Los majestuosos borregos cimarrones del norte mexicano
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Los borregos cimarrones son una especie protegida, pacífica que se encuentra en mitos y leyendas del norte mexicano.

Los borregos cimarrones se caracterizan por sus enormes y preciosos cuernos.

 

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El borrego cimarrón u Ovis canadensis es una especie de oveja, preciosa, por cierto, que es nativa de América. Se caracteriza por sus enormes cuernos  que pueden pesar hasta 14 kg. En la antigüedad, había millones de borregos cimarrones siendo parte de la mitología de los Nativos del norte de México y el sur de los EU.

 

 

No obstante, para 1900, la población se había reducido a varios miles, debido a enfermedades introducidas por el ganado europeo y la caza excesiva. El borrego cimarrón se extiende desde el suroeste de Canadá hasta México. Varían en color de marrón claro a grisáceo u oscuro, marrón chocolate, con una rabadilla blanca y un revestimiento en la parte posterior de las cuatro patas.

 

 

Los cimarrones son bastante grandes, y se han registrado machos que superan los 230 kg. La subespecie del borrego cimarrón del desierto es autóctona de los cálidos ecosistemas del desierto del suroeste de Estados Unidos y México. Suele habitar prados alpinos, laderas de montañas cubiertas de hierba y zonas de colinas cerca de acantilados y acantilados escarpados y rocosos.

Los cimarrones están bien adaptados a escalar terrenos empinados, donde buscan refugio de los depredadores donde se resguarda de coyotes, linces, zorros grises, jaguares, ocelotes, linces y águilas reales .

 

 

El borrego cimarrón estaba se ha visto diezmado debido a la caza no reglamentada, la destrucción del hábitat, el pastoreo excesivo de los pastizales y las enfermedades contraídas por el ganado doméstico contribuyeron a la disminución, la más drástica ocurrió entre 1870 y 1950.

El borrego cimarrón se encontraba entre los animales más admirados del pueblo Apsaalooka, quienes cazan por su carne y cuernos, que se utilizan en ceremonias, como alimento y como trofeos de caza. También sirven como fuente de ecoturismo, ya que los turistas vienen a ver al borrego cimarrón en su hábitat nativo.

 

 

El borrego cimarrón mexicano habitaba hasta prácticamente todo el centro de Coahuila, Chihuahua, Sonora, Baja California. Actualmente, las poblaciones silvestres que quedan están en el área de Baja California, tanto norte como sur, y una parte de Sonora.

Son animales que viven en el desierto, les gusta estar en áreas escarpadas, en zonas rocosas, en áreas altas donde se van a proteger de los vientos, sobre todo vientos del norte que les pueden causar problemas respiratorios.

 

 

Los borregos cimarrones son herbívoros, su dieta principal, en tiempos secos, es de pastos y ramas de ciertos árboles; en tiempo de lluvias, comen follaje fresco. Son rumiantes con un estómago especial que, gracias a una serie de bacterias, puede digerir la celulosa.

Los ranchos cinegéticos son territorios o zonas donde se reproduce una especie de fauna regional para su conservación y aprovechamiento económico, a través de la cacería controlada, responsable y autorizada por el gobierno. Esta alternativa es uno de los principales medios para la supervivencia del borrego cimarrón en el norte de México.

 

 

Los borregos y los alces aprenden a optimizar nuevas rutas con el paso del tiempo; cuanto más sobrevive una población en un hábitat nuevo, más eficazmente pueden surfear sus integrantes.

Un rebaño de borregos cimarrones puede tardar 50 o 60 años hasta que la mitad del grupo sea experto en conocer las rutas de migración.

Foto destacada Rada

Olinalá, una técnica oriental apropiada por artesanos guerrerenses
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Las piezas de Olinalá son la joya real de las artesanías mexicanas, conoce qué tiene que ver la Nao de China con ellas.

Foto destacada: Sur Digital

Conoce más sobre el significado de la palabra Olinalá, técnica de laqueado artesanal con denominación de origen.

 

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Pegadito a Puebla, pero en la región montañosa de Guerrero, se encuentra Olinalá palabra que proviene del náhuatl y significa "lugar de terremotos"; pese a la fama de la zona, ese nombre fue tomado por la abundancia del árbol lináloe.

El árbol lináloe posee una preciosa madera blanca que expide un aroma fragante que perdura muchos años aún convertida en cajita, forma que pintada le ha dado mucha fama y hasta denominación de origen a las Lacas de Olinalá.

