Arte y Cultura
¿Cómo eran los cafés de México en el siglo XIX?
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Los cafés eran la costumbre y el divertimento de esta época envuelta en el siglo XIX en México.
cafés en México

Antes de una peculiar invasión de cadenas cafeteras internacionales, en la ciudad de México se albergaba una impactante diversidad de cafeterías en las que sus habitantes compartían y se desenvolvían. Se trataba de una época en que la tensión política y social se desfogaba entre una identidad nacionalista y una colonización cultural, provocando que las cafeterías se volvieran un foco de encuentro importante en el desarrollo de la cultura mexicana. En otras palabras, los cafés eran la costumbre y el divertimento de esta época envuelta en el siglo XIX.

Eran tiempos en que México sobrevivía a la Intervención francesa y experimentaba la elegante extravagancia de Maximiliano de Habsburgo. Por tanto la influencia europea era inminente en la vida de los mexicanos. En palabras de Clementina Díaz y de Ovando, "la ?gente decente? se afrancesó a más no poder imitando las costumbres parisinas?"

Esta "gente decente" visitaba cafés como el antiguo Cazador, el Progreso, la Bella Unión y la Gran Sociedad, Minería ? actual imprenta de Fomento, Gran Café de las Escalerillas, Café Nacional, Puente de San Francisco, Rejas de Balvanera, Mariscala, Café de Manrique, la Merced, la 1ª de San Juan, El Infiernillo, Fonda y Café (fundada en 1856, y Café y Fonda Francesa) fundada en 1858? o Café y Restaurant Parisien ?actualmente El Gastrónomo.

cafe de tacuba

Cuenta Díaz y de Ovando en Los cafés en México en el siglo XIX, que estos cafés ?en especial el antiguo Cazador? abrían sus puertas temprano para que los parroquianos desayunaran chocolate o café con leche, acompañados de mollete y enormes tostadas con manteca o rosca, huesos y bizcochos. En otros cafés, de menor rango social, servían por las mañanas atole de leche con bizcocho o tamales; por la tarde, arroz con leche, natillas, bien-me-sabe, jiricalla, entre otros dulces. En cuanto a estos cafés para la población trabajadora o en pobreza se servía atole simple o otros compuestos como anís, chileatole y champurrado o atole con chocolate; hojas de naranjo con su copia de aguardiente, té claro y agua teñida de café, y un pan blanco.

Los cafés eran un lugar donde los parroquianos visitaban para leer el periódico, tomar café y jugar a las damas, formar un club para comentar las noticias del día "en medio de una espesa nube de humo de cigarros y puros" o simplemente a matar el tiempo. Eran jóvenes que se autonombraban aristócratas y bebían champagne, sauterne o ponche mientras se complacían con bizcochos, pasteles, mantecados y cuentos sobre sus hazañas amorosas; militares destituidos por estar en desacuerdo con la política dominante; empleados sin colocación por incompetentes; personajes de industrias y cazadores de inocentes; parroquianos, aquellos que visitaban esporádica y aleatoriamente, y clientes, quienes asistían todos los días y a una hora fija para leer los periódicos de la casa.

En algunos de estos cafés los dueños complacían a parejas incógnitas con gabinetes reservados, con el objetivo de que "se entregaran a sus asuntos sin temor de un curioso que escuche, un fiscal que denuncie, un mequetrefe que estorbe". Era realmente una libertad que los parroquianos agradecían para tratar sobre asuntos reservados, que sólo a ellos les interesaba y que estaban dispuestos a pagarla de algún modo.

Si bien el paso del tiempo pasó y Benito Juárez hizo su entrada triunfal en la presidencia del país, las vidas y costumbres de los mexicanos permanecieron aferradas a lo francés. Un ejemplo de esto fue el famoso y concurrido Café de la Concordia ?ubicado en la calle de Plateros y San José el Real, ahora Isabel la Católica?, el cual estaba "a la par con los mejores de Europa en comodidades, adornos y servicio: pronto llegarían del extranjero finísimas vajillas para cien personas, y la fonda podía contentar al más exigente gourmet."

