Arte y Cultura
¿Cómo vivía México la Semana Santa durante el siglo XIX?
Bernardina de la Garza Arregui
La semana santa, las celebraciones de la virgen de Guadalupe y la Navidad, eran las tres celebraciones más importantes en el siglo XIX.
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En esa época todos los negocios cerraban, y las señoras salían a la calle vestidas de negro para pedir perdón…

 

La Semana Santa es la conmemoración anual cristiana de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. En México, durante el siglo XIX, a partir del Domingo de Ramos y durante toda la Semana Santa, se suspendían todos los negocios y toda la sociedad se reunía para conmemorar el sacrificio que Cristo había realizado por todos los hombres. Era una de las tres celebraciones más importantes del año.

Durante el jueves santo en la ciudad se sentía un ambiente de celebración. Toda la gente se vestía de manera muy elegante, siempre acorde a su clase social, aunque las mujeres de clase acomodada aprovechaban para lucir sus vestidos más lujosos. Muchos liberales de la época criticaban que la necesidad de las señoritas de clase alta de enseñar sus mejores prendas opacaba el sentido religioso y lo relegaba a un segundo plano. Pero en ese momento asistir a las misas y las actividades de semana santa era todo un evento social.Semana

Una de las actividades era la “Visita de las Siete Casas”, que es una costumbre religiosa y popular que consiste en visitar siete iglesias en donde esté el santo sacramento expuesto y rememora el recorrido que hizo Cristo la noche que fue aprehendido.Por la noche se efectuaba una procesión muy grande de figuras religiosas y toda la gente seguía el recorrido.Se realizaban también los llamados “pasos” donde se escenificaba la Pasión de Cristo, Poncio Pilatos presentaba a Jesús ante multitud hostil a la que sometía el destino final del reo, hasta la escena de la crucifixión.

Después del sacrificio de Cristo, en el Viernes Santo la ciudad tenía un aspecto totalmente diferente; era un día un tanto más triste. Las señoras salían a las calles vestidas de negro y las iglesias cubrían sus imágenes con lienzos morados. Aún así, las calles estaban llenas de gente, flores por todos lados y más procesiones.Durante la tarde del viernes se celebraba la Procesión de la Cruz en un silencio total. Sólo se veían las calles iluminadas con cirios que la gente sostenía con sus manos.

Terminada la procesión, en la Catedral se cantaba el “Miserere”, que es un salmo de la Biblia que fue compuesto por el rey David para pedir perdón por sus pecados y que comienza con la palabra miserere que en latín significa “apiádate” o “ten piedad”.semana

Durante el Sábado de Gloria otra vez se sentía un ambiente de celebración; los restaurantes y las pulquerías volvían a abrir sus puertas y la gente salía a la calle con maracas, se escuchaban los cohetes, se veían los fuegos artificiales, las iglesias tocaban sus espectaculares campanas y se quemaban piñatas que representaban la traición de Judas.

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Dentro de las casas también se celebraba un ritual; se ponía el Altar de Dolores, dedicado a la Virgen de los Dolores. Era una actividad casi exclusivamente femenina. Todas las señoras y señoritas de la casa se esmeraban mucho para que su altar fuera uno de los mejores del barrio. Se llenaba el altar no sólo de velas y papel picado, sino de maíz, trigo, chía, flores, y aguas de colores con diversos significados. En algunas revistas para señoritas se sacaban ediciones especiales en estas fechas con ideas creativas para decorar el altar.semana

Pero no todo era religión en Semana Santa; había un lugar que justo en esta época del año era el único donde se permitían el juego y las apuestas. Esto se realizaba en el entonces lejano pueblo de Tlalpan, conocido como San Agustín de las Cuevas. Era un lugar donde las clases acomodadas y los políticos tenían casas de campo y de descanso. Era muy común ver aquí también a los presidentes.

En esta semana donde Tlalpan se transformaba en una especie de gran casino, los hombres iban a jugar dados, peleas de gallos, que eran las favoritas de Santa Anna; albures que eran juegos de cartas donde se le apostaba a una y si salía ganabas. Y no podían faltar las populares carreras de caballos.

