Vida Capital
13 cosas chafas que hacemos a pocos días de que paguen la nómina
Benjamin Malik
La nómina puede ser una bendición, pero también una maldición cuando no calculamos nuestros gastos adecuadamente y se cruza un largo fin de semana para que nos la paguen

Son muchos los afortunados que tienen trabajos en los que pueden contar con el depósito de su nómina, ya sea quincenal o mensualmente. Esto puede ser una bendición, pero también una maldición cuando no calculamos nuestros gastos adecuadamente. De repente se cruza el último fin de semana del mes y te das cuenta que te van a pagar hasta el martes de la semana que sigue. Es en ese momento cuando tienes que pensar en tus estrategias para poder sobrevivir los siguientes tres días. Sí, tus acciones en esas 72 horas resultarán sumamente cuestionables, pero ese es uno de los gajes de ser adulto y para los que casi nadie nos prepara.

No les queremos dar ideas, pero aquí va una lista de las cosas más chafas que hacemos cuando ese cheque o depósito parece no llegar a nuestras cuentas.

1. Comes burritos del Oxxo o del 7-Eleven.

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2. Sales con amigos y dices que se te olvidó la cartera.

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3. Le pides dinero prestado a tu familia.

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4. Te haces el “buen hijo” y vas a comer diario a casa de tus papás.

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5. Fumas más y tomas más café en la oficina para que no te dé hambre.

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6. Les dices a tus amigos que no puedes salir porque tienes gripa.

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7. Compras sushi del Superama o, peor aún, vas a comer de lo que ofrezcan las demostradoras.

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8. Te bañas en el gimnasio porque ya no hay gas en tu casa.

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9. Le robas el Wi-Fi al vecino porque ya suspendieron tu línea.

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10. Caminas a todos lados, llueva, truene o relampaguee.

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11. Te comes la comida de tu roomate.

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12. Sólo vas a fiestas en las que va a haber alcohol gratis.

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13. Le dices a la gente que estás a dieta para que no sepan que no te alcanza para comer.

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Un jardín de arte en la del Valle, el parque Tlacoquemécatl
MXCity
Lo que antes era parte de la tierra del Rancho Santa Anita, ahora es el bellísimo jardín Tlacoquemécatl, uno de los pilares del barrio Del Valle.

El “Tlaco” o “Parque el Tlaco”.

 

La Colonia Del Valle se caracteriza por ser un lugar que mezcla lo residencial y comercial, con hermosas áreas verdes, parques, monumentos. Fue a fines del siglo XIX, en lo que hoy es la Colonia Del Valla, se cultivaron árboles frutales que todavía son populares en la zona.

Los más abundantes fueron los tejocotes y fresnos que todavía forman parte del paisaje.  El Siglo XX fue testigo del fraccionamiento de los ranchos más conocidos de aquella época, Amores, Tlacoquemécatl, Santa Anita y San Borja, que existían en lo que hoy en día es la Colonia Americana. De ahí que algunas calles de la colonia llevan el nombre de éstos antiguos ranchos y los frutos que daban sus árboles.

 

En el Rancho Santa Anita se cultivó alfalfa para alimentar vacas y caballos, y el agua fue suministrada por tres pozos que fueron regenerados en las estaciones lluviosas por las corrientes que atraviesan la tierra donde estaba el parque hoy en día.  Durante el gobierno de Porfirio Díaz empezó el fraccionamiento de la zona. Desde 1913 funcionaba un tranvía llamado “Colonia Del Valle”. Dicho transporte comunicaba el centro de la ciudad con Mixcoac , y las antiguas vías subsisten a lo largo de Avenida Coyoacan y en las cercanías del parque.

 

Esta parte del municipio se mantuvo sin cambios hasta 1958, cuando el presidente Adolfo López Mateos llevó a cabo las expropiaciones necesarias y convirtió el terreno en uno de los parques más emblemáticos del municipio, el Parque Tlacoquemécatl. Tlacoquemécatl es náhuatl, y significa “lugar vestido de tlacotl” o “lugar que se cubre de jarilla”, debido a la abundancia de tlacote o jarilla, planta que se utilizaba para fabricar flechas.

En el parque abundan variadas especies de árboles como truenos, olmos, jacarandas y palmas. Se localiza entre las calles de Adolfo Prieto, Moras, Tlacoquemécatl y Pilares en la Colonia Del Valle. Este genial parque es conocido porque los fines de semana se organizan exposiciones pictóricas por lo que ha recibido el nombre de Jardín del Arte Tlacoquemecatl, y en uno de los andadores del parque se encuentra el monumento a Carlos Gardel.

