Fotogalería
La discreta poesía implícita en nuestros puentes peatonales (FOTOS)
Jaen Madrid
Algunos ejemplos de poesía urbana en nuestra ciudad: los puentes peatonales y sus maravillosas vistas.
poesía urbana

Poesía Urbana

En la palabra habitan otros ruidos, como el mudo instrumento está sonoro (…), así comienza un bello soneto de Jorge Cuesta, refiriéndose a los múltiples símbolos que pueden hallarse en un solo contexto: en un libro, cuando nos enredamos entre sus pasajes oníricos llenos de sentido -muy distintos para cada mente-; o en un camino, un puente peatonal inmerso en el silencio, paradójicamente, del caos vial y los susurros fantasmagóricos de aquellas personas que han pasado por ellos. Un puente peatonal es un instrumento mudo que a la vez evoca pensamientos (sonidos) tan solo caminarlos. Como ya hemos manifestado antes, caminar nos ayuda a invocar nuestras mejores ideas y un puente peatonal especialmente nos exige, de alguna manera prosódica, utilizar ese momento fugaz en que los cruzamos para pensar.

Los puentes peatonales podrían fungir también como un reflejo de nuestros sentimientos frente a la inmensidad del paisaje, que no necesita ser pronunciada para hacerse sonora. Si alguna vez has cruzado uno de estos puentes y has tenido el fino hábito de detenerte a contemplar su panorámica -o incluso su vacío-, sabrás de lo que hablo.

Probablemente las calles de una ciudad no sean el mejor lugar para hacernos de un rito contemplativo y adquirir experiencias del estético flujo de información visual que se nos presenta, sin embargo, lugares un tanto elevados del pavimento, como puede serlo un puente, un edificio o grandes escaleras, ofrecen una percepción diferente de la ciudad, incluso de sitios caóticos que creemos antiestéticos. Un puente peatonal es uno de los mejores ejemplos de poesía urbana que se desborda discretamente muy cerca de nosotros, aprovecharlos de esta forma nos regalará unas cuantas experiencias valiosas.

 

Twitter de la autora: @surrealindeath

Adiós Enrique Metinides, el fotógrafo que retrató a la ciudad al borde del desastre
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Un poco sobre el legendario fotógrafo mexicano de sucesos, ‘nota roja’, que catapultó su obra a galerías en todo el mundo.
fotógrafo Enrique Metinides

Es difícil imaginar al periodismo de la nueva era sin la dualidad crimen-accidente, dos ingredientes que dan escabrosa morbosidad pero sobre todo público interesado. Si hay un tema que a la mayoría incomoda y prefiere no mencionarse es la muerte, pero cuando ésta nos regala escenarios perturbadores donde la sangre y la tragedia humana son aliadas del destino, lo inevitable, el asunto se vuelve sorprendentemente relevante. Tal vez la finalidad de este morbo fúnebre sea el hecho de reconocernos sensibles ante aquello que de un instante a otro ha desatado la fatalidad, o el adquirir emociones adrenalínicas derivadas de catástrofes cercanas a nosotros.

Las fotografías de Enrique Metinides son una prueba interesante de ello, ya que además de ilustrarnos los hechos azarosos que día a día ocurren en el caos vial de una ciudad como la nuestra, lo hace con especial enfoque artístico. Metinides, el poeta de la imagen del desastre, es un fotógrafo mexicano como probablemente no hay otro. Entre las décadas de 1950 y finales de los 70, fotografió infinidad de accidentes viales, crímenes, suicidios y desastres naturales que llevaron a las personas a las últimas de sus consecuencias.

Los retratos de Metinides navegan sobre una línea muy delgada entre la polémica de la nota roja y el arte de capturar las emociones de un escenario o un rostro. Su sensacional trabajo lo ha llevado incluso a montar exposiciones alrededor del mundo y a ganar diversos premios como el de MoMA, en EEUU o el del festival de Les Rencontres d’Arles, en Francia. La precisión milimétrica de su presencia en los hechos y la inhibición ante el peligro le han permitido lograr quizás, las mejores fotografías de la ciudad de México al borde de la muerte.

Según Metinides su apasionante carrera le ha dejado como saldo dos infartos, siete costillas fracturadas, una gran lista de accidentes automovilísticos, además de un gran número de lesiones menores a lo largo de 50 años de trabajo bajo el sórdido ruido de las sirenas.

En 1997, después de más de 50 frenéticos años de trabajo, se retiró. Fue entonces cuando la gloria le empezó a merodear. Lo que había sido despreciado cobró entonces valor. Se publicaron recopilaciones y catálogos; se filmaron documentales. Y México descubrió en Metinides a uno de sus grandes retratistas. Expuso en Nueva York, Berlín, Madrid, Zúrich, San Francisco, Arlés, Helsinki, París? Sus imágenes se volvieron arte.

"Siempre evité lo macabro, lo truculento. Tuve respeto por las víctimas", contaba el autor en la entrevista para este diario. En estos días en los que el país amanece con una matanza más dura que la anterior ?a veces emitida casi en vivo?, el poderoso legado del fotógrafo fallecido este martes resulta fundamental para revisar la sensibilidad en la tragedia, el abrazo al dolor y al duelo siempre ausente y silencioso, pero tan necesario como su obra.

Mira a la Ciudad de México a través de la lente de Guillermo Kahlo (FOTOS)
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Reconocido fotógrafo alemán-mexicano (y padre de Frida Kahlo) quien retrató buena parte de la modernidad que abrazó a México en épocas del porfiriato.

Guillermo Kahlo ya era un reconocido artista antes de que su hija, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón lo fuera. De origen alemán-mexicano, este fotógrafo de la época porfirista retrató la evolución de la capital a lo largo de su brillante arquitectura, que en aquél entonces se mostraba como un cambio transcultural decisivo para la realidad mexicana.

Carl Wilhelm Kahlo Kauffman, llegó a la edad de 19 años al país en 1891, enviado por su padre, un reconocido joyero de la entonces región de Fráncfort del Meno. A partir de 1900  y durante esa década fotografiará los sitios monumentales más emblemáticos del México de la época, que básicamente enaltecía la modernización arquitectónica del país, bajo una visión afrancesada.

A Kahlo se le atribuyen fotografías que inmortalizaron sitios como Bellas Artes, el novedoso edificio de Correos de México (hoy Palacio Postal) y su arquitectura ecléctica, el Gran Hotel de México con su art noveau, entre otras mezcolanzas de diseños modernos que se vieron abrazados por México especialmente en el gobierno de Porfirio Díaz. Algunas otras de sus fotografías muestran rostros conocidos de la historia de México, como Emiliano Zapata o su propia hija Frida en compañía del pintor Diego Rivera.

Para muchos, las fotografías de Kahlo resultarán un brillante manifiesto del progreso en un México arraigado como su propia conquista; para otros, el testimonio del inicio de una desaparición parcial de la arquitectura del México prehispánico.

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