Arte y Cultura
Tesoros escondidos, el precioso jardín sonoro de la Fonoteca Nacional
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En este increíble espacio, con más de 37 mil audios cuentan una historia de México a través de los sonidos como lenguaje.

En la época de la imagen estamos acostumbrados a que esta pareciera ser el vestigio más poderoso para documentar la realidad. Sin embargo, hay otros estímulos en el entorno que influencian la manera en que vemos el mundo y entendemos la existencia en cada cultura, como los olores, los sabores y, por su puesto, los sonidos.

Los sonidos, ese mar de alicientes que hablan casi inadvertidamente a la par de la imagen, hacen que las ciudades tengan sus particularidades; asimismo, cada ecosistema tiene su propio acervo de sonidos que han influido en cada una de las cosas que ahora creemos.

 

 

 

Por lo anterior, en el mundo de las artes, más allá de la música, los sonidos son un eslabón esencial de la creación y las reflexiones más trascendentales. Por ello, en 1980 la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura) reconoció el valor patrimonial de los archivos sonoros del mundo y de cada país. Así, luego de que se crearan en los años 70 en México indudables casas de resguardo del patrimonio cultural del país como la Filomoteca de la UNAM o la Cineteca Nacional, en 2004 se generó la primera gran institución para salvaguardar el archivo sonoro: la Fonoteca Nacional.

La Casa Alvarado, construida en el siglo XVII, de gran valor colonial y ubicada en el antiguo y bello barrio de Coyoacán, fue elegida como el recinto cardinal de la Fonoteca Nacional. Ahí se almacenan las documentaciones sonoras más importantes del país, desde piezas musicales hasta pedazos de intervenciones sonoras con poesía, piezas de arte sonoro, radionovelas, registros sonoros grabados por personas voluntarias, etcétera.

 

 

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En la Fonoteca Nacional encontrarás conciertos, charlas, conferencias, y en su hermoso jardín sonoro siempre podrás disfrutar de alguna pieza experimental. Esta institución resguarda más de 37 mil horas de archivos sonoros, que también incluyen entrevistas y programas de radio, que inundaron el gusto cultural de los mexicanos durante décadas.

 

 

 

 

En la versión digital del acervo de la Fonoteca podrás topar, entre otros proyectos, un Mapa Sonoro de México: una plataforma a la que cualquier persona puede subir sus archivos sobre documentación sonora en el país, algunas estaciones de radio con lo mejor de la digitalización de muchas piezas de la Fonoteca, y podrás enterarte de los eventos que suceden constantemente en el lugar.

 

 

Aunque tiene una vocación histórica, la Fonoteca Nacional también es un espacio vanguardista, donde artistas sonoros muy experimentales encuentran un espacio para dar a conocer sus obras. Se trata de un homenaje, un reconocimiento a todos aquellos estímulos auditivos que hacen que México conforme lo que representa. Un legado de audios que cuentan un país desde otro lenguaje, uno más discreto pero igualmente poderoso.

 

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Fonoteca Nacional

Dirección: Avenida Francisco Sosa 383, barrio de Santa Catarina, del. Coyoacán, 04010, Ciudad de México, DF

Ver Mapa.

Cómo llegar: las estaciones de metro más cercanas son Miguel Ángel de Quevedo y Viveros.

Para mayor información da clic aquí.

Conoce los antiguos conventos de la Nueva España en este recorrido cultural
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Conoce la tumba de Sor Juana y contempla cada estructura arquitectónica de estos conventos femeninos.

Dentro de nuestro patrimonio cultural, la arquitectura de las iglesias y conventos son punto clave para entender el contexto en el que se desarrollaron las mejores ideas estéticas y artísticas de nuestra historia. La Nueva España, como se le conocía a México durante los siglos XVI al XIX, construyó cientos de claustros y conventos, donde las mujeres entraban, no únicamente para servir a Dios, sino para convertirse en intelectuales

Si quieres conocer estos espacios más a fondo, habrá un recorrido cultural a cargo de arqueólogos de la ENAH y estudiantes de Historia de la UNAM, quienes te mostrarán la arquitectura barroca de estos Conventos Femeninos y te brindarán materiales recreativos con los que aprenderás todo lo relacionado con el contexto histórico y social de la época. 

