Arte y Cultura
¿A dónde vamos cuando morimos? Sobre los fascinantes destinos mortuorios pensados por los aztecas
Jaen Madrid
Una exploración detallada por el inframundo y los sitios destinados al descanso eterno en Tenochtitlán.
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Según la cosmovisión azteca, existen cuatro lugares destinados a la muerte. 

 

Quizás, por azar del destino, o por circunstancias que nosotros mismos hemos erigido en vida, la muerte nos tienda un camino hacia un escenario que particularmente se nos haga familiar. Un no-lugar fuera de toda geográfica terrenal y temporal que en el mejor de los casos entendamos que es el indicado. Diría Octavio Paz “dime cómo mueres y te diré quién eres”.

Frente a ese enigma –que a ratos descubrimos pero no hemos sido lo suficiente intuitivos para reconocerlo– que nombramos destino, existe una interesante cosmovisión prehispánica que atribuye un nombre a ese “no-lugar”, y que forma parte del viaje que emprendemos como caminantes de la atemporalidad,  una vez hemos conseguido despojarnos de la materia. 

Una de las incógnitas filosóficas más resonantes, a propósito del tema de la muerte estos días, es esa que nos formulamos sobre el porvenir después de la vida;  ¿a dónde va a parar uno (si es que va a algún lado) después de la muerte? La metáfora se extiende cuando nos acercamos a la cosmovisión azteca, y descubrimos que en sus libros de vida se encuentra la muerte disgregada en cuatro lugares destinados a la muerte.

Para los mexicas, la geografía del más allá eran custodiada por cuatro deidades. Curiosamente, existen una serie de elementos que, atendiendo a la visión prehispánica, fungen como portales hacía esos otros mundos. El agua, las cuevas u hoyos en el suelo, las cimas, especialmente las montañas y cerros, y también el fuego. Dicho esto podemos ahondar con mayor información en cada uno de los espacios destinados a la prueba mortuoria, o en el mejor de los casos al descanso eterno donde se pensaba, iban a dar los humanos según la forma en que murieron.

 

La morada de los muertos

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En el mundo azteca, resultaba fácil fraccionar el mundo en tres dimensiones: el cielo, la tierra y el inframundo. En el cielo se encuentran los dioses, en la tierra los humanos y el inframundo de los muertos. Atendiendo a los estudios de Patrick Johansson, los cuatro destinos reconocidos en la realidad azteca eran: Mictlan o “lugar de los muertos” donde custodia Mictlantecuhtli, “el señor de la muerte”; Tlalocan “lugar del Tláloc”; Tonatiuhichan, “la casa del sol” y morada de Huitzilopochtli y Cincalco “la casa del maíz”, gobernado por Huemac.

 

Mictlán

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Es el inframundo a donde van la mayoría de los muertos. Atendiendo a la leyenda del Mito de los trece cielos, tan sólo en el Mictlán existen nueve inframundos. Quienes murieron por muerte natural, enfermedad o accidentes y azares que no precisamente se dotan de sacralidad, este es su lugar. Es probablemente el más difícil de los territorios atemporales pues, según se dice, el recorrido es largo y una serie de obstáculos peligrosos difuminan su final. Basta reconocer que para los aztecas, la putrefacción total del cuerpo representaba en vida el tiempo que le tomaba al difunto conseguir llegar al punto final del Mictlán.

