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Amlópolis, la propuesta de desarrollo urbano del nuevo gobierno
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Amlopolis es quizá el proyecto más ambicioso de desarrollo urbano que se haya hecho en el país, y pretende tener un gran impacto social.

Los datos básicos y necesarios sobre la Amlopolis.

 

Los griegos antiguos se dieron cuenta de la importancia de la vida en comunidad y de las ciudades como estados independientes, al grado de denominarle Polis al conjunto de casas que habitan en un mismo territorio donde habitamos juntos. Durante mucho tiempo, y para los grandes filósofos griegos, la polis fue el marco de referencia para hablar del desarrolló de las ideas y de la expansión de la civilización.

La estructura de la polis conlleva un establecimiento urbano, comprendía una ciudad amurallada, los campos de cultivo y pastoreo, y los puertos que la comunicaban con el exterior. Lo que quiero decir, es que la importancia de los desarrollos urbanos, la logística, la movilidad, la determinación del espacio, las fuerzas que coadyuvan el entorno, es tan importante para la vida en social, que de ello dependía, en muchos sentidos, la forma de pensar de los antiguos filósofos.

 

 

Esta idea sigue siendo la base de los cambios urbanos. Sobre todo cuando se vive en una ciudad es el centro de la vida diaria en el país, 92 millones de mexicanos habitan alguna de las 384 ciudades más pobladas. Pero no siempre fue así, en 1950, por ejemplo, más de la mitad de los mexicanos vivía en zonas rurales.

Este rápido crecimiento de las ciudades, aunado a la falta de planeación y provisión adecuada de infraestructura, ha tenido como consecuencia ciudades donde hay exclusión social y segregación espacial. Lo anterior impide el desarrollo económico de la nación, por eso es necesario que el Estado ponga énfasis en la planeación del territorio, para que se detone su potencial social y económico.

 

 

Es por eso que el nuevo gobierno ha puesto en su agenda recuperar y mejorar el entorno en el que vivimos millones de mexicanos, a través de la dotación de una infraestructura de calidad, espacios públicos, equipamiento, vivienda asequible y bien localizada. Esto implica, como en la antigüedad griega, entender a la ciudad como un sistema interconectado a través de los medios de movilidad.

A este plan de recuperación del entorno, se le ha llamado Amlopolis, quizá con un tono de burla, que como sea busca brindar seguridad jurídica a las familias que tienen propiedad, así como nuevos esquemas de vivienda en renta para los más jóvenes. Así que este plan nos incube a todos los que vivimos en las ciudades.

 

 

 

Amlopolis es un plan que impulsará y tomará en cuenta el medio ambiente y el suelo con vocación agraria. Pretende invertir en los núcleos agrarios, en sus viviendas y movilidad, sin modificar las diferencias culturales de cada comunidad. La agenda incluye una perspectiva de prevención de riesgos asociados a desastres, al delito, apertura en la información pública y transparencia en el ejercicio de recursos.

Esta visión, al menos teóricamente hasta ahora, pone en el centro de la vivienda y de la urbe a la persona, las comunidades y el ejercicio de sus derechos. Afirma que su “imperativo ético” es el de trabajar para construir ciudades en las que todos alcancen su pleno desarrollo en armonía con el entorno.

 

 

Román Meyer Falcón, el Secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano en el actual gobierno, es el representante del proyecto. Ha impartido cursos de urbanismo social en la Universidad Iberoamericana, y se ha enfocado en el desarrollo de proyectos urbanos de impacto social con diversos enfoques. Entre los que obre salen rescate de espacios públicos, integración de comunidades, salud pública, movilidad, desarrollo económico y políticas públicas. Ha colaborado en diferentes publicaciones en temas urbanos, como en medios digitales.

 

 

Lo que se destaca en esta propuesta es que todo el documento está formulado en un lenguaje claro y sencillo dejando a un lado los tecnisismos, con el fin de que los ciudadanos entiendan el alcance y la profundidad de lo que hará la Secretaría. Aunque este plan tiene sus aristas, mejorar el entorno en el que vivimos millones de mexicanos, mejorando la infraestructura de calidad, los espacios públicos, el equipamiento y la seguridad jurídica es algo urgente y necesario.

