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Yeé Lo Beé, el hábitat más grande de América Latina para mariposas
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Yeé Lo Beé se encuentra a 15 minutos de las playas de Huatulco y es el mariposario más grande de México y de América Latina.

Oaxaca es el estado con mayor diversidad de lepidópteros y el guardian de Yeé Lo Beé.

 

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El calorcito y la brisa marina le dan a Huatulco un clima privilegiado, perfecto para el cultivo de las plantas aptas para formar el mejor hábitat para el polinizador más bonito y colorido de la naturaleza, la mariposa.

¿Quién no ha soñado visitar un resort con todo incluido? Hotel cinco estrellas con barra libre, comidas incluidas, todas las actividades de aventura y ocio posibles; pues si nosotros no podemos hay mariposas que viven en un lugar así.

 

 

 

Yeé Lo Beé, que en zapoteco significa ?flor del cielo?, es un mariposario instalado en la comunidad de La Jabalina, a tan solo 15 minutos de la preciosa Bahía de Huatulco, Oaxaca, y en donde habitan 2500 mariposas en un hábitat ideal.

Un domo de casi mil metros cuadrados fue levantado para dar hogar a 20,000 plantas cultivadas para vivienda y la cría de 33 especies de lepidópteros, que son estudiados para conocer su ciclo de reproducción, sus alimentos y otros aspectos de su vida.

 

 

 

El mariposario también es un centro de educación ambiental y de exhibición donde se puede observar se cerca cómo salen las mariposas de su capullo, apareamientos, depósito de huevos, y liberación de crías.

Uno de los objetivos principales de Yeé Lo Beé es que, por medio del acercamiento, los visitantes conozcan la importancia de estos polinizadores tan llamativos para cesar el saqueo, el coleccionismo y la costumbre de liberar a estos insectos.

 

 

A saber, al atrapar mariposas se suele lastimar sus alas, al guardarlas en cajitas podemos provocarles enfermedad, y al liberarlas lo solemos hacer en un ecosistema que no es adecuado, provocando su desaparición, razón por la que la labor de concientización de Yeé Lo Beé es tan importante.

El recorrido por el mariposario dura aproximadamente una hora y media. Comenzarás conociendo el laboratorio donde se explica y se puede ver el ciclo de vida de los lepidópteros, pasearás entre las plantas hospederas para observar a las diversas especies.

 

 

Al final serás partícipe del primer vuelo de una cría, así que te entregarán a una de estas pequeñitas para que la liberes, junto con el resto de las crías que el grupo libere se forma un espectáculo aéreo que emociona hasta el corazón más duro.

Yeé Lo Beé también cuenta con una ludoteca, una cascada, una alberca, una huerta y un iguanario donde se crían tres especies de mini dinosaurios: iguana verde, iguana negra y la iguana oaxaqueña, todas ellas en peligro de extinción.

 

 

 

 

Mariposario Yeé Lo Beé

¿Dónde? Carr. Federal 200, Kilómetro 256, La Jabalina, Santa María, Oaxaca.

¿Cuándo? Debido a una plaga el mariposario se encuentra cerrado hasta nuevo aviso.

¿Cuánto? $250

Foto destacada Texas SPEI

Mexicanos identifican fósiles de un nuevo dinosaurio muy “platicador”
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El Tlatolophus galorum es un dinosaurio que fue nombrado juntando un término náhuatl con una palabra griega.

El nombre de este dinosaurio es una combinación de náhuatl con griego: Tlatolophus galorum.

 

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Con gran orgullo, un equipo de paleontólogos mexicanos, pertenecientes al Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) encontraron restos fosilizados de 72 millones de años, e identificaron una nueva especie de dinosaurio.

“Hace unos 72 o 73 millones de años, un enorme dinosaurio herbívoro murió en lo que debió ser un cuerpo de agua lleno de sedimentos, por lo que su cuerpo fue rápidamente cubierto por la tierra y pudo ser preservado a través de las edades”, dijeron los científicos refiriéndose a las condiciones encontradas del dinosaurio.