 

Este monumento a Carlos Gardel, el tango hecho carne, fue inaugurado el 11 de diciembre de 1990 por la Asociación de Tangueros de México, al cumplirse el centenario del nacimiento del máximo cantor, el monumento consiste en una placa alusiva, y la estampa de Gardel inspirada en una fotografía del astro, que ha sido utilizada para las portadas de los discos de larga duración, calendarios, cuadros, cancioneros y revistas.

En el Jardín del Arte dominical, al que concurren muchos vecinos de la colonia, es posible encontrar naturalezas muertas, retratos, pintura figurativa, realista, y muy raramente obras surrealistas. La mayoría de los pintores son vecinos de la zona y sus precios resultan accesibles. Además, algunos de ellos pueden hacer trabajos sobre pedido, por ejemplo retratos de muy buena calidad. En sus bancas rojas se puede leer con tranquilidad, y a pesar de ser un parque no muy grande está bien cuidado. Es posible encontrar juegos infantiles, unas canchas de basquetbol en buen estado y barras para ejercitarse.

El parque tiene una iglesia llamada de Nuestro Señor del Buen Despacho, tiene un estilo provinciano, pequeña, blanca y adornada con ladrillo rojo. Contrasta con las demás iglesias de la Colonia del Valle. Esta iglesia se encuentra en lo que solía ser una pequeña capilla del siglo XVII.

La iglesia conserva una parte original, como lo es la sacristía, la portada ubicada en el atrio y el crucifijo que lleva motivos nativos donde se representa la absorción de las personas prehispánicas en la iglesia católica. Otra cosa original de la iglesia es una piedra que proviene de una construcción antigua que solía estar en este lugar se conserva en el altar. En 1959 fue remodelada para terminar como la iglesia del Buen Despacho.

Parque Tlacoquemécatl

¿Dónde? Adolfo Prieto, Moras, Tlacoquemécatl y Pilares, Del Valle.

¿Cuándo? Lunes a domingo.

Entrada Libre

El túmin, la moneda alternativa indígena, ahora en la CDMX
Cristopher Garnica
Túmin significa dinero entre los indígenas de la etnia Totonaca, además es una moneda comunitaria que sirve para comprar comida, ropa o para pagar servicios.

Breve historia del túmin.

 

El túmin es una moneda alternativa de cambio. Nace en la zona indígena del norte del estado de Veracruz y cuenta con gran aceptación en la región y diversos municipios de estados circunvecinos. El túmin, a diferencia de los billetes tradicionales que se valoran por el poder económico o las reservas de oro del país que los emite, está respaldado por las personas que los utilizan.

El túmin surge como proyecto de investigación en la Universidad Veracruzana Intercontinental (UVI), para ayudar a los habitantes de Espinal, un municipio pobre con 25.000 habitantes de los cuales la mitad son indígenas totonacas, cuyo salario mínimo no les alcanzaba para sobrevivir. Ante la falta de dinero, los vecinos intercambian sus productos para sobrevivir, como ocurre en otras comunidades rurales del país.

 

Los investigadores de la UVI diseñaron el túmin para facilitar el trueque, vales intercambiables por mercancía o servicios. La moneda comunitaria se puso en circulación a finales de 2010, en pleno festejó del bicentenario de independencia. Con el túmin, un panadero vende su mercancía en pesos y túmines, y ambas monedas le sirven para comprar productos y/o intercambiarla por servicios, como una revisión dental o la reparación de una puerta. En este sistema solidario de trueque, lo que vale no son los billetes o monedas metálicas, sino lo que las personas dan o hacen a cambio, donde el dinero no es para acumularse, sino para usarse y ayudar a la gente.

La moneda comunitaria se comenzó a utilizar entre 115 miembros iniciales de una red de intercambio, quienes recibieron vales por el equivalente a 500 túmines que se deben conservar en circulación. Así, cada uno de los socios da voluntariamente el valor que desea a la moneda y todos, a su vez, se comprometen a sacrificar las ganancias en pesos para recuperarlas en servicios o productos.  Si un kilo de carne cuesta unos 70 pesos en el mercado tradicional, por ejemplo, dentro de la red se cotiza en 50 pesos y 20 túmines. El carnicero utiliza los vales de túmin para comprar otra mercancía, como pan, y el panadero a su vez los intercambia por algo más, como harina, azúcar o huevos.

