Vida Capital
Los Laberintos más enigmáticos de México
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En la Ciudad de México y sus alrededores, tenemos algunos laberintos estéticamente admirables. Lugares maravillosos que nos llaman a pasearnos en el misterio.

Imagen de ilustración: Laberinto del parque de ocio Rafael de la Cerda, en Cartagena, España.

Ciertamente, un laberinto (o un pasaje que parezca uno) nos ayuda a ejercitar la mente. Es uno de los ideogramas más antiguos y complejos de la humanidad, resolverlos será para cada psique un logro ambicioso por revelar lo que al final se encuentra. Un laberinto está presente en casi todos los rubros existenciales: tenemos un laberinto en el tiempo, uno en las palabras, en la imaginación, en el ciclo de la mortalidad que se vuelve inmortal y literalmente hasta en la naturaleza. Las mismas interrogantes primordiales del hombre son enigmáticos muros estrechos las cuales, paradójicamente, a mayor sabiduría mayor será la complejidad de su solución.

Jugar con un laberinto puede fungir también como una técnica de meditación y también por qué no, de sano entretenimiento. En la ciudad de México y sus alrededores, tenemos algunos cuantos estéticamente admirables, lugares maravillosos que nos llaman a pasear en el misterio.

 

Laberinto del Ajusco

Justo en la zona poniente de la Ciudad de México, en la carretera Picacho del Ajusco podemos avistar uno de los más hermosos que literalmente es una replica de un laberinto. Aunque pareciera un lugar turístico de dueños foráneos, el lugar es en sí propiedad mexicana en su totalidad. Su administrador, Erick Cadena, nos cuenta que la idea de este simbólico lugar apareció luego de que el historiador de Arte, Ignacio Figueroa regresara de un viaje por los confines ingleses (de ahí que la casa nos hace creer que estamos en algún sitio de Europa). El laberinto está inspirado en el jardín del Castillo de Hever de la Gran Bretaña, excepto que el nuestro se diseñó aún más grande. El lugar es 100% accesible para acampar, comer o disfrutar de un picnic con una botella de vino. Leer más…

 

Laberinto de meditación en Malinalco

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Como su nombre lo indica, se trata de un laberinto para ejercer la meditación. Localizado en las instalaciones del Centro Holístico Ollinyotl, en Malinalco, Estado de México a tan solo 98 km de la Ciudad de México. En este centro creen fielmente que los caminos en circulo como los que ofrece un laberinto, ayudan a desbloquear, armonizar y sanar a las personas. El costo de la entrada es de tan solo $20 pesos. 

 

Laberinto de la Hacienda Panoaya

Laberinto de la Hacienda Panoaya

Al rededor de 60 hectáreas y  2000 metros de camino acoge este hermoso sitio ubicado en Amecameca, Estado de México, muy cerca del Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Su diseño es similar al de los laberintos que se construían en Inglaterra. El Costo varía entre los 40 y 139 pesos dependiendo las actividades externas al laberinto que quieras realizar. 

 

Laberinto de los Sentidos

Laberinto de los Sentidos

Diseñado por el prominente museógrafo mexicano Iker Larrauri, es laberinto más grande de México, situado justamente en el jardín contemplativo más grande de México y del mundo, ubicado en Tequesquitengo, Morelos. 

El túmin, la moneda alternativa indígena, ahora en la CDMX
Cristopher Garnica
Túmin significa dinero entre los indígenas de la etnia Totonaca, además es una moneda comunitaria que sirve para comprar comida, ropa o para pagar servicios.

Breve historia del túmin.

 

El túmin es una moneda alternativa de cambio. Nace en la zona indígena del norte del estado de Veracruz y cuenta con gran aceptación en la región y diversos municipios de estados circunvecinos. El túmin, a diferencia de los billetes tradicionales que se valoran por el poder económico o las reservas de oro del país que los emite, está respaldado por las personas que los utilizan.

El túmin surge como proyecto de investigación en la Universidad Veracruzana Intercontinental (UVI), para ayudar a los habitantes de Espinal, un municipio pobre con 25.000 habitantes de los cuales la mitad son indígenas totonacas, cuyo salario mínimo no les alcanzaba para sobrevivir. Ante la falta de dinero, los vecinos intercambian sus productos para sobrevivir, como ocurre en otras comunidades rurales del país.