Durante estas fechas, Tlalpan se convertía en un verdadero centro de entretenimiento. Se volvía una pasarela de lujos y excesos.semana

Actualmente, la celebración de la Semana Santa varía mucho de una ciudad a otra. Ya no es un evento homogéneo que reúne a toda la comunidad. Pero en algunos lugares todavía se celebra a lo grande, como por ejemplo en Iztapalapa, que en la ciudad es el lugar más famoso para ver la procesión de Cristo, donde anualmente se reúnen casi dos millones de personas, catalogándolo como uno de los mayores eventos culturales anuales del mundo.

Osos polares, insectos raros y dinosaurios: el Museo de Historia Natural
Viviana Cohen
En este sitio los visitantes pueden comprender el origen del universo, de la vida y de la humanidad.
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“El amor por todas las criaturas vivientes es el más noble atributo del mundo” Darwin

 

De todos los museos que alberga la Ciudad de México hay uno (quizá un poco inadvertido) que nos permite comprender una parte fundamental de nuestra existencia. Un recinto en el que están desperdigadas las grandes respuestas de la vida. Un lugar destinado a enseñarnos minuciosamente el paso de los seres vivos por este planeta. Por supuesto estamos hablando del magnífico Museo de Historia Natural.

La historia de este asombroso museo se remonta a 1790. Ese año las mentes inquisitivas del siglo XVIII decidieron abrir en la calle Madero un gabinete de historia natural, para que los burgueses de la Nueva España entendieran la poderosa biodiversidad del país. El espacio era muy reducido, contenía tan sólo unas cuantas vitrinas con plantas y animales. Desafortunadamente debido a la lucha de Independencia se cerró muy pronto.

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Tras la guerra, las incipientes piezas que contenía el gabinete fueron rescatadas por el Colegio de San Idelfonso, y en 1802 en este emblemático sitio de la CDMX se abrió el primer Museo de Historia Nacional en México. Sin embargo, décadas más tarde el colegio se usó para otros fines y las plantas y fósiles que estaban ahí tuvieron que mudarse. Deambularon por distintas sedes hasta que, en 1964 el presiente López Mateos inauguró el MHN en el corazón del Bosque de Chapultepec ¿había un lugar mejor?

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Desde los años sesenta hasta nuestros días, este espacio (de más de 7,500 metros cuadrados) ha resguardado:  diversos ejemplares silvestres- recolectados en expediciones- fósiles, plantas de todo tipo, bichos extraños y endémicos y hasta libros prehispánicos en los que se detallan las nomenclaturas botánicas que tenían los mayas y los mexicas.

Entre los ejemplares más famosos que se exhiben el MHN hay: un inmenso oso polar conservado, el colosal esqueleto de un dinosaurio Diplodocus, 55 mil tipos de insectos disecados, un alce, muchos roedores  y abundantes colecciones de rocas, conchas, minerales y herbolaria general.

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Por si lo anterior fuera poco, el Museo de Historia Natural es además un lugar de divulgación científica único en la capital mexicana. Quizá por eso le ofrece a sus visitantes una serie de exposiciones permanentes que pretenden enseñar de un modo didáctico las ciencias naturales.  El origen del universo y de la tierra, la evolución, la biogeografía, la adaptación y qué es la taxonomía.  

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El Museo de Historia Natural es un privilegio, de esos extraños y delirantes, que tienen los capitalinos. El privilegio de caminar encima del tiempo para comprender no sólo el inicio de todas las cosas, sino el lugar a dónde vamos si no escuchamos las sabias palabras  que algún día dijera Darwin: “El amor por todas las criaturas vivientes es el más noble atributo del mundo”museo

 

Museo de Historia Natural

¿Dónde? 2.a Sección del Bosque de Chapultepec, Circuito Correr es Salud s/n, Delegación Miguel Hidalgo.

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¿Cuáles son los pueblos originarios de la Ciudad de México?
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Los pueblos originarios son poblaciones que desde hace siglos su estructura social y política se mantiene igual.
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Estas comunidades tienen libertad en cuanto a organización social y sistemas normativos…

 

Desde hace algunos años, la Organización de las Naciones Unidas eligió el día 9 de agosto para conmemorar a las comunidades indígenas del mundo. Y es que en el caso de México, habitan cerca de 12 millones de indígenas que hablan más de 68 lenguas originarias. Pero, ¿a qué hace referencia el término “originario”?