Meyer ha presentado un documento, que plantea la política de trabajo en 7 ejes de rectores:

 

 

 Suelo

 Desarrollo regional

 Política metropolitana

 Desarrollo urbano

 Vivienda

 Movilidad

 Política agraria

 

En la parte de los asuntos que hay que desarrollar y/o mejorar, está la especificación del presupuesto estimado para la resolución de cada acción, los costos y detalles técnicos para llevar a cabo este ambicioso plan. Hay que saber las formas y mecanismos en que se llevarán a cabo estas ideas. Hay que saber cómo se armonizaran y simplificarán los marcos legales, sistemas de planeación, programación, gestión y evaluación para gestionar las ideas.

 

 

Asimismo hay que esperar la respuesta de los millones de habitacionales y viviendas en esta de irregularidad, las viviendas en desuso y/o abandonadas; además las más de 2 millones de viviendas no tienen agua y 1.5 no cuentan con drenaje. A esto hay que sumarle los arrendatarios, los agentes de bienes raíces, los financiamientos y los detalles de gastos e inversión que ello implica.

Tal vez por ahora no veamos grandes cambios. Y si tenemos una actitud poco menos optimista, es posible que solo veamos los comienzos de estos trabajos. Pero hay que tener en cuenta que solucionar los innumerables problemas del país no es fácil. Pero colocar la cuestión sobre la mesa es, quizá por ahora, un gran avance.

Si deseas conocer a fondo los puntos iniciales de Amlopolis, puedes dar clic aquí.

 

 

La CDMX es territorio agrícola que cultiva maíz, amaranto, nopal y maguey
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Los frutos de la sociedad civil en la agricultura urbana, han tenido un fuerte impacto en la cantidad de cultivos y cosechas que existen en toda la CDMX.

La agricultura urbana está haciendo verde nuestra ciudad.

 

La agricultura urbana o periurbana, es decir, la agricultura cultivada en el entorno inmediato de las ciudades, muy a menudo en terrenos previstos para el crecimiento de la ciudad o la dotación de equipamientos o infraestructuras, es cada vez más común en nuestro mundo moderno. Pero hay algo que quizá desconocías de esta práctica, y es que la CDMX la lleva a cabo en más de la mitad de su territorio.

 

 

 

Así es, para la periurbana se pueden usar terrenos privados, públicos o residenciales tanto como pequeños espacios que pueden ser balcones, paredes, techos de edificios, calles públicas o márgenes y antiguos lugares. En muchas ocasiones la agricultura se practica en terrenos ocupados y de propiedades públicas.

La agricultura urbana contribuye a la soberanía alimentaria y ayuda a proporcionar de alimentos seguros incrementando la cantidad disponibles para los habitantes de ciudades, y proveyendo de verduras y frutas frescas para los consumidores urbanos.

 

 

El cultivo y la cosecha a pequeña escala suelen promover el ahorro de energía, la producción local de alimentos, y además de ser actividades sostenibles ayudan en mucho a la comunidad. Pero como toda práctica, requiere de un tipo de gestión ordenada que va más allá de lo agronómico o incluso lo social, debido a su carácter urbanístico.

En la actualidad La Habana es la reina de las ciudades “verdes” en América Latina, con más de 90.000 residentes que practican la producción de alimentos, ya sea cultivando huertos caseros o trabajando en los huertos y las granjas pecuarias comerciales de la ciudad. Y aunque la Ciudad de México conforma una de las aglomeraciones urbanas más grandes del mundo que se concibe como una gran superficie de concreto y asfalto, la mayor parte de la agricultura puede calificarse como periurbana e incluso suburbana y su producción urbana de alimentos aumenta a pasos agigantados.

 

 

Como ejemplo, se suele mencionar el Huerto Romita, un espacio comunitario situado en el corazón de la ciudad para la producción de hortalizas orgánicas. Pero este espacio es solo uno de los más activos de las diversas iniciativas públicas y privadas. De hecho en toda la CDMX existen importantes extensiones de terreno dedicadas a la agricultura, a la ganadería, al ecoturismo, así como terrenos de suelo forestal.