Siguiendo el mito, en este territorio el muerto se encuentra con una serie de númenes misteriosos, tales como el miedo, la discordia, la tumba, las cenizas, el sueño y el desierto. En la primera de las etapas, el difunto alcanza a ver un río, el Apanohuacalhuiados, que solo pueden cruzar con un perro. Es indispensable que en vida la persona haya tenido alguno, para así reconocer al suyo y lograr esquivar la primera dificultad. Quienes maltrataron perros en vida o no tuvieron uno se quedan vagando en este temible espacio, custodiado por una especie de iguana o lagartija de nombre Xochitonal. Se dice que este espacio es donde se lamentan y arrepienten los muertos eternamente, un no-lugar situado entre la difuminada vida y el descanso de la muerte. El segundo escenario es protagonizado por montañas que se estrellan una con otra amenazando al caminante que está por cruzarlas. En el tercer espacio, soplan vientos de obsidiana. Aquí reside Itztlacoliuhqui, el dios del castigo. Este lugar de nombre Itzehecáyan es tan amplio que en él se encuentran las dos moradas siguientes. La primera está congelada, y posee ocho collados de piedras abruptas de aristas cortantes donde siempre cae nieve. El dios del viento, Mictlecayotl, reside en este lugar. La segunda de estas moradas es totalmente desértica y no hay gravedad. Ocho páramos la conforman. Quienes logran llegar hasta este punto deben vencer los fuertes vientos que los mantienen flotantes, inmersos en la nada. Para el sexto escenario, al difunto le esperan manos invisibles que lanzan flechas. En el séptimo páramo habitan fieras salvajes que gustan de comer los corazones de los muertos. Llegando casi al final, se encuentra la desembocadura del río Apanohuacalhuia, el octavo nivel. Aquí deambula una masa acuática de aguas negras donde la iguana gigante Xochitónal merodea, y donde el muerto ya sin corazón se debate en la sordidez de las aguas. Para poder llegar al episodio final, el difunto debe cruzar un enorme valle con nueve ríos de gran profundidad. Estos arroyos son en realidad los nueve estados de la consciencia. El último nivel del Mictlán es un juicio por consciencia propia. Entre tiniebla oscura, el muerto debe reflexionar sobre cada uno de los nueve estados de conciencia en donde el juicio propio valorará sus actos en vida. Dice la leyenda que una vez logrados estos nueve estadios el dios Mictlantecuhtli libera al alma en pena. 

 

Tlalocan

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Es el espacio custodiado por Tláloc y sus ayudantes tlaloques. A este sitio iban a parar las almas de los que morían a causa de un rayo, las personas que morían ahogadas o por alguna enfermedad relacionada con el agua, tales como las ligadas al riñón o a la inflamación. Los que morían ahogados eran arrastrados por Chalchiuhtlicue, dualidad de Tláloc. Quienes han tenido una mala experiencia con el mar quizás se han topado con ella, en uno de sus contantes jugueteos. El Tlalocan es una especie de paraíso donde manantiales y ríos se entrecruzan por la mirada. Nuca hace falta el maíz, el frijol, la chía y algunos de los mejores árboles frutales. Se trata de un escenario de delicia y alegría perpetua. Relata Bernardino de Sahagún que en aquel jardín de delicias, las almas pasaban una existencia de juegos y descanso bajo los árboles en compañía de alegres camaradas y toda clase de manjares al alcance de la mano. Se dice también que las personas que van al Tlalocan son escogidas por los tlaloques en vida. De ahí que no cualquiera pueda llegar hasta este nivel, según se dice, superior de conciencia. 

 

Tonatiuhichan 

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Es el estado o lugar que alcanzan los que en guerra murieron sacrificando su sangre. Ya fuera en combate o en una inmolación. Se consideraban también “guerreras” las mujeres que morían en el parto. Quienes llegaban a este umbral se encontraban de frente con Tonatiuh, al mismo Sol, y su inigualable resplandor. Se dice que es tanto su brillo que desintegra las sombras. Su más grande gloria de quienes habitan este espacio es la de acompañar al “astro rey” en su vuelo por el cielo. Se cuenta que los hombres aquí se convierten en aves. En colibrí o alguna otra de bello plumaje. Se les mira revoloteando y  alimentándose con el néctar de las flores en los jardines de la Casa del Sol.

 

Cincalco

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Finalmente se encuentra la morada de las almas inocentes: los niños y los recién nacidos. Es la casa de Cintéotl y Chicomecóatl, dioses del maíz. Los niños eran enterrados junto a graneros, lo que indicaba que sus almas estaban estrechamente relacionados con el maíz. Se dice que también llegan aquí los hombres que voluntariamente entregaban su vida para dar nueva fuerza al maíz, esto es, quienes han tenido un carácter suicida a sabiendas de que su muerte es lo mejor para todos. Una versión del mito sugiere que la entrada al Cincalco estaba ligada al portal del inframundo ubicado en el Cerro de Chapultepec, donde curiosamente Moctezuma intentó suicidarse unos años antes de la llegada de la conquista.