Tenochtitlán fue la primera ciudad que se fundó en todo el continente americano. No obstante, antes de que los aztecas se encontraran con el islote que se convertiría en su ciudad, ya existían varias civilizaciones mesoamericanas que se desdoblaban por todo el territorio mexicano.

Ciertamente han desaparecido ya muchas de estas comunidades, pero lo cierto es, que todavía existen varios pueblos en la urbe que se denominan “originarios”, pues son poblaciones que desde antes de la Conquista habitaban el territorio en el que actualmente viven. Por este motivo, estas zonas cuentan con su propia organización social, política, cultural y económica y son apoyados el gobierno de la capital.

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Históricamente, los pueblos originarios se desarrollaron de forma independiente a la Ciudad de México, pero por el rápido crecimiento de ésta, fueron absorbidos hasta formar parte de las delegaciones que hoy constituyen la metrópoli.

La mayor parte de los pueblos que hoy yacen por la capital datan de la época prehispánica, y fueron fundados por culturas como la otomí, la matlatzinca y la nahua. No obstante, los nombres de estas zonas son palabras que aluden al náhuatl, ya que el dominio mexica fue el más fuerte de la etapa precolombina.

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Cabe mencionar, que si bien la colonia no logró del todo suprimir estos pueblos, sí influenció de forma significativa sus tradiciones y costumbres. Por ello, luego del nacimiento de la Nueva España, los cargos administrativos de los lugares originarios adoptaron nombres como “fiscal”, “sargento” y “mayordomo”.

Este mestizaje no solo fue de carácter político, sino también cultural. Por la fuerte presencia que la Iglesia católica tenía en la ciudad, los nombres de los pueblos evolucionaron hasta ser una fusión entre un santo religioso y una palabra en náhuatl. Esta es la razón por la que actualmente resuenan en la mente capitalina lugares como San Bartolo Ameyalco, Santa María Nonoalco, Santa Cruz Acayucan, San Mateo Tlatlenango, Magdalena Atlitic, San Andrés Mixquic, San Pedro Actopan y Santa Úrsula Xitla.

Es importante hacer la distinción entre barrio mágico y pueblo originario. Aunque el primero pueda ser más popular y concurrido, la verdad es que el segundo es el que más valor le brinda a la identidad que define a esta maravillosa ciudad. Sin duda la CDMX no sería la misma sin la presencia, tradición y compromiso que los pueblos originarios le inyectan cada día.

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La historia de La Concordia, el café más lujoso del siglo XIX
Mare Loustaunau
Pintores, artistas, políticos y empresarios frecuentaban este café del Centro Histórico a finales de 1800.
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Al Café de la Concordia llegaban personalidades empedernidas de la cultura francesa…

 

Los cafés siempre han fungido como puntos de encuentro, incluso para aquellos que los visitan en solitario. Llegar a uno de estos acogedores espacios significa hacer tiempo para pensar, charlar o hasta crear. Así ha sido en la Ciudad de México, al menos durante el siglo XIX, esa época cuya población estaba fragmentada en nacionalistas y colonizadores.

Recordemos que la urbe se enfrentaba a la Intervención Francesa, y con Maximiliano de Habsburgo al mando, era de esperarse que los establecimientos que se desdoblaban por el Centro Histórico asemejaran la elegancia y sofisticación de los cafés europeos.

El llamado “afrancesamiento” fue inevitable en aspectos arquitectónicos, sociales y gastronómicos. Sobre este último ámbito, Salvador Novo decía: “¿Quién pediría un guisado, si podía ordenar un gigot? ¿Pollo, si volaille? ¿Queso, si formage? Los franceses poseían el secreto de bautizar con nombres crípticos y desorientadores los muy variados platillos que listaban sus restaurantes”.

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Así, este estilo de vida llegó hasta las cocinas de los restaurantes y cafés que se ubicaban en el corazón de la capital. Sin duda el más famoso, concurrido y elegante era el Café de la Concordia. Pese a que no se tiene fecha exacta de su inauguración, se sabe que ya funcionaba para 1868, ya que se tiene registro de varios empresarios, escritores, políticos y religiosos que visitaban sus espacios con motivo de tertulias, conspiraciones, celebraciones o simples reuniones.

