Gastronomía
Bar La Ópera: un espacio real lleno de ilusiones
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Los sueños de glamour afrancesado que surgieron en la ciudad de México a finales del siglo XIX continúan vivos en pleno siglo XXI, en uno de los bares más antiguos de la ciudad: El Bar La Ópera

En el cruce que forman las calles 5 de Mayo y Filomeno Mata, en el Centro Histórico de la ciudad de México, se sitúa El Bar La Ópera, establecido en 1895 para servir como un espacio de reunión para aquella población adinerada que, durante el porfiriato, construyó una ciudad que buscaba emular el refinamiento estético francés.

Bajo sus finos techos adornados con molduras biseladas, sentadas en muebles revestidos de terciopelo rojo, reposan las ilusiones de personajes ilustres del ámbito político, cultural y artístico nacional e internacional que transitaron en algún momento de su vida por el legendario Bar La Ópera.

Se sabe que durante los más de 100 años de existencia de La Ópera, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Jacobo Zabludovsky y varios de los presidentes mexicanos hicieron de este lugar su espacio de reunión. Asimismo, la belleza arquitectónica de sus interiores llevó a varios directores de cine a hacer de La Ópera un foro cinematográfico: películas icónicas del cine mexicano como Los de abajo se grabaron aquí; incluso, personalidades como Angelina Jolie y Antonio Banderas inmortalizaron escenas dentro de La Ópera.

Si bien la mayoría de historias que se han desarrollado dentro del Bar La Ópera corresponden a épocas de prosperidad, destaca el hecho de que la historia que más fama ha dado al lugar sea una que sucedió en aquellos tiempos en los que La Ópera, al igual que el resto del país, sufría los estragos derivados de la violencia que desataba la Revolución Mexicana.

Se cuenta que el mismísimo Pancho Villa entró a La Ópera junto con Emiliano Zapata, y que en plena juerga sacó su pistola y soltó un tiro que se incrustó en el techo de la cantina. El hoyo que dejó el disparo persiste ahí, y se ha convertido en uno de los mayores atractivos del lugar.

Hoy en día el Bar La Ópera sigue cautivando el gusto y los paladares de personalidades reconocidas de la política nacional y de la cultura, pero también continúa siendo un espacio en el que las personas “normales” descubren la realidad de las ilusiones que han construido espacios legendarios en los que se trasluce su propia historia, la historia de su ciudad. 

El Restaurante Bajel es una maravilla de alta cocina mexicana por Sofitel México
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Si quieres disfrutar de una cena de lujo en uno de los establecimientos más vistosos y exclusivos de la ciudad, no dejes de visitar el Restaurante Bajel.

Sofitel México ha traído el lujo y estilo franceses a Reforma; ahora, esta singular visión se fusiona con lo mejor de la cocina mexicana en el Restaurante Bajel.

 

Sofitel Mexico City Reforma es uno de los hoteles más impresionantes y lujosos de la capital. Localizado en la avenida que lleva su nombre, en el corazón del bullicio metropolitano, destaca entre sus competidores por su estilo y gusto incontestables. Además, la experiencia que ofrecen a sus huéspedes es única.

 

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Imagen de: sofitel-mexico-city.com

 

https://www.accorhotels.com/9615

 

Uno puede elegir entre sus 275 cuartos o 56 suites, las cuales están equipadas con comodidades de primera clase y decoraciones preciosas. El lujoso y refinado estilo francés destila en sus restaurantes, bares y salas de negocios. También cuenta con un magnífico spa y una alberca fuera de este mundo en su piso 38.

Por si esto fuera poco, cuenta con un gimnasio ampliamente surtido y vistas impresionantes desde sus pisos más altos, con ventanales de piso a techo que muestran lo más bello de la ciudad, desde el Ángel de la Independencia hasta el Castillo de Chapultepec.