 

 / Fotografías: Principal: Steven Lilley – Flickr / Creative Commons; 2)  perceptions (off) – Flickr Creative Commons; 3) Jaen Madrid para MXCity; 4)  Rafa Win Flickr Creative Commons; 5) Nikos Koutoulas – Flickr Creative Commons 

/ Twitter de la autora: @surrealindeath

 

También en MXCity: Sitios considerados portales al inframundo prehispánico

10 de las efigies más exóticas de la CDMX
Redacción
Las obras de escultores y arquitectos que plasmaron sus sueños, temores y fantasías, creando conceptos sólidos, extraños y extravagantes pero no menos universales, se pueden contemplar en cualquier punto de la CDMX.
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Edificaciones, también, que poseen valor histórico, arqueológico y artístico.

Desde su aparición, el hombre ha construido, imaginado y erigido obras para recordar. El monumento mismo –por su vocablo en latín monumentum, o “recuerdo”– es un ejemplo claro y ciertamente de los más hermosos y representativos de cada sociedad. 

Hoy en día, prácticamente cualquier obra escultórica encontrada en la vía pública puede tener el carácter de monumento, o significar actos históricos de importancia para ciertos núcleos. Edificaciones, también, que poseen valor histórico, arqueológico y artístico. Se destacan las arquitectónicas que están enclavadas en un núcleo urbano o aisladas en un medio rural, convirtiéndose en símbolos del lugar; y las estatuas, como obras escultóricas son elementos constantes en muchas culturas y sociedades, evocando principalmente dioses, personajes y conceptos. La Ciudad de México se ha caracterizado precisamente al ser una metrópoli que ubica cientos de estas obras escultóricas, hasta en sus más pequeños detalles.

Por ejemplo: grandes obras esculpidas en piedra, y erigidas hace miles de años, como es el caso de las pirámides, o inclusive de ciertas piedras talladas de forma bellísima, como la que honraba a Coatlicue, diosa de la Luna. Posterior, las iglesias cristianas con motivos barrocos hermosos; la arquitectura afrancesada que invadió la ciudad alguna tiempo ha dejado hermosas c casonas que hoy podrían considerarse monumento a la época, y cómo olvidar todas estas estatuas y columnas levantadas por toda la ciudad con motivos patriotas. Las esculturas y monumentos son testigos inertes del paso de la historia, dotando de identidad el paisaje y el espacio que ocupan. 

Con el correr del tiempo, esta expresión se ha abierto hacia modelos con ideas cada vez más abstractas. En la CDMX se pueden ubicar muchas, pero quizá las más notables son aquellas precisamente exóticas, surreales, y con un notable sincretismo que a todas luces nos invitan a reflexionar sobre ellas. 

Las obras de escultores y arquitectos que plasmaron sus sueños, temores y fantasías creando conceptos sólidos, extraños, exóticos y hasta cierto punto metafóricos, pero no menos universales, se pueden contemplar en cualquier punto de la CDMX, aquí te mostramos algunas de ellas:

 

El Nahual del Mono

Foto: Picssr

Foto: Picssr

Obra de la artista Leonora Carrington de nacionalidad inglesa, nacionalizada mexicana, fallecida en el 2011. Con influencia surrealista maneja perspectivas humanas con elementos fantásticos, extraña y mitológica escultura la podemos admirar en paseo de la reforma; de cuerpo humanoide sentado con un insecto gigante alado postrado en las manos, una  atípica figura de gran belleza.

 

Ocho Conejo o “el chapulín”

Del autor Federico Silva. Esta pieza ejemplifica el trabajo por el que este mexicano se hizo famoso. Y es que Silva se integró al mundo de la escultura utilizando en sus obras principios cinéticos, por lo que la mayoría de sus obras son geométricas y a su vez abstractas. El Ocho Conejo, o como también le llaman: El Chapulín, fuer erigido con piedra volcánica en los años 80’s, como parte del sendero escultórico de la UNAM.

 

Sacrificios humanos, las representaciones de las deidades 

El Instituto Mexicano del Seguro Social acoge fascinantes piezas escultóricas, en piedra y bronce, cautivadores murales multicolor y grandes vitrales, todas ellas únicas en el mundo. En el Centro Medico Nacional Siglo XXI, encontramos tallada en piedra esta bello monumento.