 

 

El recorrido se llevará a cabo en Centro Histórico.

La simbolización en los roles sociales de las mujeres que habitaban estos conventos será un punto clave a analizar, ya que te empaparás de la inminencia de personajes como Sor Juana Inés de la Cruz, la poeta y ensayista mexicana que habitó el Convento de San Jerónimo (uno de los lugares a visitar), un recinto en el corazón de la ciudad que, actualmente, rige como la Universidad del Claustro de Sor Juana, una casa de estudios para aquellos que están interesados en artes y humanidades. 

 

 

 

También visitarás los conventos Balvanera, Jesús María, la iglesia de Santa Inés y el Templo de Regina Coelli. Cada uno de estos espacios tendrá una historia que contar, ya que aunque  algunos no continúen sirviendo como monasterios, albergan asilos, espacios culturales y museos en su interior. 

Lo más relevante será hablar sobre las mujeres que vivían en estos espacios, su vida cotidiana, actos de Fe sobre lo que representaba ser una esposa mística de Cristo y  las principales órdenes de monjas que había en la ciudad. comprobarás que la vida virreinal era más complicada de lo que nos hicieron ver en la escuela…

 

 

Nunca es tarde (o temprano) para aprender, por ello este recorrido será para todas las edades. Anímate a una experiencia totalmente diferente y enriquecedora, lleva a tus personas favoritas y pasen una tarde llena de cultura y estructuras arquitectónicas inigualables. El punto de reunión será en Regina Coelli, ubicado a tres calles del metro Isabel la Católica. 

 

 

 

Conventos femeninos en el Centro Histórico

Dónde: Regina Coelli. Calle Regina 3, Centro Histórico.

Cuándo: Sábado 21 de septiembre, 11:00 am.

Precio: $100. compra tus boletos en Boletia

 

5 deslumbrantes pintores indígenas de talla internacional
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Estos pintores representan la continuidad de nuestras tradiciones y diversos modos de ver simbolizar y ver el mundo con lo peculiar de su estética.

Estos pintores son reconocidos por su pintura cercana a las raíces mexicanas.

 

Cada día son más indígenas mexicanos los que se destacan en el deporte, la música, la literatura e incluso en la política. Esta ocasión es hora de reconocer a los pintores que han atravesado caminos complicados para obtener reconocimiento; porque pocos los ayudan y solo otros pocos recomiendan y confían en que el trabajo de los indígenas pueda llegar a una galería o al mundo mercado del arte.

Uno de los artistas más conocidos es Francisco Toledo de origen zapoteco; un artista plástico, luchador social, ambientalista, promotor cultural y filántropo, que ha apoyado numerosas causas enfocadas a la promoción y conservación del patrimonio artístico de México. Pero ahora nos concentraremos en figuras poco menos conocidas, pero no por eso, menos talentosas.

Así que aquí te dejamos a cinco pintores indígenas para conocer su obra.

 

Jorge Domínguez Cruz

Huasteco

 

 

 

Mata de Otate es una comunidad tének (huasteca) con 500 habitantes, en el municipio de Chontla, en el norte de Veracruz, donde difícilmente llegan acuarelas y pinceles, menos hay maestros ni guías de dibujo, así que Dominguez Cruz dibujaba como podía incluso en la tierra. Hoy en día, este artista ha exhibido obra en EU, Europa, sobre todo en Berlín, Alemania. Este artista autodidacta ha pintado orgulloso sus raíces indígenas lo que le ha dado reconocimiento a su trabajo en el extranjero.

 

Filogonio Velasco Naxin

Mazateco

 

 

 

Filogonio Naxin inventaba trazos y figuras simulando que escribía lo que decían sus maestros de primaria, dictaban en castellano en la primaria de su comunidad mazateca Mazatlán Villa de Flores, Oaxaca. Sus manos inquietas no han dejado de crear y buscar nuevos lienzos para compartir un mundo que algunos han descrito como surrealismo mazateco y que hoy en día expone en muchas partes del mundo.