 

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Imagen de: sofitel-mexico-city.com

 

Hace unos meses, para poner la cereza en el pastel, Sofitel México inauguró el Restaurante Bajel, una fusión de alta cocina e ingredientes tradicionales mexicanos que volverá loco a tu paladar. Su cocina corre a cargo del chef Luis Escamilla, reconocido internacionalmente. El concepto que persigue el restaurante es el de una celebración de la variadísima cocina mexicana.

 

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Imagen de: sofitel-mexico-city.com

 

Las técnicas culinarias tradicionales son deconstruidas y vueltas a armar para crear una experiencia sensorial única. Escamilla se vale de su laboratorio de fermentos, donde crea platillos inimaginables que satisfarán hasta los gustos más exigentes. Sin embargo, todo el sabor no sacrifica la parte visual. El emplatado es verdaderamente notable: utiliza composiciones monocromáticas que ofrecerán al comensal un espectáculo visual que complementará su cena de la mejor manera.

 

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Imagen de: sofitel-mexico-city.com

 

Podrás degustar cualquier delicia que se te ocurra: mariscos, carnes, todo tipo de vegetales y postres caramelizados. Para los gustos más exóticos, también podrás disfrutar de escamoles, chicatanas, pulpo y gusanos de maguey, entre otras cosas.

Para cerrar con broche de oro, su mezcalería y tequilería es de las mejores del país. Sus finísimos licores tienen a los derivados del agave como su punto focal, con los que crean cocteles exquisitos.

 

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Dónde: Restaurante Bajel; Av. Paseo de la Reforma 297.

Horarios: lunes a sábado, de 18 a 23 horas.

Teléfono: 55 8660 0596

 

Si lo tuyo es más salir de noche, checa esta lista de bares y terrazas para conocer en 2020.

 

*Imagen destacada de: restaurants.accor.com

Xocolatl: el alimento de los dioses que los mayas compartieron a los aztecas
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La nomenclatúra científica que se le asignó al árbol de cacao es Theobroma cacao, que en latín significa “alimento de los dioses”.

El agua de cacao fue la bebida preferida de los guerreros y nobles.

 

Aunque el alimento básico más importante para la sociedad azteca fue el maíz, ya que desempeñó un papel central en su alimentación y mitología, y que se encuentra en variedades que diferían en color, textura, tamaño y prestigio, así como en sus presentaciones, el cacao se convirtió en uno de sus preferidos.

Las gachas de maíz y el pulque eran las bebidas más comunes, a las que se agregaban otras bebidas alcohólicas fermentadas hechas de miel, cactus y varias frutas. Pero la élite se enorgullecía de beber lo hecho a basa de cacao, favorito de gobernantes, guerreros y nobles, ya que se condimentaba con chile, miel y una lista interminable de especias y hierbas.

 

 

El cacao ya era cultivado por los mayas desde hace más de 2,500 años. El nombre “cacao” deriva de la palabra náhuatl cacahoatl o cacahuatl, que significa “jugo amargo”, y “chocolate”, a su vez, lo hace de la palabra maya chocol, esto es, “caliente” y “agua”, respectivamente.

En el siglo XVIII, el naturalista Carolus Linnaeus, basado en las creencias de los mayas y aztecas, denominó al árbol de cacao con el nombre científico de Theobroma cacao, cuyo significado en latín es “alimento de los dioses”. Este árbol es símbolo de abundancia, gobernabilidad y ascendencia (raza, casta) y sirve como un conducto metafórico por el cual las almas de los humanos y los dioses viajan a través de la tierra, el cielo y el infierno.

 

 

 

Los aztecas aprendieron de los mayas el cultivo y el uso del cacao. Llamaban cacahuat al cacao y xocolatl a la bebida aromática que se obtenía de sus frutos. El xocolatl era apreciado como reconstituyente para dar fuerza y despertar el apetito sexual, tratar la fatiga, aumentar el peso de los desnutridos, estimular el sistema nervioso de los apáticos, agotados o débiles, mejorar la digestión y estimular los riñones. El xocolatl era apreciado por su sabor y su valor estimulante. En una de sus cartas, Hernán Cortés le describió al emperador Carlos V, que bastaba una taza de esa bebida indígena para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día de marcha.