Esta es una técnica de laqueado artesanal originaria del pueblo prehispánico del mismo nombre, que consiste en la impermeabilización y decoración artística de objetos de madera o corteza vegetal del árbol de lináloe.

 

 

 

Cajitas de Olinalá

 

No necesitas tenerlas a la vista porque su fragancia las hace manifiestas en cualquier tienda de artesanías, las cajitas de Olinalá son piezas de mucho valor por su madera, su técnica impecable de pintura y claro, por su diseño tan mexicano, tan de Guerrero.

Además de las cajitas, la técnica de laqueado y el estilo del diseño de las piezas de Olinalá se pueden ver en grandes baúles, muebles, biombos, todo tipo de muebles y adornos que puedan hacerse con la madera que expone con mucho color un importante legado histórico y cultural.

 

 

Así se hacen las cajitas de Olinalá

 

En términos técnicos, el Olinalá es una técnica de laqueado que aprendieron los guerrerenses imitando las bellas piezas cerámicas que llegaban desde el oriente entre los siglos XVI y XVII en el Galeón de Manila, mejor conocido como la Nao de China.

Después de talar el árbol, la madera del lináloe se trata con una mezcla de linaza con aceite de chía, tierra blanca y tierra tecoztle para evitar las polillas y rellenar los huecos. La madera se corta conforme a la pieza que se necesite, se arma y se pinta del color predominante, casi siempre es el negro.

 

 

El tradicional color negro de las piezas de Olinalá se crea con carbón de encino y polvo de piedra tolte (toctetl) que es óxido de hierro, el resto de los colores como verde, azul o rosa, se crean con una mezcla de 80% polvo de piedra y el esto de pintura artificial.

Los diseños de Olinalá más frecuentes presentan elementos de la flora y la fauna locales, rosas, jaguares, pensamientos, árboles, aves y paisajes son dibujados y aplicados hábilmente por los artesanos que se valen de herramientas prehispánicas.

 

 

Las lacas de Olinalá son trabajadas con rayado, vaciado, punteado y bajo relieve que se realizan con "pinceles" de plumas de gallina, espinas de huizache o maguey, con una cola de venado se dispersan los polvos y con una piedra se compactan sobre la madera para bruñirla.

Algunas piezas llevan elementos de plata y oro que aumentan el precio de estas artesanías que suelen tener un costo promedio que va de $800 a los $2000 pesos, precios que varían de acuerdo con el objeto, el tamaño, si fue hecho en un taller o con un artesano independiente, y si hay algún intermediario.

 

 

En Olinalá, Guerrero, existen alrededor 500 talleres y el Instituto de Capacitación Para el Trabajo de Olinalá donde se enseña a artesanos, artesanas y creadores a vender su trabajo y cobrar justo por su labor artística.

Las piezas de Olinalá cuentan con Denominación de Origen sólo si están manufacturadas en la comunidad, con madera de Olinalá, los materiales y las técnicas tradicionales; adquirir cualquier pieza en línea representa un riesgo, pues irónicamente podrías comprar una réplica China.

 

 

Lacas de Olinalá

¿Dónde? Olinalá, Guerrero. Desde la CDMX es un viaje de 5 horas y media pasando por Cuautla, Morelos.

¿Cuándo? Todo el año

¿Cuánto?  Puedes encontrar pequeñas cajas e Olinalá hasta en $300 pesos

Chalupas poblanas ¿prehispánicas, coloniales o ninguna de las dos?
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El origen de las chalupas poblanas es tan polémico como la salsa que las baña, pero su sabor es otro encanto que nos regaló Puebla.

Foto destacada: Puebleando Ando

Las Chalupas Poblanas son una de las deliciosas garnachas de nuestro país.

 

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La palabra chalupa en México tiene 2 acepciones, la que refiere a la embarcación y la que define a la deliciosa garnacha poblana que combina maíz y salsa a niveles celestiales, su sencillez no demerita el arduo trabajo de quien las preparan, pero sí exige buena sazón. Hablemos de las chalupas poblanas.

 

¿Por qué las chalupas se llaman así?

 

Las chalupas poblanas son todo un asunto de debate desde su nombre. Se dice que fueron nombradas así porque su forma se parece a las canoas que se usaban para navegar los canales de la gran Tenochtitlán.

 

 

Otros tantos argumentan que el nombre viene del vocablo vasco txalupa, que significa barco; así que también podría ser una combinación de las dos teorías. Pero lo último que se dijo al respecto es que el nombre de las chalupas se acuñó hasta los años treinta del siglo XX.

 

Pero ¿qué son las chalupas?