 

Gregorio Méndez

Masehual

 

 

 

 

Gregorio Méndez Nava es un pintor la comunidad de San Andrés Tzicuilan, del municipio de Cuetzalan del Progreso, Puebla, que se ha convertido en el cronista visual de la historia pasada, actual, y actualizada del pueblo masehual. Méndez alberga en su galería decenas de obras, que con coloridos trazos donde las raíces de esa tierra están protegidas por los aceites de sus óleos.

 

Rigoberto Gómez Sántiz

Tzeltal

 

 

 

Rigoberto Gómez Sántiz se acerca al dibujo y la pintura en los talleres de artes de la casa de la cultura de Pantelhó y posteriormente gana diversos premios. Asiste a cursos impartidos por el maestro Gabriel Gallegos, y estudia Artes Visuales con especialidad en pintura y estudios en dibujo, serigrafía, fotografía, escultura y grabado. Sus obras han sido expuestas desde Chiapas hasta la ciudad de México.

 

Darwin Cruz

Cho´l

 

 

 

Darwin Cruz es de Zinacantán, Chiapas y descendiente maya. Su búsqueda se basa en el boca a boca entre generaciones, las leyendas y los personajes que aparecen en la cosmovisión chol. Creían que todas las montañas, ríos y cuevas estaban protegidas por seres sobrenaturales con apariencia humana, espíritus del inframundo. Describe el misticismo y la magia de su infancia y herencia.

Foto de portada Jorge Domínguez Cruz

Una replica del estudio de Leonora Carrington en la Casa de la Primera Imprenta
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Una réplica con objetos originales de la casa de Leonora Carrington tomará las dos salas de exposición de la recién remodelada Casa de la Primera Imprenta de América.

Durante años, la pintora surrealista, Leonora Carrington habitó una casona en la Roma. ahora se podrá visitar una replica de ella en el Centro Histórico.

 

La convirtió en su pequeño universo de inspiración, su musa. Según datos sobre su estancia, Carrington vivió entre la colonia Roma y Condesa, en unas 40 manzanas. Vivió junto a Remedios Varo, y pasó gran tiempo con otros de sus excéntricos amigos (como Julio Cortazar y Aldoux Huxley) por las calles de su vecindario mexicano. 

 

casa leonora carrington sera museo

 

Fue aquí donde realizó buena parte de sus mejores obras (donde habría de crear un puñado de esculturas para mostrarlas por toda la ciudad) y donde finalmente murió, en 2011. Recientemente se dio a conocer que la casa que habitó hasta entonces será convertida en museo.

El inmueble de la calle de Chihuahua #194, en la colonia Roma, se encuentra prácticamente intacto desde que la surrealista partiera de este mundo. 

 

 

Ahora, una réplica con objetos originales de la casa de Leonora Carrington tomará las dos salas de exposición de la recién remodelada Casa de la Primera Imprenta de América. Fotografías, esculturas, pinturas, cuadernos, material multimedia y objetos personales darán cuenta de cómo es por dentro el que fuera hogar de la artista surrealista en la colonia Roma, de la CDMX.

 

 

“Como todavía no se puede visitar, sacamos la casa de Leonora para que se vaya conociendo. Se desmontó parte de la casa para llevarla a la galería. Se muestran objetos, obra de arte y el concepto que tenemos para convertirla en casa-estudio”, refiere Francisco Mata Rosas, coordinador general de Difusión de la UAM, institución que adquirió el inmueble en 2017 para hacerla museo.

 

 

Una recreación de la cocina de Carrington, sitio emblemático de su casa, ocupará una sección importante de la muestra con objetos originales, señala Mata Rosas. Además, siete esculturas, pinturas y fotografías llevarán al espectador hasta la intimidad de la artista fallecida en 2011. Leonora íntima: objetos y memoria. Un proyecto de la Casa-Estudio Leonora Carrington abre al público el 25 de septiembre y permanecerá tres meses.

