Vida Capital
Dos Equis presenta: TOP 10 cosas que haces en la cruda (y sus remedios)
MXCity
Un video en el que presentamos las situaciones más comúnes de la cruda, para luego darte el mejor tour de lugares en la ciudad para revivir después de una buena noche de fiesta.
cosas que haces en la cruda

MXCity y Dos Equis se enorgullecen en presentar las situaciones que tenemos que enfrentar todos los mexicanos que hemos salido de fiesta para luego padecer los síntomas de la famosa “pasada de factura”. Con la ayuda de Alex Marín y Kall alías “ESE WEY” aquí va un corto video que repasa cronológicamente la pesada mañana del día siguiente:

¿Amaneciste cantando rancheras en Garibaldi, o abriste los ojos sintiendo que te quiere explotar la cabeza y no logras recordar en qué tequila perdiste la cuenta? Pues si de algo sabemos los chilangos es de remedios para la cruda. La variedad de lugares pensados para este mal es inimaginable, pero aquí te presentamos algunos de los más efectivos:

Remedios caseros

Primero, los remedios de emergencia. Escarcha un vaso con sal, agrega el jugo de tres limones, hielo, sal y agua mineral o cerveza. No hay nada como un suero o una michelada para rehidratarte y regresar al camino a ese tren descarrilado en que se convirtió tu vida la noche anterior.

Chilaquiles

Los chilaquiles son lo que te recetó el doctor contra los efectos de la fiesta. Si nunca has ido tienes que probar los Chilakillers, un lugar especializado para curar hasta los casos más graves de resaca.

Tortas ahogadas

En serio no hay nada como estar crudo y comerse una torta ahogada extrapicante o un aguachile del Pialadero de Guadalajara, la embajada gastronómica de Guadalajara en México. Al primer bocado sentirás como te vuelve el alma al cuerpo.

Churros

Nosotros no lo acostumbramos mucho, pero cuando los españoles traen resaca lo primero que les pasa por la mente es comerse unos churros. El Moro es un lugar legendario que lleva casi 80 años abriendo todos los días, las 24 horas.

Pozole

¿Un pozole?, ¿unas quesadillas?, ¿unas flautas? La Casa de Toño tiene toda una gama de platillos que te ayudarán a regresar a la realidad.

Barbacoa

En gustos se rompen géneros. Cada quien tiene su barbacoa predilecta, ya sea un puesto callejero o algún local de tradición. Aquí te recomendamos dos lugares inigualables: Los tres Reyes y La Oveja Negra.

Birria

Date una vuelta a La Polar, y después hablamos.

Brunch

Si lo que necesitas es un buen brunch americano, escápate a la Condesa y viaja a los cincuenta entrando al Barracuda o a la Legión Americana.

Mariscos

Puedes ir a tu marisquería de confianza. Aquí te recomendamos darte una vuelta al Mercado de San Pedro de los Pinos. El riesgo es que, una vez que pruebes un “Vuelve a la vida”, te van a dar unas ganas terribles de estar en la playa.

 

NOCHES DOS EQUIS

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Cuando la Hacienda de los Morales le perteneció a la hija de Moctezuma
Alan Roque
La Hacienda de los Morales posee alrededor de cinco siglos de historia.

Entre los lugares más codiciados para ofrecer eventos, la Hacienda de los Morales es una opción viable para compartir una fecha especial con la familia, amigos o incluso para una cita de negocios. Se trata de una restaurante con platillos tradicionales mexicanos –e internacionales– con una selección completa de vinos.

Este sitio posee alrededor de cinco siglos de historia. Todo inició cuando Hernán Cortés, tras conformar el sitio de México-Tenochtitlán, en 1526, estableció una estructura de gobierno que distinguía a miembros de la aristocracia mexicana; entre ellos se encontraba la hija de Moctezuma, a quien se le casó con Alonso de Grado, el “visitador de los indios”. Como regalo de bodas, Cortés le concede a la novia la encomienda de Tacuba, la cual sería la próxima Hacienda de los Morales.