Los nobles mexicanos hacían cocer el cacao con agua y para endulzarlo, le agregaban miel silvestre o jugo dulce de arce, aromatizándolo con un poco de vainilla, y la gente sencilla le agregaba atole de maíz para hacerlo nutritivo. En el ocaso del imperio azteca, Moctezuma recibía parte de sus tributos en almendras de cacao, que ascendían anualmente a 400 mil countles, lo que equivalía a 160 millones de bayas, más que suficientes para preparar diariamente cincuenta tazas de chocolate para su consumo personal

 

 

 

El cacao tenía un inmenso valor simbólico ya que era un lujo raro y una importación que no podía cultivarse dentro de los límites del Imperio azteca. No hay descripciones detalladas de cómo se prepararon los sólidos de cacao, pero hay una serie de alusiones al hecho de que se comió de alguna forma.

Los granos de cacao se encontraban entre los productos más valiosos y podían usarse como forma de pago, aunque de un valor algo bajo. Se podrían usar 80-100 frijoles para comprar un manto pequeño o una canoa llena de agua dulce si se viviera en la parte salada de los lagos alrededor de Tenochtitlan. El cacao se bebía comúnmente como cacahuatl, “agua de cacao”,  y era la bebida de guerreros y nobles. Se consideraba un potente intoxicante y algo que se bebía con gran solemnidad y gravedad, y que el cronista español Sahagún describió como algo “no bebido sin pensar”.

 

 

 

El chocolate se podía preparar de una gran variedad de formas y la mayoría de ellas involucraban mezclar agua caliente o tibia con granos de cacao tostados y molidos, maíz y cualquier cantidad de saborizantes como chile, miel, vainilla y una amplia variedad de especias.

Los ingredientes se mezclaron y batieron con un palito o se airearon vertiendo el chocolate de un recipiente a otro. Si el cacao era de alta calidad, esto producía una rica espuma. La cabeza se podía dejar a un lado, la bebida se aireó para producir otra cabeza, que también se apartó y luego se colocó encima de la bebida junto con el resto de la espuma antes de servir.

 

 

En la Nueva España, el cultivo del cacao estaba esparcido por toda la zona templada y caliente del país, desde la provincia de Tabasco, hasta Michoacán, Colima, Chiapas y Campeche, pues se producía de manera espontánea. El cacao más apreciado era el de las provincias de Tabasco y Soconusco por sus semillas grandes, oleaginosas y de buen sabor.

Hoy en día, se emplea el chocolate en la fabricación de bombones, barras y tabletas añadiéndole leche, cacahuate o almendras, entre otros ingredientes, para consumirlos como golosinas, o bien para preparar otros alimentos y bebidas achocolatadas, cremas, helados, tortas, galletas y otros postres. Uno de sus derivados, la manteca de cacao, se utiliza como cicatrizante y también en la cosmetología.

El mazapán es un dulce sencillo con una historia que no creerás
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Conoce los diversos orígenes de uno de los productos más bondadosos, deliciosos y adaptables del mundo.

El mazapán es un dulce cuyos ingredientes se pueden sustituir y lograr resultados increíbles.

 

El origen remoto del mazapán parece estar en un postre griego elaborado a base de pasta de almendra y miel. Pero la Ciudad de Toledo, España, registra la primera referencia escrita del mazapán en el año 1512. ​ Hay muchas leyendas acerca de su origen, incluso se dice que es persa  y que fue introducido en Europa desde el sur con la invasión musulmana de la península ibérica en el siglo VIII. Aunque la versión más difundida es que el mazapán fue inventado en el convento de San Clemente de Toledo.

Del mismo modo que el origen, la palabra también se discute. Fuentes señalan que procede de la península ibérica,​ del latín martius panis (pan de marzo) la Real Academia Española acude al árabe hispánico pičmáṭ, el cual a su vez procede del griego παξαμάδιον (pasamadión), bizcochito, influido por masa y pan, o metátesis de pasamadión. ¿Cómo saberlo?