 

Los investigadores de la UVI diseñaron el túmin para facilitar el trueque, vales intercambiables por mercancía o servicios. La moneda comunitaria se puso en circulación a finales de 2010, en pleno festejó del bicentenario de independencia. Con el túmin, un panadero vende su mercancía en pesos y túmines, y ambas monedas le sirven para comprar productos y/o intercambiarla por servicios, como una revisión dental o la reparación de una puerta. En este sistema solidario de trueque, lo que vale no son los billetes o monedas metálicas, sino lo que las personas dan o hacen a cambio, donde el dinero no es para acumularse, sino para usarse y ayudar a la gente.

La moneda comunitaria se comenzó a utilizar entre 115 miembros iniciales de una red de intercambio, quienes recibieron vales por el equivalente a 500 túmines que se deben conservar en circulación. Así, cada uno de los socios da voluntariamente el valor que desea a la moneda y todos, a su vez, se comprometen a sacrificar las ganancias en pesos para recuperarlas en servicios o productos.  Si un kilo de carne cuesta unos 70 pesos en el mercado tradicional, por ejemplo, dentro de la red se cotiza en 50 pesos y 20 túmines. El carnicero utiliza los vales de túmin para comprar otra mercancía, como pan, y el panadero a su vez los intercambia por algo más, como harina, azúcar o huevos.

 

Esto ha hecho que alimentos, bebidas, animales y hasta servicios de cibercafé, formen parte de los negocios que exhiben afuera de sus locales los letreros que dicen “Aquí Aceptamos Túmin”. Esto ha dado buenos resultados, al grado que los comerciantes y profesionistas vendan más productos, y que los consumidores compren más barato.

Este piloto de túmin en Veracruz  no le gustó nada al Banco de México (Banxico),que llevo a demanda y juicios a los creadores del túmin, pero se ha resignado a ver las bondades del túmin como una amenaza latente. Gracias a este ha cambiado progresivo de la forma de comerciar de la gente, se han provocado varias réplicas en diversas comunidades indígenas de todo el país, como Chiapas y Tabasco, Morelos, Campeche y ahora la CDMX, que se ha acercado a los diseñadores del sistema para pedir su asesoría en el establecimiento de monedas propias; emulando casos exitosos de comunidades europeas de España, Portugal e Italia, que ya han comenzado a adoptar monedas propias debido a la crisis económica mundial.

 

El uso del túmin se ha extendido a 16 estados del país, incluyendo el sur de la Ciudad de México, en la delegación Xochimilco, donde los comerciantes y habitantes han comenzado a usar el túmin; lo cual representa su entrada a la Ciudad de México, el epicentro de los negocios del país, que tan solo en el segundo trimestre del año reportó ventas por 179,000 millones de pesos (casi 10,000 millones de dólares), de acuerdo con la Cámara de Comercio Servicio y Turismo local.

La entrada del túmin hace frente a las grandes corporaciones, pues el sistema está creado para incentivar el consumo local, sumado a que revaloriza el trabajo artesanal. En Xochimilco, si un cliente compra un frasco de miel de 20 pesos (casi un dólar), puede pagar con 18 pesos mexicanos e intercambiar dos túmines.

 

Los comerciantes interesados en el túmin se inscriben en un padrón, se acuerdan las reglas, la más importante es aceptar 10% del valor de un producto en túmines, de forma gratuita se les entregan los túmines, cantidad equivalente a su producción anual, y los comerciantes distribuyen la moneda entre ellos y sus clientes al pagar o dar cambio. Así es como se crea la red solidaria, donde los vales están en constante movimiento, intercambiando el trabajo de los productores. El túmin ha provocado que los comercios se expandan por medio de redes e incluso con comerciantes de otros estados del país. El túmin es una red solidaria que está ayudando a las personas de Xochimilco.

Web Túmin 

Fotografías del origen de los edificios más emblemáticos de la CDMX
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Los edificios en construcción son reflejos de la modernidad, los cimientos de nuestra identidad mexicana en vías de desarrollo.

