Bares y Antros
Las 5 cantinas más baratas del Centro
Rober Diaz
Una ruta llena de excesos que habrás de seguir sólo bajo tu propio riesgo

Esta reseña debería ser escrita por un beat. Yo no lo soy, pero podría jugar a ser un periodista mamarracho y juguetón como Hunter S. Thompson, y armar mi recorrido por las cantinas más baratas como si no hubiera una trama. La hay: buscar estar nuevamente borracho. Primero, al levantarse hay que esnifar para recordar cómo se sienten todos esos directores, todos esos presidentes, los reyes del mundo, y comprar una polla en la esquina de Aldaco para alivianar la cruda del día anterior. Luego, sugeriría:

 

Río de la Plata

Ahí llegaría temprano. Tal vez sea, en el Centro, una de las cantinas más visitadas por la “chaviza”, porque la cerveza la venden en 17 pesos. Se encuentra en República de Cuba 39. Se han ido los días en los que la banda hipster de las afueras del Centro tomaba el lugar como un sitio de moda; ahí iba con mis amigos y fumábamos marihuana en la esquina, haciendo como que hablábamos por teléfono o yendo hasta la calle siguiente rumbo al Eje Central, sorteando patrullas y policías caza-marihuanitos y a las afueras de la casa –en el callejón Héroes del 57 número 25– que vio nacer a nuestro líder transexenal, Fidel Velázquez, a echarnos un gallo para regresar a intentar no pagar la cuenta. Hay que tener cuidado, pues si te emborrachas duro terminas pagando hasta de más. No es culpa de los meseros; es una somera barbarie que se levanta cuando el sitio está atiborrado: pendejo el que se deje. De tanta fama y tan buen negocio resultó que ya hay otras dos filiales casi pegadas al local. Su dueño es famoso por su mal carácter; le apodan “el Menotti” y se presume que pocos meseros lo aguantan (siempre están solicitando). Hay música en vivo, charanga en la rockola de la planta baja y un grupo en el primer piso.

 

Los Jarritos

Sigue la borrachera. Inhala más frula; puedes fumarte un porro de marihuana, pero el desequilibrio se acabaría –¿para qué echarte una raya para luego pachequearla?–. Enfrente del Río de la Plata está Los Jarritos (en Allende 32), una cantina que ha soportado la prosperidad del Río de la Plata, para mantenerse en un ambiente amarillo por el color de las paredes, que incluye fauna nociva pero muy respetuosa de dos y seis patas y un no menos importante techo del que cuelgan macetas de plástico, ruedas de carreta, herrería, máscaras y objetos que sólo sirven ahora de recuerdos -como algunos de los borrachines postrados ahí, a la mitad de la tarde-. Una rockola acompaña está desesperanza; un poco del tiempo se ha quedado allá por los setenta, ¿o cuarenta? Las meseras son musculosas y amables; visten faldas cortas y el maquillaje no alcanza a disfrazar la edad por completo y con esa visión surgen las preguntas: ahogarte en una vaso de cerveza, ¿es tan pequeño el mundo? Mejor más nieve; sólo que el baño de Los Jarritos no es lo más inspirador que hay.

 

La Mascota

Es hora del refill; sólo hay que caminar unas cuantas cuadras sobre Bolívar para alcanzar sobre Mesones 20, en la cantina La Mascota, comida. Por una chela que te cuesta 50 pesos te dan abundante botana. No todo está perdido; el chiste es conectar la borrachera. Este es un buen espacio para recordar el inicio de las cantinas en siglo pasado. Hay múltiples posibilidades; que tu bebedera se apacigüe o que entre en una nueva dimensión: la de los beodos irredentos, aquellos que se bajan la ebriedad consumiendo canciones o dando abrazos sin razón, todo sea por el patetismo de restarle importancia a la trama dentro de la briaga, acabar con la conciencia. En La Mascota hay un ambiente familiar, como si al serlo se hiciera poco más venturosa la estancia ahí, medio desesperado y viendo hacia todos lados, e ir al baño sin que nadie te vea, ya necesitas otro jale e imaginas que, si no lo haces, estarás triste o por lo menos ansioso y un poco desesperado, esas son las secuelas luego de subir a una volátil cima del mundo. Nada más lejos. La Mascota te mastica o te prepara hacia un segundo efecto: para la parranda y para no meditar sobre todo lo torpe que hay en el mundo, vivir para padecer la gripa colombiana.

No es tan malo; es sólo “polvo de hadas”.