 

 

Tlatolophus galorum fue descubierto en Coahuila

 

El animal se llama Tlatolophus galorum y su cola fue descubierta primero, en el área General Cepeda del estado norteño de Coahuila en 2013. Pero conformé avanzaron las excavaciones, los científicos descubrieron el 80 por ciento de su cráneo, su cresta de 1,32 metros y huesos como el fémur y el hombro.

El nombre Tlatolophus se deriva de la palabra indígena náhuatl tlahtolli, que significa palabra o declaración, y de la palabra griega lophus, que significa cresta.

 

 

Esto permitió a los investigadores darse cuenta de que tenían una nueva especie de dinosaurio en sus manos. “Sabemos que tenían oídos con la capacidad de escuchar sonidos de baja frecuencia, por lo que deben haber sido dinosaurios pacíficos pero locuaces”, dice el comunicado.

 

 

Los paleontólogos también creen que los dinosaurios “emitían sonidos fuertes para ahuyentar a los depredadores o con fines reproductivos”,  es decir, que tenían un fuerte vínculo comunicativo, o como se ha expresado, que "hablaban".

El descubrimiento todavía siga investigándose, pero encontrar es reptil ya se ha publicado en la revista científica Cretaceous Research, según el INAH.

 

 

Se trata de un caso raro y excepcional para el mundo de la paleontología mexicana. “Los eventos altamente favorables tuvieron que ocurrir hace millones de años, cuando Coahuila era una región tropical, para que se conservara en las condiciones en las que se encontró”.

La forma de la cresta de los animales se parece a un símbolo utilizado por los pueblos mesoamericanos en manuscritos antiguos para representar la acción de la comunicación y el conocimiento en sí.

 

 

 

La nueva especie, el Tlatolophus galorum, fue descubierta un equipo de científicos entre ellos, Alejandro Ramírez, quien continúan recolectando, limpiando y analizando fragmentos óseos de la parte frontal del cuerpo del dinosaurio.

Foto destacada: DW

Afromexicanos: la valiosa herencia del presente que hemos olvidado
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La maravillosa cultura africana en México ha legado música, danza y una historia de importantes personajes famosos.

Música, danza y genes componen la historia de los africanos en México.

 

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La presencia de los africanos en México existe desde los días de la colonia cuando fueron traídos en calidad de esclavos, su desarrollo en el país ha dejado huella en nuestra música, la danza y hasta en nuestros genes.

Fue por medio de los puertos de Veracruz y Acapulco que la cultura africana llegó a nuestro país para instalarse principalmente en la Costa Chica de Guerrero, en Oaxaca y Coahuila iniciando una historia viva pero silenciada.

 

 

Los africanos que llegaron a estas tierras hablaban diferentes lenguas, y encontraron muchas otras que les impidió continuar la preservación de las suyas, aunado al proceso colonizador, los recién llegados perdieron casi todas sus lenguas y costumbres culturales.

Fueron parte del sistema de castas donde aparecían como mestizos, mulatos y coyotes; aún con estas mezclas los africanos buscaron un lugar en estas tierras, el ejemplo más famoso es Yanga, un africano que en 1609 se revelo contra la Corona Española.

 

 

El movimiento que generó Yanga le dio su libertad y forzó a los españoles a cederle tierras cercanas a Córdova, Veracruz, donde formó la primera ciudad de africanos libres en América, San Lorenzo de los Negros.

En 1829 cuando Vicente Guerrero decretó que cualquier persona era libre dentro del territorio nacional, llegaron a México los mascogos, escapando de la esclavitud en Estados Unidos. Benito Juárez les permitió establecerse en los actuales poblados coahuilenses de Morelos, Ciudad Melchor Múzquiz y Nacimiento.

