Arte y Cultura
Mexico City Blues, un poemario de Jack Kerouac
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"Quiero ser considerado un poeta del jazz", advierte Jack Kerouac al inicio de "Mexico City Blues", su poemario en verso.

Poco se sabe de este poemario realizado por Jack Kerouac entre agosto y los primeros días de septiembre de 1955, cuyo crédito inspirador le pertenece en su totalidad a la Ciudad de México. Todo aquel amateur de la generación beat sabrá la importancia que tuvo México para el hueste de escritores/viajeros americanos que, en búsqueda de la verdad ignorada en una América postguerra, encontrarían a través de la lucidez de ciertos psicodélicos y opiáceos, pero sobre todo a través de la vida cotidiana en una Ciudad de México decadente. 

“Quiero ser considerado un poeta del jazz”, escribe en el párrafo introductor de este libro. Entre muchas otras cosas, a Kerouac le debemos la incursión de la “escritura autómata” a la novela, esa técnica de improvisación, o más bien de libre pensamiento del inconscientemente que crearon los surrealistas pero que también resultaba una de las principales cualidades del jazz, que propiamente llaman improvisación.

Debatiéndose entre ese seductor jameo de la pluma y el desliz inconsciente de sus dedos, Kerouac escribió Mexico City Blues por aquellos años 50’s, quizás la única muestra poética dedicada a nuestra ciudad. En este poemario de 242 coros, se puede apreciar el radical cambio de prosa a verso en la vida de K. Limitado por el tamaño de su libreta de bolsillo y determinado por el tiempo y por la redacción espontánea, influencia directa de las composiciones de jazz y su ritmo, este poemario se conjeturó bajo una construcción distinta a la que solía usar Kerouac. 

Debido a la notable influencia que tuvo la música para el autor, este podría ser más bien un ejemplo literario de lo que hubiera sido el jazz en la poesía, pero sobre todo, una muestra fugaz de lo que hubiera podido fabricar Jack en la música –El mismo Bob Dylan quedó maravillado precisamente de esta obra. Ha decir de sus palabras, el poemario proyecta literalmente a “un largo poema interrumpido”.

 

Te dejamos aquí el pdf del libro (en inglés), publicado en 1959.

 

También en MXCity: Tristeza de Jack Kerouac, la única novela beat que se hizo sobre México

Conoce el museo gastronómico Galería Nuestra Cocina Duque de Herdez
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El Museo Galería Nuestra Cocina Duque de Herdez promueve y difunde la historia de la cocina en México y la preservación de nuestra gastronomía.

No te quedes sin visitar el recorrido gastronómico e histórico del Museo.

 

 

La Galería Nuestra Cocina Duque de Herdez se inauguró en el año 2000, en coordinación con El Papalote Museo del Niño, como un paseo gastronómico a través de la historia de las cocinas de México. De1997 a 2011 la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana  atendió a 43,280 usuarios, entre estudiantes de las carreras de gastronomía, nutrición y público en general. Cuenta con tres mil 887 libros, entre ellos, ejemplares originales del siglo XIII y XIX.

El objetivo del museo es el de promover el conocimiento alimentario y nutricional al tiempo que busca rescatar y conservar el patrimonio  de la gastronomía mexicana. Este museo se integra de cuatro salas: La primera es una cocina prehispánica que muestra nuestras raíces gastronómicas y costumbres culinarias de la época. Está ambientada con utensilios originales del Museo de Antropología e Historia pertenecientes a la cultura Teotihuacana.

 

 

 

En el México prehispánico todo tenía un orden y la cocina no era la excepción. La forma de preparar los alimentos, los utensilios, quiénes lo comían, cómo los consumían, cómo conservaban los alimentos, tenía significado, pues además de ordenada, la cocina también era importante desde el punto de vista religioso y ceremonial. 

La preparación de los alimentos estaba a cargo de las mujeres, mientras que los hombres se dedicaban a producirlos en el campo (en el valle de México en chinampas). Dentro de la cocina, existían diversos utensilios como ollas y cazuelas, el fogón, metates, piedras de moler, molcajetes, jícaras y vasos de barro que utilizaban para preparar y servir la comida.