Hotel Iturbide

Desde ese entonces, hasta finales del siglo XIX, los cafés gourmet sólo fueron frecuentados por dandies, gomosos, las modistas más renombradas, famosas cocottes, artistas, periodistas, políticos y personajes que reencarnaran un glamour especial. Inclusive se intentó reinventar este estilo de vida al introducir Café Cantante en 1869 en el lujoso Hotel Iturbide ?hoy Banco Nacional de México?; sin embargo, era un concepto muy radical y sin mucho atractivo para la época, por lo que tuvo que venderse al no haber alcanzado el éxito deseado.

Se convirtió así en una costumbre de la clase que poseía una mayor adquisición monetaria y un control en sus tiempos. Por lo que, la población trabajadora, aquella que difícilmente podía dejar de laborar para ir a tomar un café y discutir sobre política entre bohemios, dejó de asistir a estos lugares; se conformó a comprar sus desayunos, almuerzos, comidas y cenas en puestos ambulantes que inundaban las calles. Una costumbre que continua aún hasta nuestra actualidad.

cafe cdmx

Bellas fotografías históricas restauradas digitalmente a todo color
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Las fotos a color de la Revolución Mexicana son una prueba de la necesidad que tenemos de mostrar un mundo a todo color.

La estética de la Revolución Mexicana a todo color nos deslumbra aún más.

 

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La primera década del siglo XX en México hizo temblar al gobierno del General Porfirio Díaz ante el descontento de la población por el trato injusto hacia los campesinos y trabajadores. Aunque Díaz impulsó el comercio extranjero en el país e incluso priorizó el crecimiento del mismo por encima del bienestar de su gente, campesinos, militares, y la población excluida, comenzaban a gestar la revolución que empujaría a hacer de ésta una nación justa y democrática, con un gobierno que viera por su gente.

Muchos de esos momentos clave, ahora podremos verlos a todo color gracias a las personas que hicieron posible "colorear" e inmortalizar muchos de esos momentos que vivía el país con increíble creatividad y visión como si emularan un lienzo.

Estas fotos colorearon con maestría el panorama de una época que vive en nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografías de Noticias CD-MX

Foto destacada ArtStation

Teatro Macedonio Alcalá, el ícono porfirista de Oaxaca para el mundo
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El Teatro Macedonio Alcalá es un ícono oaxaqueño, un recinto emblemático de México y un baluarte de la cultura desde 1909.

Este Teatro es uno de los recintos arquitectónicos más valiosos de nuestro país.

 

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En los primeros años del siglo XX, el licenciado Emilio Pimentel propuso a los oaxaqueños la construcción de un nuevo teatro para la capital. Pimentel era miembro del grupo porfirista de los Científicos, una persona culta, amante de las artes, pianista aficionado y promotor de la cultura.

El ingeniero militar Rodolfo Franco Larráinzar, fue otro impulsor de la edificación de un teatro; oriundo de la ciudad de México, había llegado a Oaxaca en 1893 para hacerse cargo de la inspección y realización de importantes obras públicas para diferentes gobernadores.

 

 

El 2 de junio de 1903, Pimentel le comunicó a don Rodolfo, que su proyecto había sido aprobado por el Consejo de Administración para la Construcción del Teatro-Casino Luis Mier y Terán, mismo que fue inaugurado el 5 de septiembre de 1909.

Después del acto de inauguración, el periódico La Unión publicó: "El teatro es uno de los edificios más hermosos de la ciudad y se reputa como de primera clase entre los existentes actualmente en la República [?] La construcción ha resultado elegante, artística y llena una necesidad social"? "El Teatro es fuerte, seguro, elegante, higiénico"?

 

 

Y en efecto, lo es. Es una de las joyas arquitectónicas más emblemáticas de la ciudad de Oaxaca, el teatro Macedonio Alcalá celebrará más de 100 años de vida, durante los cuales ha sido receptor de historias y expresiones artísticas que lo hacen el corazón cultural de la ciudad.