 

 

Pero no solo los mascogos, los africanos llegaron en oleadas entre 1840 y 1930 para huir de la esclavitud de los estados del sur, dejándonos su valiosa herencia hasta en los genes, que podemos ver en personajes históricos importantes.

José María Morelos, apoyó abiertamente a los afrodescendientes, esclavos y mestizos durante el movimiento armado en Tierra Caliente, incluso, una junta conciliar que lo acusaba de traidor, lo quiso deportar a África por sus rasgos físicos.

 

 

Vicente Guerrero fue el primer presidente de ascendencia afromestiza en el continente americano, era mulato, según el sistema de castas colonial. Emiliano Zapata provenía de una familia descendiente de indígenas y afromestizos.

La lista de importantes afromexicanos es larga e importante, Toña la Negra, Álvaro Carrillo, Johnny Laboriel y Pedro Sergio Peñaloza Pérez son algunos, destacándose Peñaloza, activista afromexicano, presidente de la Organización Antirracista México Negro A.C.

 

 

Foto destacada: African Diaspora

La momia de la Sierra Alta de Sonora es quizá una curandera ópata
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La momia encontrada en la sierra sonorense podría tener entre de 300 a 400 años de antigüedad, y se cree que fue una curandera ópata.

Esta momia fue encontrada en un sitio arqueológico con diversos artefactos y material orgánico.

 

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En 2009, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) comenzaron a estudiar el entierro de una mujer momificada hallada en el interior de una cueva de la Sierra Alta de Sonora. Según los datos, se ha dicho que corresponde a una integrante de los indígenas ópatas que habitaron la parte oriental y central de este estado, extintos desde 1950.

Pero lo interesante del hallazgo es que los restos óseos podrían pertenecer a una indígena curandera que falleció en el periodo colonial de Sonora (1617-1785) y fue llevada a enterrarla con sus antepasados: la cultura Casas Grandes.

 

 

 Milenio

 

Fue Júpiter Martínez Ramírez, investigador del INAH quien registró el hallazgo, y quien afirma que las características del entierro, en el interior de una casa prehispánica de adobe, fue colocada de manera natural en un petate, amordazada y con los brazos cruzados sobre el pecho.

A la momia la acompañaba una ofrenda compuesta por un recién nacido y una olla que contenía atados de agave y hojas de maíz. El recién nacido tenía un cráneo desarticulado en cuatro partes; según los estudios se pensó que había sido sacrificado, pero al analizar las secciones craneales se advirtió que los restos fueron recuperados para ser colocados como parte de la ofrenda.

 

Doc Player

 

La fecha de la construcción de la casa y de la momia, corresponde al año 900 d.C., en tanto que el infante y la cerámica asociada al año 1000 del periodo Viejo de Casas Grandes.  

Otros descubrimientos han aparecido en una extensión de 10,000 kilómetros cuadrados de la vertiente occidental sonorense, pero han permanecido mucho tiempo sin investigar; aunque se cree que son asentamientos prehispánicos de arquitectura con características de la cultura Casas Grandes, similares a Paquimé en Chihuahua.

 

Milenio

 

En Sonora también se encontrado más de 450 terrazas donde se asentaron comunidades que comieron siete especies de maíz, y un "reventador" de palomitas de maíz elaboradas en la época prehispánica.

Además se descubrieron 50 artefactos de uso doméstico: dos bases en forma de dona para sostener ollas, un fogón, carbón, varas, flechas, enderezadores de flechas, cabellos, ollas quebradas y una cucaracha de río ensartada en un palito:

 

Doc Player

 

Así que el material orgánico que ha sido descubierto en las cuevas de la sierra de Sonora, constituye un tesoro de información invaluable, y apenas ha comenzado a considerarse en los estudios arqueológicos de la cultura Casas Grandes.

Las investigaciones continúan para tratar de confirmar si los grupos ópatas fueron los constructores de aquella sociedad organizada que habitó las cuevas de la Sierra Madre Occidental, hoy reconocida como la autora de Paquimé.