 

 

La segunda sala es una cocina virreinal, mestizaje culinario que sufrió nuestro país con la llegada de nuevos productos, utensilios e ingredientes que trajeron los españoles a México. En ésta etapa se observa el enorme intercambio cultural y gastronómico que combinó elementos de ambas sociedades para dar como resultado una cocina mucho más variada, pero con menos simbolismos que en la época anterior.

A la cocina se introdujeron una gran cantidad de alimentos como el trigo, las carnes de ave, oveja, cerdo, además de muebles, diversos utensilios de cocina y métodos de cocción. Aunque el fuego seguía siendo parte importante de la cocina, ya no se cocinaba en el piso sino en fogones elevados y comenzó a perder el significado ceremonial, poderoso y mágico que tenía. Las monjas contribuyeron a generar una gran diversidad de platillos por medio de la combinación de elementos propios de la región y traídos del viejo mundo.

 

 

La época moderna se encuentra en la tercera sala mostrando el impacto que tuvo la industrialización con la llegada del agua corriente, la electricidad, el gas, petróleo y otra gran variedad de avances tecnológicos. Se revolucionó la forma de cocinar y conservar los alimentos, que facilitan en gran manera la preparación de platillos. Además de la introducción de las estufas de gas, licuadoras, refrigeradores, batidoras, ollas de presión y muchos otros aparatos que reducen significativamente el tiempo de preparación de alimentos.

Con los cambios en la forma de vida de la sociedad, el uso de alimentos procesados y enlatados se ha hecho común, pues también reduce el tiempo que las personas pasan en la cocina.

 

 

Por último, se muestra una propuesta de cómo será la cocina en el futuro y los avances tecnológicos que podrán influir sobre la cultura culinaria de nuestro país. La exhibición se complementa con interactivos y computadoras donde los visitantes pueden consultar recetas y ampliar sus conocimientos. ¿Cómo será la cocina mexicana en el futuro?

La galería muestra escenarios interesantes que se pueden dar gracias a la globalización. Lo cierto es que, lejos de perder, la cocina mexicana se ha enriquecido en gran manera con el paso del tiempo, pero sin perder los elementos básicos de los que se alimentaban nuestros antepasados.

 

 

La característica principal de este museo es que cuenta con cientos de apoyos audiovisuales y algunas actividades interactivas que permiten conocer más sobre la forma de cocinar y conservar los alimentos; así como el origen de las materias primas para prepararlos, algunas recetas y datos curiosos sobre la cocina de cada una de las épocas que aborda.

Desde su fundación en el año 2000, este Museo interactivo ha recibido a más de cien mil personas, que en una especie de viaje por el tiempo han podido observar las transformaciones que han tenido los espacios culinarios mexicanos, desde la época prehispánica hasta la actualidad.

 

 

El muestro es una gran alegoría al mestizaje culinario de los mexicanos, y a las formas en que se han enriquecido las recetas mexicanas con nuevos utensilios y productos. El museo Nuestra Cocina Duque de Herdez es un proyecto desarrollado por la Fundación Herdez, en coordinación con Papalote, Museo del Niño.

El edificio que alberga al museo está asentado sobre lo que fue en tiempos prehispánicos el templo de Tezcatlipoca, a un costado del Templo Mayor. Mismo que fue propiedad de los conquistadores Pedro González de Trujillo y Diego González y en algún momento sede de la Real y Pontificia Universidad de México. La Fundación Herdez también ofrece actividades culturales relacionadas con el fomento a la investigación y desarrollo alimentario. Estas actividades incluyen, aparte del museo, una biblioteca, publicaciones, y diferentes cursos, talleres y degustaciones.

 

 

 

Museo Galería Nuestra Cocina Duque de Herdez

Dónde: Seminario 18, Centro Histórico

Cuándo: martes a sábado, de 9:00 a 17:00

Degustaciones

Viernes y sábados de 9:00 a 16:30 hrs.