 

 

Las chalupas poblanas son muy sencillas. En un platón se colocan mínimo dos, pero pueden ser más, se tratan de tortillas gruesas de maíz que se fríen para después se bañadas de salsa roja o verde (o las dos) y adornadas con carne deshebrada encima.

Su sencilla descripción, maíz más salsa, le dan cercanía a la comida prehispánica. Sin embargo, pareciera que el nombre también determina la procedencia, así que tomando encuentra que su nombre puede ser vasco, su origen entra en una interesante polémica muy poblana.

 

 

A diferencia de muchos platillos mexicanos que fueron ideados por monjas, las chalupas fueron creadas por frailes que llegaron a evangelizar la zona de Puebla, quienes considerando la seca la mezclar de masa de maíz con el pollo le agregaron salsa (o eso de dice).

Como estos frailes estaban cerca del río San Francisco, donde había chalupas, las nombraron así. Pero otros tantos conocedores de la historia de la comida callejera afirman que las chalupas nacieron en el Barrio del Alto.

 

 

En el Barrio Alto había una chica que ayudaba a su tía, que era cocinera en una casa, lavaba platos y pelaba papas, pero un día tuvo que cocinar pues su tía no estaba y el patrón quería un sope. La chica que no dominaba la cocina, intentado hacer un sope, creó una chalupa.

Como había salido bien la chica se dedicó a venderlas en la calle, aquel puestecito se convirtió en el local La Abuelita que años después abrió una sucursal en el Paseo de San Francisco. Todavía hoy, en aquel barrió abundan los puestos callejeros de chalupas.

 

 

Las chalupas poblanas, aunque no son características de la gastronomía nacional que se conoce fuera de nuestra tierra, sí son un básico de la comida callejera poblana, incluso ya las puedes encontrar en otros estados del centro de México donde su procedencia está de más si saben bien.

 

 

Chalupas poblanas

¿Dónde? Principalmente en Puebla, pero también las encuentras en Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México y Guanajuato.

¿Cuándo? Todo el año, ¡eh!

¿Cuánto? En promedio, una orden de 5 chalupas cuesta alrededor de $25 pesos.

Rancho Santa Elena, el edén de paisajes y senderismo en Huasca de Ocampo
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Todas las actividades que el rancho Santa Elena tiene para ti, te harán pasar un día increíble en este lindo lugar de Hidalgo.

Foto destacada: @_marveg

Si deseas correr y recorrer senderos, para luego estar en tranquilidad, Visita el Rancho Santa Elena.

 

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En la Sierra de las Navajas, llamada así por sus yacimientos de obsidiana, se encuentra el precioso Rancho de Santa Elena. Se trata de un "vidrio volcánico" que ha sido apreciado y utilizado desde la época prehispánica.

La explotación y talla de la obsidiana se intensificó con el surgimiento de Teotihuacán y esta actividad se refleja en que en Santa Elena se encuentran puntas de flecha y algún que otro vestigios del uso de la obsidiana.

 

 

 

Historia del Rancho Santa Elena

 

Este Rancho fue parte de la Hacienda de San Juan Hueyapan, y su historia comienza con Pedro de Paz, un pariente de Cortés, que fundó Hueyapan a fines del siglo XVI. Un siglo más tarde la Hacienda ya se había desintegrado y parte de las tierras comenzaron a ser utilizadas por los pequeños propietarios y arrendatarios así como por las poblaciones indígenas.

 

 

Por muchos años la Hacienda fue de dueño a otro, se construye la presa de San Carlos con el fin de apoyar las actividades agrícolas; para en el siglo XX continúan actividades de agricultura, ganadería y el aprovechamiento forestal.

Como un método para conservar Santa Elena se organizar actividades al aire libre, de ecoturismo y deporte de aventura y trabajos de conservación e investigación en conjunto con la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

A partir de ahí, se llevan a cabo proyectos de reforestación, restauración de suelos, plantaciones forestales y ecoturismo. Hoy en día, Santa Elena, cerca de Huasca, Hidalgo, es un denso bosque de pino-encino, que alberga una gran cantidad de fauna y flora, rodea tres cuerpos de agua: la Presa de San Carlos, Las Vigas y el Agua Azul.

Cuenta con dos casas, una Estancia de hasta 33 personas y la Cabaña Grande con cupo para hasta 15 personas, que cuentan con literas, chimeneas y baños con agua caliente las 24 hrs. También hay dos tipos de cabañas acogedoras, que cuentan con baño completo privado y son cuatro en total.