Edificios en construcción.

 

Nuestro país conserva los vestigios de nuestras ciudades prehispánicas, junto a  estructuras coloniales y hermosas edificaciones modernistas, que surgieron dentro del funcionalismo y dieron vida a la arquitectura mexicana del siglo XX. Aunque en nuestra ciudad hay grandes sitios de interés arquitectónico con prehispánicos, clásicos, modernos y contemporáneos, hay unos que se han quedado en nuestro corazón más que otros.

La Ciudad de México ofrece una diversidad cultural que se evidencia tanto en sus tradiciones como en su arquitectura. Nuestro pasado también se evoca en la historia de las construcciones, mientras uno recorre la vasta extensión de significativos espacios públicos, plazas y plazoletas que tenemos en la ciudad.

Estas fotos evocan la construcción de nuestro pasado, y la vida presente de millones de citadinos.

 

Torre Latinoamericana

Eje Central Lázaro Cárdenas 2, Centro, 06000 Ciudad de México, CDMX.

 

Torre de Rectoría de la UNAM

Campus Central de la UNAM, Delegación Coyoacán, CDMX.

 

Monumento a la Revolución

Plaza de la República S/N, Tabacalera, Cuauhtémoc, 06030, CDMX.

 

Edificio de la Lotería Nacional 

Paseo de la Reforma #1, Colonia. Tabacalera, Cuauhtémoc, CDMX.

 

Palacio de los Deportes 

Av Viaducto Rio de la Piedad y Rio Churubusco S/N, Granjas México, 08400, CDMX.

 

Museo Nacional de Antropología e Historia

 Paseo de la Reforma & Calzada Gandhi S/N, Chapultepec Polanco, Miguel Hidalgo, 11560, CDMX.

 

Torre insignia de Tlatelolco

Tlatelolco, 06900,  Ciudad de México, CDMX

 

Edificio “La Nacional”

Esquina de Juárez y Eje Central, CDMX. 

 

Palacio de Bellas Artes

Av. Juárez, Centro Histórico, 06050, CDMX.

Otomimóvil: el movimiento de la artesanía otomí
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Otomimóvil, son poco más de 50 carritos diseñados por la comunidad Otomí que comenzarán a circular por la Juárez y la Roma.

Otomimóvil: carritos de diseño otomí.

 

El otomí es un pueblo indígena que habita un territorio discontinuo en el centro de México. Hoy en día, los otomíes viven en un territorio fragmentado que va desde el norte de Guanajuato, al oriente de Michoacán y al sureste de Tlaxcala; Hidalgo, CDMX y Querétaro. En el año 2000 la población étnica​ otomí sumaba 646.875 personas en la República Mexicana, haciendo de esta etnia, en el quinto pueblo indígena más numeroso del país.

 

Los indígenas Otomíes se destacan en el arte de tejer, son increíbles artesanos que elaboraron sus telares con la finalidad de pagar el tributo, mediante la elaboración de prendas ceremoniales, los cuales se fabricaban con palma silvestre, fibra de maguey, de lechuguilla y el algodón. Su labor artesanal principal es la elaboración de textiles como fajas, rebozos, camisas, guanengos además de morrales y ayates, que en los últimos años han creado furor entre la alta costura por su hermosa y sencilla confección.

La migración de este pueblo indígena hacia la Ciudad de México, inició entre los años 30 y los 50 cuando se construyeron las principales carreteras. Esto facilitó que grupos campesinos se transportaran a la ciudad para hacer labores de comercio o albañilería, que luego les permitiera financiar la siembra. Pero en las colonias Roma y en la Juárez, que han sido ocupadas por las personas de clase media alta, existen 9 predios habitados legalmente por decenas de familias otomíes.

 

En los últimos dos años, la comunidad otomí de la CDMX, ha tenido muchos contratiempos debido a que las colonias en las que viven llevan un par de años en remodelación, contraviniendo las formas de subsistencia de estos grupos de artesanos. Los otomíes, como muchas otros comerciantes, venden en puestos sobre la banqueta y las procesos de construcción y remodelación  de las colonias, han hecho que no puedan vender sus productos en las calles ya que su artesanía se ensucia fácilmente o no hay tráfico de personas por las calles debido al polvo. El cambio de imagen de la Zona Rosa incluyó una reducción drástica del ambulantaje: de 300 puestos sólo quedarán 100.