 

Esto ha hecho que alimentos, bebidas, animales y hasta servicios de cibercafé, formen parte de los negocios que exhiben afuera de sus locales los letreros que dicen “Aquí Aceptamos Túmin”. Esto ha dado buenos resultados, al grado que los comerciantes y profesionistas vendan más productos, y que los consumidores compren más barato.

Este piloto de túmin en Veracruz  no le gustó nada al Banco de México (Banxico),que llevo a demanda y juicios a los creadores del túmin, pero se ha resignado a ver las bondades del túmin como una amenaza latente. Gracias a este ha cambiado progresivo de la forma de comerciar de la gente, se han provocado varias réplicas en diversas comunidades indígenas de todo el país, como Chiapas y Tabasco, Morelos, Campeche y ahora la CDMX, que se ha acercado a los diseñadores del sistema para pedir su asesoría en el establecimiento de monedas propias; emulando casos exitosos de comunidades europeas de España, Portugal e Italia, que ya han comenzado a adoptar monedas propias debido a la crisis económica mundial.

 

El uso del túmin se ha extendido a 16 estados del país, incluyendo el sur de la Ciudad de México, en la delegación Xochimilco, donde los comerciantes y habitantes han comenzado a usar el túmin; lo cual representa su entrada a la Ciudad de México, el epicentro de los negocios del país, que tan solo en el segundo trimestre del año reportó ventas por 179,000 millones de pesos (casi 10,000 millones de dólares), de acuerdo con la Cámara de Comercio Servicio y Turismo local.

La entrada del túmin hace frente a las grandes corporaciones, pues el sistema está creado para incentivar el consumo local, sumado a que revaloriza el trabajo artesanal. En Xochimilco, si un cliente compra un frasco de miel de 20 pesos (casi un dólar), puede pagar con 18 pesos mexicanos e intercambiar dos túmines.

 

Los comerciantes interesados en el túmin se inscriben en un padrón, se acuerdan las reglas, la más importante es aceptar 10% del valor de un producto en túmines, de forma gratuita se les entregan los túmines, cantidad equivalente a su producción anual, y los comerciantes distribuyen la moneda entre ellos y sus clientes al pagar o dar cambio. Así es como se crea la red solidaria, donde los vales están en constante movimiento, intercambiando el trabajo de los productores. El túmin ha provocado que los comercios se expandan por medio de redes e incluso con comerciantes de otros estados del país. El túmin es una red solidaria que está ayudando a las personas de Xochimilco.

Web Túmin 

Fotografías del origen de los edificios más emblemáticos de la CDMX
MXCity
Los edificios en construcción son reflejos de la modernidad, los cimientos de nuestra identidad mexicana en vías de desarrollo.

Edificios en construcción.

 

Nuestro país conserva los vestigios de nuestras ciudades prehispánicas, junto a  estructuras coloniales y hermosas edificaciones modernistas, que surgieron dentro del funcionalismo y dieron vida a la arquitectura mexicana del siglo XX. Aunque en nuestra ciudad hay grandes sitios de interés arquitectónico con prehispánicos, clásicos, modernos y contemporáneos, hay unos que se han quedado en nuestro corazón más que otros.

La Ciudad de México ofrece una diversidad cultural que se evidencia tanto en sus tradiciones como en su arquitectura. Nuestro pasado también se evoca en la historia de las construcciones, mientras uno recorre la vasta extensión de significativos espacios públicos, plazas y plazoletas que tenemos en la ciudad.

Estas fotos evocan la construcción de nuestro pasado, y la vida presente de millones de citadinos.

 

Torre Latinoamericana

Eje Central Lázaro Cárdenas 2, Centro, 06000 Ciudad de México, CDMX.

 

Torre de Rectoría de la UNAM

Campus Central de la UNAM, Delegación Coyoacán, CDMX.

 

Monumento a la Revolución

Plaza de la República S/N, Tabacalera, Cuauhtémoc, 06030, CDMX.

 

Edificio de la Lotería Nacional 

Paseo de la Reforma #1, Colonia. Tabacalera, Cuauhtémoc, CDMX.

 

Palacio de los Deportes 

Av Viaducto Rio de la Piedad y Rio Churubusco S/N, Granjas México, 08400, CDMX.

 

Museo Nacional de Antropología e Historia

 Paseo de la Reforma & Calzada Gandhi S/N, Chapultepec Polanco, Miguel Hidalgo, 11560, CDMX.

 

Torre insignia de Tlatelolco

Tlatelolco, 06900,  Ciudad de México, CDMX

 

Edificio “La Nacional”

Esquina de Juárez y Eje Central, CDMX. 