 

Balangah

Frente al Claustro de Sor Juana, tras una pequeña alameda de árboles, algo después de las bambalinas de los bares que se encuentran en la esquina, en la calle San Jerónimo, luego de un deportivo que cambia continuamente sus paredes o más bien las presta para que hagan graffitis, se encuentra esta covachita; en su interior hay retratos de Thom Yorke, figura decadente de un grupo muy exitoso. Hay un desaliño total; parece que todo hubiera sido improvisado; por eso hay que controlarlo con más cuncha. Hay mezcal y las chelas en 15 pesos. Hay artistas y personajes que rondan a su alrededor. El Chuby’s es uno de ellos, se sabe de memoria la carta que el Che Guevara le escribió a sus hijos; no se habla mas de él pero ese lugar parece su pequeño infiernillo, no hay día que falte y aparente estar formidablemente borracho. Dicen que es parte de una familia de abolengo; no trabaja y se la pasa de briago, estudiando arte y, si no, por lo menos imitando las pedas de campeonato que se meten. El baño es horroroso pero no el ambiente; la briaga se puede multiplicar y dirigirte hacia ninguna parte: tal vez te vomite hacia la estatua de Sor Juana, que se encuentra sentada viendo hacia su Claustro como un fantasma viejo que dialoga con el silencio. ¿Acaso piensa en dejarse morir haciendo poesía? ¿O nunca la quiso hacer? O pensaba que ya lo había hecho todo y era hora de morir sin morir: ya habitaba en lo que escribía, el cuerpo era un ser condicionante e innecesario. Me parece (y más briago) que en la plazoleta ella se ve amenazada con tanto juego y otras esculturas de seres acuosos y figuras cortantes y pintadas de rojo, que empañan la quietud de la estatua y su semblante.

 

¿La cantina Dos Naciones o el Barba Azul?

Para finalizar diría que en ese momento tu cabeza ya no está al acabar tu cuello; no es posible concentrarse en una respiración y habitar en el presente. No hay ancestros ni raíces, la ventaja de ser inmediato: no hay nada profundo y reflexivo. Intemperancia y también fatiga. Baco es ingrato: siempre pide más; no basta con habitar un sexo, te pide que seas dimensional. Ir y venir desde tu centro hacia el inconsciente.

Recuerdo la historia de Canción de tumba, de Julián Herbert: un hombre relata su vida a lado de su madre –que fue prostituta–; agoniza en un hospital gracias a un cáncer terminal. Su fantasía se multiplica y se apodera de él: la mitad de la fantasía la crea la blanca, la otra mitad pertenece a él. Y para esos momentos ya es imposible definir qué es lo que se necesita (seguir la borrachera o meterte más pala).

Se necesita una chica. En la cantina Dos naciones hay ficheras que bailan contigo por 20 pesos. La mujer más hermosa de la administración en la Facultad de Ciencias Políticas, ojo azul y alta, bailaba ahí. Un día la saqué a bailar y le pregunté que si también tenía un puesto en la burocracia de la UNAM pues no era necesario estar en ese lugar. Me dijo que lo hacía por puro placer y creo que olió mi blanca; me dijo que nos fuéramos y me metió en un edificio hasta la azotea. Practiqué varios fetiches: aspiré caspa del Diablo en sus enormes tetas, le pasé un poco con la lengua, nos besamos y también mariguaneamos, me dio de una licorera; me quedé tirado y borracho. Me despertó la luz del mediodía siguiente; por supuesto, se llevó toda mi falopa.

Sé donde encontrarla, pero no sé si tenga el valor de reclamarle algo; yo hubiera hecho lo mismo.

La Ardiente es la cantina más candente del llamado Barrio Latino
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Ardiente Cantina Latina es una propuesta gastronómica y mixológica ubicada en el corazón de lo que históricamente ha sido nombrado Barrio Latino de la Colonia Roma.

En algún momento, Salvador Novo bautizó a las cantinas mexicanas como “templos de dos puertas”. Este sobrenombre implica una cierta sacralidad por ningún motivo exagerada de los muchos espacios, tanto físicos como simbólicos, que es una cantina en México; se trata lugares de esparcimiento y socialización, pero también de una especie de refugio del mundo exterior cuyo espíritu está arraigado hasta la médula —en sus antojitos, sus bebidas, su música y sus asistentes asiduos— en lo mexicano.

 

 

 

Y es que aún hoy, en tiempos de música electrónica e impresionantes clubes nocturnos, las cantinas mantienen un enorme público (que incluye por supuesto jóvenes) por su más que única personalidad y su profundo encanto. Estos establecimientos son, desde hace muchas décadas, el corazón de la vida nocturna de nuestra capital y de nuestras tradiciones. Sus espacios, sus detalles, su música y su muy singular estilo tienen un toque profundamente cercano y por esta razón, las cantinas de la Ciudad de México son una parte esencial de su vida nocturna.