 

 

Lo que sabemos es que hay diferentes tipos de mazapanes en Europa y América. Los más famosos en el mundo son los españoles y los alemanes. Aunque el mazapán de Guatemala es famoso desde el siglo XIX, ya que se elabora con las semillas de la calabaza arroz y azúcar. En Venezuela se elabora con anacardo y azúcar. En las Filipinas se hace de nueces de pili. En Colombia es un dulce con leche en polvo y azúcar pulverizada. En México es muy popular el mazapán de maní o cacahuete.

Nosotros podemos dejar que se peleen por la denominación de origen del mazapán en España y Alemania, por el nombre y el origen “real” incluso de la palabra Mazapán, para instalarnos en la historia de una de las delicias que el mestizaje ha producido en México, cuya mezcla original era de pasta de almendras y azúcar, y que en México se hace con cacahuate o distintos tipos de nuez y semillas.

 

 

El mazapán llega con los españoles y varias compañías dulceras ofrecen el producto, que desde entonces y aún en la actualidad, se sigue asociando con las figuras que se elaboraban antes de hornearlo.

Desde los testimonios más antiguos, la pasta se presta a ser moldeada y parte de su estima dependía de lo que se representaba visualmente en las distintas tradiciones culturales, más allá de los sabores, que eran fruto de las combinaciones de la pasta tradicional con productos de cada región, lo que se diversificó en Latinoamérica.

 

 

 

Hoy en día se llama mazapán a la masa obtenida por amasado (con o sin cocción de la mezcla) de almendras crudas, peladas y molidas, con azúcares en distintas clases y derivados. La pasta que se obtiene debe presentar una textura blanda y, por ello, resulta fácil de moldear para elaborar figurillas.

Además de almendras y azúcar, el huevo y la miel son también ingredientes principales de este dulce que, por tradición, se consume en nuestro país durante la época navideña (como herencia de España) pero, en su versión comercial, su disponibilidad no se asocia a ninguna festividad.

 

 

 

El mazapán casero se puede utilizar para la decoración de pasteles, o como un postre saludable gracias a su combinación de ingredientes nutritivos y benéficos para el organismo, además que te tiene un sabor característico que le ha convertido en uno de los bocados preferidos de casi cualquiera.

De la Rosa es la marca más popular de mazapán en México, que se ha encargado de producir y distribuir este delicioso manjar hecho a base de cacahuate, con más de 70 años dentro de la industria del dulce, siendo una de las más grandes, con una ganancia anual por encima de los 4 mil millones de pesos.

 

 

Es una empresa jalisciense, a cargo de Enrique Michel Velasco, uno de los 13 hijos del fundador don Jesús Michel González, que comenzaron siendo un pequeño negocio en la capital de La Perla Tapatia, realizando dulces de manera artesanal. Para la elaboración de este típico dulce mexicano se eligen cacahuates que se tuestan, y posteriormente se crea la masa, y aunque sabemos que hoy en día el mazapán se fabrica de manera industrial, la receta no ha cambiado durante todos estos años.

La imagen original de la empresa no siempre fue una rosa, en realidad eran tres fresas en el empaque, pero debido a una queja proveniente de una marca que contaba con una ilustración similar (tres cerezas), y Don Jesús se dio a la tarea de darle una nueva presentación, fue así como nació la idea de colocar una rosa, puesto que en los años 50, Jalisco era reconocida como la Ciudad de las Rosas.

 

 

En fechas recientes, se hizo viral la noticia del mazapán que rompió el Récord Guiness siendo el más grande del mundo en Guadalajara, Jalisco, para el cual se necesitaron ocho toneladas de cacahuate preparado, así como más de 100 artesanos, nos nació la curiosidad de conocer la historia detrás de este frágil dulce mexicano.

El mazapán más grande mundo lo disfrutaron 6 mil personas.

Ahuautle: el caviar azteca que fue el desayuno del gran Moctezuma Xocoyotzin
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El ahuautle era ofrendado al Dios Xiuhtecuhtli, fue uno de los platillos preferidos de Moctezuma y hoy en día sigue siendo un manjar.