El teatro cuenta con una arquitectura única, formada por varias corrientes europeas con mayor influencia francesa. Es un inmueble monumental que sobresale en la calle de Independencia, y tuvo su primera presentación artística el miércoles 8  de septiembre del 1909.  Y fue AIDA,  una de las óperas más importantes de la época, la que  se mostró en este escenario.

 

 

Para 1914 se le cambio el nombre de Mier y Terán, por Jesús Carranza, para honrar al General Venustiano Carranza. Fue convertido en sala de cine y cuadrilátero de box y lucha durante sus primeros años. Pero hoy en día, es el teatro principal y escenario de las bellas artes en la tierra oaxaqueña, considerado entre los principales  en su género en nuestro país, es el  umbral del siglo XXI.

Hasta la fecha ha ofrecido  un gran número de espectáculos  en los que  han ocupado un lugar destacado, los Festivales de Primavera de Rodolfo Morales,  de Otoño de Eduardo Mata, Humanistas, Instrumenta de Oaxaca, Instrumenta  Tradicional e Instrumenta de Oaxaca.

 

Foto: Rafael Colorado Arredondo

 

 

Es uno de los edificios más hermosos de la ciudad y tiene reputación de ser un recinto fuerte, seguro, elegante e histórico. Su fachada es hermosa y contiene elementos artísticos y decorativos ya que tienen una edificación oaxaqueña con elementos renacentistas como el barroco francés y un torreón semicilíndrico con una cúpula de madera con tambor de color verde en la parte central de la edificación.

Cuenta con tres niveles con un entrepiso en el interior; el vestíbulo tiene una escalera y piso de mármol que se conjugan con la elegancia de sus paredes que reluce la decoración al estilo Luis XV o Rococó. La sala principal, la "nave", forma una herradura para una mejor visibilidad desde diferentes ángulos en cinco secciones y una capacidad para mil 300 espectadores.

 

 

 

El teatro alberga en sus cúpulas marcos ovalados con retratos de Beethoven, Víctor Hugo, Moliere, Wagner, Calderón de la Barca, Verdi, Juan Ruiz de Alarcón, Racine y Shakespeare y al centro del arco del proscenio se encuentra un pequeño medallón con la efigie del general Luis Mier y Terán.

Además de conciertos de música y espectáculos de danza y teatro, funciones de box, lucha libre, esgrima, tablas gimnásticas y patinaje así como diferentes piezas contemporáneas. Un lugar más para visitar en Oaxaca.

 

 

 

Teatro Macedonio Alcalá

Dónde: Av. de la Independencia 900, Centro, 68000 Oaxaca de Juárez, Oax.

Cuando: Según evento

Cuánto: Según evento

Foto destacada: Rafael Colorado Arredondo

Aké, la ciudad que conectaba a las antiguas comunidades mayas
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Aké es un yacimiento arqueológico maya junto a una preciosa hacienda henequenera a 32 kilómetros de la ciudad de Mérida.

Aké es una de las zonas arqueológicas más peculiares de Mérida.

 

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Aké, significa "lugar de bejucos" que es una planta trepadora que abundaba en este sitio. La característica más importante de esta zona arqueológica es que contaba con caminos que llegaban a otros lugares cercanos de la localidad, como Telchac, Izamal, entre otros.

A estos caminos se les llama "sacbé" o camino blanco y los mayas lo construyeron para enlazar las principales ciudades de la Península, y permitir recorrer grandes distancias, desde los sitios del interior del Estado hasta los principales puertos o centros productores de sal.

 

 

 

Esta ciudad prehispánica que jugó un papel importante en el aspecto político y estratégico durante el período de 250 y 900 d.C., y ya que se localiza entre Izamal y la antigua ciudad de Thó (actual ciudad de Mérida), se dice que ha sobrevivido hasta el año 1450 d.C.

Entre los conjuntos arquitectónicos aún conservados destaca El Palacio. En la parte central se encuentra una explanada, conocida como la Gran Plaza. Alrededor de esta área se pueden observar los edificios principales en donde vivía la clase gobernante.