 

 

 

 

La Ardiente, Cantina Latina es una propuesta gastronómica y mixológica, ubicada en el corazón de lo que históricamente ha sido nombrado ̈Barrio Latino ̈ de la Colonia Roma.

El sonido de la rocola y el luminoso terrazo verde invitan a pasar una tarde acompañado de amigos, juegos de mesa, botana y aguardientes. Esas tardes clásicas que solo se viven en la ciudad.

 

 

 

La Ardiente, localizada en la calle de Aguascalientes, bajo un edificio con la arquitectura típica de la Roma Sur. Llamada “cantina” por estar en México, pero recuerda a las picanterías del Perú, las barritas de Puerto Rico o al buteco en Brasil.

Los platilos y los cocteles son un recorrido de Tijuana a la Patagonia, sin olvidar lo que se bebe y come en los andes o en las islas del caribe, siempre honrando lo casero, para ser refinado en una propuesta citadina y lo cantinero, para seguir creando nuevos clásicos.

 

 

 

 

Los chefs Alejandro Hernández y David Ruiz de Chavez han diseñado una carta que junta las botanas que los latinoamericanos siempre amamos compartir a la hora de beber: ceviches, anticuchos, patacon, tostón etc. Siendo la única barra en la ciudad enfocada en los aguardientes, La Ardiente está en búsqueda constante de rarezas, clásicos y productos de alta calidad. Para los aventureros esta la lista de aguardiente, y para los
conservadores, tienen probablemente la mejor cuba del mundo.

 

 

La Ardiente Cantina Latina

Dónde: Aguascalientes 127, Colonia Roma Sur

Cuándo: martes a sábado de 2 pm a 2 am y domingo de 2 pm a 8 pm

Teléfono: 55 7471 3262

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La Metropolitana, cervecería artesanal con inspiración en el metro de la CDMX
Cristopher Garnica
Cervecería Metropolitana es un lugar fascinante que se inspira en la estética y estaciones del metro de la CDMX para darle vida a los sabores de la cerveza.

Una cervecería inspirada en la estética del metro de la ciudad.

 

El sabor de la cerveza artesanal es más atractivo, igual que la presentación, logotipos y nombres de las cervezas. En parte se debe a que cada maestro cervecero desarrolla su propia receta con base en sus gustos personales, y que en pocas palabras, se le trata con mucha delicadeza y para que otras personas puedan degustar sus creaciones.

Pero los creadores y pequeños productores artesanales de hoy en día, no existirían si no fuera por los maestros antiguos que, sin tantos medios técnicos e industriales eran capaces de elaborar una cerveza de gran calidad, original, auténtica y hasta saludable. La cerveza artesanal es más bondadosa porque a diferencia de la cerveza industrial, no utiliza conservantes ni aditivos artificiales, y el proceso de elaboración es manual desde el molido de las maltas hasta el embotellamiento, así que sufre ningún proceso de filtración ni pasteurización que merme sus cualidades.

 

 

 

Los cerveceros caseros tienen un equipo más o menos rudimentario que permite repetir de forma más o menos cercana la misma receta en distintas producciones. Las cervecerías industriales utilizan procesos fordianos para hacer millones de litros a través de procesos robotizadas que buscan bajar costos, aumentar ventas y posicionar marcas.

Con el fin de darle un giro interesante a este intermedio entre la producción mecanizada de cerveza y una producción artesanal, la Metropolitana Cervecería ha creado un concepto de cervecería que tiene las bondades de la cerveza artesanal y un poco la calidad de procesamiento de las grandes cervecerías. Pero lo más interesante de todo, es que se ha inspirado en las estaciones del metro para darle sabor a su cerveza.

 

 

 

Así que Cervecería Metropolitana tienen cerveza inspirada en estaciones del metro, y puedes gozar de una cerveza con sabor Jamaica, Zapata, Coyoacán o Pantitlán. Esto porque más que un medio de transporte, el Metro es un estilo de vida y una inspiración para los mexicanos.

El metro es un lugar con vida propia en la CDMX, es una ciudad miniatura y subterránea donde se cruzan y crean historias, un espacio lleno de anécdotas y mitos  y como toda mitología tiene su sabor. Metropolitana Cervecería le ha dado sabor a Barranca del Muerto, Panteones, Obrera, Tláhuac.

