Arte y Cultura
Yohualichan, la bellísima zona arqueológica que precedió al Tajín
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Yohualichan fue una zona habitada por totonacas que abandonaron el sitio para construir la ciudad de El Tajín.

Foto destacada: Veni Esquer

Esta antigua ciudad tiene mucha influencia arquitectónica de El Tajín.

 

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Yohualichan es una de las zonas arqueológicas de gran interés para comprender la cultura totonaca, ya que en este lugar se comprueba la presencia de grupos de la costa en la región de la sierra nororiental de Puebla.

La importancia del sitio está que fue el primer asentamiento totonaco del el cual tuvo un periodo de apogeo y gran desarrollo alrededor del año 600 de nuestra era, hasta el abandono del sitio para emigrar a lo que hoy se conoce como el Tajín.

 

@eriivillamil

 

De hecho, el Tajín es el segundo centro ceremonial de los totonacos y a su vez la migración posterior a Cempoala hasta el encuentro con los españoles en el siglo XVI. En Yohualichan se pueden presenciar los inicios de una corriente arquitectónica en los edificios ceremoniales como son la inclusión de los tradicionales nichos que han sido característicos de la cultura totonaca.

Yohualichan ha sido interpretado como  "La casa de la noche". Esta designación de origen nahua quizá esté asociada a las cavernas en la región, las cuales pudieron ser el modelo de los nichos que caracterizan a las estructuras en el sitio. Este asentamiento se posa sobre las elevaciones de la Sierra Madre rumbo a la costa veracruzana y se encuentra ?aproximadamente? a 700 metros sobre el nivel del mar

 

@eriivillamil

 

 

Ruinas de Yohualichan

 

@eriivillamil

 

Una plaza rectangular alrededor de cinco montículos o pirámides con distinto números de basamentos y vestigios de templos en sus cimas, es lo que más destacada del sitio. Aunque no todos los montículos se han excavado, se aprecia con claridad una unidad de estilo primordialmente dada por los nichos que horadan los basamentos piramidales.

En la construcción de los edificios se utilizaron materiales que abundan en la región, como rocas que se obtienen con mucha facilidad de las canteras y que permiten obtener bloques que requieren de trabajo para tallarse. En el juego de pelota hay bloques de más de tres metros de largo, para los laterales y para las cornisas de las estructuras.

 

@veniesquer

 

Todas las estructuras estuvieron revestidas de una gruesa capa de estuco, a la fecha, quedan evidencias de que en los tableros hay restos de pintura así como elementos en forma de greca realizados sobre la argamasa en los taludes. La parte posterior del templo llamado "La Greca" se encuentra a un nivel superior al de la plaza está el Juego de Pelota, siendo este uno de los más grandes que se conocen en Mesoamérica, pues la cancha mide casi 90 metros de largo.

El Juego de Pelota era uno de sus principales ritos, ya que al golpear la pelota, los participantes intentaban reproducir el viaje de los astros por el cielo. Se creeq eu aquí se jugaba el Tlachtli con una pelota de hule macizo que podía ser golpeada con los brazos, piernas y caderas, pero no con las manos ni los pies; la habilidad de los contendientes se demostraba en no dejar morir el bote de la pelota y poder mandarla al área contraria.

 

@veniesquer

 

Estas ruinas recuerdan a la ciudad prehispánica de El Tajín, en Veracruz, la cual se encuentra a tan sólo 60 kilómetros. Las palmas y los yugos de piedra, la cerámica y la arquitectura son testimonios de que formaba parte primordial del antiguo Totonacapan, cuyas cabeceras principales fueron ciudades como el Tajín, Cempoala y Misantla.

En el Kampa Yohualichan, como también suele llamarse dicha festividad, en la Zona arqueológica de Yohualichan retumban los sonidos de los tambores, las flautas, las guitarras y los violines de los diferentes danzantes que se concentran en el festejo, además, se realiza el baile del Xochipitzahua. Un evento que no puedes perderte en agosto.

 

@daizjudith

 

Zona arqueológica de Yohualichan

Dónde: poblado de Yohualichan, Puebla, a 165 km., de la capital del Estado

Cuando: martes a domingo de 09:00 a 17:00

Cuánto: $60

Diego Rivera y el misterio del baño cerrado en la Casa Azul
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Dentro de un baño de la famosa Casa Azul, Diego Rivera dejó todos los documento que narraban su desencuentro con el millonario Rockefeller.
Rivera


¿Qué había en aquel baño que Diego Rivera mandó cerrar durante casi 50 años?

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Antes de morir, Diego Rivera cerró uno de las baños de la legendaria Casa Azul, donde vivió toda su con su esposa Frida Kahlo, y

dispuso que éste no fuera abierto hasta que pasaran 15 años después su muerte. Fue Dolores Olmedo quien quedó a cargo de la administración de la casa que pronto se convirtió en museo, y quien cuidó que la voluntad del pintor fuera respetada.

Rivera

Cerca de cincuenta años después, con la muerte de Dolores Olmedo, Hilda Trujillo tomó la dirección de lo que hoy es el Museo Frida Kahlo, y decidió abrir la misteriosa puerta, para así dejar salir los secretos que fascinaron a muchos admiradores de la vida y obra de Diego Rivera y Frida Kahlo.