 

 

Sacbé tiene una muralla que rodea la ciudad y cubre parte del sacbé, lo que sugiere la existencia de conflictos entre estas dos grandes ciudades, alguna vez aliadas. Cuenta con una gran variedad de atractivos como la hacienda henequenera San Lorenzo Aké.

Hay que recorrer la Hacienda para descubrir poco a poco algo más acerca de este sitio y las actividades que los mayas realizaban en dicha hacienda. Pero se dice que se construyó con materiales que fueron saqueados de las ruinas a la llegada de los españoles.

 

 

 

Otros destinos turísticos de Aké son La Capilla de la zona reúne al pueblo y la cual a pesar de ser pequeña, tiene detalles de 1810. Pero sin duda, las pirámides o asentamientos arqueológicos, así como otras construcciones y pequeñas pirámides alrededor de un cenote tipo caverna, son el gran atractivo.

El famoso Edificio de las Columnas es llamado así por sus pilastras y porque se levanta frente a una explanada que la cual ha sido estudiada y restaurada por el INAH recientemente.

 

 

La desfibradora, que se encuentra a un costado de la entrada principal y que a través de las columnas se observa la maquinaria antigua que hasta nuestros días es utilizada; sin embargo, en otro punto del lugar se encuentra un taller mecánico encargado de dar buen funcionamiento a todas éstas máquinas.

Si visita Aké recuerda llevar sombrero, lentes de sol y bloqueador solar. Siempre ten a la mano repelente debido a la cantidad de insectos que hay. No olvides de mantenerte bien hidratado durante tu visita y si es necesario lleva un poco de comida o bocadillos por cualquier cosa.

 

 

 

Zona arqueológica de Aké

Dónde: a 32 km. de Mérida, por la carretera 80 a Tixkokob.

Cuando: lunes a domingo de 8:00 am a 5:00 pm

Cuánto: $45

Domingos entrada libre con identificación de residencia nacional.

Los secretos dentro de las esculturas y edificios icónicos de la CDMX
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Algunas esculturas están huecas y muchas llenas de cemento, pero estos íconos de la ciudad guardan secretos internos.

Los sitios icónicos de la CDMX siempre tienen cosas por descubrir.

 

 

 

A la Ciudad de México no le faltan estatuas ni monumentos, desde los que honran a los revolucionarios del pasado, hasta los que rinden homenaje a los actores, cantantes y escritores.

Existen cientos de esculturas y sitios para ver, aunque muchos son poco conocidos y visitados, mientras que otros son icónicos como los que están en el Paseo de la Reforma, La Alameda Central y el Palacio de Bellas Artes siguen siendo áreas clave para ver en su totalidad si eres fanático de las estatuas o monumentos.

A pesar de todo, ¿qué hay dentro de estas estatuas e incluso de los fascinantes íconos de la CDMX? ¡Aquí te lo decimos!

 

 

Monumento a la Revolución

 

 

 

Este imponente edificio es el arco de triunfo más grande del mundo y tardó 28 años en construirse. Ahora es un mausoleo que contiene los restos de algunos de los protagonistas más importantes de la Revolución Mexicana, como Pancho Villa y Venustiano Carranzo, entre otros, el Monumento a la Revolución es uno de los lugares imperdibles de la capital.

Además es un museo de sitio donde se den apreciar las distintas etapas constructivas del Palacio Legislativo, una sala de exposiciones temporales en la que periódicamente se exhiben diferentes muestras con temas complementarios al movimiento armado de 1910.

 

 

El Ángel de la Independencia

 

 

 

Se dice que el basamento contiene los restos de los héroes en el mausoleo, que  en 1925 los restos mortuorios de Hidalgo, Morelos, Guerrero, doña Leona Vicario, Aldama, Jiménez, Mina, Quintana Roo y Matamoros, fueron trasladados de la Catedral en donde se encontraban, hasta el mausoleo  del monumento a la Independencia.