La población activa ocupada en actividades agropecuarias en la CDMX asciende a unas 16 000 personas, en 11 543 unidades de producción familiar. Unas 22 800 ha de tierra se dedican a la producción de cultivos, principalmente en Tlalpan, Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco donde se produce maíz, frutales, hortalizas y animales para el autoconsumo familiar y la venta local, con una producción a mayor escala de nopal (chumbera), amaranto, hortalizas, hierbas y plantas ornamentales para los mercados urbanos y regionales.

 

 

Tan solo el nopal se cultiva en 4,300 ha, más del 90 % de la superficie de cultivos perennes de Milpa Alta; además del maíz y la avena forrajera, así como diferentes hortalizas, plantas ornamentales y frutas como la manzana y el durazno. A esto hay que sumarle la población ganadera estimada en unas 6,650 cabezas de ganado bovino, 30,000 cerdos, 10,000 ovinos y 220 000 aves de corral, y también se obtienen productos como leche, miel y carne.

La calidad de los productos, en algunas ocasiones, suele ser mejor al sustituir químicos como fertilizantes y pesticidas por otros de origen natural. Y al estar cerca de instituciones  académicas de renombre, tiene mayores oportunidades de implementar innovaciones para los cultivos, mejorar las condiciones de producción actual, controlar plagas con elementos biológicos, sustituir abonos orgánicos de origen animal por compostas, lombricompostas y erradicar los productos agroquímicos de los cultivos.

 

 

Desde hace unos años, la Secretaría de Medio Ambiente estableció un sistema de certificación orgánica de México, conocido como Sello Verde, que ha determinado las normas que rigen la práctica de la agricultura ecológica en el Suelo de Conservación.

Asimismo, se ha intentado aumentar la capacidad de captación del agua de lluvia, el tratamiento de aguas residuales con fines de riego agrícola y la rehabilitación de canales, chinampas y parcelas en la zona lacustre, ya que son necesarias para que los agricultores cultiven y cosechen con la calidad requerida.

 

 

También es necesario fomentar la idea de agricultores organizados en cooperativas o en microempresas locales, implementar estrategias para mejorar los suministros de semillas y así bajar los costos y la importación de semillas, ayudando a proteger la agrobiodiversidad y la seguridad alimentaria del país.

Finalmente, los agricultores jóvenes necesitan un acceso seguro a la tierra cultivable de las zonas suburbanas y periurbanas, ya que los precios del suelo se han disparado porque el valor de la tierra se fija según su capacidad de urbanización en lugar de su fertilidad agrícola.

 

 

Pero con todo y los problemas, la agricultura urbana ha pasado a ocupar un lugar destacado en la agenda política del gobierno, de instituciones como SEDEREC, iniciativas de las ONG, organizaciones vecinales y colectivos juveniles.

En esto, la sociedad civil ha tenido una enorme participación en la promoción de la agricultura urbana, estableciendo huertos, azoteas verdes, sembrando árboles en las zonas urbanas e impulsado diversos proyectos de producción hortícola y de plantas medicinales en los que se utilizan envases plásticos reciclados, captación de agua pluvial y abono orgánico.

Lo que los paleontólogos del INAH han descubierto del mamut de Milpa Alta
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Se cree que hace el mamut vivió hace unos 10 000 o 12 000 años en la antigua Santa Ana Tlacotenco, antes de que fuera alcanzado por un derrame de ceniza de algún volcán en erupción –posiblemente el San Miguel–.

De cinco metros y diez toneladas, con unos colmillos de tres metros, pelón y ancho, un Mammuthus columbi fue descubierto hace unos años por un grupo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Este mamut solía habitar en la región de la Cuenca de México hace 10,000 años, entre pastizales y zonas cercanas a los lagos; tales como el poblado de Santa Ana Tlacotenco, en la delegación Milpa Alta. 

 

 

En Santa Ana Tlacotenco, poblado de la delegación Milpa Alta, se encontraron los restos óseos de un mamut que fue sepultado por cenizas volcánicas. Este es uno de los ejemplares que se ha localizado a más altura sobre el nivel del mar, a 2 mil 800 metros, y de los más completos que se han descubierto en la zona del Valle de México.

Con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) comenzaron los trabajos de excavación. Hasta el momento, se ha localizado a poca profundidad un colmillo, así como la mandíbula, el cráneo, las costillas y huesos de los cuartos traseros y delanteros. Con toda esta información, los investigadores confirmaron que son los restos óseos completos de un mamut, el cual se calcula que medía 4 metros de altura y 4 y medio metros de largo.