Visitas Guiadas

Martes a viernes de 9:00 a 12:00 hrs.

Cuánto: General: $15 degustaciones y visitas guiadas $30.

 Fotos Fundación Herdez

Voces de la Tierra y Lenguas indígenas en el MUNAL
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México es uno de los países con mayor diversidad lingüística, no obstante, muchas de estas lenguas están en peligro de desaparecer.

Esta exposición en el MUNAL rinde un homenaje a las lenguas indígenas del país.

 

Desde 2016 se alertó que el 40 por ciento de las siete mil lenguas indígenas que se hablan en el mundo están en riesgo de desaparecer. Es por eso, que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, con el fin de sensibilizar a la sociedad en general para que reconozcan, aprecien y valoren la importante contribución que los idiomas originarios hacen a la diversidad cultural y lingüística mundial. La ONU establece como un componente esencial para el desarrollo sostenible, el derecho de los pueblos indígenas a expresarse en sus lenguas.

 

 

La más reciente exposición temporal del MUNAL, Voces de la tierra. Lenguas indígenas ofrece un acercamiento a la variedad e importancia de las 11 familias lingüísticas y sus variantes asentadas en el territorio mexicano.

A través de más de 180 piezas, entre pinturas, esculturas, materiales gráficos, fotografías, textiles y dibujos, que se podrán apreciar a partir del 8 de agosto en el Museo Nacional de Arte (Munal) del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

 

 

 

Procedentes del acervo del Munal y de colecciones públicas y privadas, esta exposición reúne piezas de artistas como Manuel Vilar, Rodrigo Gutiérrez, Luis Coto, Antonio García Cubas, José María Velasco, José Clemente Orozco, Carlos Mérida, Ramón Cano Manilla, Tina Modotti, Walter Reuter, Graciela Iturbide, Pedro Valtierra, Bob Schalkwijk y Xawery Wolsky, entre otros.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha facilitado el facsímil del Lienzo No. 2 del Códice de Tlaxcala, resguardado por la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia Dr. Eusebio Dávalos Hurtado.

 

 

 

La muestra se divide en siete ejes temáticos que abordan la relevancia de este patrimonio lingüístico, cuya diversidad coloca a México entre los primeros 10 países del mundo con mayor número de lenguas originarias que son usadas por los pobladores de distintas regiones del país.

Las lenguas de México se ven e el primer núcleo a través de la historia; propone un recorrido visual sobre la importancia de las lenguas y la palabra en obras que dan cuenta de la Conquista. Se reúnen obras como El senado de Tlaxcala de Rodrigo Gutiérrez y La Malinche de Manuel Vilar, la reproducción de los mapas de Cuauhtinchan realizados por José María Velasco, así como retratos novohispanos de los frailes que durante el siglo XVI escribieron las primeras gramáticas de lenguas originarias, como fueron fray Bernardino de Sahagún, fray Pedro de Gante y fray Andrés de Olmos.

 

 

 

En el segundo tema, Diversidad lingüística del México contemporáneo, se aborda una breve cartografía visual sobre los diferentes grupos originarios y la multiculturalidad mexicana. Destacan las acuarelas realizadas por Francisco de Paula Mendoza y Félix Parra, expuestas por primera vez, que sirvieron como referente para la Carta etnográfica de Antonio García Cubas, ejecutada bajo intereses antropológicos porfiristas. Además, se han incluido litografías de Claudio Linati y serigrafías de Carlos Mérida.

El tercer tema, Lenguas del norte y occidente, reúne cuatro familias lingüísticas: cochimí-yumana, álgica, seri y purépecha. La litografía y fotografía de los siglos XIX y XX plasmaron la riqueza cultural de los pueblos que hablan dichas lenguas. Sobresalen las fotografías de Graciela Iturbide y Bob Schalkwijk sobre los pueblos seris, rarámuris y wixáricas. También fueron incluidos la pintura Carnaval de Morelia de José Jara y el dibujo Danza del venado de Fermín Revueltas.