 

 

La exhibición dará motivo a una serie de actividades, como talleres de literatura y manualidades, mesas de análisis sobre el feminismo y un ciclo de cine surrealista. Y con la réplica del hogar reabre la Casa de la Primera Imprenta de América después de ser sometida a un proceso de remodelación supervisado por el INAH.

 

 

Con una inversión de 230 mdp, obtenidos a través de apoyos institucionales, el inmueble ubicado en la calle Primo de Verdad luce una fachada remozada, auditorio, dos galerías, librería y espacios para talleres. La intención es introducirla al circuito de centros culturales en el Centro Histórico.

 

 

Replica Casa-estudio Leonora Carrington

Dónde: Casa de la Primera Imprenta de América

Dirección: Lic. Primo Verdad no.10, Centro Histórico de la Cdad. de México, Centro, 06010 Ciudad de México, CDMX

Cuándo: 25 de septiembre

Visitas Guiadas: de 10:00 a 17:00 horas

Previa reservación: 55-22-1535  y 55-22-16-75

igcarrion@correo.uam.mx

 

Con info del Heraldo de México

 

Cuauhtémoc: el último tlatoani mexica y combatiente de Hernán Cortés
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Cuauhtémoc  fue el último tlatoani mexica quien tomó el mando de su pueblo en medio de la guerra definitiva con los españoles.

Cuauhtémoc, el tlatoani que defendió México-Tenochtitlan de los españoles.

 

 

 Cuauhtémoc, en náhuatl “el águila que descendió” fue conocido por los conquistadores españoles como Guatemuz, y el último tlatoani mexica de México-Tenochtitlan. Asumió el poder en 1520, un año antes de la toma de Tenochtitlan por Hernán Cortés y sus tropas.

Cuahtémoc fue hijo de Ahuizotl, primo de Moctezuma Xocoyotzin y Tecuichpo, cuando asumió el poder los conquistadores ya habían sido expulsados de Tenochtitlan, pero la ciudad estaba devastada por el hambre, la viruela, y la falta de agua potable.

 

 

A la llegada de los españoles a Tenochtitlan, Cuauhtémoc era un joven guerrero que había recibido, alrededor de 1515 d.C., el cargo de tlacatécatl en la ciudad de Tlatelolco. Contaba con los méritos suficientes para tal nombramiento: era de origen tenochca, pertenecía al linaje gobernante y se había destacado en el campo de batalla, todo ello junto con su relación por vía materna con la nobleza local.

El joven príncipe asistió al calmecac, el centro de instrucción de todos los nobles, y al cumplir los 15 años completó su educación en el telpochcali, la escuela obligatoria en la que todos los varones aztecas recibían la formación militar. Pronto destacó como combatiente, y tras alcanzar el grado de tlacatécatl lideró los ejércitos de Moctezuma en diversas campañas, lo que le valió el mando militar de Tlatelolco, la ciudad gemela de Tenochtitlán.

 

 

 

Tras la matanza cometida por Pedro de Alvarado en el Templo Mayor, el 20 de mayo de 1520, Cuauhtémoc se sumó a la rebelión contra los invasores. El 30 de junio, en la conocida escena en la que Moctezuma salió a una azotea de su palacio para intentar calmar los ánimos de sus compatriotas, Cuauhtémoc lo imprecó con violencia: “¿Qué es lo que dice ese bellaco de Moctezuma, mujer de los españoles, que tal se puede llamar, pues con ánimo mujeril se entregó a ellos de puro miedo y asegurándose nos ha puesto todos en este trabajo? No le queremos obedecer, porque ya no es nuestro rey, y como a vil hombre le hemos de dar el castigo y pago”.