 

Capilla del pocito

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Ubicado en la falda oriente del popular cerro del Tepeyac, dentro del complejo de la basílica de Guadalupe, fue construido en los años de 1977 a 1791. Diseñado por el arquitecto Francisco Guerrero y Torres. Edificado sobre un pozo de agua, de estilo barroco, cuenta la leyenda que sus aguas eran milagrosas.

 

Cocodrilo

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Ubicada sobre Avenida Paseo de la Reforma, frente a conocido centro comercial, esta pieza surrealista evoca formas obscuras del reptil en forma de barca. Sobre él seis esculturas de reptiles con forma humana observan majestuosamente el bullicio citadinos. La obra es de Leonora Carrington.

 

La Muerte Presente 

Escultura realizada también por el multifacético escultor Federico Silva, en el año de 1988. Se trata de una pieza abstracta, construida a base de concreto armado. La escultura puedes encontrara en el MUAC.

 

Banca Escultura “Ya no hay lugar”

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La podemos encontrar a espaldas de la catedral, en la calle de Guatemala, es una banca con dorsos esculpidos de personajes fantasmales con capuchas, obra también de Carrington.

 

El Animal del Pedregal

Por encargo del arquitecto Luis barragán, el famoso Animal del Pedregal, del escultor Mathias Goeritz,  es una de las primeras obras del autor, y la encuentras en la entrada del fraccionamiento Jardines del Pedregal. Es una figura amorfa de un animal rastrero, el cual no tiene distinción de especie.

 

Museo del Anahuacalli (Casa de la Energía)

Museo Anahuacalli

Monumento artístico situado en el pueblo de San Pablo Tepetlapa en Coyoacán. Es museo poco común, construido con en estilo neo-indigenista. Aparte de contar con salas de exhibición de las culturas azteca y teotihuacana, el hermoso museo de Diego Rivera ofrece su sala aún más enigmática, “la casa de la energía”, construida con piedra volcánica de la misma zona y en forma de teocali.

 

Xochipilli

Foto: wikimexico.com

Ídolo prehispánico esculpido en piedra basáltica de autor desconocido. Fue encontrado en las faldas del volcán Popocatépetl, representa al dios de la música y a la deidad en estado de éxtasis, vestido con un pectoral sobre un brasero con plantas psicotrópicas que eran consideradas sagradas. Se le puede admirar en el Museo Nacional de Antropología e Historia.

 

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5 maneras en las que Tenochtitlán demostró ser una ciudad utópica
Ana Paula de la Torre Díaz
Su arquitectura, sustentabilidad, agricultura urbana, limpieza, seguridad, aristas en las que Tenochtitlán recuerda la utopía urbana.
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La organización de Tenochtitlán aún hoy sorprende a los especialistas por su inteligente funcionamiento.

 

Una de las cualidades que más nos engrandece como ser humanos es la capacidad de imaginar. Ello nos permite generar ideas, hacer inventos, pero sobre todo, proyectar mundos posibles. Y la máxima histórica de esta cualidad es la generación de utopías: escenarios perfectos donde el ser humano pueda desarrollarse plenamente.

Aunque por definición una utopía es inalcanzable, en la historia existen ejemplos que parecieran aproximársele, y aunque como humanos tendemos a mistificar el pasado, hay casos contundentes donde la comprensión del espacio-naturaleza y urbanización confluyeron para crear ciudades muy bien organizadas, cuyas bondades se asemejan a la utopía urbana.

En México, tenemos como ejemplo de ello a una de las ciudades más admiradas del llamado “Nuevo Mundo”, México-Tenochtitlán.

 

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 De entrada, y para abonarle más a su aura de mito, la ciudad se erigió, precisamente, como resultado de una leyenda para los mexicas (antiguos habitantes de Aztlán, a quienes Huitzilopochtli guiara y les mandara llamarse así, mexicas).

Esta tribu emigró durante 200 años en busca de la señal prometida, un águila posada en un nopal, devorando una serpiente (símbolo fundamental hasta ahora en la identidad nacional).