 

 

La cuarta sección, Lenguas del centro al istmo, incluye a las familias lingüísticas el yuto-nahua, totonaco-tepehua, oto-mangue, mixe-zoque y huave de Oaxaca; varias de las lenguas de estas familias cuentan con gran número de hablantes, como el náhuatl, el zapoteco y el mixteco. Entre las obras destacadas de este núcleo están La danza de Xóchitl Pitzáhuac y la pintura India oaxaqueña, ambas de Ramón Cano Manilla; también se encuentran emblemáticas fotografías de Tina Modotti, que se relacionan con la pintura de Víctor M. Reyes, ya que en conjunto dan cuenta de la vida en el Istmo de Tehuantepec.

El Munal + Educa realizará diversas actividades en torno a la muestra Voces de la Tierra. Lenguas indígenas. Se realizarán talleres de dibujo textil para observar las diferencias y características de algunos trajes típicos mostrados en la exposición; un taller del lenguaje como identidad que pretende generar vínculos de diálogo con la pintura y el cuerpo, enfocado hacia el tema de la identidad expresiva artística. Asimismo se llevará a cabo un taller de máscaras en cartón reciclado que desarrollará la creatividad de los participantes para jugar con el lenguaje de la expresión por medio del rostro, entendiendo que a través de la máscara se propicia un discurso social, intelectual y territorial.

 

 

Voces de la Tierra y Lenguas indígenas en el MUNAL

Dónde: Tacuba 8 Col. Centro (Área 2), C.P. 6010, Deleg. Cuauhtémoc México

Cuándo: hasta el 01 de marzo de 2020, de martes a domingo , 10:00 – 18:00 hrs.

Cuánto: $70

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Arte tequitqui, la fusión del arte mesoamericano con el arte europeo
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El término tequitqui significa "tributario", y se rata de la influencia iconográfica y técnica europea fusionada con la técnica e iconografía indígena.

El arte tequitqui creó nuevas y únicas formas de expresión de los indígenas luego de la conquista.

 

 

Tequitqui o arte tequitqui es un término que se refiere a las manifestaciones artísticas realizadas por indígenas del área mesoamericana luego de la Conquista de México. La idea fue propuesta por José Moreno Villa en su texto Lo mexicano en las artes de 1949. En dicho texto, Moreno Villa, dice:

“Es el producto mestizo que aparece en América al interpretar los indígenas las imágenes de una religión importada (…) está sujeto a la superstición indígena. Es una extraña mezcla de estilos pertenecientes a tres épocas: románica, gótica y renacimiento. Es anacrónico, parece haber nacido fuera de tiempo, debido a que el indio adoctrinado por los frailes o los maestros venidos de Europa, recibía como modelos estampas, dibujos, marfiles, ricas telas bordadas, breviarios, cruces, y mil objetos menores. No todos ellos obedecían a un mismo estilo y a una misma época”

 

 

Como en la cultura prehispánica todo giraba alrededor de su religión, esto se reflejaba en su arte lleno de símbolos religiosos. Las culturas prehispánicas tenían sus propias tradiciones, y en común expresaban tradiciones por medio del arte y dar tributo a sus dioses. Esto cambio a la llegada de los españoles, cuyo modo de vivir de los indios llego a su fin con la evangelización de las “tierras bárbaras”  provocando que los indios sufrieran la destrucción de todas sus creencias y tradiciones.

Este proceso duró muchos años que con el tiempo dio paso al arte tequitqui: mezcla del arte indígena con el arte cristiano, donde es visible el proceso de transculturación entre lo indígena y lo español.

 

 

 

Las características del arte tequitqui son visibles en los elementos indígenas, y la enseñanza de los frailes quienes se ocupaban de la evangelización de los indígenas, y les brindaron nuevos materiales  para crear arte. En lugar de que las tradiciones indígenas se olvidaran, fueron mezclándose con las tradiciones cristianas para formar un hibridismo religioso.