 

 

 

 

En “La metro” todas las cervezas tienen un nombre de alguna estación, algunas cervezas tienen referencias y otras se pensaron y elaboraron completamente en que llevara ese nombre. Por ejemplo, La chela Metro Obrera, hace referencia a su estilo, una cerveza porter que por mucho tiempo, ya que sobre todo en Inglaterra era considerada una cerveza para la clase obrera, económica e infravalorada.

Otro ejemplo curioso es el de la cerveza Jamaica, en la cual se usaron gardelias para darle sabor a una chela black ipa; y otras historia más simple es por ejemplo la de la cerveza Zapata, que debe su nombre a su color dorado, o la Coyoacán con sabor a calabaza inspirada en el Día de Muertos.

 

 

Además de cerveza puedes además encontrar platillos maridados con cada una de sus chelas; el emparedado metro,  la botana metro de col de bruselas, ejotes, calabazas y coliflor capeados con batter de cerveza y acompañados con aderezo.

 

 

 

Cervecería Metropolitana

Dónde: Diagonal San Antonio 1923-1947, Col. Narvarte Poniente

Horario: lunes a miércoles de 12:00 a 00:00, jueves a sábado de 12:00 a 02:00 y domingo de 12:00 a 22:00

Consumo promedio: $90–$250

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Selina: un concepto de hotel, hostal, bar y co-working en el Centro Histórico
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El Hotel Selina te invita a comunicarte con la gente y explorar una conexión más profunda con el mundo en sus renovadas y hermosas instalaciones.

El Hotel Selina se encuentra en un espacio precioso en el Centro Histórico.

 

El legendario Hotel Virreyes guarda miles de historias entre sus muros. Desde 1947 este hotel fue el predilecto de muchas celebridades, los que se encontraba “Mantequilla” Nápoles, Kid Azteca, Laureano Brizuela, Lupita D’Alessio, Flans, Rock Hudson, Piper Laurie y Barbara Rush.

El estilo neoclásico y sus detalles de diseño de los sesenta te transportaban a otra época apenas cruzabas sus puertas. Con el paso de los años este hotel fue cada vez más frecuentado por mochileros y artistas que montaban sus estudios en las habitaciones, aprovechando que se podían rentar por meses. A mediados de la década pasada el Virreyes se volvió uno de los spots fundamentales de las noches del Centro Histórico, hospedando en su lobby interminables fiestas que frecuentemente se extendían hasta las habitaciones.

 

 

 

 

El edificio Virreyes ahora es el hermoso y ecléctico hotel Selina, que se incorpora a la ciudad con una personalidad propia en el Centro Histórico. Para lograrlo combinaron equipos de trabajo artístico, arquitectónico y de diseño local; con el fin de mantener la estructura original del lugar, reutilizar elementos originales, y agregarle nuevas funciones al espacio, como las mesas del lugar que fueron hechas con maderas de antiguos closets y sillas.

Hoy en día, El Hotel virreyes se ha reformulado y convertido en el Selina, un nuevo concepto hotelero para los nómadas digitales. Rafael Museri y Daniel Rudasevski, propusieron una nueva manera de hospedarse combinando elementos de hotel y co-working para establecer un espacio único y versátil para que los viajeros puedan formar parte de la comunidad.

 

 

 

 

El resultado es un espacio interconectado que invita a salir de las habitaciones y convivir en las áreas comunes para socializar con sus huéspedes. Muchos de sus espacios están abiertos a todo el público, creando una atmosfera perfecta para encontrar un refugio de trabajo, relajación o descanso en su biblioteca, comedor, cine, restaurante, bares, área de juegos y co-working;

El Selina cuenta con cuatro alternativas de hospedaje. La primera es rentar una cama en una habitación compartida por entre 8 y 10 personas. Si prefieres algo más privado, puedes escoger la habitación estándar con baño compartido. En cambio, las habitaciones Deluxe cuentan con su baño individual, mientras que la Suite Unique encontrarás un cuarto amplio y privado.

 

 

 

 

Pronto se estará ofreciendo el co-living, diseñado para quienes planean hospedarse durante amplios periodos de tiempo. En ésta tendrás tu propio cuarto, dentro de un espacio compartido con ciertas amenidades. Actualmente cuentan con 600 camas dentro de esta locación sin televisores ni teléfonos, ya que prefieren enfocarse en temas como conectividad de internet, que resulta mucho más apremiante para este tipo de viajero.