Además de su misticismo originario, la ciudad se fue construyendo bajo preceptos urbanísticos que aún hoy soprenden a los especialistas.

Hoy presentamos aspectos que hacen pensar en Tenochtitlán como una ciudad utópica, envidiable por múltiples cualidades inteligentes y respetuosas con el entorno que hoy bien habríamos de retomar:

Sustentabilidad

En la ciudad existían macehuales (gente del pueblo) cuya labor estaba orientada a recabar los desechos para su reutilización como fertlizantes naturales, o bien eran colocados en letrinas públicas o privadas. Por su parte, la basura eran reutilizada, quemándola, y así utilizándola como antorchas nocturnas en las calles. Mientras los canales de circulación de las barcas tenían puentes que los cruzaban para permitir el tránsito del peatón, por la noche eran removidos permitiendo el flujo natural, nuevamente, de las aguas del lago.

En la alimentación, la ciudad podía autoproveerse importantemente de comida, ya que, por medio de su efectivo sistema de chinampas, parcelas flotanes en los alrededores del lago donde cultivaban multiples productos, podían cosechar hasta 7 veces por año en cada una de ellas. Para hacerlas se clavaban en el suelo estacas de ahuejote, un tipo de madera que no se pudre bajo el agua; después hacían una especie de tejido de vegetales entre estas estacas, y luego sobre este “tejido” se apisonaba la tierra para sembrar sobre ella. Se trata de uno de los sistemas de agricultura urbana más efectivo de todos los tiempos. tenochtitlan

Arquitectura

Como gran parte de la ciudad fue construida sobre el agua y algunos islotes, las edificiaciones debían estar muy bien cimentadas. Para ello idearon estacas de 5 a 10 metros que actuaban como cimientos, enterradas en tierra firme, la parte descubierta de la estaca era cubierta con una mezcla de tezontle (roca roja de origen volcánico) y cimentante. Así, bajo el principio de flotación, el tezontle le otorgba una base. Mientras los grandes templos fueron construidos de piedra, las casas lo fueron con madera y marga.

Limpieza

Se trata de uno de los aspectos más fascinantes de esta ciudad. Cada día, hasta mil personas se encargaban de barrer las calles y mantener la ciudad limpia. Respecto a la basura, como dijimos antes, era reutilizada para iluminar la ciudad de noche; los desechos también eran recolectados.

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Estructura social

Por medio de los calpullis, 4 barrios principales, Tenochtitlán consiguió funcionar muy bien. Y este funcionamiento en parte se daba porque la ciudad daba a todos una especie de lugar, es decir, todos tenían acceso a distintos beneficios, aunque pagan impuestos. Como ejemplo, cada calpulli tenía su tierra comunal, así, todos podían cultivar, compartían tanto las cosechas como el trabajo, y ello generaba cohesión entre la sociedad. También, cada calpulli contaba con su escuela pública y un tianguis.

 

Seguridad

Como sabemos, los mexicas eran muy rífgidos en el tema de la corrpución. Desde niños fueron educados con duras penas en caso de incurrir en faltas graves (con el uso del humo de los chiles, o bien, pincharlos con espinas de agave). Las penas, sin embargo, eran tan severas tanto para la gente del pueblo (macehuales) como para los nobles y gobernantes, pues ellos debían poner el ejemplo, sin negociación alguna. Por ejemplo, los nobles merecían la pena de muerte si robaban dinero de los impuestos, y el castigo era el mismo para los jueces que aceptaban sobornos. La gente del pueblo tenía prohibidísimo emborracharse, ya que ello solía causar disturbios. Así, su sistema de justicia, severo (pero en todos los niveles), mantenía una sociedad con reglas que permitía la convencia y la armonía cotidiana.

El Museo Archivo de la Fotografía expone dos asombrosas miradas de la capital
Mariana Gaxiola
El Museo Archivo de la Fotografía inauguró exhibiciones donde por un lado se descubren los transeúntes del centro, y por el otro, las obras citadinas más importantes.
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Resulta especialmente sugestivo conocer y apreciar la CDMX a través de la lente de vibrantes fotógrafos.

