Gastronomía
6 restaurantes que se encuentran dentro de asombrosos edificios históricos
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Estas opciones de restaurantes en sitios con una gran legado arquitectónico, harán de tu estancia un viaje gastronómico increíble.

La arquitectura de estos sitios te ayudará a tener una gran experiencia gastronómica.

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La arquitectura que ofrece la ciudad de México está grabada en la memoria de sus visitantes. Atravesar sus calles es como viajar a través del tiempo, donde es posible contemplar las construcciones prehispánicas que exhiben vestigios de importantes culturas, pasando por bellísimas obras que dejan inmortalizado un pasado colonial, hasta rascacielos que deslumbran por su vanguardismo y exponen el concepto de arquitectura globalizada.

Son sus históricas edificaciones capturan la mayoría de las miradas por su peculiar encanto. En estos hermosos edificios es posible escuchar mariachis, comer comida picante y beber tequila. Paisajes extraordinarios, ciudades coloniales, sitios ancestrales y gente amigable hacen de México un destino turístico imperdible. Visitar nuestro país es una experiencia única que combina a la perfección cultura, tradición, misticismo, naturaleza, sabores, calma y adrenalina.

Es por eso que aquí te dejamos algunos de los restaurantes que están en los edificios históricos que se construyeron varios siglos atrás, donde se combina lo mejor y más hermoso de la arquitectura con lo sublime de nuestra gastronomía.

Café de Tacuba

Tacuba 28, Centro Histórico.

Este restaurante lleva más de 1oo años representando la comida tradicional mexicana. Fue en 1912 cuando instalaron este café en una casona del siglo XVII y es el lugar perfecto para ir a desayunar en familia. El mole poblano es un platillo que no te puedes perder.

Tel: 5521 2048

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La Casa de las Sirenas

República de Guatemala #32. Centro histórico de la Ciudad de México

El edificio que alberga a este restaurante data alrededor de 500 años, siendo uno de los más antiguos de la Ciudad de México. Cuenta con una hermosa terraza que tiene vista hacia el Palacio Nacional y La Catedral y el tipo de cocina que se sirve es tradicional y contemporánea, mezclando sabores, colores y aromas para brindar platos de ensueño.

Teléfono 55 5704 3273

Sitio web

 

Limosneros

Allende 3, Centro Histórico

Limosneros restaurante bar deleita los sentidos con un menú de comida mexicana en la calle de Allende. Es uno de los edificios históricos donde sus muros interiores tienen cuatro siglos de antigüedad, y a ellos se debe su nombre, que alude a los diversos materiales que solían donarse durante la Colonia para edificaciones religiosas. Se encuentra en la misma manzana donde opera el ya centenario Café de Tacuba y pertenece a la misma familia propietaria, con una oferta basada en la gastronomía mexicana, que aquí ofrecen en atractivas versiones contemporáneas.

Teléfono:5521 5576.

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Azul Histórico Restaurante

Isabel la Católica 30, Centro Histórico.

 

 

Azul Restaurantes ofrece la comida mexicana del chef Muñoz Zurita. Se encuentra en el patio central de un palacio colonial del siglo XVII que originalmente fue construido para los condes de Miravalle, hoy conocido como Downtown, mismo que también alberga otros restaurantes, locales comerciales y un hotel boutique.

Teléfono: 5510 1316/ 5521 3295.

Sitio web

Hostería Santo Domingo

Belisario Domínguez 70, Centro Histórico.

Este es un gran restaurante en el Centro Histórico de la CDMX que ofrece en su menú chiles en nogada todo el año. Aledaño a la plaza de Santo Domingo, ocupa un espacio que perteneció al vecino convento de Santo Domingo, del que conserva su atmósfera colonial. Es uno de los edificios históricos que se le conoce también como la Catedral del chile en nogada, aunque también dispone de una variada carta de platillos mexicanos, donde no falta el pollo con mole poblano, la pechuga ranchera en nata, y las carnitas y barbacoa los fines de semana.