Las manifestaciones del arte tequitqui se pueden observar  principalmente en las portadas de los templos cristianos, cruces atriales y murales en los claustros y capillas abiertas de los conventos.

 

 

 

En la arquitectura tequitqui se encuentran templos, monasterios y conventos, así como en los atrios con sus espacios abiertos y rodeados por muros que servían de amplia nave a las capillas abiertas que eran para  evangelizar a los indígenas. También se incluían capillas posas, que estaban colocadas en las esquinas de los cuadrángulos atriales y en centro del atrio se colocaba una cruz atrial.

Los conventos desde los primeros que se fundaron existieron como centros de irradiación religiosa, en donde se ensenaba la doctrina cristiana, al igual que la  escritura alfabética, la gramática, el castellano, etc. Pero a la vez en los conventos se aceptó la presencia de la cultura indígena, también el arte de hacer libros y mapas al modo indígena.

 

 

 

Los Frailes  gustaban de la pintura mural que se había desarrollado desde el siglo XIII, como decoración de los muros y ábsides de los templos prehispánicos. Los tlacuilos (dibujantes indígenas) utilizaron su trabajo para entrenar aprendices, según la tradición tanto europea como mesoamericana.  El Templo  y Exconvento de San Juan Bautista Coixtlahuaca es un gran ejemplo de este arte.

Esta obra monumental se encuentra en San Juan Bautista a 113 km. al Norte de la Ciudad de Oaxaca. Coixtlahuaca fue un centro comercial muy importante en la Mixteca. Se supone que el mercado que se realizaba en Coixtlahuaca tenía una gran influencia regional en toda la Mixteca. Por esta razón, cuando llegaron los españoles, empezaron a construir un templo y exconvento dominico que terminaron en 1576.

 

 

En el arco superior de la capilla abierta se aprecia labrada una “cadena de serpientes”. Se  puede ver  que las dos culturas todavía “no se conocían” a profundidad, por lo que los indígenas pudieron dejar algunos testimonios discretos y secretos de su visión cosmogónica y religiosa.

La suma del talento artístico de los mesoamericanos con los materiales e ideas de las culturas europeas, dieron dieran paso a que su usaran códigos estéticos y simbólicos en los remates y otros detalles de las obras ordenadas por el nuevo gobierno.  Investigadores en historia, arqueología y antropología han dedicado mucha tinta y horas estudio para comprender y dilucidar los códigos y mensajes contenidos en las construcciones que mandaron levantar las distintas misiones encargadas de la conversión social, religiosa y cosmogónica en Nueva España.

 

 

El arte tequitqui propició que muchas de las grandes construcciones de cantera labrada o tezontle contuvieran elementos de ambas culturas y adquirieran de este modo una personalidad única que en ninguna otra región del planeta es posible encontrar.

De hecho, los detalles inspirados en el arte prehispánico incluidos en construcciones art déco de la Ciudad de México, en las obras neocoloniales de principios del siglo XX o en las grandes construcciones funcionalistas que, como el Museo de Antropología de la Ciudad de México, incorporan estos elementos estéticos.

Centro Cultural Helénico, un referente para la exhibición del teatro mexicano
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El Instituto Cultural Helénico está muy cerca de cumplir 30 años y seguir siendo un referente para el teatro y la cultura en la CDMX.

A casi 30 años del Centro Cultural Helénico, te traemos esta retrospectiva.

 

 

El Centro Cultural Helénico es uno de los espacios culturales más reconocidos por el público afecto a las artes escénicas. El conjunto ubicado en la que fuera la residencia del coleccionista mexicano Nicolás González Jáuregui, en el número 1500 de la avenida Revolución, al sur de la ciudad de México.

Este complejo está integrado por el Teatro Helénico, diseñado por el arquitecto Eduardo Luna Traill, con capacidad para 436 espectadores; el Foro La Gruta, espacio experimental donde se han dado a conocer decenas de nuevos dramaturgos, directores y actores nacionales; y una capilla española de estilo gótico, que fuera transportada piedra por piedra desde Ávila, España que conserva en su interior pinturas de Tintoretto y Murillo así como gobelinos y vitrales de la época.