Una fuente afirma incluso que de su mano partió una de las piedras que mataron al emperador. El príncipe participó en primera línea en la expulsión de los españoles de Tenochtitlán, durante la llamada Noche Triste. Cuauhtémoc, el último tlatoani se preparó para defender su capital de la contraofensiva de Cortés, que comandaba un ejército formado por 900 españoles y 150.000 aliados. Ordenó hacer más profundas las acequias, izar los puentes que unían la ciudad a tierra firme y hacer acopio de armas y víveres para llenar los silos de Tenochtitlán.

 

 

 

Se reunió con tarascos y tlaxcaltecas, sus eternos enemigos, para apelar a la unidad indígena frente al extranjero y ofreció a sus tributarios importantes ventajas fiscales a cambio de su lealtad. Cuando Cortés se aproximó a la ciudad, Cuauhtémoc rechazó todas las ofertas de rendición e incluso hizo ejecutar a dos hijos de Moctezuma partidarios de la negociación. A pesar de todos los preparativos llevados a cabo por Cuauhtémoc, nada impidió que los españoles pusieran sitio a Tenochtitlán y la bloquearan gracias a los bergantines que construyeron para navegar por la laguna que rodeaba la ciudad.

Esto obligó a Cuauhtémoc y los suyos a retirarse a Tlatelolco, donde “de hambre y sed morirían, porque no tenían que beber sino agua salada de la laguna”. En poco tiempo, la situación se volvió desesperada y así lo comunicó Cuauhtémoc a sus generales, pero éstos resolvieron seguir con la guerra. El tlatoani les advirtió que “en adelante ninguno osase demandarle paces o lo mataría”.

 

 

 

A finales de julio de 1521, los templos ardían, los cadáveres llenaban las calles y los indígenas que combatían junto a Cortés hacían estragos entre los odiados mexicas. Cuauhtémoc seguía decidido a no rendirse, hasta que el 13 de agosto, cuando los españoles y sus aliados dieron el asalto final a Tlatelolco, trató de escapar en una canoa junto con su familia y algunos altos dignatarios para proseguir la lucha en otro lugar.

Sin embargo, los españoles divisaron a lo lejos la canoa en la que huía el emperador y le cortaron el paso con un bergantín, ante lo cual Cuauhtémoc, “viendo que era mucha la fuerza de los enemigos, que le amenazaban con sus ballestas y escopetas, se rindió”. Cuauhtémoc fue llevado a presencia de Cortés, que había asistido a la batalla final, el tlatoani exclamó ante el conquistador: “¡Ah capitán! Ya yo he hecho todo mi poder para defender mi reino y librarlo de vuestras manos, y pues no ha sido mi fortuna favorable, quitadme la vida, que será muy justo, y con esto acabaréis el reino mexicano”.

 

 

 

Los conquistadores tenían la vista puesta en el oro, y particularmente en el tesoro que habían dejado en Tenochtitlán tras su huida durante la Noche Triste. Cortés se reunió de nuevo con Cuauhtémoc para preguntarle dónde estaba el oro, y decidió someterlo a tortura para arrancarle una confesión. Lo ataron a un poste y metieron sus pies, tal vez también sus manos, en aceite hirviendo. Al ver que su primo, el señor del Estado aliado de Tacuba, le suplicaba con la mirada que confesara, Cuauhtémoc “lo miró con ira y le preguntó si estaba él en algún deleite o baño”. Finalmente explicó que, poco antes de la caída de la ciudad, los dioses le habían revelado que el fin de Tenochtitlán era inevitable, tras lo que ordenó arrojar todo el oro a un pozo en la laguna. Los buceadores españoles, sin embargo, no encontraron allí nada de valor.

En octubre de 1524, Cortés salió de Tenochtitlán en dirección a Honduras para reprimir la rebelión de otro conquistador, Cristóbal de Olid. Se llevó consigo al tlatoani y sus principales a fin de evitar una insurrección en México. El 28 de febrero de 1525, Cortés ordenó que interrogaran por separado a Cuauhtémoc y al señor de Tacuba y “sin haber más probanzas los mandó ahorcar. Y fue esta muerte que les dieron muy injustamente dada, y pareció mal a todos”, sentenció el cronista