El ahuautle es conocido un producto prehispánico delicioso y con mucha historia.

 

El ahuautle es el nombre con el que se conocen a seis especies particulares de Hemiptera, de 50.000 y 84.500 especies conocidas de insectos, distribuidas por todo el mundo. Estos insectos pertenecen a un suborden de pulgones, moscas blancas y cochinillas.

Aunque este insecto no es acuático precisamente, se sabe que se reproduce en el agua, y en nuestro país, sobre todo, en las zonas lacustres del Valle de México. Pero lo que nos ocupa no es el insecto en sí, sino su hueva, llamada justo ahuautli o ahuahutli, que en nahúatl era axayácatl, que significa algo así como “bolitas de agua”, y que se consumen desde la época prehispánica, y como tal han recibido el nombre de caviar mexicano.

 

 

En el mercado también se conocen como “mosco para pájaros”, aunque realmente no es un mosco, sino una chinche que se reproducen en el agua. Tanto el axayácatl en estado adulto como sus huevas son comestibles. La ahuautle se obtiene colocando en la orilla de los lagos unos tules (antiguamente se usaban hojas de mazorca) donde la chinche deja sus huevos, que luego se orean, secan y tuestan. Baste decir que este alimento es rico en proteínas.

Los relatos de los conquistadores españoles cuentan que se entregaban como ofrenda a la divinidad Xiuhtecutli. También que eran traídos a la corte de Moctezuma en Tenochtitlán a diario, para que el Emperador azteca pudiera tomarlos frescos para su desayuno.​ La ahuahutle se comía en tortas y los conquistadores aprendieron a degustarlas los viernes, cuando su religión católica les impedía comer carnes rojas.

 

 

 

Hoy en día este producto se consume tostado, y la ahuautle se suele preparar en tortas rebozadas en huevo y fritas, también en tamales o mixiotes.​ El cultivo de estas especies es simple y barato, aunque alcanzan altos precios en el mercado por la alta demanda. Además, se encuentran en peligro por la desecación y polución de los lagos en los que tienen su hábitat.

La chinche todavía se puede encontrar al oriente de la Ciudad de México, ya que es un platillo que se niega a morir en las calles de la capital. Hay personas que recorren Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco, Mixquic, San Juan Ixtayopan, Nativitas, La Viga, Tulyehualco, e incluso Tlaltengo, Santiago Zapotitlán, San Lorenzo, Culhuacán, así como por municipios como Chalco y Chimalhuacán; para conseguir el delicioso tesoro.

 

 

 

Para obtener el ahuautle se colocan ramas secas a las orillas del lago, atadas a una pequeña estaca para que no se alejen, y las hojas se quedan ahí de 15 a 20 días, periodo en el que los mosquitos llegan a depositar miles de huevecillos no mayores en tamaño a 1 milímetro de diámetro. Después, se retira el enramado para extraer los huevecillos.

Una vez lavados, se tuestan un poco, se muelen en el metate hasta lograr una harina muy fina que se mezcla con clara de huevo, trozos pequeños de nopal, queso y sal. Una vez listo, se preparan pequeñas tortas que se fríen con aceite o manteca. Se pueden acompañar con la salsa de su preferencia.

 

 

 

Se trata de un platillo artesanal con un costo elevado; su sabor es parecido al camarón molido, pero es un manjar que se vende bien en Chimalhuacan (Estado de México) quienes han conservado el platillo. El ahuautle es uno de los más grandes orgullos del barrio de San Pedro (Chimalhuacan).

Allí, algunos aseguran que este platillo es una herencia directa de sus antepasados toltecas, quienes en su riqueza culinaria contaban con platillos a base de pescados, anfibios, insectos y aves.

 

 

Por su escasez, el ahuautle cuesta alrededor de $400 pesos el kilo y se tiene que anticipar el pedido por algunas semanas. La temporada para poder comerlo es a partir del mes de julio y concluye alrededor de octubre.

En la Ciudad de México aún se puede encontrar en mercados como La Merced y San Juan de Letrán.

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