 

 

 

Pero el sitio también cuenta con zonas acampar en alguna de nuestras 10 áreas seguras de la propiedad privada, donde dispondrás de contenedores para basura, toldo, mesa, rodel para fogata, leña y baños seco y/o campestres.

Hay un comedor con capacidad para 40 personas y una amplia cocina rústica, donde se elabora comida casera, sana y natural y veredas para correr, realizar caminatas y practicar el ciclismo de montaña.

 

 

 

Se puede nadar, remar en kayak, o experimentar la tirolesa y disfrutar de nuestros tres cuerpos de agua. El sitio cuenta con servicio de guías especializados y certificados para caminatas, sendero interpretativo, rapel y ciclismo de montaña.

Si no cuentas con bici, puedes rentar una bajo disponibilidad al momento de tu llegada. Los senderos y caminos están rodeados por la gran biodiversidad del rancho, donde puedes aprovechar para relajarte y tener un contacto con la naturaleza.

 

 

 

La tirolesa se encuentra cercana a la zona del campamento de vigas, sobre un cuerpo de agua. El recorrido ofrece un buen chapuzón, ya que la tirolesa se frena con el cuerpo de agua.

También puedes hacer descenso vertical sobre roca asistido por cuerdas, en el rancho contamos con personal capacitado y certificado, además del equipo apropiado para llevar a cabo esta actividad con toda seguridad.

 

 

 

Rancho Santa Elena en Hidalgo

Dónde: Acatlán, at Km. 10, Huasca de Ocampo, Hgo.

Cuando: todos los días de 07:00 a 19:00hrs.

Cuánto: $400 por noche

La Carretera de la Muerte, un recorrido sinuoso en tierra tarahumara
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Recorre la “Carretera de la muerte” entre preciosos cañones y curvas fascinantes de las sorprendentes tierras tarahumaras.

Foto destacada: Noticias locales

¡No olvide su cámara! Porque esta carretera en tierra tarahumara es preciosa.

 

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Todos sabemos que un  viaje  por  carretera  siempre puede ser una solución para despejar la mente, encontrar espacios para la reflexión donde cada persona está en paz consigo misma. Sin embargo, hay algunos  caminos  que pueden marcar una diferencia considerable.

Esta carretera tiene subidas abruptas y empinadas en zig-zag, pero en general es un  camino es muy pintoresco. Está asfaltado pero bastante empinado con innumerables curvas cerradas.

 

 

Esta carretera asciende 1.000 m en solo 1,5 km, con tramos de hasta un 15%. Se encuentra en Chihuahua, a lo largo del río Batopilas, subiendo por el pequeño pueblo del mismo nombre.

Batopilas es un pequeño pueblo ubicado en la Sierra Madre Occidental, justo al pie de un acantilado, donde seguro tiene miles de historias para compartir. Es el hogar de hermosas plazas y puentes construidos con cuerdas y rocas de río, pero la principal sorpresa es un hermoso acueducto construido en el siglo XIX.

 

¿Por qué se llama Carretera de la Muerte?

 

 

Ese distintivo lo ha ganado gracias a su trazo sinuoso que puede producir un poco de miedo y fascinación, al mismo tiempo, por sus paisajes. Además, porque está ubicada en las entrañas del barranco, uno de los más profundos de la Sierra Tarahumara.

Es parte de la hermosa región de las Barrancas del Cobre. El viaje por carretera a Batopilas es de 3 a 4 horas, por una de las  carreteras  no solo de las más espectaculares, sino también de las más peligrosas de México, y del mundo según los expertos.

 

 

La carretera tiene dos carriles para ambas direcciones, uno de ida y otro de regreso. Así que no es recomendable rebasar, porque estarías atentando contra ti mismo. Mejor ve despacio y quédate sin aliento con sus múltiples desniveles, descensos y curvas muy cerradas y continuas.

Hay giros cada vez más bruscos en las esquinas ciegas que culminan en el tramo épico de curvas de varios kilómetros. Por estas razones, con frecuencia se le asigna el sobrenombre de Camino de la Muerte  porque es un lugar  estrecho, accidentado y empinado.

 

 

Observa la majestuosidad de los barrancos con innumerables miradores que superan los 1.700 metros de altura. Si solo quieres recorrer el camino, sin tu automóvil, puedes rentar un guía, y los conductores conocen la carretera como la palma de su mano.

Recorrer el "Camino de la Muerte" y sorpréndete con la sierra tarahumara.

 

 

Camino de la muerte

Dónde: carretera a Batopilas, Chihuahua.

Cuando: todo el año, mejor de día.

Entrada libre

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