Teléfono: 5510 1434/ 5526 5276.

Sitio web

La Ópera Bar

5 de Mayo 10, Centro histórico.

En 1876 se inauguró esta cafetería propiedad de unas hermanas francesas, las Boulangeot, que querían recrear la atmósfera y decoración de las cafeterías y confiterías parisinas de la época y atender a los aficionados al bel canto que asistían a las funciones vespertinas del Teatro Nacional. Para las damas y caballeros mexicanos del siglo XIX, tan afrancesados por don Porfirio Díaz, que no escondía su francofilia, el lugar se convirtió en sitio de moda. Las hermanitas se hicieron famosas por su lugar a la francesa, en pleno corazón de la Ciudad de los Palacios.

Teléfono: 55218375

Sitio web

Los suculentos Capulines también son llamados el cerezo mexicano
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Aunque proviene de Canadá, y se cultiva hasta Guatemala, los pequeños capulines se identifican como mexicanos.

Los capulines tienen antioxidantes y son una gran fuente de vitaminas.

 

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El capulín crece de un árbol que desde Canadá llegó a habitar tierras mexicanas desde tiempos prehispánicos y aunque también se le encuentra en Guatemala, sólo aquí lo encuentras en forma de agua, tamal y hasta amuleto.

Pariente del durazno y la cereza por contar con una semilla grande, también se clasifica en la familia de las prunas, las ciruelas, estos frutos que van del rojo intenso al color púrpura y que no suelen tener mucha carnosidad.

 

 

 

El árbol del cual crecen es el capolcuahuitl (capolin, cerezo y cuahuitl, árbol) que alcanza alturas hasta de 15 metros en cuya copa nace una flor blanca que luego se convierte en el pequeño fruto negruzco ? rojizo que todos conocemos.

Este árbol suele crecer en climas cálidos ? húmedos, pero se adapta muy bien a los cálidos, es decir, se puede plantar desde Sonora hasta Chiapas, pero se cultiva principalmente en el Estado de México, Puebla, Veracruz, Jalisco y la CDMX.

 

 

En el pequeño tamaño del capulín se guarda una gran cantidad de vitaminas A, B y C, minerales y ácidos cítrico, málico y cianhídrico, que le dan un sabor agridulce y astringente que deja un regusto amargo que seca en la lengua.

Su sabor no lo hace muy popular pero su fácil digestión y cientos de aplicaciones gastronómicas le han dado mucha fama, porque sí, hay quienes se los comen crudos sin ningún problema, pero para los que no, hay muchas opciones.

 

 

Como nadie quiere perderse de una fuente tan económica y abundante de antioxidantes, el capulín existe en mermeladas, jaleas, jarabes, en licor y aún mejor ¡en capultamal! Un tamal que se elabora mezclando la pulpa con leche vainilla y canela.

En México se producen aproximadamente 227 toneladas de este pequeño fruto con una gran historia y actividad popular, en Morelos, Hidalgo y el Estado de México se usa en arreglos y amuletos para protegerse del mal.

 

 

Para tratar la tos, la diarrea y el dolor abdominal, se hace una infusión de la raíz y las hojas, el resultado se endulza con miel de abeja.  Lo ideal es consumirlo crudo para aprovechar todos sus beneficios.

 

 

Capulines

¿Dónde? Todo México, pero principalmente en los  zona del centro

¿Cuándo? De mayo a agosto

¿Cuánto? Una bolsa de medio kilo puede costar entre $10 y $20 pesos

Foto destacada Criterio Hidalgo

El pozol es la bebida deliciosa y ancestral del sur de México
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Si andas por las tierras de la selva mexicana, es mejor que ubiques dónde se vende el pozol, porque te va a quitar el calor.

La única bebida que también se come es el pozol.

 

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Desde la península de Yucatán pasando por Tabasco, Chiapas, Veracruz y hasta llegar a Oaxaca, el calor hace de las suyas en los turistas que sin saber tienen el mejor de los remedios al alcance de su mano y de todo tipo de bolsillos.