Se dice que en 1529, tres vecinos de Tacuba vendieron, con la ayuda de un intérprete, un pedazo de tierra al español Francisco Gudiel Barbero. De acuerdo con la escritura de compraventa, la extensión del terreno en venta era de 120 brazas de ancho y 170 de largo –un correspondiente de seis hectáreas– por el rumbo de Ximilpa. En total, se pagaron 20 pesos de oro –lo que equivale hoy a un centenario–. Los vendedores, Juan, Sancho y Francisco, eran servidores de Doña Isabel de Moctezuma.

Al principio, el terreno se destinó a sembrar las primeras matas de moras para la crianza del gusano de seda. De hecho, gracias a estos frutos se les dio el nombre de la Hacienda de los Morales.

 

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En 1540, las tierras pasaron a manos de Don Lorenzo de Tejada, quien las extendió y habilitó para el cultivo de granos y cría de ganado. Además constituyó La zanja de los Morales, un acueducto que delineaba una trayectoria de norte a sur, que hasta la fecha aún puede ver su trazo en la ciudad.

Sin embargo tardó más de 100 años, en 1647, para que la construcción de una finca tuviera lugar. Desde ese entonces hasta mediados del siglo XX, la hacienda era una residencia particular en donde habitaron numerosas familias de la sociedad mexicana. Antes de llamarse Hacienda de los Morales, sus dueños la bautizarían como San Juan de Dios de los Morales.

 

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Con el paso del tiempo, la hacienda fue testigo de eventos trascendentales en la historia de México. Por ejemplo, en septiembre de 1821, Agustín de Iturbide y Juan O’Donojú, Virrey de España, discutieron los términos para la retirada de las fuerzas españolas del país en un desayuno a cargo de José de Garay, dueño de la hacienda; para 1840, el sitio se convirtió en el hospedaje del general Juan Álvarez y las tropas de Resistencia a la invasión norteamericana del general Winfield Scott; y en 1914, Pancho Villa utilizó la hacienda como refugio para acampar sus tropas de la División del Norte y así alimentar la caballada en los alfalfares de la misma.

Y hoy, cinco siglos después, la Hacienda de los Morales es el centro de atención de numerosos eventos sociales así como de grandes pintores como José María Velasco, German Gedovius, Daniel Thomas Egerton y Conrad W. Chapman. ¿Qué otro restaurante podría representar la historia y esencia de lo mexicano?

 

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Nostalgia urbana: historia y fotografías de la avenida 16 de septiembre
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16 de Septiembre es una calle que da espacio a los peatones y promueve la apropiación del espacio público y el desarrollo económico.

La avenida 16 de septiembre ha sido parte importante de la historia de nuestra ciudad.

 

Partiendo de 5 de febrero, a la altura de la Plaza de la Constitución y el Portal de Mercaderes y hasta el Eje Central, en donde continúa hacia el poniente con el nombre que tuvo en un tramo algún tiempo, Independencia; se encuentra la avenida 16 de septiembre en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Su nombre se debe a la fecha del inicio de la guerra de Independencia de México. A partir de la época del Virreinato de la Nueva España y en otras épocas tuvo los nombres de Tlapaleros, Coliseo Viejo y del Refugio.

 

 

La ciudad de México-Tenochtitlan tuvo algunas calles mixtas, con banquetas peatonales de tierra y canales navegables (acalotes). El trazo de la calle 16 de septiembre corresponde al de un canal de la urbe mexica que corría desde el extremo poniente del islote y hasta el oriente, desembocando en el embarcadero Texcoco. En el Mapa Esquemático de México Tenochtitlan de Barlow, el trazo de dicho canal aparece cortado por el llamado Zoológico de Moctezuma.

Durante la Época novohispana el trazo de dicho canal fue conservado para convertirse en la Acequia Real de la Ciudad de México, una vía navegable que fungía como medio de comunicación para personas, mercancías y para el drenaje y el desagüe de la ciudad. La hoy llamada calle 16 de septiembre tuvo distintos nombres dependiendo del tramo, y conservó la continuidad de la acequia hacia el poniente, compartiendo el espacio con el canal.

 

 

En el México independiente y como resultado de las Leyes de Reforma en 1856, el convento de San Francisco fue suprimido, por lo que parte de sus instalaciones fueron fraccionadas, vendidas o demolidas, incluyendo aquellas que permitieron la creación de la calle Independencia desde Coliseo Viejo hacia San Juan de Letrán. En este periodo fue abierto el primer tramo de la nueva calle Gante, que va desde la Calle Francisco I. Madero, pasando por 16 de septiembre y hasta Venustiano Carranza.​ Durante el Porfiriato la calle recibió el nombre de 16 de septiembre.