 

 

De acuerdo con el doctor Luis Barba Pingarrón, del Laboratorio de Prospección Arqueológica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, este sería uno de los primeros ejemplares en México estudiado cuidadosamente con técnicas geofísicas antes de su excavación y al que se le podrán hacer estudios de residuos químicos.

 

 

En diciembre de 2011, pobladores de Santa Ana Tlacotenco, al excavar un terreno de cultivo en donde pensaban construir una barda, encontraron algo que pensaban que eran unas piedras raras, las cuales posteriormente fueron identificadas como los molares del mamut.

 

Estos ejemplares fueron sacados por los dueños del terreno, por lo que los investigadores sólo pudieron conocer el primer hallazgo de esos molares a través de fotografías tomadas por los pobladores. Con las imágenes obtenidas se solicitó la colaboración del Instituto de Geología de la UNAM, quien sugirió buscar el apoyo del INAH, ya que este tipo de hallazgos requieren de una excavación arqueológica-paleontológica.

 

 

De esta manera, el doctor Luis Barba y el paleontólogo Joaquín Arroyo Cabrales, del Laboratorio de Arqueozoología del INAH, acudieron por primera vez al lugar en febrero de 2012 y lo único que encontraron fue el hoyo de donde se habían extraído los molares y muchos fragmentos de huesos dispersos de la superficie.

Los primeros molares extraídos por los pobladores fueron registrados por los investigadores y a través de estudios paleontológicos se identificaron dos molares superiores y uno inferior izquierdo, los cuales se pudo determinar que correspondían a un adulto joven de 40 años de la especie Mamuthus columbi que desapareció hace aproximadamente 10 mil años y es la más común en esta parte del continente americano

 

 

Desde entonces, los investigadores han avanzado un 70 por ciento en el rescate del Mammuthus columbi, localizando la defensa, parte del cráneo, una rama mandibular, costillas y vértebras, parte de las patas delanteras y de las escápulas. De acuerdo con Joaquín Arroyo, especialista en mastofauna cuaternaria, los restos de un mamut macho de las praderas de unos 30 años de edad al morir. 

 

 

Si bien se han descubierto restos de mamut en varios puntos de la Cuenca de México, en áreas cercanas a los lagos, que posiblemente formaron parte de manadas de sitios muy altos como Santa Ana Tlacotenco –2 800 metros sobre el nivel del mar–. De hecho, según el paleontólogo del INAH, es común encontrar aún vestigios de manadas de mamut por la zona, demostrando que a cierta edad los machos se separaban del grupo para buscar pareja: “Quizá sea el caso de este mamut, por eso andaba solo en un sitio tan alto, en una pendiente lejos de los lagos”. 

Se cree que hace el mamut vivió hace unos 10,000 o 12,000 años en la antigua Santa Ana Tlacotenco, antes de que fuera alcanzado por un derrame de ceniza de algún volcán en erupción –posiblemente el San Miguel–. De hecho, los huesos del animal se encontraron rodeados de cenizas volcánicas, tal como quedan después de una erupción; mientras que la tierra que se encontraba a la superficie, más arenosa, eran cenizas modificadas por el tiempo y revueltas con tepetate. 

Este tipo de descubrimientos, permitirán profundizar en el conocimiento de la vida de los mamuts a finales del periodo Pleistoceno y de la geología de Santa Ana Tlacotenco –lo que hoy es un terreno arenoso, en donde los pies se hunden al caminar entre extensas nopaleras con tunas rojas. 

El microcosmos de Nahualac, un adoratorio en las faldas del Iztaccíhuatl (FOTOS)
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Nahualac, el modelo miniatura del universo se ubica junto a un estanque y un adoratorio construido en la época prehispánica.

Un adoratorio y hermoso lago cerca de un volcán activo.

 

El Iztaccíhuatl que en náhuatl significa Iztac, “blanco”; cihuatl, “mujer”, algo así como la “mujer de blancoes un volcán activo ubicado en el centro de México. Es la tercera montaña más alta del país en los límites territoriales de los estados de México y Puebla. Su nombre proviene de su perfil nevado, que desde el valle de México semeja a una mujer yaciente cubierta de un manto blanco.