Para muchos es muy raro llegar al calor de Veracruz y ver a medio mundo tomando café, parece inverosímil, pero vaya que ayuda a bajar el bochorno, así pasa con el pozol una bebida que parece extraña pero que es deliciosa y levanta.

 

 

 

Del náhuatl tlapozonalli, hervido o espumoso, también es llamada hujc uy en zoque y k?eyen en maya, la antigua bebida que estaba reservada para las altas esferas de la sociedad se sigue haciendo hoy igual que antes, a base de maíz.

Al maíz nixtamalizado de le vuelve a cocer y a moler para obtener una pasta que se hará bolas de masa. En un vaso de agua fresca endulzada o con sal y chile se agregan estas bolas para que se deshagan y listo, ahí está el pozol en sus presentaciones, dulce y salado.

 

 

Muchos dicen que el pozol es como un atole frío, lo cual puede resultar extraño, pero no hay como probar para juzgar sobre todo porque hoy se puede encontrar mezclado con otros ingredientes y también dependiendo de la región con otros nombres.

En Tabasco, por ejemplo, existe el chorote que es esta bebida, pero con cacao. Pero también hay pozol con coco, o el pozol agrio que se envuelve en hoja de to para dejar fermentar, en Chiapas se elabora uno con hoja de guan.

El nambimbo es una fruta que crece en Chiapas y que se agrega antes de la masa, el cacao, piloncillo, sal y el chile; si este resulta muy extravagante no te pierdas el zapoyol, que se elabora con mamey y piloncillo rallado.

 

 

Con los años el pozol pasó al consumo de los hombres del campo que solían llevar su jícara o un cuenco de barro y las bolitas de maíz envueltas en hojas de plátano u otras hiervas para prepararlo en el campo cuando el cansancio empieza a sentirse.

Hoy se sigue sirviendo en cuencos o jícaras, pero su efecto y sabor lo llevaron a toda la población, incluso a los extranjeros que se animan más a probarlo como una bebida gourmet en restaurantes, aunque en realidad es una bebida de venta callejera.

 

 

Pozol

¿Dónde?  En mercados y puestos del sur de México

¿Cuándo? Todo el año

¿Cuánto? Entre $10 y $30 pesos

Foto destacada Instituto Gastronómico

Hermosa sandia amarilla: el fresco poder de los carotenoides
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La sandía amarilla es baja en sodio y potasio, es ideal para diabéticos, hipertensos y como dulce para los que no quieren caramelos.

La sandía amarilla es amiga del limón y el chamoy con bajo aporte calórico.

 

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La sandía, la representación misma de la frescura, salió del desierto del Kalahari para llegar a España y luego arribar a la tierra azteca por ahí del siglo XVII, desde entonces, se ha consumido en México con singular alegría y hasta en su versión amarilla.

 

 

¿De dónde salió?

Algunos agricultores afirman que la sandía amarilla surge de manera natural. Una de las teorías es que se debe al tipo de mineralización de la tierra en la que siembra, otra es, que esta coloración se debe a una polinización natural que combinó propiedades de la calabaza y la sandía.

Tampoco se trata de una especie diferente a la roja, se trata sólo del cambio en su pigmentación a causa de la presencia de carotenoides durante el proceso de la fotosíntesis.

 

 

¿Por qué es amarilla?

Y son precisamente los carotenoides los que le dan el color amarillo a la sandía, el pigmento que además indica otros cambios que no vemos a simple vista, por ejemplo, la alta concentración en citrulina, un aminoácido vasodilatador.

 

 

¿Cuáles son sus maravillas?

 

Así como su versión colorada, la sandía amarilla es muy buen para hidratarnos, pero ésta suculenta versión que dicen es más dulce, aporta muchos otros beneficios a nuestro organismo, como la alta cantidad de calcio.