 

La fotografía es, sin duda, uno de los artes que más despierta la sensibilidad del espectador. Aquellos empedernidos de las dádivas de la vida cotidiana, también llamados fotógrafos, son artífices que verdaderamente gozan y pueden presumir de un ojo distinto al de los demás. Más que imágenes, se encargan de capturar momentos, para que perpetúen y trasciendan entre el público siempre ávido por arte.

Desde luego la ciudad es la musa para muchos fotógrafos, en especial la Ciudad de México, un destino vibrante, ecléctico y delicioso. Por este motivo, el Museo Archivo de la Fotografía ha inaugurado dos exposiciones que reconocen y enaltecen la capital.

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La primera lleva por nombre Callegrafía, y reúne tres décadas de trabajo del fotógrafo estadounidense Keith Dannemiller. La muestra está integrada por 40 imágenes originales en blanco y negro, que retratan a los habitantes de la urbe en diversos escenarios urbanos del Centro Histórico.

Cabe mencionar, que Dannemiller lleva más de 30 años fotografiando el corazón de la capital, y con él, a sus pobladores en los más originales contextos. El mérito del artista es que realmente él no provoca la situación, está siempre serio y atento, y cuando encuentra el momento, dispara.

La mirada de Keith Dannemiller es una mirada con mucho humor a la ciudad. Normalmente recorremos este sitio con prisa y desenfado, pero por suerte llegan estos fotógrafos a mostraron las miles de escenas que día con día acontecen en los rincones del centro. El recorrido fotográfico es prueba de que existen personas no nacidas en México que han decidido reconocer a nuestro país y aportarle su talento y sentimientos.

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Por el otro lado, está también la exhibición de Estamos en obra, la cual integra en un hermoso acervo imágenes en blanco y negro, que han sido extraídas de la colección del Museo Archivo de la Fotografía que narran desde grandes obras públicas hasta celebraciones nacionales.

Se seleccionaron las mejores fotos del acervo propio del recinto, el cual, cabe mencionar, está compuesto por más de 2 millones de negativos que derivan de la Dirección de Comunicación Social de la Jefatura de Gobierno Capitalino.

Algunas imágenes datan de 1903, y reflejan los cambios y el desarrollo por el que la ciudad pasó durante el siglo pasado. El espectador podrá conocer cómo lucía el Jardín del Zócalo en 1905, así como asomarse a las obras de entubamiento del Río Lerma en 1945, la inauguración de los ejes viales en 1979, entre otros hitos para la urbe. No dejes de visitar estos días el Museo Archivo de la Fotografía, para dar un viaje a los aspectos que definen nuestra hermosa ciudad.

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Callegrafía y Estamos en obra

Dirección: Museo Archivo de la Fotografía. República de Guatemala 34, col. Centro.

Fecha: Hasta el 11 de junio.

Página web

La Agenda Cultural MXCity (24 – 26 de marzo)
MXCity
La Agenda Cultural es una publicación creada por MXCity. Entérate de todos los eventos artísticos y culturales que están sucediendo en la ciudad.
agenda cultural

Agenda Cultural, nuestra selección de actividades culturales para este fin de semana en la ciudad.

 

Viernes 24 de marzo

 

Raíz

Teatro Orientación. Paseo de la Reforma y Campo Marte s/n, Chapultepec.

Una obra que habla sobre las migraciones humanas. La historia da comienzo en África, donde se origina nuestra especie. Seis escenas son las que le dan vida a esta plausible obra, cada una de ellas se lleva a cabo en distintas latitudes del mundo y en diferentes momentos clave de la historia de la humanidad.

 

Punk: sus rastros en el arte contemporáneo

Museo Universitario del Chopo. Dr. Enrique González Martínez 10, col. Santa María la Ribera.

El punk es una actitud de discrepancia y rebeldía frente al sistema económico, político, social y cultural. La exposición curada por David G. Torres, a propósito del 40 aniversario del surgimiento del punk, recupera antecedentes del movimiento, presenta a algunos de sus protagonistas y a otros autores.

 

Nota Rosa

Museo Tamayo Arte Contemporáneo. Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec.

