj, lo único que permanece son las imágenes de lo que fuimos.

Prueba de ello son las cuantiosas postales del pasado de la Ciudad de México. 

Estampas capturadas desde 1840 (año en el que se tomó el primer daguerrotipo) hasta nuestros días, que nos enseñan de una forma sutil la forma en la que ha transcurrido la historia en esta urbe.

Miles de instantes de esta metrópoli han pasado por una cámara. La vida cotidiana durante el porfiriato, el día en el que Zapata y Villa irrumpieron en la Ciudad de México, la madrugada se que cayó el ángel, la noche en la que se inauguró Bellas Artes y hasta aquella visita de Borges a nuestro país, que según sus biógrafos, lo hizo saber que ya había escrito todo lo que tenía que escribir.

En honor a lo anterior, y gracias a una iniciativa en redes llamada

México Contemporáneo hemos seleccionado algunas fotografías sorprendentes en las que se pueden apreciar momentos decisivos en la larga e intrincada cronología de la CDMX

Este es

un viaje en blanco y negro por nuestra esencia.

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Esta fue una de las primeras fotografías que se tomó en la Ciudad de México. El años era 1840 y el autor, un francés que había traído al país una tecnología que solo unos años más tarde transformaría al mundo.

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En 1971 un hombre se tiró de la Torre Latinoamericana y cayó al noveno piso. Fue el segundo suicidio que ocurrió en el emblemático edificio en menos de 20 años.

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En 1973 el gran Borges visitó nuestro país. Según los que lo acompañaros, recorrió Teotihuacán con cierta melancolía por el pasado.

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Tras la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, un silencio muy grande recorrió la Ciudad de México. Esta es una de las fotografías que apareció en la portada de uno de los diarios de circulación al día siguiente.

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En julio de 1957 un terremoto sacudió las entrañas de la Ciudad de México. Además de los heridos y el susto de la población, el Ángel de la Independencia se desprendió de su columna y se cayó. Al día siguiente había personas cargando sus partes.

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En 1950 una épica tormenta cayó sobre la Ciudad de México. Las principales arterias de la urbe se inundaron y la gente las recorría en barcos.

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En 1969 The Doors, visitó la Ciudad de México. Además de ofrecer recitales, los músicos visitaron algunos de los espacios turísticos más relevantes de nuestro país.  

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En los años 20, un suceso llamó la atención de los capitalinos. Babe White “el hombre mosca” visitó la Ciudad de México. Ante miles de personas expectantes del Zócalo, el acróbata se había puesto de objetivo escalar la Catedral Metropolitana.

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El Palacio de Bellas Artes comenzó a construirse en 1904. El proyecto estuvo a cargo del italiano Adamo Boari. Su proyecto fue tan ambicioso que se edificación tardó tres décadas.

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Era el año 1911, y en medio de toda la turbulencia política que había en México, el legendario piloto Roland Garros visitó la Ciudad de México e hizo algunas pruebas con su avioneta encima del Zócalo.

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El 15 de abril de 1957  Pedro Infante murió en un aparatoso accidente aéreo. Miles de personas inundaron las calles de la capital para mostrar la profunda tristeza que les daba el fallecimiento de su ídolo.

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El 6 de diciembre de 1914 Emiliano Zapata y Francisco Villa tomaron la capital mexicana. Este momento fue decisivo para definir el futuro de la Revolución.

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En 1967 nevó por primera vez en la Ciudad de México. Una fina capa blanca cubrió Reforma, el Centro y Chapultepec. Fue la primera vez que muchos atestiguaron este fenómeno.

La historia de la medicina en los impresionantes murales del IMSS (FOTOS)
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Las pinturas, relieves y vitrales de este importante instituto de salud destacan a los personajes más importantes del muralismo mexicano.


En la capital, pocos sabemos sobre el origen de las instituciones de salud pública tan antiguas como lo es el IMSS, un organismo tan grande e importante que bastaría imaginar qué pasaría -en una ciudad con 9 millones de habitantes- si no existieran sitios como este donde las citas medicas, las intervenciones quirúrgicas y las medicinas son de carácter gratuito.

El Instituto Mexicano del Seguro Social es el organismo de seguridad social más grande de América Latina. Su fundación data a 1943, con una significativa misión que aparentemente aún prevalece entre su reglamentación: ser el instrumento básico de la seguridad social, establecido como un servicio público de carácter nacional, para todos los trabajadores y sus familias.

De carácter autónomo (esto es, que no es del todo dependiente del gobierno, sino que se rige por sus propias reglas internas), en esta institución se combina la investigación y práctica médica, la administración de los recursos para el retiro de sus asegurados y con mucha presencia el Arte; las múltiples expresiones sensibles de algunos artistas mexicanos que hoy en día sitúan a numerosas partes de nuestra ciudad como patrimonio cultural tangible.

En todos los grandes hospitales del IMSS podemos encontrar fascinantes obras de arte. Y a pesar de que no siempre se visita un centro de salud con fines museísticos, merece la pena recordar, en cada una de nuestras visitas, que grandes personajes como David Alfaro Siqueiros Diego Rivera, Federico Cantú, Fermín Revueltas, Francisco Zuñiga, Jorge González Camarena o Juan O?Gorman diseñaron estos espacios.

-siglo xxi

En el hospital de La Raza, por ejemplo, Diego Rivera realizó el mural El pueblo en demanda de saludun impresionante relato visual sobre la historia de la medicina en México. Según un peculiar libro donde se resguardan todas las obras del IMSS, Rivera “partió de un profundo conocimiento de la medicina prehispánica, basado en sistemas curativos tradicionales y de herbolaria; continuó con la del virreinato hasta llegar a la medicina contemporánea, donde exaltó los avances científicos y tecnológicos".

Las obras de David Alfaro Siqueiros las podemos encontrar en el auditorio principal de este mismo hospital y en el hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI. En el primero encontramos su apabullante mural Por una seguridad social completa para todos los mexicanos, mientras que en el segundo el hermoso Apología de la futura victoria de la ciencia médica contra el cáncer.

Federico Cantú edificó algunos bajos relieves en piedra de nombre Las enseñanzas de Quetzalcoatl, donde se sintetiza el mítico origen de las artes en Mesoamérica, apareciendo como figura central el Dios Quetzalcóatl (dios-pájaro-serpiente). Por otro lado Francisco Zuñiga se inmortalizó con Alegoría Médica, en el hospital Siglo XXI; una hermosa cronología visual de cuatro bloques que retratan a un minero en busca de aire en una atmósfera creada por Eolos; el dios del viento Ehécatl, rodeado de pulmones sanos; un médico atendiendo a un hombre con la tecnología más avanzada y a Quetzalcóatl, representado por una serpiente estilizada. Finalmente podemos percatarnos del mural Hidalgo libertador, de Juan O? Gorman en el auditorio Benito Coquet en el CIESS.

El Instituto Mexicano del Seguro Social acoge fascinantes piezas escultóricas, en piedra y bronce, cautivadores murales multicolor y grandes vitrales, todas ellas únicas en el mundo, pues son sus grandes instalaciones un excepcional ejemplo para disfrutar del muralismo mexicano y un poco más sobre la historia de la medicina mexicana.

También hemos de resaltar que desde entonces y hasta la fecha, algunas de estas obras acogen títulos verdaderamente viscerales que nos hacen reflexionar sobre lo importantísimo que es el sector salud gratuito hoy y siempre.

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