Además de repetir las vitaminas A y C que tiene la sandía roja, pero con mayor concentración, también es aporta una generosa cantidad de hierro, que apoya la recuperación de la anemia y otras enfermedades.

 

 

Sus aminoácidos son ideales para combatir la hipertensión y la diabetes. Lo último que sabe de sus aportaciones a la salud es que los carotenoides previenen las enfermedades degenerativas de los ojos ¡cuántos hubiéramos querido saber esto antes!

Afortunadamente para nosotros la sandía amarilla se cultiva en México durante todo el año, pero tampoco es que sea fácil de conseguir. Si te mueres por probarla la puedes adquirir en línea o en la Central de Abastos por medio de sus servicios a distancia.

 

 

Sandía Amarilla

Dónde: Central de Abastos de la CDMX

Cuando: Todo el año

Cuánto: $99 pesos

Foto destacada Amifruit

El café de olla es una importante herencia de la Revolución Mexicana
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El café de olla es una bebida que además de llenarnos de energía por la mañana nos hace sentir reconfortados con su aroma.

El café de olla es una bebida para la batalla de todos los días.

 

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Originario de Etiopia, el café llegó a México durante el siglo XVIII por el puerto de Veracruz, hay quienes creen que proveniente de Cuba a finales del año 1700, desde entonces tomó un lugar importante en nuestra historia.

México es el primer productor mundial de café orgánico, los estados con mayor producción son Chiapas, Veracruz, Puebla, Oaxaca y Guerrero, pero en total hay 14 estado productores de un café que muchos ya quisieran.

 

 

Por ser un clásico que existe en todo el mundo, es muy difícil renovarlo o resignificarlo, pero no para las Adelitas, que durante la Revolución Mexicana le dieron otro nivel a una bebida que ya sola es muy aromática.

Las Adelitas o soldaderas participaron en el desarrollo de la Revolución Mexicana, incluso hicieron un llamado a las armas antes que le mismo Madero. Mujeres de todas las edades, acompañaban a los regimientos para hacer de soldados, enfermeras y abastecer de alimentos a los campamentos.

 

 

Los regimientos andaban para todos lados, viajando en caravanas, a caballo y a pie, cargar únicamente con lo necesario era una obligación y por supuesto, había artículos de cocina indispensables, como las ollas de barro.

De entre los alimentos, el indispensable era el café, que servía para avispar las mentes de hombres y niños, la leche suponía un lujo. Por las condiciones en las que viajaban el café lo cargaban en grano entero dando como resultado un café bastante insípido.

 

 

Bajo el ingenio de las adelitas el café se reinventó bajo el nombre que le da vida "café de olla" y que todavía hoy es un clásico de las reuniones familiares, de las frías mañanas de campamento o de las tardes de soledad en las que necesitamos conformarnos.

Originalmente el café de olla consiste en la infusión del grano del café con canela el cual se endulza con piloncillo, pero con el tiempo han surgido nuevas recetas que parten de los ingredientes básicos.

 

 

Para prepararlo se necesita una olla preferentemente de barro, en la cual se pone a hervir 1 litro de agua, cuando entra en ebullición se agrega una rajita de canela, 200 gramos de piloncillo y un clavo de olor, cuando el piloncillo se deshace por completo viene el café.

Aquí viene el truco. Si se agrega café muy molido se obtendrá una bebida amarga que dominará el olor y el sabor, el punto es agregar en paño o en un infusionador, café de molido tosco o para prensa francesa.  

 

 

El fuego se apaga y se deja reposar 10 minutos, si quiere uno ponerse gourmet se puede agregar anís estrella y ralladura de naranja. De ser posible se sirve en tarro de barro y se acompaña tradicionalmente con algún pan o galleta para remojar.

 

 

¿Cafecito de olla?

Dónde: sobre todo en el centro del país

Cuando: todo el año

Cuánto: entre $12 y 15 $pesos por taza

Foto destacada El rincón de Sarita

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