En 1925 el arquitecto José Luis Cuevas promovió la apertura de un segundo tramo de la calle Gante entre las calles de 16 de septiembre y Venustiano Carranza, construyendo con ello dos edificios que comparten un costado con 16 de septiembre. En 2013 el Gobierno de la Ciudad de México realizó obras en la totalidad de la calle con el fin de convertirla hacia una configuración que priorice lo peatonal. A diferencia de Francisco I. Madero, que tuvo un diseño enteramente peatonal, en 16 de septiembre se amplió el espacio para peatones haciendo una calle de tránsito mixto. El diseño de la calle de prioridad peatonal brinda mayor seguridad, movilidad y accesibilidad para las personas.

La calle 16 de Septiembre es una buena práctica de rediseño de nuestras calles pensado para las personas, no para los vehículos. Las ciudades que apuestan a los peatones con presupuesto y voluntad política son ciudades que apuestan a la mejora de calidad de vida de las personas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Detectan vestigios prehispánicos en el barrio histórico y cultural de La Merced
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En el barrio de La Merced se detectaron vestigios de un canal que conducía agua en predios ubicados en las calles San Jerónimo y Correo Mayor.

La Merced es uno de los barrios que concentra varios monumentos históricos.

 

 

La Merced es un barrio histórico con 54 manzanas al oriente del Centro Histórico de la Ciudad. Tiene su origen en dos de los cuatro barrios o calpullis en que estaba dividida la ciudad de México-Tenochtitlán: el de Atzacoalco o Atzacuapan, al noroeste, y el de Zoquipan o Zoquiapan, al suroeste. Este último era el más grande, antiguo e importante de la metrópoli azteca, y la ciudad indígena parece haberse fundado en esta zona, en 1325.

En este barrio se encuentran casi la mitad de los monumentos históricos del centro. Se caracteriza por ser un importante centro de abasto de la Ciudad de México donde se desarrolló en torno al mercado, establecido desde mediados del siglo XIX en la zona.

 

 

 

La Merced concentra varios monumentos históricos, algunos de los cuales albergan instituciones educativas o sirven como comercios. En el interior de Casa Talavera existen asentamientos prehispánicos y sigue siendo un barrio con un gran valor histórico y cultural.

En estos días se descubrieron los hallazgos predios ubicados en las calles San Jerónimo y Correo Mayor. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) detectó vestigios de la acequia (zanja o canal pequeño que conduce agua) de La Merced, en predios ubicados en las calles San Jerónimo y Correo Mayor.

 

 

Las acequias fueron elementos urbanísticos de la antigua Tenochtitlan que sobrevivieron a la traza de la ciudad novohispana. Este canal, de entre los siglos XVI y XVIII, fue vital para la población asentada a lo largo de su característico trazo diagonal, alrededor de 1.5 kilómetros del actual Centro Histórico de la Ciudad de México.

El arquitecto Miguel Ángel Bernabé Huerta refirió que el ancho promedio del canal era de cerca de 11 metros y el ancho promedio del canal era de 13 varas, de acuerdo con los trabajos del doctor Alejandro Jiménez Vaca. Huellas de la vida cotidiana alrededor de la acequia de La Merced, es lo que pudo recuperarse a través de un salvamento arqueológico realizado en los predios de la calle San Jerónimo.

 

El Universal

El Universal

El Universal

En las excavaciones de distintos pozos se registraron testimonios de unidades habitacionales con ocupaciones desde fines del siglo XVI y hasta el XX. Los investigadores han señalado que las acequias fueron fundamentales para la vida de la ciudad pues servían para el desfogue del agua al intentar mantener los niveles del lago y evitar inundaciones, colectar agua pluvial y conducirla hasta un determinado lugar. El hallazgo forma parte de salvamentos arqueológicos y consiste en restos de los muros de la acequia, lo que ha permitido constatar su sistema constructivo.  El canal presentaba quiebres, por ejemplo en su trecho inicial en la Casa de la Acequia, donde hoy se localiza la Librería Madero (calle Isabel La Católica N° 97), partían dos ramales.