En el siglo XX fue costumbre sacar las urnas con los restos de los héroes patrios, para honrar su memoria durante los actos cívicos. Pero es algo que ya no se hace más y es posible que los restos ya no estén ahí.

 

 

Monumento a los Niños Héroes

 

 

El Monumento a los Niños Héroes es el lugar imponente en el corazón del Bosque de Chapultepec, la ubicación de este monumento en el espacio verde urbano más grande de la Ciudad de México. Construido en memoria de los Niños Héroes que defendieron el Castillo de Chapultepec de las fuerzas invasoras estadounidenses, ahora es un punto focal del parque. Pero este monumento está lleno de cemento.

 

 

Estela de Luz

 

 

Uno de los monumentos más recientemente construido para conmemorar el bicentenario de la Independencia de México en 2010. Es un ejemplo de un monumento de la Ciudad de México y tiene 104 metros de altura. Por dentro tiene un centro cultural que alienta el uso de herramientas digitales, Tecnologías libres y plataformas digitales.

 

 

Palacio de Bellas Artes

 

 

Bellas Artes es el ícono del país y por dentro tiene muchas cosas para conocer, pero hay una en particular que muy pocos conocen: el telón del palacio. Fue creado por el italiano Adamo Boari, tenía la idea de plasmar el Popocatépl y el Iztaccíhuatl en el diseño de un ventanal, tras recibir varias propuestas acerca del diseño de Harry Stoner, enviado por la casa Louis Comfort Tiffany a México. Es una impresionante obra realizada con cristales no transparentes, con 206 tableros cubiertos con teselas de cristal que pesan 27 toneladas y mide 14 metros de ancho. El proyecto del telón fue terminado por un alumno del italiano, Federico Mascal. Cabe destacar que es el único telón antifuego en el mundo dentro de un teatro de ópera.

 

 

Torre Latinoamericana

 

 

Este rascacielos de 188 metros de altura y 44 pisos es un ícono del corazón de Ciudad de México. Dentro de todo lo que hay en este lugar, quizá no sabías que hay dos museos: el del Bicentenario (piso 36) y el de la Ciudad de México y la Torre (piso 38). Ambos exhiben objetos y fotografías de épocas importantes, desde la Independencia hasta un apartado especial sobre el sismo de 1985, que incluye la grabación del periodista Jacobo Zabludovsky.

 

 

Catedral Metropolitana

 

 

Catedral guarda un laberinto de nichos y para ingresar a la cripta arzobispal hay que sortear un laberinto de pasillos angostos y lúgubres en cuyas paredes están incrustados cerca de diez mil nichos funerarios. ¡Definitivamente no es el lugar en donde te gustaría perderte! La distribución de estos pasillos sigue el orden en el que se encuentran las catorce capillas laterales de la catedral. Un detalle curioso es que el pasillo que conduce hacia la cripta arzobispal, cruza por el punto exacto que tomaron como referencia los arquitectos españoles para construir la catedral y el resto de la antigua Ciudad de México.

 

 

Torres de Satélite

 

 

 

Las torres fueron el resultado del trabajo colaborativo entre el escultor Mathias Goeritz, el arquitecto Luis Barrragán y el pintor Chucho Reyes Ferreira, quienes empezaron esta obra a petición del arquitecto Mario Pani, el encargado de la proyección de la zona habitacional conocida como Ciudad Satélite en 1957.

Inspirados por las torres medievales de Gimignano en Italia, estos cinco monumentos tienen el propósito de jugar con la percepción de quien los vea, es por ello que algunos investigadores las consideran como arquitectura emocional, que hace referencia a edificaciones provocadoras a través de grandes volúmenes y gamas tonales que se pierden en el paisaje urbano.

Las torres son edificaciones triangulares totalmente huecas y carentes de techo. Los prismas consiguen trampear su geometría a medida que el movimiento modifica su percepción; a veces como planos regulares, otras como líneas fugadas hacia el cielo: como vértices finos o como murallas pesadas.

 

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