Arte y Cultura
festival de danza contemporanea
Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Ciudad de México
Mariana Gaxiola
Este es el primer evento internacional que tiene como protagonista la danza contemporánea en la ciudad.

Este mes se llevará a cabo el primer Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Ciudad de México.

 

Por extraño que pudiera sonar, en la Ciudad de México, no existía ninguna clase de festival cuyo tema fuera la danza contemporánea. Y es que por este escaso interés y poco conocimiento por parte de la sociedad capitalina es que nace el proyecto.

Raúl Tamez, director del primer Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Ciudad de México, asegura que este tipo de arte aún no está en el imaginario social mexicano. Y para cambiar esto, se buscó fomentar el contacto con una diversidad de propuestas dancísticas de calidad dentro del festival.

Se trata de un espacio donde no solamente se la da la oportunidad de exposición a compañías nacionales, sino que en un mismo encuentro coexistan piezas de otros países y contextos.

Uno de los objetivos del festival es generar una nueva puerta para la danza contemporánea, para que así, esta danza pueda ser concebida por los mexicanos como una bella arte y fácilmente ser identificada entre los demás géneros de su materia.

Hasta el 14 de agosto, se llevarán a cabo distintos espectáculos en diferentes sedes de la ciudad. Este concepto itinerante se pensó con el objetivo de que toda la población de la CDMX pueda disfrutar del festival. La UNAM, el Foro Chilango La Cantera y el Centro Cultural del Bosque son sólo algunos de los recintos que fungirán como casa de los bailarines.

Cabe mencionar, que más de 20 grupos de danza serán protagonistas de este primer Festival Internacional de Danza Contemporánea de la Ciudad de México. Bailarines de países como Venezuela, Israel, Taiwán, Escocia, Japón, España, Estados Unidos y Austria se darán cita en diferentes puntos de la ciudad para expresar su arte.

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El Palacio de Quetzalpapálotl, una maravillosa oda a las mariposas en Teotihuacán
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En junio de 1962, los arqueólogos Jorge Acosta y Jorge Canseco encontraron un enorme palacio en Teotihuacán. En 1964, el Palacio Quetzalpapálotl fue restaurado completamente a su grandeza anterior.

El Palacio de Quetzalpapálotl o quetzal-mariposa es sin duda el más lujoso que se ha encontrado en Teotihuacan. Los pilares tallados que rodean el patio tienen en el centro la figura de un pájaro -un quetzal o lechuza- con una mariposa en el pecho.

Aún son visibles en las discotecas de obsidiana que llevaban en el centro de los ojos estelares. Los pilares tienen varios orificios que sirven para amarrar las cortinas. El interior del pórtico está decorado con una grada escalonada, motivo relacionado con el agua y la fertilidad. El techo remata en unas almenas con símbolos del año teotihuacano.

 

 

 

 

El Palacio de Quetpapalotl, o Palacio de las Mariposas, recibió su nombre por sus numerosos relieves en forma de alas de mariposa. En el patio restaurado, hay un túnel casi imperceptible que conduce a las habitaciones originales del palacio subterráneo.

 

 

El Templo de las Mariposas o el Conjunto Quetzal-Mariposas (en la leyenda quetzalli-papalóltt mariposa-quetzal, mariposa de plumas o mariposa preciosa) se localiza en la esquina suroeste de la Plaza de la Luna, frente a la Calzada de los Muertos. Se construyó entre los años 400 y 600 de nuestra era.

Es también el conjunto más sólido de todos los productos en Teotihuacán, por lo que se cree que sirvió de vivienda a la élite de la ciudad. A este edificio se accede desde la mencionada plaza por una amplia escalinata que nos lleva a un gran volumen con pilares, apareciendo en sus paredes pinturas con elementos relacionados con el agua.

 

 

 

 

 

 

Fue reconstruido en los años 60 por el arqueólogo Jorge Acosta. El patio de los pilares es el corazón del edificio y el que da nombre a todo el complejo arquitectónico. Hay en él un motivo iconográfico labrado importante: las aves, que son quetzales en el lado norte, sur y oriente. Estas últimas se han convertido en una referencia a la salida del sol. Y las cosas del lado del oeste que son también las aves que han sido interpretadas como lechuzas y no como quetzales.