Uno de ellos se unía con la acequia de Montserrat, mientras que el otro continuaba hacia la Plaza de Regina. “Derivado de esta trayectoria, la acequia pasa por los actuales barrios de La Merced y San Miguel, anteriormente las parcialidades de indios de San Pablo Teopan y San Juan MoyotlanConforme se fue desecando la acequia de La Merced, un proceso que inició en el siglo XVIII ante la falta de mantenimiento y a su limitado uso como transporte, las propiedades aprovecharon ese espacio para crecer, quedando esa trama acuática debajo de muros llamados limosna o medieros.

 

 

Aunque las calles presentan rectitud, la estructura interna de las propiedades preservan el trazo diagonal del canal”, explicó Miguel Ángel Bernabé. Sin embargo, la arqueóloga Alejandra González López, de la Dirección de Salvamento de Arqueológico (DSA) del INAH, resaltó que uno de los objetivos principales de este proyecto era detectar evidencias de la acequia de La Merced, pues debido a la cercanía de la mencionada Casa de la Acequia, era muy posible que se encontraran restos del primer tramo del canal.

Para comprobar su hipótesis y conociendo la orientación de la acequia, ubicaron una cala de 2 por 6 metros dentro del terreno en exploración. De esta manera, a los 2.19 metros de profundidad: “comenzamos a encontrar gran cantidad de basura, fragmentos cerámicos, que nos hizo suponer que acertamos en la ubicación del trazo de la acequia de La Merced. Por debajo de los 3 metros, en el muro sur de la propiedad, se detectó el sistema constructivo de la antigua acequia, el cual está compuesto por rocas volcánicas como parte de la mampostería y pilotes de madera en el fondo.

A 3.80 metros de profundidad, en un cajón de lodo formado por tierra distinta a la que se utilizó para cegar la acequia, estaban varias piezas cerámicas semicompletas y dispuestas con cierto orden, entre ellos, lebrillos que contenían restos carbonizados de semillas y huevos de algún tipo de ave. La documentación señala que en este tramo de la acequia de La Merced, el canal fue desmontado para utilizar la piedra como sistema construcción o para otras edificaciones

 

 

Entre los materiales recuperados dentro de la acequia están los cerámicos: lebrillos, mayólica y porcelana; gran cantidad de semillas, gurillas de barro de uso lúdico que representan soldados y animales, crucijos y un dije que alude a la Virgen de El Carmen, una hoja de oro (material que servía para dorar obras de arte), restos de masa de maíz, monedas y varios objetos de madera como una auta.

Todos estos materiales hablan de la vida cotidiana en la novohispana Ciudad de México “Gracias a este salvamento arqueológico, sabemos que la traza que podemos observar a través de fotografía aérea, corresponde al muro sur de la Acequia de La Merced. Con esta referencia, si se tiene la oportunidad de explorar en otros predios ubicados en el trayecto del canal, podemos localizarlo con base en estos datos”, indicó la arqueóloga.

Sobre la música y los bailes indecentes de los años veinte en México
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En todas las épocas la danza ha pasado por “inmoral” porque el cuerpo habla con la voz directa de la sensualidad.

En todas las épocas el cuerpo se expresa con la voz propia del baile.

 

Uno de los escándalos más sonados en el México de los siglos XIX y principios del XX, fue el llamado “baile de los cuarenta y uno” o “baile de los maricones”.​ El hecho se refiere a una redada realizada el 18 de noviembre de 1901, durante el mandato de Porfirio Díaz.

La redada, realizada en la calle de la Paz (hoy calle Ezequiel Montes), era contra un baile de hombres que se estaba realizando en una vivienda particular, de los cuales 22 estaban vestidos de hombres y 19 de mujeres. La prensa mexicana se cebó en el hecho, a pesar de que el Gobierno se esforzó en tapar el asunto, puesto que los detenidos pertenecían a las clases altas de la sociedad porfiriana. La lista de nombres nunca fue revelada.

 

 

Fue una noche de domingo que fueron sorprendidos por la policía 41 hombres vestidos de mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos que diariamente se ven pasar por Plateros. Estos vestían elegantísimos trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color.