Desde hace siglos, los ancestros han contemplado a esta montaña cubierta de nieve, a esta silueta de una mujer recostada con el cabello extendido hacia el lado opuesto de su cuerpo, como si estuviera dormida. Debido a su cercanía con la capital cultural, política y económica del imperio mexica, del virreinato de la Nueva España y de la República Mexicana, se han generado un sinnúmero de expresiones artísticas y literarias en torno a esta montaña y a su también mitológico acompañante, el volcán Popocatépetl.

 

 

 

A esta hermosa figura, y a sus cientos de mitos, leyendas e historias, hay que sumarle el reciente descubrimiento del proyecto arqueológico de INAH que ha recuperado numerosos fragmentos cerámicos, materiales líticos, lapidarios y restos orgánicos en sus faldas. Algunos mitos mesoamericanos sobre la creación del mundo señalan que Cipactli (el monstruo de la tierra) flotaba sobre las aguas primigenias y a partir de su cuerpo se creó el cielo y la tierra.

En este sentido, Nahualac, un sitio ubicado en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, podría emular dicha concepción, ya que la existencia de un tetzacualco (adoratorio) en medio de un estanque natural y el efecto óptico que se produce en el espejo de agua, del que pareciera que la estructura emana, hace sugerir que el lugar es la representación de un tiempo y espacio primigenio, un modelo miniatura del universo.

 

 

 

La arqueóloga Iris del Rocío Hernández Bautista, de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien es responsable de la investigación arqueológica, dijo lo siguiente de este magno descubrimiento:

“La intención de que el agua rodeara elementos arquitectónicos rituales específicos parece haber sido una parte importante dentro del pensamiento mesoamericano, lo vemos en Tenochtitlan, o en la Ciudadela, en Teotihuacan, como lo reportaron recientemente Julie Gazzola y Sergio Gómez”.

 

 

 

Desde 2016 un equipo multidisciplinario emprendió una temporada de excavación en la que se recuperaron fragmentos y se descubrieron dos áreas. La primera y principal es un estanque estacional dentro del cual se construyó en la época prehispánica un templo rectangular de piedras apiladas sin ningún tipo de cementante conocido como tetzacualco (de 11.5 x 9.8 metros).

La segunda área se localiza a 150 metros al sureste de la estructura, sobre un amplio valle donde brotan manantiales. Ahí se han hallado piezas cerámicas con elementos decorativos asociados a Tláloc, deidad de la lluvia.

 

 

 

Los materiales líticos es decir, piedras que reúne conjuntos de rasgos característicos que definen un modelo o patrón de artefacto que se repite dentro de una industria prehistórica, se encuentran en proceso de análisis, a través del Proyecto Estilo y Tecnología de los Objetos Lapidarios en el México Antiguo.

Las piezas corresponden a navajillas prismáticas de obsidiana, principalmente, así como a fragmentos de artefactos de pizarra y algunos objetos de esquisto gris y rosa, en los cuales se examinan las huellas de uso y procedencia de materias primas. Sobre los restos orgánicos, se trata de sedimentos en asociación con carbón y fragmentos de un material esquistoso pulido color rosa, recuperados del interior de varios cajetes trípodes dispuestos como ofrenda.

 

 

Nahualac, según estudios de diversos antropólogos y arqueólogos que datan desde el siglo XIX, es la representación de un espacio ritual donde el culto a Tláloc es evidente, ya que también guarda relación con las entidades femeninas del agua y la tierra. Es posible que en la zona haya existido un control ritual del agua proveniente de manantiales cercanos para irrigar el estanque con el objetivo de provocar un efecto visual en el que pareciera que la estructura y los montículos de piedra flotaran sobre el espejo de agua, que a su vez refleja el pasaje circundante.

Como sea, el entorno natural que rodea el estanque es hermoso. También guarda un estrecho vínculo con los significados rituales del espejo y el quincunce mesoamericano, es decir, la representación de los cuatro rumbos del universo, cuyo centro manifiesta el punto de encuentro entre los planos cósmicos.

 

 

Actualmente la actividad del Iztaccíhuatl es sísmica, lo que pone en riesgo la actividad de los arqueólogos en el lugar, así como de las piezas halladas.