Dentro del baño, se encontraron varios objetos que hoy son parte de la exposición permanente del museo de la Casa Azul:

vestidos, fotografías, obras de arte, milagritos y cartas de amor, entres otros. La correspondencia entre Rivera y el estadounidense Rockefeller (con quien tendría una pugna por el mural que el magnate alguna vez comisionó al pintor), además de recortes de periódicos, las fotografías del famoso mural (tomadas por Frida) y bocetos que dan fe de esta antiguo conflicto, se encuentran entre los artículos más interesantes encontrados ahí.

Rivera

Rivera

Diego Rivera

La relación entre Rockefeller y Rivera fue complicada. Entre 1932 y 1934, el empresario estadounidense encargó un mural para el lobby de lo que hoy es el Centro Rockefeller en Nueva York al artista, entonces un creador reconocido y personaje clave de la intelectualidad mexicana. Rivera diseñó un mural que tituló

El hombre en una encrucijada, obra que en un principio agradó al mecenas.

Rivera

El problema surgió cuando Rockefeller se enteró que en el mural aparecía la figura de Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin, lo cual escandalizó a la sociedad neoyorkina. Para Rockefeller esto fue un insulto y fue entonces cuando pidió a Rivera que lo borrara del mural. Rivera se negó y logró que el empresario le pagara su trabajo (21,000 dólares de entonces), entre manifestaciones y un gran escándalo mediático. Pero

en 1934 el mural fue destruido.

Rivera

Actualmente, en el Palacio de Bellas Artes se encuentra el mural titulado El hombre en el cruce de caminos (también conocido como

Hombre controlador del universo), que fue realizado en 1934, y es parecido a la obra realizada en Nueva York, que alguna vez quiso censurar Rockefeller.

Rivera

En el baño de la Casa Azul se encontraron alrededor de 6,500 fotografías y 28,000 documentos, y esta anécdota, que resurgió hace pocos años como un misterio que sobrevivió al tiempo nos habla de los profundos principios de Rivera y su siempre potente y encantadora rebeldía.

Descifran jeroglíficos de una vasija hallada en excavación del Tren Maya
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La vasija hallada y restaurada tenía 11 cartuchos glíficos, al parecer, dedicados a al noble y gobernante Cholom.

Foto destacada: INAH

Los jeroglíficos están dedicados a un antiguo gobernante maya, y quedaron ocultos por más de mil años.

 

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El Tren Maya es una de las obras más controvertidas de este sexenio, ha sido un dolor de cabeza ?para decir lo menos- para el Gobierno Federal, para los inversionistas e incluso para los arqueólogos. Aunque seguramente tendrá millones de visitantes al año, por ahora, también tiene millones de detractores.

A raíz de las excavaciones, en octubre de 2021, el salvamento arqueológico conducido en las obras del Tren Maya del INAH, permitió el descubrimiento de una vasija con elaboradas inscripciones jeroglíficas que tenía 11 cartuchos glíficos pero que se desconocían los datos.

 

 

A este descubrimiento, se ha sumado una gran restauración que permitió a los investigadores hacer estudios arqueológicos y epigráficos, con lo que fue posible develar la narrativa de los glifos oculta por más de mil años. La vasija se encontró asociada a un plato y está dedicada a un personaje llamado Cholom, noble de quien ya se tenía registro en otras piezas cerámicas que le asocian a la elite de la antigua ciudad de Oxkintok.

De acuerdo con las arqueólogas del Centro INAH Yucatán y coordinadoras del análisis cerámico del Proyecto Tren Maya, Iliana Ancona Aragón y Sylviane Boucher Le Landais, la pieza en se halló cerca del pueblo de Maxcanú, y destaca por haberse ubicado en su contexto arqueológico de origen, al interior de una construcción habitacional prehispánica.

 

 

Esta vasija se une a otra similar, la cual los especialistas denominaron como el ?Vaso del Sajal?, también descubierta en el Tramo 3 del proyecto del tren, que va de Calkiní, Campeche, a Izamal, en Yucatán. No obstante, a diferencia de la anterior, donde se hace referencia solo al cargo del personaje a quien se dedicó el recipiente, en la recientemente restaurada sus 11 cartuchos glíficos permiten identificar incluso el nombre de un individuo.

La traducción que realizó el arqueólogo Ricardo Mateo Canul permite leer: "El señor dice, en su superficie, ha sido tallado, en su tazón o cajete, en su vaso, para atole, de Cholom, el sajal".

 

          

Para los investigadores, la frase nominal de Cholom puede traducirse como ?aquel que desata?, debido a que chol, en maya, quiere decir ?desatar?, y om se refiere a la persona que realiza dicha acción. "El sajal es quien transmite. No eran gobernantes pero sí nobles educados para poder escribir y leer los glifos, así como para comunicar en voz alta las órdenes del ajaw o gobernante", explica Ileana Ancona Aragón.

El Museo Regional de Antropología de Yucatán, Palacio Cantón, en Mérida, se resguarda otra vasija en la que aparece el glifo nominal de Cholom, con la diferencia de que en ella se le identifica como uylul, es decir ?oidor?, en español.

 

 

Si bien aún se desconoce si la vasija y su plato tuvieron una función ritual o de uso cotidiano, dado que falta conjuntar los estudios en laboratorio con las observaciones contextuales de los arqueólogos en campo, ambos elementos reafirman su pertenencia al estilo Chocholá.

Asimismo, la vasija recién restaurada mide 8.5 cm de altura por 21 cm de diámetro en su boca, mientras que el plato mide 11 cm de altura, por 32 cm de diámetro. Estas vasijas se unen a 40 objetos completos y más de 80 mil fragmentos de vasijas recuperados en dicho tramo del Tren Maya.