De ahí que el número 41 o 42 pasó a formar parte de la cultura popular mexicana para referirse a los homosexuales, en el caso del 42 a los homosexuales pasivos.​ Algunos años después, en los años veinte, el jazz y el foxtrot brindaron un nuevo espíritu a la juventud que se consideraba iba completamente en contra de las “buenas costumbres”.

 

 

 

En un artículo de 1922, se podía leer  “Lo que se ve todos los días en los bailes bien”, donde el reportero Manuel Palavicini describe lo que vio en los principales salones de la capital mientras los jóvenes ejecutaban las danzas que calificó de inmorales. Se pensaba que la música estadounidense era  “Una contorsión horrible, y los chirridos de una banda de forajidos llamada jazz band”.

El jazz en su tiempo corrió la suerte de ser juzgado como desagradable e indecente. “Centro de ruidos estridentes, tonantes, tontos, que aturden y empujan a no pensar; dan una impresión de que es necesario moverse, moverse mucho si se quiere vivir, y las gentes, bajo el látigo brutal de las sirenas, los tamborazos y los ladridos lastimeros, saltan, se apretujan y ríen…”, escribe el reportero.

 

 

 

Por otra parte, Palavicini elogiaba los antiguos bailes de salón, “superiores por la delicadeza y la discreción con que se movían las mujeres” durante las suites del siglo XIX y principios del XX. “Bailar era antes sinónimo de ritmo, de belleza, de frases delicadas dichas en voz baja, lentamente, durante movimientos delicados también. Era saborear la belleza femenina, que se ostentaba discretamente con la gallardía de los vestidos de noche y el orgulloso brillar de las joyas, al tomar diversos ángulos para reejar las luces.

Para  Palavicini, fiel reflejo de la época, bailar  era dejar de lado la decencia y el buen gusto. Donde también los jóvenes se emborrachaban, se llenaban de perfume barato, para bailar. Aquel baile moderno, como los actuales bailes modernos era una muestra de la decadencia de la juventud. “Es necesario acabar con ese baile, con esa música, con esa inmoralidad ladrante de los modernos bailes, que da a lo lejos, la sensación de llegar a los inernos y escuchar los coros diablescos y de cerca, la de ver una danza frenética de brujas enloquecidas por la presencia de su señor y dios”.

 

 

 

Otro artículo de la época, llamado “La moral en los bailes y la música” del francés Viullemoz , decía del foxtrot, con el mismo ahínco con el que hoy en día se quejan del reguetón, que  desaparecería porque era una moda pasajera; no obstante, todos los días ganaba adeptos y popularidad.

“El foxtrot es practicado, no solamente en los dancings elegantes, sino hasta en las estas campesinas.” Y hace referencia a la manera en que es acogido por las esferas más altas y conservadoras: “Es de buen tono en ciertos círculos el hablar con el más supremo desdén de los bailes del Nuevo Mundo”.

 

 

 

El minué y la gavota eran bailes propios de las cortes que implicaban un estricto código de vestimenta y de modales, la alta costura representaba una dificultad para llevar a cabo un baile más movido y exaltado, por lo tanto apenas se ejecutaban pequeños saltos y vueltas por el salón.

En aquellos tiempos, como en esto, parece ser que cualquier danza puede ser inmoral si se la baila con sistemático empeño de sensualidad. Hay que recordar que el foxtrot se trataba de una contorsión al ritmo de chirridos que ejecutaba una banda de forajidos de origen afroamericano, al parecer el baile debía ser agitado y bailado en pareja.

 

 

 

Los bailes y la ropa moderna, como lo es hoy en día, eran criticados por se habían vulgarizado, y no solo la vestimenta; la danza misma había perdido equilibrio coreografía y hasta “sentido”. Antonio Castro Leal describió cómo veía los bailes en los cabarets en Nueva York cuando sonaba la música: las parejas “caminan con movimientos vulgares, trotan con pasos zoológicos, giran en un mismo lugar con zapateo torpe […] en donde un grupo de blancos ha perdido el sentido de la civilización”.

Aunque hoy en día estos bailes representan la nostalgia de otra época, parece claro que toda generación es el punto focal de una disputa sobre lo mejor/peor, bueno/ malo y moral / indecente.