 

En este contexto de obras y desalojo de vendedores, la Delegación Cuauhtémoc pidió a los otomíes modificar su forma de venta, haciendo que en lugar de tener espacios asignados sobre la banqueta, venderán en carritos como los que hay en los pasillos de los centros comerciales. La mayoría de los otomíes han aceptado con buena cara esta alternativa y participan en ella dignificando su trabajo, espacio e imagen. La única condición de los otomís fue: hacer su propio diseño, para dignificar aún sus vestidos típicos de olanes rosas con cuellos altos, típicos de las mujeres.

Así es como más de 50 carritos diseñados por la comunidad otomí, el Otomimóvil, comenzarán a circular por la Juárez y la Roma. El costo que se proyectaba para cada carrito era de 28 mil pesos. No obstante, Isaac Martínez, otomí de Santiago Mexquitilán, se dio a la tarea de crear un diseño más económico sin dejar de ser atractivo y fiel a su cultura, consiguiendo reducir el precio a casi la mitad. Así fue posible que las familias, financiaran su propia estación móvil de cultura Otomí.

Se piensa que el Otomimóvil pueda servir para recordarnos que formamos parte de una comunidad amplia en constante proceso de reconstrucción. Los objetos que venderán estas familias serán molcajetes y metates de piedra negra, bolsas de paja, sombreros de palma y sillas de tule; además de sus hermosos bordados tenangos, muñecas otomíes y otras creaciones tradicionales que conforman la artesanía otomí en CDMX.

 

Del mismo modo, cuando los otomís tuvieron oportunidad de obtener la viviendas en forma, los integrantes de la comunidad se organizaron para crear la unidad habitacional en la que viven actualmente, la cual consta de seis edificios, 47 departamentos y una ludoteca; que se identifican con palabras ñäñho.

Este otro proyecto ganó el Premio Nacional de Vivienda 2004, por responder adecuadamente a las necesidades de una familia nuclear tipo urbana. Hoy, esta comunidad continúa coordinándose y renovando su estilo de vida en la ciudad y el Otomimóvil es prueba de esto.

7 time-lapses de México, imagen móvil de nuestra eternidad (VIDEOS)
Cristopher Garnica
Con estos paisajes surrealistas se plasma el movimiento de la eternidad; una invitación alegre para reflexionar sobre el tiempo.

La impermanecia del tiempo.

 

Timeo es el diálogo de Platón que se ocupa del tiempo. Es uno de los tantos libros crípticos de la filosofía y la antigüedad. Este texto se enseñaba en la Academia platónica de ciencias y se dice que en él se encuentra la expresión de una sabiduría misteriosa, nacida posiblemente de una sociedad oculta de iniciados, debido a su exposición metódica y llena de un lenguaje técnico.

El Timeo hace referencias a algunos problemas cosmogónicos y de la formación del “Alma del Mundo”. Platón comienza preguntándose si es posible concebir una ciudad ideal en la Tierra, cuestión cuyo propósito es narrar la historia olvidada de Atenas, luego rehace una cosmogonía que vincula la historia de la Humanidad con la de su ciudad ateniense, habla del mito de la Atlántida y del demiurgo que copia un modelo celeste del universo para hacerlo plasmar en el mundo visible.

De todo lo que dice Platón en este diálogo, lo más poético es el tema del tiempo. El tiempo fue creado, según Platón, después del universo para perfeccionar el movimiento de los astros en sintonía con un modelo matemático de una realidad superior, el mundo de las Ideas. De esta forma, el tiempo que marcan los astros en su perpetuo vaivén, resulta la imagen móvil de la eternidad.

La técnica del video, el time-lapse, ha hecho posible que podamos contemplar esta idea platónica del tiempo: apreciar este universo en su (im)perfección, con todo y su constante movimiento, en sintonía múltiples realidades en un perpetuo vaivén que dan la impresión de una imagen móvil de la eternidad.

Pero en lugar de hablar al respecto del tiempo, les dejo estas imágenes móviles de la eternidad.