 

 

No hay ningún otro edificio que se haya encontrado en la ciudad decorado con columnas labradas, que además de contrastar con el resto de la iconografía que es de carácter abstracto con algunos dedicados al agua, ojos probablemente de reptil. Dentro de las habitaciones, se pueden encontrar restos de pinturas murales teotihuacanas. Entre ellos hay uno que representa una procesión de jaguares tocando trompetas hechas de conchas marinas y la procesión de pájaros verdes de cuyo pico provienen corrientes de agua.

Aunque los arqueólogos no saben si las aves representan quetzales o loros, la verdad es que la importancia radica en las conchas que decoran las columnas. Son enormes caracoles de plumas, algunos de los cuales muestran sus colores originales.

 

 

 

 

 

El mayor florecimiento de esta cultura se produjo alrededor del siglo II. La misteriosa desaparición de la cultura teotihuacana no ha permitido saber mucho sobre el significado de las decoraciones o los murales. Se cree que el palacio estuvo habitado por sacerdotes y que, a lo largo de los siglos, el Palacio de Quetzalpapálotl se construyó sobre el palacio original de Teotihuacán.

 

Del códice al mural, las impresionantes paredes del metro Tacubaya
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Del Códice al Mural es una de las obras artísticas más bellas del metro de la CDMX. Una representación en 600 m2 del camino de los mexicas, en Tacubaya.

Del Códice al Mural se inaugura el 25 de mayo de 1987 en la estación Tacubaya, línea 1. De acuerdo con su autor, Guillermo Ceniceros, se titula así porque mucha de la información de esta obra la obtuvo del códice Ramírez y el códice Boturini. En más de un año de trabajo y en una superficie de aproximadamente 600 metros cuadrados, Ceniceros plasma la peregrinación de los mexicas desde su salida de Aztlán hasta su llegada al valle de México para fundar Tenochtitlán.

 

 

 

 

La técnica es acrílico sobre una cama de fibra de vidrio, cuya ventaja es que se puede restaurar. Las partes que estén en mal estado pueden ser retiradas, pues son como capas; es una especie de aplanado, acrílico, fibra de vidrio y pigmentos que tienen encima color, después color y más color, lo que forma las capas. Cada parte del mural fue hecha para facilitar la remoción y restauración. Además, este trabajo le permitió ser el único mexicano nominado al concurso de arte mundial.

El pintor, escultor y muralista, Guillermo Ceniceros nace en Durango, el 7 de mayo de 1939. En 1958 se gradúa de la escuela de Artes de la Universidad de Nuevo León. Colabora con el pintor y muralista David Alfaro Siqueiros en siete de sus murales más importantes, entre ellos, el magno proyecto del Polyforum Cultural. Ceniceros crea la mayoría de sus herramientas de trabajo. Amante de la literatura y la poesía tiene un profundo interés en el lenguaje castellano, su amigo Juan Rulfo, alguna vez dijo que los paisajes de Ceniceros, áridos y vacíos, eran como se imaginaba el mundo lírico de Pedro Páramo. Ceniceros ha creado murales en México, Estados Unidos y Canadá. Y su obra forma parte de las colecciones públicas y privadas en Chile, Yugoslavia y México.

 

 

 

 

 

A pesar de ser vistos por miles de personas a diario, los murales son a menudo ignorados y subestimados. El mural muestra la migración de los mexicas desde el mítico pueblo de Aztlán. Observa el mural y verás varias deidades prehispánicas, como la diosa de la luna Coyolxauhqui, la diosa madre con bordados de serpientes Coatlicue, el dios creador de serpientes con plumas Quetzalcoatl, el señor de la muerte y el inframundo Mictlantecuhtli.

 

 

 

 

 

En el segundo piso, el mural muestra la ciudad de Tenochtitlan, rodeada por el lago de Texcoco y pintada de tal manera que parece verse a la distancia desde un balcón, tal como Cortés la vio desde el volcán Popocatépetl.