Foto destacada: INAH

La colección de 900 reliquias arqueológicas que donó un maestro de primaria
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El INAH recibe piezas arqueológicas que reunió un profesor de primaria entre las décadas de los años 50 y 60.

Un maestro de primaria se encargó de preservar las piezas durante varios años.

 

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La hija de un profesor de primaria entregó al INAH cerca de mil piezas arqueológicas, que fueron adquiridas entre las décadas de los años 50 y 60. Se dice que fueron los vecinos quienes le llevaban objetos que encontraban en Petatlán y Zihuatanejo

A lo largo de su vida, Ignacio Mora, profesor de primaria en Zihuatanejo, en Guerrero, acumuló 969 piezas arqueológicas, entre figurillas, malacates y vasijas, que se convirtieron en parte de una colección.

 

 

Pero fue su hija Guadalupe Mora Luviano, quien donó las piezas a la Zona Arqueológica de Soledad de Maciel. El acervo de Ignacio Mora se formó en conjunto con los vecinos de los municipios de Petatlán y Zihuatanejo, ya que se sabía del interés del profesor en la historia.

Los vecinos acudían a él para entregarle figurillas, malacates, vasijas, entre otros objetos prehispánicos que localizaban en sus comunidades, principalmente las cercanas al sitio arqueológico de Xihuacan, dijo el INAH en un comunicado.

 

 

Pero tras el fallecimiento de su padre, Guadalupe Mora decidió donar el acervo, que en conjunto abarcan tres mil años de ocupación del que fuera el principal centro ceremonial de la planicie costera, partiendo del periodo Preclásico Medio (hacia 1200 a.C.) al Posclásico Temprano (1350 d.C., aproximadamente), cuando decayó a raíz de una gran inundación.

 

 

El responsable del Proyecto Especial Soledad de Maciel, Rodolfo Lobato Rodríguez, fue el encargado de registrar y clasificar los 969 materiales prehispánicos. Cabe destacar que Guadalupe Mora Luviano, tuvo la idea de regresar las piezas ya que también es profesora y pensó que el INAH le daría un mejor cuidado.

 

 

¿De qué materiales son las piezas entregadas al INAH?

Casi 600 elementos corresponden a fragmentos de figurillas antropomorfas, también hay 41 vasijas miniatura dedicadas a divinidades del agua, una decena de vasijas completas, cuencos, orejeras, cuentas de barro y de piedra verde, herramientas para hilar, contrapesos de barro usados en las redes de pesca, silbatos y placas tipo molde con la representación de una deidad dual, similar a la que se observa en la Estela del Rey Chole, ubicada junto a la iglesia de la comunidad.

 

 

Ahora se está por clasificar las piezas, ya que en sitios de la Costa Grande de Guerrero se encuentran materiales procedentes de lugares Colima y Michoacán, como la la cultura olmeca y el Altiplano Central, así como la cerámica teotihuacana y mazapa ligada a la tradición tolteca.

El investigador del Centro INAH Guerrero indicó que las figurillas antropomorfas recuperadas de Xihuacan integran una especie de retrato colectivo que revela la estratificación de su sociedad a lo largo del tiempo.

 

 

El material recolectado por el profesor fue producto de hallazgos fortuitos, pero las excavaciones realizadas, los resultados de recorridos periféricos en el sitio arqueológico y en municipios aledaños, permiten otorgarle un contexto por asociación a las piezas; mismas que formar parte del gran rompecabezas del pasado prehispánico de la costa.

 

 

El acervo arqueológico del profesor Ignacio Mora, irá dándose a conocer mediante exposiciones temporales, brindando detalles de sus características y la vigencia que, por su vínculo con actividades como la pesca o la extracción de sal, mantienen algunas de estas piezas hasta nuestros días. 

Foto destacada El Universal

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