Nota Rosa es un proyecto de Fernando Ortega (Ciudad de México, 1971) en el que la memoria y la fijación por un color convergen, magnificando el acontecimiento que se experimenta, sea como parte de un escenario sugerido, o como parte del registro de algo que sucedió en otro espacio y en otro tiempo.

 

Tres siglos de grabado

Antiguo Colegio de San Ildefonso. Justo Sierra 16, col. Centro.

Exposición organizada por la Galería Nacional de Arte de Washington que, a través de 144 obras, realiza una revisión exhaustiva del desarrollo del grabado como género artístico desde la llegada de los primeros colonos europeos al territorio norteamericano.

 

Sábado 25 de marzo

 

El cuello de Cristina

La Teatrería. Tabasco 152, col. Roma.

El plan de Víctor es simple: para ser feliz, lo único que debe lograr es pagarle a un asesino para que se deshaga de su esposa, Cristina, y así cobrar el seguro de vida para comenzar una nueva vida con su amante. Desafortunadamente, Cristina no muere en el primer intento, ni en el segundo… Víctor decide encargarse de la situación y matar a él mismo a su mujer. Lamentablemente, su vecino se atraviesa en el peor momento. Más cadáveres se siguen acumulando y los planes de Víctor no salen como lo esperaba.

 

Los 100 días que hicieron al México Moderno

Museo Nacional de Historia. Primera Sección del Bosque de Chapultepec.

Colección de 245 piezas entre libros, pinturas, litografías y objetos pertenecientes a los acervos del Museo Nacional de Historia, Museo de Arte Carrillo Gil, Museo Nacional de la Estampa, Casa de Carranza, Museo Nacional de Arte, Sala de Arte Público Siqueiros, Fototeca Constantino Reyes-Valerio y colecciones particulares.

 

Gregor Schneider

MUAC. Ciudad Universitaria.

En 1985, Gregor Schneider empezó a construir habitaciones completas en el interior de las habitaciones existentes en su casa de Rheydt (Alemania), replicando el espacio que albergaba.

 

Björk Digital

Foto Museo Cuatro Caminos. Calzada Ingenieros Militares 77, col. Lomas de Sotelo.

Björk constantemente y consistentemente desafía el status quo, eliminando las fronteras de lo que es posible en la música, el arte y la tecnología. La artista islandesa ha conectado con públicos alrededor del mundo de manera única y memorable con su más reciente proyecto Björk Digital, una exhibición en la cual los asistentes pueden sumergirse en su mundo a través de la tecnología de realidad virtual (VR) más novedosa.

 

Domingo 26 de marzo

 

Lo que queda de nosotros
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La Teatrería. Tabasco 152, col. Roma.

Con texto original de Sara Pinet y Alejandro Ricaño (que además la dirige), esta obra infantil cuenta la historia de Toto, un perro con tres patas, y su dueña Nata, una adolescente que ha perdido a sus padres. Ella lo ha abandonado en un arranque de dolor y él, un fiel compañero, ha emprendido su camino de vuelta a casa. Una historia sobre la amistad y la valentía de la que cualquier niño podrá aprender.

 

Una piedra deja de ser una piedra

Museo de Arte Carrillo Gil. Av. Revolución 1608, col. San Ángel.

La acción sencilla de cargar, lanzar, golpear, romper o sembrar una piedra, sumadas al esfuerzofísico que conlleva cada una de estas acciones, son el motor reflexivo para pensar y cuestionar la apariencia inamovible de emergencia y urgencia que envuelve nuestros tiempos. 

 

Caminos de Luz

Museo Nacional de Antropología. Av. Paseo de la Reforma y Calzada Gandhi, col. Polanco.

Hace 36 años, el mara’akame (guía espiritual) José Benítez Sánchez, urdió la compleja cosmogonía de su pueblo sobre una gran tabla rectangular: La visión de ‘Tatutsi Xuweri Timaiweme’, una obra maestra en la que están entretejidos los mitos de creación de los wixaritari. 

 

Hannes Meyer

Museo Franz Mayer. Av. Hidalgo 45, col. Centro.

La exposición muestra el trabajo de uno de los más importantes integrantes de la Bauhaus. Hannes Meyer nunca realizó proyectos de manera individual, siguiendo en teoría y práctica el concepto de Diseño Colectiva.