El diseño del hotel Selina juega con los espacios y los combina para promover la interacción entre huéspedes. Sus alianzas locales con guías turísticas y creación de eventos y actividades culturales, así como ofertas de voluntariado, hace aún más especial este lugar, para que el viajero se integre y conozca a fondo el lugar en el que se encuentra.

 

 

 

Selina Centro Histórico es la tercera locación de la empresa del sector hotelero en el país, sumándose a los complejos en Playa del Carmen, Cancún y, próximamente, a San Miguel de Allende, Puerto Escondido, Mérida, Oaxaca y la zona hotelera de Cancún. También están en países como Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Nicaragua y Guatemala. Es un sitio que ayuda a impulsar tu creatividad en los centros urbanos energéticos, como lo es la CDMX. Este centro de negocios al estilo nuevo milenio, con gente de cualquier parte, un bar con billar y cómodos sillones, también contará con una cartelera de eventos que darán a conocer a través de sus redes sociales: fiestas, encuentros de arte, talleres para emprendedores, entre otras cosas.

 

 

 

Hotel Selina Centro Histórico

Dónde: José María Izazaga 8, Centro

Cuánto: de $15 hasta 250 dólares por noche.

Sitio web // Facebook

Fotos de Hotel Selina

La cultura tiki de los años 50 surge en la Roma con Waikiki Tiki Room
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Waikiki Tiki es un restaurante / bar inspirado en la escena tiki de los años 50 y en los lugares emblemáticos de Hawai de aquellos años.

Waikiki Tiki es un viaje tropical y misterioso alrededor de Hawai, sus volcanes, cultura y música se reinterpretan de una manera contemporánea y funky.

 

La cultura Tiki es una construcción social estadounidense del siglo XX nacida de restaurantes y bares de temática exótica que se basaba en ideas de viajes idealistas a regiones tropicales, típicamente Polinesia, pero también a partes de Hawaii, Asia y Australia. Comenzando en California en la década de 1930 y luego extendiéndose por todo el mundo, se inspiró en la vida náutica y el sentimiento turístico hacia el Pacífico Sur en general, especialmente como se ve a través de una lente de Hollywood.

Las tazas de Tiki y la supuesta mitología de sus tallas comenzaron a desempeñar un papel más prominente y comenzaron a dominar en una forma de ocio escapista expandido. La conexión con el verdadero tiki es, por lo tanto, suelta y estilizada, ya que es una forma muy romántica con simbología prestada y no una verdadera forma de arte oceánico o parte de cualquier práctica religiosa para quienes cenan en establecimientos “tiki”.

 

 

 

La cultura tiki comenzó a cambiar con el tiempo, influida por la Segunda Guerra Mundial, la era atómica y la era espacial a medida que crecían las nuevas razones para el escapísmo. Si bien el escapísmo sigue desempeñando un papel importante en la cultura tiki del siglo XXI, también depende en gran medida de las personas interesadas en la historia, la arqueología urbana y el retroísmo.

 

 

 

Waikiki Tiki rescata este concepto y lo lleva nuevas magnitudes, es un restaurante / bar inspirado en la escena tiki de los años 50 y en los lugares emblemáticos de Hawai de aquellos años. Es un viaje tropical y misterioso alrededor de Hawai, sus volcanes, cultura y música se reinterpretan de una manera contemporánea y funky. Entrar a Waikiki es como viajar en el tiempo y permanecer allí para disfrutar del mundo tiki en la Ciudad de México.

 

 

 

Creado por Walter Meyenberg diseñador y empresario; responsable de conceptos como Huset y Hanky Panky en la CDMX, apasionado del diseño, la gastronomía y coctelería. Tomás Bermúdez, co-fundador de La Docena Oyster Bar & Grill, y Juan Pablo Arredondo, socio del restaurante La Docena Oyster Bar & Grill en la Roma y Polanco, y creador del Tequila Santo Veneno y socio del Mezcal Titlán.

 

 

 

La cultura Tiki comienza en la Roma con este bar hecho para parecer un antiguo set de Hollywood, las bebidas elaboradas son su piedra angular y sus principales actores. Así como a Don the Beachcomber se le atribuye en gran parte el hecho de que es el primer bar tiki del que todos los demás establecimientos estarán hablando. Un menú completo de bebidas en la mezcla de jarabes con sabor y jugos de frutas frescas con ron. Estos cocteles exóticos, convertirán rápidamente a Waikiki Tiki en el lugar ideal para la escena de la Roma y un verdadero viaje a una dimensión tropical.

 

 

 

Waikiki Tiki Room

Dónde: Orizaba 115, colonia Roma. CDMX

Cuándo: Martes a Domingo de 5:00pm – 2:00am

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