Varios cronistas de la época describen a este café como uno digno de Europa, por los detalles ostentosos que enmarcaban los muros del lugar. El menú y el servicio también estaban a la par de locales franceses, y es que cualquiera que ingresara por las puertas del Café de la Concordia se sentía como aristócrata.

Se erigía en la esquina de Plateros y San José el Real, hoy Madero e Isabel la Católica. Era una casona de tres pisos, propiedad de un hombre de apellido Omarini, que se levantaba apabullantemente frente al Templo de La Profesa.

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Uno de los asiduos al Café de la Concordia era el poeta Manuel Gutiérrez Nájera, quien solía encontrarse con el caricaturista Jose Villasana. De hecho, hay quienes dicen que en este lugar se inspiró para escribir su poema La duquesa Job, que comienza así: “En dulce charla de sobremesa, mientras devoro fresa tras fresa, y abajo ronca tu perro Bob, te haré el retrato de la duquesa que adora a veces al duque Job”.

Para principios del siglo XX, el café dejó de funcionar. El periódico de El Universal cuenta, que “en enero de 1906, el cronista Luis G. Urbina salió de las oficinas de El Mundo Ilustrado, y al pasar frente al templo La Profesa sufrió una pena callejera: descubrió que el Café de la Concordia había cerrado sus puertas”.

En 1908 la edificación que alguna vez recibió intelectuales fue demolido, para dar pie a la Compañía de Seguros Mexicanos. Actualmente, este lugar es sede de la tienda española de ropa, Zara. Y aunque su estilo no remite nada a lo que era el café, sí hay una placa conmemorativa que da fe del café más lujoso de la Ciudad de México en el siglo XIX.

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Imágenes: La Ciudad de México en el tiempo

Archivo Diseño y Arquitectura, uno de los espacios artísticos más fascinantes de la Ciudad de México
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Un extraño y fascinante espacio que celebra el diseño y el arte en la Ciudad de México, ARCHIVO Diseño y Arquitectura.
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Bienvenidos a ARCHIVO Diseño y Arquitectura…

 

El diseño mexicano tiene una larga e interesante historia, pero existen pocos lugares dedicados a él en su totalidad. Fundado en el 2012 por Fernando Romero y Soumaya Slim, Archivo Diseño y Arquitectura es un singular espacio dedicado a coleccionar, exhibir y repensar el diseño en muchas de sus más emocionantes expresiones. Se trata de un espacio pionero, parecido a ninguno otro, que se ha convertido en un referente en el universo del diseño y la arquitectura en nuestra capital.

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Archivo Diseño y Arquitectura integra dos colecciones distintas. Por un lado, una enorme serie de 1,500 objetos de diseño, mexicanos y extranjeros; además, ARCHIVO Diseño y Arquitectura también exhibe la impresionante biblioteca personal del reconocido arquitecto modernista Enrique del Moral. Finalmente, esta institución organiza un nutrido calendario de actividades y exhibiciones en torno al arte y el diseño.

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ARCHIVO Diseño y Arquitectura se encuentra en una construcción modernista hecha en 1951 por el arquitecto Aturo Chávez Paz en Tacubaya (justo a un lado de la casa -estudio de Luis Barragán), un creador que nunca terminó sus estudios de arquitectura y que se dedicó a la ilustración, trabajando cerca de artistas abstractos avanti-garde como Mathias Goeritz y Henry Moore.

Desde su inauguración, ARCHIVO Diseño y Arquitectura ha presentado unas 12 exhibiciones de diseño, además de talleres, pláticas y otras interesantes actividades —como Pabellón Archivo, una competencia internacional para construir un pabellón de verano. Este concurso recibió alrededor de 400 aplicaciones de diseñadores y arquitectos de todo el mundo.

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Actualmente, este espacio exhibe la muestra México Ciudad Diseño, que hace una profunda reflexión en torno al diseño, su presente, pasado y futuro en la Ciudad de México, una muestra y un lugar que nadie interesado en el diseño mexicano debe perderse.

 

ARCHIVO Diseño y Arquitectura

Lugar: General Francisco Ramírez # 4, colonia Ampliación Granada, Miguel Hidalgo.

Horarios: martes a viernes de 10:00 a 18:00, sábado 10:00 a 14:00 horas.

Teléfono: 55 26141063

Contacto: info@archivonline.org

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