 

Palacio de Bellas Artes

Av. Juárez, Centro Histórico, 06050, CDMX.

Otomimóvil: el movimiento de la artesanía otomí
MXCity
Otomimóvil, son poco más de 50 carritos diseñados por la comunidad Otomí que comenzarán a circular por la Juárez y la Roma.

Otomimóvil: carritos de diseño otomí.

 

El otomí es un pueblo indígena que habita un territorio discontinuo en el centro de México. Hoy en día, los otomíes viven en un territorio fragmentado que va desde el norte de Guanajuato, al oriente de Michoacán y al sureste de Tlaxcala; Hidalgo, CDMX y Querétaro. En el año 2000 la población étnica​ otomí sumaba 646.875 personas en la República Mexicana, haciendo de esta etnia, en el quinto pueblo indígena más numeroso del país.

 

Los indígenas Otomíes se destacan en el arte de tejer, son increíbles artesanos que elaboraron sus telares con la finalidad de pagar el tributo, mediante la elaboración de prendas ceremoniales, los cuales se fabricaban con palma silvestre, fibra de maguey, de lechuguilla y el algodón. Su labor artesanal principal es la elaboración de textiles como fajas, rebozos, camisas, guanengos además de morrales y ayates, que en los últimos años han creado furor entre la alta costura por su hermosa y sencilla confección.

La migración de este pueblo indígena hacia la Ciudad de México, inició entre los años 30 y los 50 cuando se construyeron las principales carreteras. Esto facilitó que grupos campesinos se transportaran a la ciudad para hacer labores de comercio o albañilería, que luego les permitiera financiar la siembra. Pero en las colonias Roma y en la Juárez, que han sido ocupadas por las personas de clase media alta, existen 9 predios habitados legalmente por decenas de familias otomíes.

 

En los últimos dos años, la comunidad otomí de la CDMX, ha tenido muchos contratiempos debido a que las colonias en las que viven llevan un par de años en remodelación, contraviniendo las formas de subsistencia de estos grupos de artesanos. Los otomíes, como muchas otros comerciantes, venden en puestos sobre la banqueta y las procesos de construcción y remodelación  de las colonias, han hecho que no puedan vender sus productos en las calles ya que su artesanía se ensucia fácilmente o no hay tráfico de personas por las calles debido al polvo. El cambio de imagen de la Zona Rosa incluyó una reducción drástica del ambulantaje: de 300 puestos sólo quedarán 100.

 

En este contexto de obras y desalojo de vendedores, la Delegación Cuauhtémoc pidió a los otomíes modificar su forma de venta, haciendo que en lugar de tener espacios asignados sobre la banqueta, venderán en carritos como los que hay en los pasillos de los centros comerciales. La mayoría de los otomíes han aceptado con buena cara esta alternativa y participan en ella dignificando su trabajo, espacio e imagen. La única condición de los otomís fue: hacer su propio diseño, para dignificar aún sus vestidos típicos de olanes rosas con cuellos altos, típicos de las mujeres.

Así es como más de 50 carritos diseñados por la comunidad otomí, el Otomimóvil, comenzarán a circular por la Juárez y la Roma. El costo que se proyectaba para cada carrito era de 28 mil pesos. No obstante, Isaac Martínez, otomí de Santiago Mexquitilán, se dio a la tarea de crear un diseño más económico sin dejar de ser atractivo y fiel a su cultura, consiguiendo reducir el precio a casi la mitad. Así fue posible que las familias, financiaran su propia estación móvil de cultura Otomí.

Se piensa que el Otomimóvil pueda servir para recordarnos que formamos parte de una comunidad amplia en constante proceso de reconstrucción. Los objetos que venderán estas familias serán molcajetes y metates de piedra negra, bolsas de paja, sombreros de palma y sillas de tule; además de sus hermosos bordados tenangos, muñecas otomíes y otras creaciones tradicionales que conforman la artesanía otomí en CDMX.

 

Del mismo modo, cuando los otomís tuvieron oportunidad de obtener la viviendas en forma, los integrantes de la comunidad se organizaron para crear la unidad habitacional en la que viven actualmente, la cual consta de seis edificios, 47 departamentos y una ludoteca; que se identifican con palabras ñäñho.

Este otro proyecto ganó el Premio Nacional de Vivienda 2004, por responder adecuadamente a las necesidades de una familia nuclear tipo urbana. Hoy, esta comunidad continúa coordinándose y renovando su estilo de vida en la ciudad y el Otomimóvil es prueba de esto.