 

 

Con la intención de preservar y ampliar la actividad cultural teatral de estos recintos, desde 1990 el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes celebró un convenio de colaboración con el Instituto Cultural Helénico que cumplirá 30 años el 15 de marzo de 2020.

En el Centro Cultural Helénico se desarrolla un festival cultural permanente y abre sus puertas de lunes a domingo durante 49 semanas al año. Más de medio centenar de obras, conciertos y diversas actividades se presentan cada año, por lo que se estima que las producciones del Centro Cultural Helénico representan cerca del 10% de toda la actividad teatral del área metropolitana.

 

 

 

Son casi tres décadas en que el centro cultural, en asociación con artistas e instituciones culturales, ha adquirido un fuerte prestigio nacional e internacional y se ha convertido en un espacio distinguido de convergencia de corrientes escénicas de múltiples latitudes, con lo que ha contribuido de manera esencial a impulsar la renovación, expansión y el fortalecimiento del teatro mexicano.

La Capilla Gótica y el Claustro Románico forman parte del Centro Cultural Helénico en la ciudad de México. La capilla gótica del siglo XIV labrados en Ávila, España, y un marco de puerta barroco del siglo XVII proveniente de Guanajuato; que fue rescatado y traído a México por el coleccionista Nicolás González Jáuregui y reconstruido en el sur de la Ciudad de México por Luis Ortiz Macedo en 1954.

 

 

 

El interior de la Capilla Gótica y el claustro románico, fueron adquiridos por el magnate y coleccionista William Randolph Hearst, uno de los más poderosos empresarios en Estados Unidos por tener 28 periódicos nacionales. Hearst, cuya vida inspiró la creación de la famosa cinta fílmica Ciudadano Kane, de Orson Welles, compró la capilla junto con su claustro románico en los años 20.

Durante la Gran Depresión de 1929, Hearst tuvo problemas financieros obligándolo a no poder retirar las cajas, las cuales ni siquiera habían sido abiertas. En 1954, el coleccionista mexicano Nicolás González Jáuregui compró las piezas del edificio y se lo llevó a México para reconstruirlo. El encargado de la reconstrucción fue el arquitecto, Luis Ortiz Macedo, quien es reconocido por sus obras de restauración, las más famosas: la del Palacio de Bellas Artes y la de la Rotonda de las Personas Ilustres.

 

 

 

Jáuregui agregó elementos como vitrales provenientes de Francia y España, estatuas de piedra originarias de Francia, gobelinos flamencos y obras de Murillo y Giovanni Bellini. En 1975, el edificio pasó a manos del gobierno de la Ciudad de México por los problemas financieros que tuvo Jáuregui entonces. En 1979, el gobierno federal donó el complejo al Instituto Cultural Helénico, fundado desde 1973 por el obispo ortodoxo griego Pablo de Ballester.

Hoy en día este Centro Cultural difunde la cultura mediante cursos, talleres, maestrías, diplomados, ciclos de conferencias, así como conciertos y obras teatrales. Su patrimonio arquitectónico y artístico ha condicionado y facultado en gran medida el cumplimiento de sus objetivos. Hoy es día, sin duda es un referente del teatro en México, y se ha convertido en un lugar único, donde la historia, el arte y la cultura encuentran un afortunado espacio para confluir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Centro Cultural Helénico

Dónde: Avenida Revolución 1500, esquina con Manuel M. Ponce, Col. Guadalupe Inn, Álvaro Obregón.

Cuándo: lunes a jueves, 12:00 – 20:30 hrs. De acuerdo al evento. sábado, 12:00 – 20:30 hrs. De acuerdo al evento domingo, 11:00 – 20:00 hrs.

Cuánto: según evento. 30% Estudiantes, maestros e INAPAM

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Fotos Centro Cultural Helénico